Fallas esenciales, esencia de fallas

La sombra de la ignorancia del caloret faller no puede tapar lo que todavía significan esas fiestas para un valenciano que defiende con dignidad sus raíces. Las fallas son sobretodo una bienvenida a la primavera donde se deja atrás el frío y se busca el nuevo calor del sol representado por el fuego de la falla. En eso al menos acertó la ignorante y enfervorizada alcaldesa de Valencia para vergüenza de unos pocos y cachondeo generalizado.



No me considero especialmente fallero. Probablemente porque como casi todo lo que he vivido con intensidad en mi vida ha acabado por defraudarme. Pero las fallas se han vivido con intensidad en mi casa. Con mucha intensidad. Las fallas aún hoy, con toda su banalidad y su superficialidad social aparente, con sus incongruencias derivadas de la masificada popularidad de la fiesta, sobreponiéndose a lo que cualquier diversión humana incluye -comer y beber- siguen teniendo un punto sagrado para mi.

Hay personas que todavía saben que las fallas es probablemente la única oportunidad anual de recuperar la calle para pasear tranquilamente. Las fallas son una fiesta de calle, una fiesta externa, un espacio compartido, un glorificación de lo público. Mientras la televisión nos intenta esconder en nuestras casas enseñándonos un mundo hóstil frente a la calma de estar viendo la tele, las fallas nos enseñan lo mejor de la calle, la decoración, la música, comer en la calle, pasear por la calle, por el mismo asfalto. Indudablemente eso genera inconvenientes que se deben racionalizar pero no olvidemos la importancia de ese hecho en una época sometida al imperio de lo individual, privado y automovolísitco. Las fallas para un adolescente suponen quizá la primera vez que sales solo, sin tus padres, la primera vez que quizá bebas alcohol, quizá tu primera amor. Ahora que para todos nuestros niños un lugar público es un centro comercial, las fallas nos reencuentran con la verdad.

Hay personas que todavía viven la fiesta de forma genuína y auténtica. Muchas personas viven las fallas desde la pasión. Son personas que saben que más allá de lo espectacular de un ninot debe haber una armonía, un equilibrio. Son personas que saben que la falla debe quemar bien. La falla debe saber morir de una manera concreta. Son personas que saben que una mascletá debe tener ritmo. Personas que leen los carteles con la crítica y que esperan que tengan sentido incluso ortográfico. Son personas que saben que desfilar no es andar. Que la cortesía con otra falla incluye un respeto. Que el alcohol ronda la fiesta pero no forma parte de ella. Que las gafas de sol no deberían ocultar un cansancio vivido con devoción. Personas que saben que detrás de un llibret hay ilusión, constancia y a veces incluso hay imaginación y conocimiento. Personas que saben el estribillo de Paquito el Chocolatero. Personas que saben elegir una senyera.

Lo cierto es que más allá de toda esta dignificación de la caloreta del foc faller lo más profundo de las fallas es que resulta inexplicable. Los valencianos quizá nos caractericemos esencialmente por eso. Por hacer cosas inexplicables. Como quemar belleza para convertirla en belleza ardiendo, en bella ceniza. Por convertir explosiones en sinfonías del ruido que suena en los altavoces de tu propia alma. Eso es inexplicable. Como tantas otras cosas.... que hay tan pocas personas que sean capaces de entender siendo inexplicables. 

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com