Por favor, no disparen al de caja

"No disparen al pianista" es una expresión surgida en el oeste americano que ha quedado como una huella lingüistica de no matar al mensajero. La expresión completa era "Por favor, no disparen al pianista, hace lo que puede. 

La imagen que aún hoy se tiene de trabajar en un banco forma parte de una inercia conceptual desfasada, casi nostálgica. Trabajar hoy en un banco no tiene nada que ver con la imagen que socialmente se tiene. Quizá esa transición se haya producido oculta bajo un montón de escándalos bancarios, ventas de productos tóxicos y directivos sinvergüenzas que se han llevado el dinero a casa y han salido indemnes de las quiebras que hemos pagado entre todos.

Mientras eso pasaba, trabajar en un banco se convertía en un pequeño infierno mental, un manicomio retribuido. Seguro que usted como cliente desconfía más de lo que lo hacía de los bancos. Seguro que ahora protesta mucho más al ver como le llegan comisiones a su cuenta. Seguro que hoy mira usted a sus bancos con recelo y a veces le entran ganas de ir y..... pero por favor, no disparen al de caja.

Todos los oficios bancarios han ido cambiando. Nos iremos ocupando de los demás pero hoy merece la atención de Zona Bancaria esa persona que está en caja. La primera que usted ve. La primera que le atiende.

El trabajo de caja es denostado por los bancos. Se desconsidera. Dedicarse a caja es una especie de empleado invisible para la mirada de un directivo de banca. Y eso ya se está trasladando a las plantillas. Estar en caja es un marrón que hay que asumir porque nadie te lo va a valorar. Tienes doble jornada, administrativa y comercial. Y en banca ya solamente cantan las ventas. Nadie te felicitará por sonreír a una abuelita que no se aclara con el cajero. Nadie te dará una palmadita en la espalda por tener paciencia. Nadie te premiaré arreglar una tarjeta que se ha estropeado. Ya solamente valen las ventas.

La caja ha quedado como ese espacio en el que conviven los empleados mayores inadaptados comercial o tecnológicamente con aquellos y aquellas que todavía valoran su tiempo y se niegan a seguir trabajando más allá de lo que les pagan porque valoran más su vida que la de la empresa. La gente que usted ve en caja pueden ser defenestrados con experiencia, convencidos de su horario o fruto de una simple rotación de hoy "te toca a ti" porque voy mal con los objetivos.

Sin embargo, el de caja es el que encaja, encaja el primer cabreo, encaja el primer grito, encaja la primera protesta, quizá no la más grande pero sí la primera. Y ningún jefe se lo reconocerá. Quizá después de un día de enorme trabajo levante la cara de la pantalla y salga alguien del despacho de dirección a preguntarle si ha vendido algo. "No" dirá nuestro cajero o cajera. "Entonces hoy no has hecho nada". ¿Nada? Se preguntará nuestro empleado de caja.

Por favor, no disparen al de caja. Hace lo que puede. Vive entre dos fuegos. Y uno de ellos es fuego amigo. El que viene por la espalda. Porque ya nadie escucha al pianista. Solamente al que vende discos. 

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