¿Cómo resolver la esquizofrenia sindical?

La sociedad está cambiando. Los modelos competitivos siguen primando pero ya existen modelos cooperativos crecientes. La sociedad en masa muta hacia una sociedad en red. Internet supone algo más que a la aparición de un nuevo medio de comunicación. Internet supone nuevas maneras de relacionarse, de compartir, de colaborar. La política ya ha percibido esos cambios con nuevos partidos emergentes relacionados en mayor o menor medida con la percepción de más átomos, más celdas del mismo panal. Todo esto genera una disrupción, una destrucción creativa que, sin embargo, el sindicalismo afronta con muchísimas contradicciones que lo convierten en un movimiento bipolar, sometido a una especie de esquizofrenia entre el conservacionismo y la adaptación al nuevo medio. 

El problema son las reglas. Las reglas del sindicalismo están pensadas para una época analógica y para un país recién nacido. Lo más relevante para un movimiento ideológico es su representatividad concreta y abstracta. La representatividad sindical se construyó sobre una arquitectura basada en las elecciones en los centros de trabajo. La afiliación, siendo importante, quedó en un segundo plano. Esto no es así ni en todo el mundo ni en todas las épocas. Eso tenía una razón de ser histórica: el arraigo. Tras cuarenta años de dictadura era fundamental introducir la democracia en los centros de trabajo. Además era allí donde los sindicatos tenían la fuerza. Y finalmente en los años de redacción de la arquitectura democrática de este país el paro se movía entre el 5% y el 10%. Recordemos que la mujer todavía no había accedido masivamente al mercado de trabajo.

Así pues, la arquitectura democrática del Régimen del 78 constituye el centro de trabajo como espacio natural para el sindicalismo pero también le reconoce espacios de interlocución generales fuera de los centros de trabajo. Y además los propios sindicatos viniendo de una lucha por la democracia se arrogaban y constituían en movimientos politicosociales (unos más que otros). Ahí nace la esquizofrenia sindical. ¿Cómo representar al mismo tiempo a quiénes se representa y a los inexistentes?

Una de las críticas más habituales que se le realiza a los sindicatos es su representatividad. Se le critica que ya no representa a los parados, es decir, quienes no están en los centros de trabajo y a los que no son asalariados sino autónomos explícitos o implícitos. El sindicalismo se defiende en términos abstractos con su capacidad de interlocución especialmente en cuestiones macro. Y lo curioso es que ambos tienen razón. El sindicalismo en términos micro está enjaulado en los centros de trabajo. Y en términos macro mantiene un nivel de influencia que sería absurdo desaprovechar.

El sindalismo está llegando tarde -por incapacidad- a mucho sitios. Ya ha llegado tarde a las tecnológicas y ha llegado tarde a los nuevos híbridos contractuales. Empezó mal afrontando mal las subcontratas y ni curiosea en las start up. La brecha digital está dejando fuera de juego a demasiados dirigentes sindicales que se encuentran cómodos en la zona de confort de la "defensa de derechos adquiridos en los centros de trabajo" ante la ofensiva neoliberal. Y eso es imprescindible. Pero hay que hacer algo más.

El tardocapitalismo afronta dos retos básicos. La globalización condicionada por Internet y la nueva sociedad en red y el planeta finito de recursos. Durante la revolución industrial la lucha contra las máquinas de los luditas que luchaban contra la destrucción de puestos de trabajo que produjo la revolución industrial quedó en eso, en un apartado de la wikipedia. Los momentos de cambio profundo, de revolución , como el actual son momentos de destrucción creativa. Mueren muchas instituciones del pasado para que puedan emerger nuevas especies económicas más adaptadas.

El sindicalismo no lo tiene fácil porque sigue teniendo su foco en el centro de trabajo. Así pues, el sindicalista de una refinería quiere conservar su trabajo y defender a los suyos a pesar de que es consciente del final del petroleo y los combustibles fósiles. No hay que irse a un caso tan extremo. En mi sindicalismo de toda la vida -el de banca- los sindicatos llevan firmando rebajas salariales desde hace treinta años, usando las prejubilaciones como puertas de atrás de jaulas de oro. Nadie representa al inexistente. Se firman salarios inferiores para plantillas futuras abstractas pero se protege los intereses actuales de las plantillas actuales.

No se acaban ahí los límites del sindicalismo. El tejido económico de España y del futuro (sociedad en red) es una tela de araña de pequeñas empresas donde no consigue entrar el sindicalismo. El pequeño empresario español sigue instalado en la versión antifranquista del sindicalista enfadado que límita su capacidad de expansión abusiva. Y el sindicalismo no consigue explicar su utilidad directa existiendo la indirecta de manera gratuita.

Tantos vectores al mismo tiempo, directo-indirecto, abstracto-concreto, antiguo-nuevo están siendo demasiados para el sindicalismo que es víctima de sus propios sueños durante el tardofranquismo. La arquitectura del 78 se rompe por todas partes. No solo la manera territorial sino también la representatividad. Ese el reto para romper la esquizofrenia sindical en una época como la actual.

Se trata de obtener representatividad directa y real más allá del centro de trabajo para actuar de interlocutor y estabilizar de una realidad política que va a ser cada vez más caprichosa e inestable. El mundo digital está naciendo y no es la mejor época para esperar comportamientos maduros.

La esquizofrenia sindical, el conservacionismo de derechos frente a la adaptación al tardocapitalismo y la bievenida a su sistema económico posterior, solamente se resuelve adaptando la representatividad para alcanzar al máximo de colectivos. La identificación es básica en un movimiento ideológico y ¿cuánta gente se siente identificada o protegida por el sindicalismo? Ya no cuánta gente lo es... sino cuánta gente se siente.

¿La representatividad se resolvería con unas elecciones abiertas parecidas a las políticas donde se votaran alternativas sindicales para constituirse en interlocutor social más allá del centro de trabajo? ¿Pasa por medir la afiliación y derivar de esa afiliación unas consecuencias u otras? No lo sé. Pero la crisis de representatividad es el eje de la esquizofrenia. Representar a los invisibles, a los futuros, a los abstractos frente a los actuales, reales y concretos. Representar al futuro como momento inexistente frente a un presente perentorio.



copyright © . all rights reserved. designed by Color and Code

grid layout coding by helpblogger.com