Barçaween y el fútbol payaso

Cuando Neil Postman escribió "Divertirse hasta morir" no sabía hasta qué punto calaría en la sociedad la espectacularización de casi todo. Es un espectacularizar que no convierte nada en espectacular sino en un espectáculo. Lo complejo se simplifica y lo profundo se trivializa.
Todo se ha convertido en un espectáculo para divertirse. La búsqueda del placer a través de la diversión, la "liquidación" del esfuerzo, el respeto, el compromiso o la seriedad. Eso no es espectáculo.

La estupidez de los jugadores del Barça de interrumpir una rueda de prensa a un jugador de un equipo al que han derrotado en su casa es una metáfora de muchas cosas. La primera que la colonización cultural ha llegado a las raices. Ya somos americanos del sur de Europa en casi todo. Hacemos cine americano y seguimos tradiciones americanas. Y no lo hacemos como opción individual sino como opción colectiva e identitaria. Ya somos Halloween. El propio Barça (otrora més que un club) ahora insta a celebrar un Barçaween.

El fútbol nació de la pasión de la clase obrera. Los ricos siempre quisieron jugar a otras cosas. Ahora las entradas están a sesenta euros, el Camp Nou se llena de turistas y una camiseta para un niño obliga a su padre a pagar la décima parte de su sueldo. Mientras tanto los jugadores juegan a ser niños mimados, hartos de ser felices, modelos improvisados de peinados, tatuajes o ropa interior. Muñecos de dinero. Así nace el odio al fútbol moderno.

Los niñosdioses del fútbol se dedican a jugar. Y en Halloween se disfrazan porque es divertido. Aunque un rival modesto haya caído, aunque su ilusión de ganar a un grande haya caído en el hoyo. El fútbol es respeto al rival, a su afición, a su casa. El Barça ha perdido el norte. El fútbol moderno es un espectáculo digno de los mejores emperadores romanos. Si al menos fuera el opio del pueblo sería algo del pueblo.

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