¿Masculinismo?

Machismo versus feminismo. Esa parece la dialéctica clásica establecida a pesar de que su etimología no responde a ninguna lógica. El antónimo de machismo es el hembrismo y sin embargo el campo léxico del igualitarismo desde un punto de vista masculino y paralelo debería ser el masculinismo. 

Es indudable que existen hombres comprometidos con el igualitarismo de género pero también lo es que los órganos vivos colectivos institucionales y cívicos que van más allá del compromiso individual sino acaparadoramente femeninos. Esto tiene una lógica histórica irrefutable. Es el género femenino el que más ha sufrido las consecuencias de toda una historia de cultura patriarcal. Sin embargo, desde el punto exclusivamente teórico y abstracto  -aún hoy- resulta curioso que el igualitarismo de género se mire con un ojo tapado lo que nos haría suponer que desde la perspectiva masculina es difícil -repito desde el punto de vista conceptual- construir un igualitarismo de género. 

Llegados y llegadas a esta época del siglo XXI ¿sería posible revisar estas teorías para incluir el punto de vista genuinamente masculino en la lucha por la igualdad de género? ¿Deben los hombres seguir las consignas del igualitarismo de perspectiva femenina exclusivamente mediante un mecanismo de adhesión? O dicho de otra manera ¿puede nacer ya un masculinismo? 

La biología ha demostrado que los dos géneros tienen cuerpos y cerebros diferentes. Según las escuelas y el peso que se le proporcione a lo genético y a lo educativo/cultural estas diferencias son mayores o menores pero las diferencias existen. Las reacciones ante hechos semejantes son diferentes. Hay suficientes estudios que acreditan. Si esto es así podría pensarse que el masculinismo podría hacer las aportaciones más novedosas en el compromiso con la igualdad de género porque aportaría un giro copernicano a muchas cuestiones: el punto de vista masculino. 

La cuestión sobre el momento o la agenda también formaría parte de la discusión. ¿Es ahora el momento de germinar un movimiento masculinista o el de seguir impulsando y visibilizando liderazgos y modelos de conducta propuestos por el feminismo? No es fácil de resolver la cuestión. A día de hoy la mayoría de espacios de estudio (masters, cursos o departamentos organizativos) sobre igualdad están copados por mujeres. Por tanto, quiénes ostentan el dominio del know-how son ellas. La literatura sobre igualdad de género viene también -lógicamente- copada por mujeres. En el contexto de la justicia histórica la mujeres merecen ostentar el protagonismo histórico del movimiento que seguramente ha sido el protagonista de los mayores avances sociales de las últimas décadas ante la decadencia de otros movimientos ideológicos que el neoliberalismo ha sabido neutralizar. Sin embargo, por otra parte quizá la curva de crecimiento marginal ha llegado al tope de posibilidades aportadas por un sólo género, es decir, que quizá el feminismo haya tocado techo como movimiento ideológico y los crecimientos marginales ideológicos para dar un salto de calidad deben venir de una especie de "masculinismo". 

Comenzar a establecer mecanismos de inclusión masculina en espacios colectivos, cívicos,  institucionales, sindicales, políticos. Mecanismos de inclusión y no solamente de permisión. Los hombres ya sabemos que podemos participar. La cuestión es cómo participamos y si nuestros puntos de vista son reconocidos o se consideran viciados por el mero hecho de tener el último cromosoma diferente y haber crecido en una cultura machista de finales del siglo XX. Dicho de una manera breve: sin la co(e)laboración masculina muchas cosas van a ser casi imposibles porque ellas solas no van a poder. 

El papel masculino de las últimas décadas ha sido una especie de liberalismo de mercado ideológico (laissez faire- laissez passer) en el que la cuestión de la igualdad era patrimonio de las mujeres por ser las perjudicadas. Así por ejemplo, las mujeres han ido ganando espacios profesionales nuevos y han salido de la reclusión doméstica. Sin embargo, los hombres no han entrado en las labores domésticas y siguen dimitiendo de cuestiones de crianza básicas. Ese papel de mero observador -o en el mejor de los casos adherido- a la causa feminista mediante la colaboración, impulso y empoderamiento de las mujeres que tenemos cerca es un rol que quizá no convenga mantener sino reconvertir en un rol activo. 

Alguien podría pensar que ya existen los mecanismos de participación es suficiente (igualdad en los puntos de llegada) pero sería caer en el mismo tópico que el machismo respecto a las cuotas de género. No es suficiente ofrecer la oportunidad sino crearla. 

El diseño de un masculinismo co(e)laborativo no sería una tarea fácil. Los primeros métodos (escasos y aislados) de colectivos de hombres por la igualdad en realidad son colectivos de hombres que asumen los postulados feministas y los interiorizan. Pero eso no sería suficiente. Son mecanismos de colaboración de género. El paso definitivo podría ser la co(e)laboración de género. El choque estaría servido porque el feminismo (como todo movimiento ideológico) tiene una enorme gama de grises y el feminismo más duro no parece estar muy dispuesto a este grado de "contaminación" lo que no deja de facilitar la comodidad masculina en términos de igualdad. 

El feminismo ha alcanzado ya un techo de cristal ideológico y quizá la manera más útil de evitar que eso se convierta en una zona de confort sea entrar en proceso de cambio y llegar a un estado nuevo y superior mediante el surgimiento de un amplio movimiento masculinista. La igualdad de género vista desde el punto de vista masculino. Ello requeriría admitir que existe un punto de vista netamente masculino y femenino para todo y esa es una lucha existencial que dificilmente el feminismo abordará. Pero mientras tanto los hombres permanecemos al margen observadores del movimiento por la igualdad como el de un laberinto ideológico en el que las reglas son adhesión o rechazo. 

¿Existe es punto de vista masculinista? ¿Existe un abordaje masculino al tema de la violencia de género? ¿Quieren y necesitan los hombres un permiso de paternidad igual que el de las mujeres? ¿Qué aportaría un modelo masculinista a la coeducación? ¿Cuáles son los valores masculinos positivos que deberían sobrevivir al patriarcado? ¿Hay alguno? ¿Podemos aportar los hombres modelos emocionales de superación para mecanismos atávicos femeninos de creación de culpa o autoestima? 

Es difícil abordar todo esto desde un punto de vista exclusivamente teórico ya que en la práctica mientras el debate se agranda la pasividad escondida tras el entretenimiento va haciendo camino. 




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