Compromís y Podemos, el cubo de Rubik de la política valenciana

La coalición electoral entre Compromís y Podemos se ha convertido en el cubo de Rubik de la política valenciana. Todas las caras que Lakoff atribuye a la izquierda se dan cita en este laboratorio de ideas en que se ha convertido la política valenciana. 

Los valencianos han pasado de convivir con la "puesta en el mapa" de la política más conservadora y retrógrada a nivel estatal a tener que dirimir con unos de los fenómenos más complejos desde el punto de vista ideológico. La política valenciana nunca ha sido fácil aunque haya sido simplificada. Especialmente el vector de la izquierda ha presentado características peculiares que han complicado más los cálculos y facilitado, de paso, el resultado de la derecha.

Compromís es una cooperativa politica -concepto ya de por sí novedoso y complejo- que incuba varios colectivos que aún hoy quieren permanecer separados aunque no distantes. El Bloc Nacionalista Valencià que es el resultado de una coalición de partidos nacionalistas surgida a principios de los noventa. Iniciativa del Poble Valencià que es una escisión de Esquerra Unida del País Valencià y Gent de Compromís que son el colectivo que acudió motivado por la sinergia de la cooperativa política.

¿Quién es Compromís? 

La pregunta más frecuente que se hacen hoy en día quienes descubren el movimiento es ¿qué es Compromís? Esa pregunta es sencilla de contestar aunque no simple. Es una coalición entre la izquierda de orientación ambiental y de justicia social y el nacionalismo valenciano de corte progresista. Dicho así parece extraño que la sinergia llegara a funcionar pero pronto lo hizo.

Sin embargo, la cuestión que se ha convertido en la primera corona del cubo de Rubik es saber quién es Compromís. Y no entendiendo ese quién por la persona que lo representa sino por quién detenta la fórmula mágica de Compromís.

Saber quien es el Obelix de Compromís obliga a dibujar la receta de la que se compone. Compromís se asienta sobre sólidas bases comarcales y locales trazadas por el Bloc durante años y años de lealtad a unas ideas con denominador común identitario que hacía convivir a la élite cultural de cada pueblo con una nueva hornada de jóvenes universitarios que querían construir un tercer espacio político propio y comprometido con su tierra. Sin embargo, ese impulso tenía techo. Sistemáticamente sus intentos chocaban con el CIS. Solamente el 8% de los valencianos se siente más valenciano que español. Y el problema es que ese 8% no siempre atiende a la razón fusteriana sino a un sentimiento interpretable desde tantos puntos de vista que se diluyen como un azucarillo.

El límite era identitario y también lingüístico. El monolingüísmo resistencialista del movimiento nacionalista valenciano cercenaba sus posibilidades de crecimiento en el territorio castellanoparlante.
La aparición de Iniciativa llevó la sinergia hacia lugares nuevos e insospechados. El nacionalismo se agazapó bajo una capa de rebeldía social centrada en una agenda concreta -los recortes en sanidad y educación- y la irreverencia frente a la corrupción y el despilfarro captó la atención de la primera capa de indignados. Iniciativa se convertía en la cara y el cerebro de Compromís. Las senyeras desaparecían de los actos y el uso del castellano se subcontrataba cuando no se afrontaba con una naturalidad inusitada en otros tiempos.
Iniciativa -sin embargo- no pasaba de cuatrocientos afiliados lo que la convertía en un valor cualitativamente alto pero cuantitativamente bajo. Peleaba por encima de su peso. Su cohesión interna y sus protagonismos mediáticos actuaban de catapulta. Y el Bloc se dejaba llevar.

Finalmente Equo subraya un valor ambiental que siempre se ha mantenido en mínimos en España. La eterna promesa electoral española que no acaba de explotar.

La llegada de la crisis y los nuevos medios "indignados" que buscaban portavoces audaces para un nuevo periodismo de denuncia encontraron en Iniciativa a personajes perfectos para sus narrativas. Oltra era la perfecta rebelde con causa y Mollá era un secundario de lujo para papeles semiprotagonistas. Ribó interpretaba la sensatez venerable de la revuelta tranquila en una ciudad donde el Bloc nunca había pasado del 2% y en la que ahora es segunda fuerza política sobrepasando al PSOE.
El Bloc se subía a la nueva partitura y sobre todo su nueva generación de liderazgos entendía que esta era la nueva narrativa que había que interpretar.
La sinergia se sumaba con Gent de Compromís que acudían a la llamada de un movimiento emergente, complejo pero desafiante, fresco y rebelde, con una coralidad de liderazgos. Intentaban poner pegamento entre los demás componentes de Compromís que preferían mantener sus estructuras intactas.

Llega Podemos.

