Las claves del CUPonazo de Catalunya

El soprendente acuerdo de gobernabilidad firmado por la CUP ha dejado un sabor estrafalario Las expectativas son importantes en política y uno espera que cuánto más compleja es la negociación más profundos y complejos sean los resultados. Está claro que los resultados son complejos y profundos pero muy alejados de las expectativas ideológicas que se pueden esperar de un partido tan outsider como la CUP. 
En pocas horas han pasado demasiadas cosas difíciles de entender a golpe de tweet. Es de esos días en que el periodismo interpretativo se hace imprescindible. Aparecen conceptos nuevos e inesperados en una época como la actual donde lo viejo no acaba de irse y lo  nuevo no acaba de llegar. Algunas de esas nuevas claves las tendremos que analizar y digerir todavía:

  • En los territorios de nación sin estado el vector identitario es muy importante. Es uno de los vectores del ecualizador de la izquierda que más cuesta gestionar. Este vector es desconsiderado en los lugares donde la acomodación identidad-nación-estado es unívoca y sencilla. Dicho fácilmente, es difícil que un extremeño entienda a un catalán o un vasco y menos a un valenciano que identitariamente se sientan partícipes de una comunidad diferente. La gestión de este vector dificulta mucho la actuación de la izquierda según sea más acentuado el vector de pertenencia o alguno de los demás. En Catalunya ya existía Esquerra Republicana con vector acentuado. Se suponía que la CUP presentaba un vector identitario menos acentuado al poner más el acento en el ecualizador de la justicia social. De ahí, la gestión del conflicto político y diferenciador ante un frente nacional (en términos conceptuales y no franceses) como el de Junts pel Sí. Por tanto, la CUP ofreció en las elecciones un producto diferente al de Junts pel Sí cuyo eje no era exclusivamente identitario. El CUPonazo de ayer supone una inmersión ideológica de la CUP que pierde todo su valor diferencial. Es un suicidio ideológico. Y eso es una mala noticia porque la CUP presentaba características que sí podían hacer temblar cimientos del Régimen del 78. 
  • La creación de un frente nacional catalán legitima y facilita la creación de un frente nacional español. El proceso de polarización se acentúa con lo que la sensatez aparece como locura transitoria. Si en Catalunya es posible subsumir espacios ideológicos tan diversos en aras de un sostenimiento identitario (el procés) en España también deberá ser posible y con más intensidad. Esto incrementa el peso del "problema catalán" en la agenda política española. Y cuando el foco se dirige a una cuestión identitaria sale de la luz un montón de cosas muy importantes. No hay luz para todo. La izquierda estatal tendrá un problema muy serio para situar otros aspectos encima de la mesa. 
  • El referendum y los diferentes ritmos políticos. Está claro que los creadores de agenda política  hegemónica en Catalunya han superado la etapa del referéndum e inician un camino incierto lleno de preguntas sin respuesta. Sin embargo, en el resto de España el referéndum ni siquiera se ha servido en la mesa como debate posible y vigente. Simplemente se ha mencionado como algo que traerán a otra mesa. Esto genera problemas muy serios porque ya ninguna de las dos partes polarizadas y extremas tendrá interés en situar el referéndum en el centro de la cuestión. La democracia pierde porque una parte se niega a hablar y la otra ya no quiere hablar de eso sino de otra cosa (un procés unilateral). Aquellas fuerzas intermedias como Podemos tienen mucho que pescar electoralmente pero la política no es solamente elecciones y mientras se producen trasvases de votos van pasando cosas. 
  • El acuerdo de gobierno en sí mismo es para llevarlo a hacerle la autopsia a un centro de politología. Aparecen conceptos tan nuevos como el "diputado infiltrado o prestado" por parte de la CUP que ni siquiera se conoce todavía su identidad y que vendría a ser un consultor o auditor externo de un pacto que debe llevar a cabo Junts pel Sí. Por otro lado aparece el concepto "negociación que corrige las urnas" un hito en la democracia representativa de "representatividad ilustrada". Habrá que darle muchas vueltas para saber por qué las urnas hay que corregirlas y que tipo de ideario puede haber detrás de cada corrección. Finalmente, el concepto "fer un pas al costat" o hacer un paso al lado es bastante aclarador de las intenciones de Mas. La cuestión es que eso viene facilitado por un acuerdo que permite a Mas nombrar a quien quiera excepto a él. Poco después Mas recuerda que no ha dado un paso atrás sino al lado. ¿Primero se corrigen las urnas y luego se sitúa un poder en la sombra? Y todo firmado. 
