Demografía bancaria y otros imprevistos

La instalación en el cortoplazo del tardocapitalismo es casi kamikaze. El ambiente que se respira en las entidades bancarias es el de urgentización permanente. Vivimos en la contingencia, en el incendio permanente y en el revisionismo extremo junto a la desorientación masificada. 

Si esto no fuera así las entidades se permitirían mirar más allá de sus planes estratégicos a cuatro años en varios sentidos. El primero es que el futuro es imprevisible. Internet lo cambia todo. También la concepción del tiempo y su previsibilidad. Mientras tanto, las empresas siguen haciendo planes estratégicos de la misma manera que los políticos hacen programas electorales. 
Una mirada al horizonte y un breve análisis de la demografía bancaria resalta una radiografía de amenazas latentes que alguien abordará en algún momento. Está claro que el pensamiento actual se basa en "ese marrón se lo comerá otro". 

La gran expansión bancaria en España se corresponde con la década prodigiosa del ladrillo y la gran recesión bancaria se corresponde con la crisis posterior. En la década prodigiosa hubo una entrada masiva de jóvenes universitarios a trabajar en diversas entidades. Está masa de gente se sitúa actualmente entre los treinta y pocos y los cuarenta y pocos. A cada edad se corresponde una fase del itinerario. Fueron jóvenes avezados y comprometidos, que asumieron largas jornadas de trabajo a mayor gloria de la concesión de hipotecas a troche y moche. Sin embargo, ahora se encuentran en época de crianza y comienzan las primeras restricciones. Así por ejemplo, la prolongación de jornada en banca se ha feminizado. Ahora la jornada se lleva hasta poco antes de las cinco de forma continuada en lugar de marcharse a comer y volver a la oficina como antaño. Eso ha constituido una cuestión a resolver en las empresas que han racaneado sustituciones de ausencia lo que provoca un retraso en la edad de decisión de engendrar. Ahora continúan con el chantaje emocional del compromiso enfrentando a los padres y madres a decidir entre dos responsabilidades asumidas: la laboral y la familiar. 

Los ERE de banca -de nuevo- han vuelto a señalar ítems de rendimiento laboral. La curva de productividad laboral se va estrechando hasta límites de locura. En algunas entidades se puede decir que con 45 años ya se considera que no eres capaz de "darlo todo". Los horizontes que se están señalando de salida en las entidades (se está llegando a los 52 años) son una expectativa desesperanzadora para una sociedad sana. A nivel individual pueden ser muy provechosas pero a nivel colectivo estamos creando un sector insostenible demográficamente. 

Situada la curva en ese entorno y dado que hay una generación que no podrá entrar en banca antes de los 30 por el bloqueo de la crisis nos encontramos con apenas quince años de rendimiento comercial. Esto es una absoluta locura. Es más, esta generación se enfrentará a sueldos más bajos, mayores dedicaciones y compromisos con lo que le será todavía más difícil conciliar una cosa con otra. Y cualquier sociedad necesita niños. 

Desde otro punto de vista, la salida masiva de los más mayores de cada entidad amparados en la legislación proteccionista ha dejado oleadas de empleados de banca que saldrán casi al mismo tiempo de las entidades generando un precipicio generacional formativo y una situación dificil de afrontar en algunos territorios donde más de la mitad de los empleados se encuentran en cinco o seis años generacionales. 

Sin alejarnos de la demografía bancaria se está produciendo desde hace años una inversión de roles. Es frecuente entrar a una sucursal y ver a las personas más mayores haciendo caja y a los más jóvenes en mesa o despacho. El tipo de banca actual -intensivo en horario y con productos de bajo valor añadido- fomenta este despilfarro de talento e inteligencia social adquirida. Esta alteración de jerarquías y formaciones se ve acrecentada por las herencias salariales. Lo que sitúa a algunos de los mejor pagados en los puestos de menor valor lo que genera no pocas fricciones. 

Desde el punto de vista de los clientes la demografía bancaria también es decisiva. En las oficinas es evidente la ausencia de gente joven entre la cientela. Por un lado habrá que preguntarse cuáles serán los criterios de riesgo para conceder operaciones de largo plazo a una generación líquida donde la permanencia en un puesto de trabajo será la excepción. Por otro lado, la "expulsión" hacia canales tecnológicos hace que los ladrones de tiempo sean básicamente personas mayores lo que expone a los jóvenes a las entidades virtuales con mayor proximidad. Los bancos tradicionales intentan trazar estrategias complementarias digitales pero es muy difícil combinar una estrategia preInternet con otra postInternet. Varios negocios dan buena cuenta de ello, entre ellos el periodismo. La amenaza es que el banco tradicional acabe como banco subalterno o secundario. 

Es un círculo vicioso de cortoplacismo constante que contradice el sentido común y qué de no revertirse va a dar enormes ventajas a las pequeñas entidades y especialmente a los bancos virtuales. Mientras el oligopolio domine barreras de entrada no pasará nada pero la demografía puede cargarse cualquier reputación si no está bien planificada. 

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com