Rivera, el candidato yerno

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Esta campaña electoral pasará a la historia como la primera en la que la personificación de las ideas ocupa el espacio central. Los momentos de crisis de valores a lo largo de la historia se han resuelto con la aparición de líderes -a veces mesiánicos y a veces simplemente carismáticos- en los que el concepto "gente" busca refugio. El personalismo de esta campaña será muy marcado y eso lo saben los asesores de comunicación de cada partido. Pero especialmente lo saben los que manejan los hilos mucho más arriba en los centros de decisión económicos.





La carrera para ser el candidato yerno ha comenzado. Los asesores de comunicación y estrategas electorales saben que el carisma personal del candidato será determinante. Así que pasean a sus candidatos por todos los programas que pueden donde se olvidan las ideas programáticas y se pone el acento en sus cuestiones personales. Saben que de un tiempo a esta parte un colectivo muy amplio del electorado se mueve por mecanismos de identificación (yo soy o quiero ser como este personaje político) así que la carrera es por ver quién encarna con más fidelidad al hombre medio español del año 2015.

Está claro que la carrera la encabeza Rivera con la edad, convicción y oratoria correctas que permiten volver a ser derechas sin parecerlo. Es el sueño de cualquier españolito: parecer progresista haciendo cosas de derechas de toda la vida. Pero antes de poner el epitafio en la lápida hagámonos la pregunta importante ¿Por qué es tan importante ahora la persona del candidato?

Para responder a esta pregunta necesitamos aproximarnos por diferentes vertientes. Por un lado está la marea americana cuyas ondas llegan a España siempre como el eco deformado de su origen. En Estados Unidos hace tiempo que las cuestiones personales (emisor del mensaje) son tan importantes como el propio mensaje. Para eso hay que preparar itinerarios vitales impecables y familias perfectas donde los roles (mujer del candidato por ejemplo) quedan dibujados perfectamente dentro de perímetros de diseño.

Por otro lado está la "Máquina del Fango", ese fenómeno dibujado por Umberto Ecco, que obliga a hacer el trayecto contrario. Para que un mensaje resulte creíble debe ser enviado por un emisor intachable. De lo contrario el fango actúa de manera centrífuga, es decir, invalida el mensaje salvo que quién lo envía sea un ejemplo claro, casto y puro de su contenido (todos somos corruptos porque todos hemos pagado algo en B sería un buen ejemplo). Así pues, en un ambiente electoral inquisitorial (dumping de honestidad) el candidato, su actitud y trayectoria personal son determinantes.

Pero finalmente está la jugada de jaque mate de "La Casta", esa élite dirigente mediocre pero extractiva que dirige España y que nos ha sumergido en un época oscura de retroceso histórico. La jugada de jaque mate es llevar a la periferia las ideas para meter en la centralidad a las personas. Cuando consiguen que nos empapemos de las vidas personales de los candidatos están intentando establecer vínculos emocionales con ellos. Es un juego sucio. Pretender jugar a tirar la primera piedra. Pretende impulsar un secuestro límbico en el que nuestro raciocinio ocupe menos lugar -si eso puede ser posible- en nuestra decisión de voto. Pretenden que votemos en función de un sencillo "me cae bien". La amabilización personalizada es un recurso que le funciona mejor a la derecha que la gente de izquierdas porque afrontan menos conflictos existenciales gracias a su aversión al cambio y su obsesión por la seguridad y la certidumbre.

Ciudadanos es una jugada más del gatopardismo. Y lo jodido es que avanza en marcha triunfal que diría el himno valenciano. Hacer que todo cambie para que todo siga igual. Por eso gran paso era llevarnos a elegir entre personas y no entre bloques (cambio-continuidad) o entre segmentos sociales (arriba-abajo, centro-periferia o derecha-izquierda). Situar la decisión en ámbitos semejantes como el deseo abstracto de cambio poniéndole un apellido (tranquilo) o incluso en el reformismo compartido, elimina el relato basado en las ideas para impulsar el relato basado en las personas.

Y es así como Rivera se convierte en el perfecto candidato yerno. Los productores de televisión saben que Pablo Iglesías no es el yerno perfecto. Esa coleta y gesto desgarvado azuzan los asientos de las ideas abstractas pero no gusta a las suegras. Sin embargo, Rivera es locuacidad, pasión, juventud, convicción y aspiración. Quizá por eso hoy mi madre me ha dicho que ayer salió en "Qué tiempo tan feliz" y que le parece un chico muy majo y que casi la convence para votarlo. Porque Rivera es el candidato yerno. Ese que le buscarías a tu hija de novio.

El cuento vuelve a colar. Y uno ya llega a la conclusión de que a la gente le gusta la política pop, la política de estribillo fácil. Las propuestas que rimas. El soneto programático. A la gente parece gustarle aquella canción de Fleetwood Mac: "tell me lies, tell me sweet little lies... "

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