La Tomorrow Band

La mayor parte de los habitantes del planeta no vivía en París durante la toma de la Bastilla. De hecho los Estados Unidos eran una nación en pañales mucho antes de que nos ofrecieran sus prismáticos para mirar el mundo. Así que para la mayor parte de los conciudadanos de la época el cambio de era pasó inadvertida. Sus vidas simplemente se subieron en el siguiente vagón de aquella montaña rusa.
Los cambios de era suelen pasar inadvertidos para sus coetáneos porque la vida vista minuto a minuto no suele tener grandes saltos históricos. Solamente una mirada hacia arriba o hacia abajo permite descubrir las pequeñas diferencias de un diálogo de Tarantino. Sí tío, las bañan en esa mierda.

El cine acaba por ser el espejo del alma. La cara de una época. Los superheroes suelen aparecer en épocas de desorientación, en tiempos en los que la dureza de la situación requiere grandes esfuerzos y iderazgos sólidos. La crisis del petróleo de los setenta nos trajó aquel Mad Max que intentaba sobrevivir en un desierto de escasez. El miedo al retroceso tecnológico encumbró Conan y una larga lista de secuelas cuya resurrección era totalmente innecesaria. El cine entendido como espectáculo y no como arte al final suele reclutar de la calle los miedos ancestrales de cualquier ser humano.

El cambio de era, el tardocapitalismo y el final de la época postindustrial nos resulta invisible a los ojos salvo que seamos capaces de mirar esas pequeñas diferencias. Algunas de ellas se encuentran en productos de consumo incluso al alcance de los niños.

Tomorrow land es esa película que surge del cambio de era hacía la globalización de los problemas aunque todo siga pasando en el ombligo del mundo. Un reflexión sobre el futuro y su conquista. Es banal y pretenciosa pero bajo la cohartada de Disney casi cualquier disfraz es de princesa. En la película extraña la presencia de demasiada violencia vacía de argumento. El problema de hacer algo para todos los públicos es que ningún público acaba por ser adecuado para verla. Aún así no deja de ser una mirilla tras la que mirar una época en la que lo inestable es lo único previsible. Y al menos te deja un aroma con moraleja de soñador empedernido que saca de debajo de la cama al niño que llevas dentro para formar parte de la Tomorrow band. Una banda de reclutas de sueños que hoy duermen en camas nido.

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