Los directivos nómadas: la nueva casta bancaria

Los colectivos humanos fracasan cuando sus liderazgos dejan de ponerse al servicio del colectivo para mejorar su sinergia y se convierten en élites extractivas que olvidan el sentido de comunidad. 

En banca, como en cualquier colectivo humano político, religioso o empresarial sucede lo mismo. La banca tiene una función socioeconómica muy clara en el capitalismo. Esa función es la que le hace ser útil a la sociedad. En las empresas de banca se ha producido una doble inversión del proceso. Por un lado las entidades convencionales están dando la espalda a la sociedad a la que sirven y por otro sus directivos están dando la espalda a las plantillas de base. Esa doble fractura es un problema muy importante de "casta bancaria". 

El concepto casta tan en voga últimamente resume una situación de privilegio, inmunidad y falta de sentido de pertenencia y alineación en los objetivos respecto al resto de la sociedad. En banca es bastante visible. Se ha generado una fractura evidente entre la banca de moqueta y la banca de base. En medio hay una larga lista de grises. Nunca mejor dicho. 

Dicho de una manera sencilla las élites dirigentes bancarias se han distanciado de la sociedad y de sus propias plantillas mirando exclusivamente su propio interés y el de la empresa como elemento con necesidad de supervivencia por encima de cualquier circunstancia. 
Pero eso no ha sido fruto de la casualidad.



El documental La Corporación ya señala el peligro de que una personalidad jurídica desbocada genere sociopatías importantes. El crecimiento de las empresas de composición anónima se ha hecho tan grande que se puede decir que han adquirido vida propia. De esta manera aquellas personas que se incorporan a la organización ya lo hacen en un engranaje que respiran. 

El mejor ejemplo de esta situación de irresponsabilidad social empresarial son los directivos nómadas. A finales de los años 90 del siglo pasado ya comenzó a gestarse la idea de un nuevo proceso de construcción identitaria: la empresa transnacional o deslocalizada. Con esta nueva identidad uno debía olvidarse del arraigo personal o familiar para desvincularse totalmente y pertenecer a "la empresa". Esa alienación absoluta de objetivos vitales se ha traducido en una cultura empresaria del directivos nómadas. 

El directivo nómada viaja de ciudad en ciudad o de país en país en la misma empresa. Su ámbito de pertenencia es la empresa. Sus hijos o su pareja forman un pack que viaja unido. La empresa, eso sí, corresponde a esta nueva esclavitud autoasumida con cuantiosos beneficios económicos y sociales. A cambio de someterse al absoluto desarraigo. 

El directivo nómada responde a los intereses de la empresa íntegramente y aplica de manera cartesiana los métodos aprendidos y las instrucciones recibidas. Para ello prescinde absolutamente de la adaptación al territorio, usos, costumbres, lenguas o cuestiones identitarias del lugar de trabajo. Cualquier espacio es intercambiable. Da igual trabajar en Extremadura que en el País Vasco. 

Las antiguas cajas de ahorro gozaban de un excelente arraigo territorial y social. Una permeabilidad que era su gran ventaja comparativa. Conocían el terreno y sus gentes y eso permitía reducir costes de cálculos de riesgos y gestión de clientes. Los nuevos directivos nómadas son desconocidos en terreno de nadie. Por eso aplican sus métodos donde vayan. Siempre los mismos métodos. Experimentan poca evolución puesto que su rotación laboral no suele pasar de los tres años. A los tres años ocuparán un nuevo territorio al que también serán ajenos y aplicarán los mismos know-hows que llevan aplicando los últimos años. 

En banca el arraigo (conocimiento del espacio social en el que trabajas) es determinante para hacer bien el trabajo. La adaptación de productos al cliente/barrio/ciudad/país es muy importante. Pero los directivos nómadas prescinden de todas ellas. Prescinden de la lengua del lugar al que acceden, prescinden de su idiosincrasia. Y si no prescinden la reducen a un conjunto de estereotipos básicos que convierten la banca en una especie de Ocho apellidos vascos de carácter financiero. 

Un ejemplo muy concreto lo encontramos a la hora de abordar la geopolítica. El directivo nómada no sabe como reaccionar a los escándalos políticos (Rato o Urdangarin-Infanta). El directivo nómada no sabe como abordar un proceso soberanista como el de Catalunya porque desconoce las reacciones de su propio territorio más allá de algunas percepciones superficiales. 
El directivo nómada prescinde de la composición sociodemográfica o de las latitudes microeconómicas porque en realidad tienen que hacer lo que tiene que hacer. El directivo nómada divide a partes iguales los retos y prescinde de cualquier criterio adaptativo. Y finalmente el directivo nómada prescinde de cualquier vínculo con su plantilla o con sus vecinos porque en breve partirá hacia un nuevo espacio donde cazar en lugar de cultivar. Un viaje desde el neolítico bancario hacia al paleolítico. La involución perfecta.



¿Te ha gustado el artículo? ¿Crees que deben seguir publicándose estos contenidos? Mantener este blog requiere un esfuerzo. Si quieres colaborar con la Asociación de Profesionales de Banca puedes hacerlo aquí haciendo un donativo del importe que tú decidas.

copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com