Podemos emerge por sorpresa en unas Europeas como fuerza de canalización de la factura democrática para pasársela a la "casta". Se aleja de la "vieja política" y surge al margen de Compromís pero en su mismo espacio aunque con menos frescura y más cabreo. Sus diferencias más notables son el alejamiento de cualquier cuestión identitaria -ni siquiera han estado en la Comissió 9 d'Octubre y el sometimiento al liderazgo mesiánico de Iglesias. Podemos en la Comunidad Valenciana surge como una parte más de Podemos. Sin líderes y sin estructura sólida, con recién llegados, sin experiencia. Nace con una cabeza demasiado grande para un cuerpo tan pequeño. Justo al revés de Compromís cuando el Bloc encontró una cabeza y un escaparate que exhibir con el aterrizaje de Iniciativa.
El papel de Podemos en la Comunidad Valenciana es subirse a la ola de una especie de revanchismo electoral que no es otra cosa que una revolución democrática. No obtiene protagonismos relevantes ni tampoco se distancia demasiado en porcentajes de voto. El partido de laboratorio obtiene resultados de laboratorio sin grandes desviaciones.
Podemos amenaza con invadir el espacio electoral de Compromís y aunque resta algunas expectativas fagocita mucho más electorado del PSOE y de Izquierda Unida que no de Compromís.

Morir de éxito

El éxito electoral llega. Compromís obtiene un gran resultado y Podemos un resultado fulgurante en el tiempo aunque moderado en la expectativa. Podemos asume su papel de facilitador de cambios en toda España. Una especie de dinamizador de terapias colectivas democráticas en muchas ciudades y comunidades de España. El PSOE obtiene su peor resultado de la historia pero exige el mejor puesto.
El pacto del Botánico se gesta con un presidente perdedor y una vicepresidenta sobrevalorada. Podemos se pone detrás en la foto a la espera de su gran esperanza blanca.

Las seis caras del cubo

Compromís incluye cuatro caras del cubo. La cara ambiental -Equo- que invita a procesos amplios de cambio, la cara de la justicia social internacionalista que encarna Iniciativa. La cara nacionalista que colorea el Bloc aumentada por el "Procés" de Catalunya que alimenta los egos colectivos de cierta parte de la política valenciana. Y la cara de la innovación democrática que incluye Gent de Compromís que se han subido a un barco que flota en una plancha de mucha paciencia.
Podemos acude con una cara de "pase usted a la historia de España" y el revanchismo de una nueva clase emergente, una generación que pide paso y se ha visto relegada por el Régimen de la Transición y que en Madrid es muy parecida a Sevilla o Valencia.

Cuadrar el cubo

El éxito electoral alimenta confianzas en un mismo y desconfianzas en los demás. Iniciativa se ha sobredimensionado y se ha convertido en un cuco capaz de anidar en nidos ajenos y adueñarse de ellos. Eso despierta envidias y recelos en los integrantes del Bloc que esperaban un reconocimiento electoral a su lucha eterna desde hace demasiado tiempo. El Bloc recupera su idealismo y conceptualmente niega su integración "entrista" en una plataforma de ámbito estatal. El nacionalismo al final es una escala de pensamiento. Iniciativa piensa a escala superior a la que piensa el Bloc y sus agendas chocan. Mientras la agenda era de oposición y venía marcada desde fuera por el gobierno todo fue fácil. Cuando uno debe crear su propia agenda y afrontar sus incoherencias la discrepancia es más evidente. Probablemente la madurez política es la ratio entre decisiones reales e incoherencias asumidas.
Podemos asiste como la amante que entra como tercera persona en un matrimonio. Sabiendo que no tiene nada que perder. El culebrón mediático le permite seguir en el candelero. Desgasta a Compromís mientras Podemos sigue su camino -descendente- ante un sprint indignado que se le está haciendo demasiado largo.

Las dos cabezas de Compromís se miran y se tiran fuego. Probablemente porque la escala de Iniciativa no sea exclusivamente valenciana como le gustaría al Bloc. La ambición es una escala de pensamiento. El abandono de la parte por el todo.

La polémica y el futuro. 

Iniciativa pretende subirse a un tren de cambios que impulsa Podemos. El momento histórico en España es evidente. La próxima legislatura será una legislatura poderosa donde pasará lo que no ha pasado en veinte años. El desafío catalán junto con la aparición del multipartidismo alimentado por el reformismo llevará a España a un denso periodo de reformas legislativas, de modelo territorial e incluso constituyentes. Iniciativa quiere participar de manera activa. Desde dentro. Fruto de esa autoestima de saber que es capaz de pelear por encima de su peso.

El Bloc sin embargo prefiere mantenerse fuera e influir desde fuera de ese proceso. Parece preferir la política de testimonio que ha hecho Baldoví en estos cuatro años encendiendo luces rojas en Madrid para visibilizar los problemas valencianos. Indudablemente un grupo valenciano propio exclusivo de Compromís sin Podemos en Madrid podría tener peso para influir en ese proceso. Pero también se asume el riesgo de que la promiscuidad pactista de un hipotético bipartito deje a los valencianos una vez más en la vía del tren 143 y no en la del 151.

La mayor parte de los debates se centran en saber si la unión generará una nueva sinergia o restará votantes decepcionados con alguno de los dos contrayentes. Es un problema menor. Cualquier resultado sería influyente. La cuestión es si el Bloc es capaz de enterrar el valencianismo político como opción electoral, si Iniciativa cambia de escala de pensamiento. Y si todo ello desmorona un Govern de la Generalitat que parece seguro pero tiene un subsuelo en movimiento.




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