  • La oposición que no se opone. La CUP se ha atrevido a poner por escrito el síndrome de Estocolmo político. Se convierte en rehén de JxS al no poder votar conjuntamente con los "enemigos de la patria". Esto es inaudito en un pacto de gobernabilidad. No hablamos de practicarlo -que ya puede ser una norma no escrita- sino de escribirlo y firmarlo atándose las manos durante mucho tiempo. 
  • La cuestión de Mas sí o Más no. Desde el punto de vista de la lógica de izquierdas (anticapitalista todavía anda por la izquierda) en la creación ascendente de un proceso de constitución nacional la cuestión personalista es menor. Es una de las cosas que Mónica Oltra se ha encargado de spamear en política (lo importante es el qué y no el quién). Sin embargo, la cuestión del quién fue situada por la CUP como único punto realmente relevante. La CUP pusó sobre la negociación un único punto AntiMas. Y ese punto lo ha ganado realmente? A qué precio? Como estrategia negociadora se ha demostrado  un desastre pero además desde el punto de vista conceptual e ideológico es otro desastre. Catalunya intenta construir un frente nacional amplio, multipartidista y transversal. Eso parece claro. Todos los lobbies nacionalistas lo tienen claro. Junts pel Sí ya representaba eso. Pero la CUP no se presentó junto a Junts pel Sí por algo. Su valor diferencial era desequilibrar el soberanismo hacia posicionamientos ideológicos de un nacionalismo social, es decir, una búsqueda de una nueva nación nacida sobre cimientos de justicia social. Por eso es difícil entender un punto de un acuerdo de gobierno en el que se cierra la puerta a Mas y se abre la puerta a quien designe Mas. Al final, la cabeza visible se le cede a alguien que representa la antitesis de un país con cimientos sociales, una nación catalana social alternativa. Más o Puidemont representan unos mismos valores. Claro está que habría que analizar el papel de Esquerra y su pasividad o adhesión incondicional a un partido en desguace como Convergència Democràtica. En todo caso, la expectativa más compartida era la de la aparición de un actor político de perfil más social para seguir liderando el "procés". Una designación hereditaria no parece que facilite el cambio de perfil. 
  • El president espontáneo. La aparición de un president espontáneo o en la sombra crece como modelo a seguir. Eso abre la puerta a la tecnocracia. El candidato de Junts pel Sí era Raul Romeva que no era el candidato a presidente. Ahora el candidato a presidente ni siquiera era el candidato electoral y ni siquiera el candidato a presidente. Estos deslices democráticos crean jurisprudencia a la italiana y acaba siendo presidente alguien que pasaba por allí. El proceso de nombramiento no puede ser más monárquico (herencia del cargo digital) para un partido que se declara republicano. Al menos eso es lo que han escrito acuerdos de pasillo aparte. 
  • El sometimiento de los lobbies soberanistas. El único sentido que puede tener incluir una cláusula de culpabilidad en un acuerdo de gobernabilidad es una presión social de traición. Es normal que en procesos de construcción nacional surjan mitos, mártires, héroes, salvapatrias, mesías. Y además es muy normal que el gregarismo se convierta en una enfermedad ideológica de manera que quien cuestiona las normas del nuevo grupo aparezca como un traidor. Lo que no es normal es humillarse poniéndolo por escrito. Lo de la CUP ha sido un "cautivo y desarmado" por escrito al poner que lamentan haber puesto en cuestión el sacrosanto camino hacia la independencia como si fuera la travesía del desierto  hacia la tierra prometida de la independencia. Es una excusatio non petitat acusatio manifesta. Algo que no pertenece a ese contexto un especie de ALF negociador, un cuento de Pere Calders político donde un elemento extraño se intercala en un hábitat de aparente normalidad. Este sometimiento lobbista es la fiebre de un proceso que ha enfermado lo que es una lástima porque los pasos dados hasta las elecciones eran de una gran partida de ajedrez institucional. 

Creo que todas las claves conducen a conclusiones disparatadas y el problema es que las reacciones pueden ser igualmente disparatadas porque el nacionalismo español nunca se ha caracterizado por su sensatez y templanza. España tiene que espabilar para convertirse en un modelo de convivencia atractivo y moderno. Es la única solución. Cambiar el marco de pertenencia. 

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