¿Por qué somos el váter del Mediterraneo?

Todas las decisiones tienen consecuencias. Todas las estrategias tienen coste de oportunidad al dejar otras estrategias al margen. Todos nos sentimos orgullosos de nuestra historia y nuestra fundación como pueblo a principios del siglo XX. Sin embargo, Sir Ramón de la Sota marcó para siempre nuestro destino. 

La instalación de una industria siderometalúrgica en un entorno tan agrario como el valenciano condicionó la composición socioeconómica del Puerto de Sagunto. Todos tenemos una historia familiar lejos de aquí. Una historia familiar de pioneros y supervivientes que vinieron al Puerto a buscarse la vida. Pero esa mentalidad ha arraigado. Ha echado raices y ha ido incluso creciendo. 

El desarrollismo de los sesenta tuvo que optar entre las dos caras de la ciudad de Valencia. La cara sur se destinó mayoritariamente al desarrollo urbano inmobiliario asociado al nuevo turismo de sol y playa. La cara norte sin embargo se destinó al uso industrial. No hay otra manera de entender la actual fisonomía de la costa norte que combina entramados industriales con islas inmobiliarias como la playa de la Pobla de Farnals, Puçol o Canet. Para mi está claro que el Puerto de Sagunto y su tradición industrial, su mentalidad industrial, su carácter superviviente tuvo que ver en esa decisión. 

Tomada esa decisión de arraigo llegó el fertilizante. Nunca mejor dicho. El cierre de la siderúrgica integral hace que de nuevo la población del Puerto de Sagunto se exponga en un escaparate a mendigar puestos de trabajo. La supervivencia es una mala posición negociadora así que -de nuevo,-como nuestros abuelos que morían en la Fábrica, tuvimos que aceptar que viniera cualquier empresa de cualquier manera a cualquier precio (suelo regalado o contaminación ambiental). 

Así hemos configurado un lugar donde se combina una fábrica de fertilizantes -que además patrocina al emblema deportivo del pueblo- una planta de oxigeno a pocos metros de las casas y todo un conjunto de empresas intensivas en mano de obra y con valor añadido de corto recorrido y con centros de decisión lejos del Puerto. 

No es de extrañar por tanto que al aparecer la posibilidad de una regasificadora y una térmica se aprovechara esa tradición de "aguante". Al fin y al cabo llevamos años enchufándonos en los pulmones cemento de la cementera. Visto desde lejos el Puerto de Sagunto es el lugar ideal para meter cualquier cosa porque tragamos con todo. Somos reivindicativos pero donde hay un conflicto entre trabajo y lo que sea, gana el trabajo. Ellos saben que solo tenemos nuestra fuerza de trabajo y saben subastarla bien para que nos veamos abocados a seguir tragando. 

Nuestra gran ubicación geoestratégica y nuestra permisividad superviviente son perfectas para cualquier iniciativa. Además estamos a merced de diferentes administraciones. El rio es de la Confederación, el Castillo es del Ministerio, el Teatro de la Generalitat, la Gerencia del Ayuntamiento, la Nau ni se sabe, el puerto marítimo es de la APV de Valencia. 

Vivimos a la deriva, como el Sorrento. Con la industria incendiada. Esperando migajas de empleo. Lo que mejor sabemos hacer. O lo único. Mientras tanto el capital sabe donde y cuando subastar ese empleo. Por eso deslocalizan sin miedo. Fuimos un pueblo luchador. Ahora somos un pueblo desunido y vencido en reconversión permanente. 

Con estos antecedentes no es de extrañar que quien tuviera que tomar la decisión de donde llevar el Sorrento dijera al Puerto de Sagunto. Prescindiendo incluso de considerar si hay o no astilleros. Desmontar el Sorrento dará trabajo. Y en Mallorca molestaba a los alemanes que vienen a pasarlo bien y les queda feo. Nosotros, a lo nuestro: si hay trabajo, que nos quiten lo bailao. 

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