Borrando tatuajes de la estrella

Recuerdo perfectamente la impresión que tuve al llegar a Barcelona para el "Conéixer La Caixa". Conéixer la Caixa era -no si todavía existe aunque lo dudo- un programa de inmersión en la cultura corporativa de la que en su momento fue la principal caja de ahorros de España. Recuerdo que me sentí admirado, en ciertos momentos sobrecogido, inmerso en una cierta devoción. Ver las torres. Acudir en tren con todo pagado. Había gente de todas partes de España. Todos éramos jóvenes y acudíamos a la llamada de una entidad que como el Barça era "més que un banc". Para mí además era especialmente importante porque en Valencia he crecido en una permanente lucha interna respecto a la catalanidad. Es difícil sustraerse a ella si vives aquí. Así que para mi "La Caixa" era lo más en aquel año 97 que entré. Presumía de ello y me sentía orgulloso de pertenecer. 

Supongo que pasaría en más territorios pero con los años se extendió aquella frase de "oye.. parece que lleves tatuada la estrella en el pecho" para algunas personas que hacían de su trabajo en La Caixa todo el objetivo de su vida. Indudablemente me cuesta entender el hecho de dedicar todo tu tiempo a una sola actividad sea la que sea pero esa frase tenía un olor, un perfume, un aroma a orgullo de grupo, adhesión inquebrantable y fe ciega. 

Así fue durante varios años. Calculo que fue hasta que empezó el desembarco de los piratas bancarios. Altos directivos venidos de banca que no entendía la luz de la estrella y que no sabían lo que era el alma porque hacía años que la habían vendido. 

Mis primeras decepciones fueron pequeñas y soslayables. Tampoco es cuestión de enumerar mi escalada personal de perdida progresiva de orgullo de pertenencia. El problema no soy yo. El problema es que esto se ha vuelto generalizado. Hay ya demasiada gente borrando sus tatuajes de la estrella. Los jefes no se enteran porque se han convertido en una minoria fanatizada y abducida por la llamada "solución única" que nace del pensamiento único thathceriano (there is no choice). Un mecanismo mental del tardocapitalismo muy efectivo por cierto. 

Lo digo con dolor. Con el dolor de saber que la sociedad ha perdido las mejores instituciones de capitalismo social (la opción menos mala): las cajas de ahorro y con más dolor porque la mía era más que un banco y ahora se ha convertido simplemente en un banco más. 

En las visitas a oficinas la plantilla susurra secretos que los jefes se niegan a escuchar. No les interesa. Pero los susurros van subiendo el tono y pronto se oirán en todas partes. La estrella ya nadie se la tatúa. Algunos simplemente se ponen una calcomanía. Parece un tatuaje. Pero no lo es. 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Evidentemente por decisiones directivas. Nada es casual. Y siempre hay otras alternativas. No puede decirse que haya sido la red la culpable de una pérdida de confianza y de pegamento. Han sido decisiones directivas conscientes o inconscientes que no han sabido entender el espiritú de la estrella. Su nacimiento, su voluntad y su luz. 

Aquel tatuaje tenía muchas propiedades: 


  • Tenía una cierta admiración en la mirada hacia arriba. Una mirada de aprendizaje hacía tu superior y una especie de fe ciega en la decisiones de la cúpula. ¿Quién admira ahora a alguno de sus fustigadores comerciales? 
  • Tenía capacidad de dialogar (¿Hablamos?) ¿Quién se atreve a romper ahora el silencio de los corderos de las reuniones? 
  • Tenía una luz en los ojos de esperanza y juventud. Ahora me encuentro cada día personas de cuarenta teniendo conversaciones de cincuenta. Antes se miraba la puerta de entrada. Ahora se mira la puerta de salida. 
  • Tenía un aire de respeto a la inteligencia y la madurez. Recuerdo las pruebas y como presumíamos de haber pasado las pruebas de la Caixa. Recuerdo cómo nos formaban  durante el primer año para entender todo tipo de productos. También los complejos. Recuerdo  reuniones en la oficina para determinar concesiones de operaciones. Ahora nos han convertido en robots comerciales. Ha elegido usted seguro de decesos sin plomo. Su reintegro, gracias. E incluso nos infantilizan en galas de premios o concursitos que parecen olimpiadas de Torrebruno. 
  • Tenía unos pulmones de servicio a tu territorio, a tu entorno, a tu pequeño mundo. Financiábamos las empresas y los comercios que estaban cerca, porque eran nuestros vecinos. La estrella estaba siempre cerca de tu casa o de tu comercio o de tu trabajo. Teníamos los productos que la gente necesitaba (con los mismos defectos de exceso de crédito de todos los demás) pero nos dedicábamos a satisfacer sus necesidades. Ahora satisfacemos nuestras obsesiones. 

Cada día veo más gente borrando sus tatuajes de la estrella. Los llevaban debajo de la ropa así que nadie ve como se difuminan, como van perdiendo el contorno, como la estrella se va diluyendo en un mar de marcas zombie que se mantienen vivas junto a ella. Y no dejo de pensar que es una lástima, que alguien debería decirle al Rey que va desnudo. Que el ruido que se oye no es el fluir de un río. Es el mar. 






copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com