El selfie de Izquierda Unida

El selfie se ha convertido en un ícono de una época. Ya se llama selfie a cualquier foto en la que salga uno mismo aunque la haga otra persona. Lo que antes se llamaba retrato. Los adolescentes son especialmente asiduos al selfie como una manera de indagar su identidad. La adolescencia es esa etapa precaria donde la aceptación del grupo es primordial y el selfie permite salirse de uno mismo para observarse. Filtros aparte, el selfie es una manera de entenderse y alejarse de uno mismo. 


Izquierda Unida debería hacerse un selfie. Debería salirse de sí misma e intentar ver como la ven los demás y como se ven a ellos mismos cuando se miran desde fuera.

La última campaña de Izquierda Unida ha dejado un retrato polaroid bastante urgente para los que miramos desde fuera. Pero sigue faltando ese selfie. Y solo se lo pueden hacer ellos.

Desde el punto de vista estratégico la irrupción de Podemos ha situado a Izquierda Unida en su rol habitual de vanguardia ideológica. Esa es una situación de nicho de mercado dinámica que te sitúa por debajo del 3 (0-extrema izquierda a 10-extrema derecha). Es un nicho en constante evolución pero constantemente existente. Garzón parece haber entendido esa posición estratégica al no caer en los cantos de sirena podemistas.

Respecto al ideario no parece que Izquierda Unida tenga problemas. Sus competidores han copiado propuestas varias y las han envuelto en un papel más bonito. Sin embargo, el almacén de ideas sigue más vivo en Izquierda Unida que en cualquier otra parte.

La estrategia a largo plazo de transformación social al margen de las instituciones no requiere demasiada articulación politica ahora mismo. La nueva sociedad en red no exige la antigua consigna política y contacto orgánico. La izquierda social puede funcionar solita sin siglas.

El liderazgo está asentado en Alberto Garzón y no solo con potestas sino con autoritas ganada a base de compromiso (podría haberse ido a Podemos con alfombra roja incluida), trabajo y conocimiento (pocos políticos habrá con más trabajos escritos que él con 30 años).

La llegada de Garzón son es un hecho aislado. Con Garzón llega una generación que ha llegado a toda la política. No hay más que comprobar las ingeniosas muestras de La Cueva de Garzón para darse cuenta de qué generación se trata.

En la última campaña además Izquierda Unida ha sabido combinar la dialéctica lógico-racional con el marqueting de las emociones. Izquierda Unida tenía razones. Ahora también tiene épica. La que perdió pero siempre tuvo. Basada en los mitos clásicos: el poeta irreverente, el robin hood de clase burguesa, el ermitaño, el anciano sabío, el joven idealista soñador. Recuperar esa épica era imprescindible. Garzón sabe combinar el entusiasmo con la pedagogía e intenta superar las metáforas clásicas por otras renovadas. Ya no hay un problema de lenguaje grave en la cima. No así en las bases que siguen ancladas en una jerga insostenible.

¿Qué falla entonces en Izquierda Unida? 

En los inicios del fútbol las normas no estaban claras. Siempre se ha jugado a la pelota pero había que decidir si se jugaba con las manos y los pies o solo con los pies. En esa época las reglas todavía no estaban establecidas así que había híbridos tales como un partido entre equipos de Escocia (más proclive a usar solo los pies) e Inglaterra (más partidario de usar manos y pies) que se jugó a dos partes. En la primera parte se jugó con unas reglas y en la segunda con otras.

Izquierda Unida debe asumir las reglas por injustas que sean. No se puede jugar una parte con cada regla. Y ahora mismo no se pueden cambiar las reglas. Para cambiarlas hay que ganarlas. Para ganar un partido de fútbol hay que jugar con los pies. Izquierda Unida no tiene un problema de estrategia política sino un problema de táctica. La regla dice que para sacar diputados hay que estar por encima del 5% provincial. Y para que tus votos cuenten debes estar por encima de ese porcentaje. No aceptar eso es infrarepresentar tu programa. Defender tu programa y tu integridad y tu coherencia está bien. Representarla adecuadamente es todavía mejor.

Una de las cosas que más duele a la gente de izquierdas es sobrevivir a la incoherencia personal y colectiva. Que se lo pregunten esta semana a los de la CUP. Lo más dificil es asumir de manera indulgente ese grado justo de incoherencia que permite la indulgencia con uno mismo y con el otro, que permite sobrevivir a la disidencia. La única manera de renovarse es poner el acento en el apellido "unida" para hacer honor al nombre "izquierda". Buscar alianzas electorales que permitan que todo voto sea útil.

¿Cómo poner en valor un millón de votos? Ese es el reto. Y de ese reto depende la orientación ideológica de un país ahora mismo.

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