Deportes: Ribó vs Carmena. Los charcos de la izquierda del cambio

Mucha literatura de comunicación y estrategia política usa la metáfora de la guerra. Yo prefiero la metáfora deportiva. Tanto la política como la competición deportiva son herederas de la guerra pero creo que el deporte aporta connotaciones diferentes. El enemigo no es un enemigo sino un adversario y no debe ser sometido sino derrotado. Son matices pero como dicen en Pulp Fiction el secreto está en "pequeñas diferencias". 

La política, en estos términos, tiene mucho que sorber de la estrategia deportiva y tiene una gran amplitud de posibilidades para hacerlo. La nueva izquierda del cambio ya tiene que gobernar. Tiene que tomar decisiones. Adoptar estilos y construir relatos políticos nuevos. Y estas navidades hemos visto dos maneras de afrontar la Navidad desde la "izquierda del cambio": la manera de Ribó y la manera de Carmena. 

El fútbol es probablemente el deporte más popular y por tanto más banalizado y frivolizado. El fútbol moderno ha convertido ese deporte en casi una estupidez pero todavía hay cosas básicas que aportar a la política. El tenis es otro deporte donde la política puede encontrar fuentes de inspiración. 

En fútbol, no es igual jugar en casa que jugar fuera de casa salvo que seas un equipo muy grande obligado a ganar siempre. El planteamiento no es el mismo porque el escenario no es el mismo. Simplemente por eso. La mirada del rival tampoco es la misma. Jugar fuera significa conocer mucho mejor al rival para adaptar tu manera de jugar y saber que quizá sea el contrario el que tenga la posesión y marque el ritmo de juego. 

El tenis es uno de los deportes donde probablemente la fortaleza psicológica sirva más para ganar partidos. La lentitud de Rafa Nadal en los saques exaspera. Los rituales pueden llegar a molestar y la certeza de visualizar un objetivo y no darse por vencido te puede hacer ganar partidos. Pero en tenis hay un concepto excelente para la política: los errores no forzados. Un error no forzado es una pelota fácil que estadísticamente debería ser jugada con sensatez y no habría error. Es cuando se arriesga o cuando se pierde la concentración cuando se produce el error no forzado. Minimizar los errores no forzados en básico en el tenis. Y en la política. 

La Navidad es un campo ajeno para la izquierda. La izquierda juega fuera de casa por lo que el planteamiento debe contar con el hecho de no tener la posesión, no marcar el ritmo de juego y observar muy detenidamente al rival. Es dificil no pensar en un elefante en Navidad. El planteamiento de Ribó y el de Carmena han sido diferentes. Ribó ha jugado fuera de casa y ha sacado un empate. Carmena ha perdido la partida aunque sus ultras se empeñen en argumentaciones lógico-racionales. 
Jugar en casa o jugar fuera es una cuestión de marcos mentales. El marco fundamental de la Navidad es la tradición y ese no es un marco propio de la izquierda. Así que hay que jugar sin el balón y eso cansa mucho. 
Jugando fuera de casa (marco cognitivo tradicicional de moral de padre estricto en términos de Lakoff) es fundamental no cometer errores no forzados. Ribó ha cumplido la regla a la perfección si exceptuamos el desliz de no controlar la metáfora de "les magues de Gener" que remite inmediatamente a una especie de competencia atea con los Reyes Magos. Solamente el consumismo (Papa Noel) es capaz de competir con los Reyes Magos hoy en día. Intentar jugar en ese campo y ganar es imposible para la izquierda. Ribó ha mantenido la tradición o incluso la ampliado en términos identitarios con un Betlem de tradición valenciana. Ha dado caramelos incluso para celíacos. Se ha fotografiado con los Reye Magos. Y los Reyes iban vestidos como la reminiscencia memorial nos asiste (algún día alguien me tendrá que explicar por qué el niño va desnudo y los Reyes tan cubiertos de ropa). En fin, ha cumplido el trámite sin ningún error no forzado. 

El diseño de Navidad de Carmena ha intentado jugar a la ofensiva en campo contrario. Primero con el tema de género. La Navidad es una institución tremendamente conservadora con lo que se puede ganar una batalla pero no todas las batallas. Carmena ha planteado demasiadas. La aparición de Reyes Magos estrafalarios o de diseño hipster según se mire le produce a cualquiera como mínimo un susto. Después vienen las racionalizaciones sobre el rigor histórico pero la verdad es que la política se construye más sobre mitos que sobre rigores históricos. La izquierda del cambio de Madrid olvida que no se trata de ganar el partido sino de convencer al público de que lo has ganado porque el resultado no sale en los videomarcadores. La estrategia navideña de Madrid solo convencerá a los convencidos. Diría que solamente al núcleo duro y fanatizado de votantes que lleva Podemos como la estela de la Estrella de Oriente. A nadie más. 

Carmena se ha metido en un charco considerable del que Ribó ha salido limpio. Ya lo hizo el día 9 d'Octubre cuando acusado de traidor catalanista se cogió la senyera y se la echó al hombro. 

Todo esto no tendría la mayor importancia de no ser un síntoma de una enfermedad mucho mayor. La izquierda domina bien los marcos materialistas de justicia social, solidaridad, reparto, cohesión. Y maneja perfectamente muchos de los postmaterialistas como libertades civiles, medio ambiente, cultura y lengua. Una buena idea política sería centrarse en esos marcos referenciales y orillar los marcos en donde tienes mucho que perder y poco que ganar. Intentar jugar en casa y cometer pocos errores no forzados. Y ningún gol en propia puerta. 

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