El efecto Napster en la banca convencional

Napster fue la primera gran iniciativa de compartir archivos por Internet entre usuarios. Más o menos por allá por el 1999 Napster te permitía hacer lo mismo que habíamos hecho siempre (grabar una cinta y dársela a un amigo) pero a nivel global a través de Internet. Permitía compartir archivos MP3 entre usuarios. Esta iniciativa no fue nada bien aceptada por la industria discográfica que veía en el soporte físico del LP o CD un negocio que no quería perder. Las demandas empezaron a caer sobre Napster que tuvo que pagar cuantiosas indemnizaciones hasta volver a resurgir en 2008. 

Uno de los diálogos más memorables de la película The Social Network sobre como surgió Facebook incluye una reflexión profunda cuando se le pregunta a uno de los creadores de Napster sobre la cantidad de demandas, problemas, conflictos y en qué consistía entonces su éxito. La respuesta venía a decir algo así como: sí... pero ¿a qué hora tu no te montarías una tienda de discos?

Nada escapará al fenómeno de Internet como nada escapó a la imprenta, el fuego o la rueda. Son inventos que generan eras. La banca tampoco lo hará. Pero el dragón soltará la cola y tirará todo el fuego que pueda. Y estamos hablando de un dragón muy poderoso. Quizá el mayor problema que tengamos ahora es que nuestros legisladores (Europa-España) son rehenes de unos bancos cada vez mayores (too big to fail). No se le puede poner puertas al campo pero si tienes una empresa de puertas intentarás que todo el mundo crea que el campo necesita más puertas.

La banca convencional camina hacia un abismo, un money crash porque se queda sin yacimiento de negocio, se queda sin materia prima. Mejor dicho es como un dinosaurio, demasiado grande para la poca comida existente. Las fintech son más adaptables, nuevas, versátiles, digitales y rápidas. Aunque la inversión y su cuota de mercado son todavía pequeños y los obstáculos regulatorios muy grandes, su avance es imparable. Todos los segmentos de la banca convencional como negocio-avaricia se ven atacados. Los sistemas de pago ya son atacados por empresas como paypal e incluso ajenas al sector como Apple o Samsung (si se paga por el  móvil y yo fabrico móviles por qué no cobrar?). El crédito entre particulares es atacado por el crowdlending. El descuento de efectos también. Las hipotecas también. La gestión de patrimonios también puede ser atacada fácilmente por nuevas empresas financieras tecnológicas.

La banca convencional usa en estos momentos dos estrategias. La primera es usar la regulación estrangulando al regulador. Reduce el número de competidores generando un oligopolio de manera que con precios pactados las unidades en competencia tengan más posibilidades de sobrevivir. Para ello suben las barreras de entrada (ratios de solvencia, capital inicial, restricciones de propiedad a las antiguas cajas de ahorro) y las barreras de salida. Cuando ambas barreras son altas es poco probable la aparición de competidores. Si somos menos tocamos a más. El problema es que cada vez la tarta es más pequeña.

Es ahí donde surge el efecto Napster. 

La revolución digital llegará a la banca para hacerla añicos y segmentarla en red como hace con todo. Atomizar la banca significa que enviarás las transferencias por un sitio, tendrás una tarjeta de google quizá, pedirás préstamos a tus amigos que quieren sacar más dinero por sus ahorros a través de una plataforma de crowdlending. Todo eso ya está pasando.  En España el proceso será vertiginoso porque la banca convencional se aprovecha de la brecha digital actual y de que la alfabetización en España fue tardía lo que con una pirámide de población tan envejecida es una ventaja para atrapar a la gente en un oligopolio. Son huidas hacia adelante.

La banca convencional sabe que se queda sin comida. Por eso ya va haciendo pruebas de"banca frikie". Convertir una oficina bancaria en un Gran Bazar, pensar la oficina como un punto de venta donde se pueda vender cualquier cosa. Por eso pelean tanto la lucha de horarios comerciales y la lucha de horarios laborales. Porque saben que pronto tendrán que dedicarse a vender otras cosas no financieras para sobrevivir. Los seguros son solamente el principio. El mercado de los seguros, como el de las alarmas, como el de los viajes, como el de la entrega de compras hechas por Internet ya han aterrizado en la banca y van a quedarse por pura supervivencia.

La cuestión es quién sobrevive ¿el logo o las personas? 

El problema es que en este cambio de era, las empresas y sus logos intentan sobrevivir a costa de lo que sea, como auténticos psicópatas del mercado. Las estrategias de venta de banca frikie no dan para sostener los actuales sueldos de banca con lo que la escabechina será contínua. El mercado de los seguros, el de los viajes ya existían, mucho antes que el adanismo de los directivos de banca pensara que son la panacea. El sentido común dice que esos sectores dan unos resultados y permiten unos sueldos. No más. La banca convencional se atrincherará en la regulación lo que permitirá sostener algunos andamios pero los obreros irán cayendo como siempre. Hace años que el sindicalismo de banca tiene como preocupación central los mecanismos de salida. Y las plantillas también miran hacia la puerta con deseo. Porque se ha convertido en un sector con fiebre, enfermo de urgencia, la ansiedad se palpa.

La imagen de King Kong en el Empire State siendo atacado por minúsculos elementos por todas partes es ahora mismo la que mejor describe a la banca bunkerizada y atrincherada. Las fusiones son manotazos al aire. Volverán a vender productos tóxicos en su lenta y agónica lucha por la supervivencia. La cuestión es que aunque parezca grande, dominadora y aterrante la banca convencional está acorralada históricamente por un nuevo paradigma dominante: la sociedad en red que destroza a unos intermediarios opacos y los sustituye por intermediarios transparentes. Cambian una pared por un cristal. Y los bancos convencionales son demasiado grandes para reconvertirse, transformarse y adaptarse. Sus directivos han crecido en colegios de banca analógica y no saben más que construir un ejército de sicarios comerciales que aprendan a sobrevivir, a sacar al logo en procesión, sin recordar lo que dijo Bill Gates hace ya demasiado tiempo "la banca es necesaria, los bancos no"

Existirá siempre un hueco para la banca de proximidad. El dinero requiere confianza, prudencia, discreción y seguridad. Ese era el espacio natural de las cajas de ahorro que no tardará en ocupar alguien. Alternativas ya existen de banca social, ética y alternativa.

Porque aunque parezca que nunca pasa nada siempre está pasando algo. 

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