Valencia Business Club. Decisiones han de ser tomadas

La salida de Nuno como entrenador del Valencia supone una magna metáfora de lo que se ha convertido el fútbol moderno y especialmente de como acompaña el fútbol a la realidad. 




Tuzón entró en el Valencia desde el mismo tejido productivo justo cuando el Valencia atravesaba la peor crisis de su historia y los piratas abandonaban el barco cobrando con el fichaje de Roberto. Era una época de tejer la nueva historia del club. Era de comarcas, de la Vall d'Uixó concretamente, un núcleo industrial donde había que trabajar para vivir. Pero la afición del Valencia se cansa pronto de la humildad y saca su espada de capitán moro. Después nos toca el Harpo del camarote de los hermanos Roig. Cuando llega la década prodigiosa del ladrillo hizo su entrada un constructor especulativo que le puso un club a su hijo. Entramos en la época de los caprichos. Ahora en plena eclosión asiática el Valencia es el juguete roto de una hija de papi rico que invierte en fútbol como trader.

En algún momento de ese itinerario murió el Valencia nacido en 1919. Lo de ahora es un zombie que lleva el mismo escudo. Cuando te acercas a la ciudad deportiva del Valencia puedes ver un cartel: Valencia Soccer School. Imagino que es la modernización que pregonaba Amadeo Salvo. El mundo tiene un problema de directivos y literatura de neomanagement ¿Soccer? Debo haberme perdido en algún Black Friday o Cybermonday. Soccer es la expresión norteamericana para referirse al fútbol. Ese país que no ha ganado nunca en nada en el fútbol. Es una expresión secundaria ya que para ellos el fútbol se juega con las manos y con casco. Llamar soccer al fútbol en Valencia es como llamar Xufamilk a la horchata. Imagino que todo va en consonancia con el nuevo estilo bilingüe del pijerío valenciano que ahora se vuelca con Ciudadanos. El Valencia no es más que un subrayado de cada época. Tiene dos estadios para tener una segunda residencia. Ahora ya no seleccionan a los mejores niños de la provincia como en la época de Tuzón. Ahora les cobran un dinerito para hacer negocio. Y así de paso alimentan el ego de papis deseosos de convertirse en el representante que firma contratos en servilletas.

El Valencia CF murió. El nuevo Valencia Business Club camina como un walking dead con sonido de máquina tragaperras. Un fondo de inversión financia, un representante compra y vende, el Valencia es el escaparate, el trampolín de ventas, una especie de pasarela de modelos futbolísticos. Y en ese mundo quién es el entrenador y para qué sirve. Para proteger la inversión y respaldarla con garantía de resultados. ¿Y es eso lo que queremos todos no? Buenos resultados. Fútbol tres veces por semana y camisetas a ochenta euros para que el padre obrero no pueda comprársela a su hijo aspiracionista de clase media.

Las palabras de Nuno en la rueda de prensa son una foto con flash del fútbol moderno. De esas que deslumbran y te dejan ciego por segundos. Los jugadores se enteran por el móvil porque son simples modelos de una pasarela y el diseñador de su ropa los quiere solamente para ponerla en valor. Y entonces vino el momento glorioso del fango del fútbol moderno: Decisiones han de ser tomadas. Así, en pasivo. Sin sujeto activo. Porque las decisiones todo el mundo sabe que las toman seres invisibles. A veces se llaman mercados, otras veces simplemente no se llaman. Decisiones han de ser tomadas. Nuno no dimite ni es cesado. Simplemente una decisión ha sido tomada. Y a Nuno eso le da igual. Y probablemente al aficionado del Valencia también. En una crisis económica como la actual se fue el pan pero queda el circo.

Dice un personaje de El Secreto de tus ojos que un hombre puede cambiar de trabajo, de vivienda o de mujer pero nunca cambiará de pasión. ¿Y qué pasa cuando te roban tu pasión? 

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