Good Friday y el sometimiento por infantilización

La anulación de la voluntad es una de las premisas de cualquier religión/secta u organización que pretenda preservar su cohesión jerarquizada de manera sostenida. Se trata de fomentar la obediencia ciega porque ello garantiza el statu quo vigente de manera que nadie cuestione las instrucciones y valores que provienen de la unidad central. 



En Caixabank se ha puesto de moda el sometimiento por infantilización. En otros post hablamos de la instalación del vector de la desconfianza que la crisis había llevado a todas las organizaciones en España. De poder hacer cualquier cosa en la oficina a no poder hacer nada sin un montón de laberintos de filtros posibles. Lo llaman bancarización aunque a mi me gusta más bunkerización. La instalación de la desconfianza lleva aparejada la robotización de las unidades de producción. Si es la unidad central la que debe controlarlo todo y no sus células de red entonces las células de red deben ser automáticas, intercambiables y obedientes. De este último aspecto nos encargaremos hoy.

La obediencia ciega se consigue básicamente con miedo. Pero existen mecanismos mentales ensayados para obtener los automatismos necesarios. En mi banco el miedo actualmente proviene de diversos vectores como la dialéctica de las reuniones o la rotación laboral excesiva y caprichosa de cargos fruto de una parabanca intensiva en dedicación y tiempo que denosta la inteligencia social y emocional adquirida con la experiencia. Sin pretender acumular temas la última moda en Caixabank se llama Good Friday. Se trata de un experimento comercial consistente en salir todos los viernes por parejas de cargos de subdirección de todas las oficinas para visitar comercios y empresas. Con un detalle infantil: hay que hacerse un selfie y enviarlo.

No es el primer antecedente de infantilización. No hace mucho una DAN tenía que hacer una especie de "Carrusel  Deportivo" y enviar cada seguro que contrataba una mañana. Después se le reenviaba a los demás como un "Minuto y resultado". En otra DAN se hizo una competición parecida a las que hacía Torrebruno de Tigres contra Leones. Divididos por grupos competían vendiendo seguros a tres euros por un premio ridículo. Pero quizá el momento más excelso de la infatilización fue la gala de entrega de premios a las mejores oficinas de este año. Para tal evento se distribuyeron pañuelos y gafas de gran tamaño (como las de Pepe Gafez de "Al ataque", si te acuerdas). Su titular era "Gafas para pensar a lo grande". Los pañuelos eran azules y querían hacer una especie de homenaje al momento fallero. Los pañuelos solamente consiguieron que gente vestida de gala apareciera fatal en todas las fotos. Las gafas sirvieron para que durante un breve minuto mientras empezaba a hablar el DT/líder espiritual un fotógrafo hiciera una foto a un montón de adultos bancarios convertidos en niños. La actutid del speaker acabó por llevar todo aquello al terreno de Barrio Sésamo.

¿Por qué ahora sucede esto? Es sencillo. Las oficinas han quedado reducidas a meros autómatas de gestión comercial. Se las considera inmaduras para pensar por sí mismas. Por tanto, son niños bancarios a los que hay que entretener con juegos comerciales diversos. Todo ello sin olvidar la espectacularización y americanización creciente de casi todo en la sociedad de la diversión eterna. El "Good Friday" es la última moda. Hasta el nombre es grotesco y sin sentido porque el origen es Black Friday y se trata de un día de condiciones muy ventajosas para los clientes. Aquí no hay ninguna condición ventajosa. Aquí solamente se sale y se hace un selfie. Rompiedo agendas, compromisos, firmas, vacaciones, en definitiva los ritmos vitales de cada oficina. Todo eso da igual porque la obediencia ciega de órdenes absurdas es el mejor síntoma de control mental. La unidad central puede estar contenta. 

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