¿Por qué en Valencia se forjó la industria de la corrupción?

En el libro ¿Por qué fracasan las naciones? se dedica  una larga investigación donde se analizan una larga lista de paises, naciones, regiones, territorios a lo largo y ancho de todo el mundo y de toda la historia en búsqueda de una fórmula mágica: ¿Por qué unos paises están "más avanzados" que otros"? Seguramente habrá muchos matices al concepto "avanzado" pero es evidente que existen grandes diferencias entre territorios muy próximos. El ejemplo de Sonora (México) frente a Sonora (Estados Unidos) es el primero que se menciona pero hay más. Y ya no se trata de un concepto consumista del avance (más capacidad de consumo) sino de aspectos como seguridad personal, esperanza de vida etc. Entre unas comunidades humanas y otras hay grandes diferencias de todo tipo que no son explicables ni solamente por la geografía, ni solamente por su riqueza de recursos, ni solamente por acceso al conocimiento o su religión.  

Esto vendría a demostrar una dilución de la responsabilidad personal del conjunto humano que genera una comunidad, es decir, que un país no es más o menos avanzado en función de la media de la inteligencia o conocimientos de sus habitantes. No se trata de eso. No se trata de los elementos de la interacción (situación geográfica, acceso de recursos... ) sino que se trata de la propia interacción (especialmente institucional) que ese territorio consigue como sociedad. En términos de corrupción, la corrupción no es tanto una identidad como una oportunidad.

En ese sentido, los valencianos no son más ni menos corruptos que otras personas en otros lugares. La interacción de diversos elementos les ha llevado a tener más oportunidades de caer en la tentación. En lo que he podido leer estos días sobre corrupción y Valencia hay un background simplificador. Por un lado, hay quienes defienden que son casos aislados de una manera bipolar. La derecha lo defiende para salvar su subgrupo "partido político". La izquierda lo hace para defender el subgrupo "Comunidad Valenciana". Así, unos dicen que "esta tierra es de gente honrada" a pesar de saber que el Partido Popular ha ganado las elecciones de los últimos 20 años a sabiendas de la falta de honradez de sus centenares de "casos aislados". Y los otros dicen que "se querellaran contras los detenidos" ahora que están detenidos pero que el PP es un partido sano. Ambos cometen simplificaciones. Algo pasa cuando un territorio reúne tanta corrupción en un corto espacio de tiempo. Cumpliendo la Ley de Godwin diría que los nazis realmente no hicieron algo mucho peor de lo que hizo Staling en la Unión Soviética o el Imperio Español en Latinoamérica, es decir, cometer un genocidio. La diferencia -entre otras- es que los nazis lo hicieron de manera industrial, es decir, establecieron una industria de la muerte y el exterminio. Valga la metáfora que cumple la ley de Godwin de los debates para decir que lo diferencial del caso valenciano es que se consiguió crear una industria de la corrupción. Es cierto que en todas partes hay casos de corrupción pero mi impresión es que solamente en Valencia consiguió sublimarse a la categoría de industria. Tantos casos, de tanto calado y a tanta escala quiere decir que en Valencia pasaba algo que no pasaba en otras partes.

El concepto otras partes incluye tanto aquellas zonas tradicionalmente menos piratas (comprueben los datos de morosidad bancaria de las tres últimas décadas y sabrán a qué me refiero) como las zonas más perversas en cuanto a tolerancia respecto al expolio de lo público. Valencia ha conseguido otro nivel, un nivel superior y eso tiene que ver con los valencianos. Simplificando podríamos decir que se han visto expuestos a más oportunidades y además tenían un bagaje cultural que no actuaba de contención. Sí, se juntó el hambre con las ganas de comer.

La corrupción no es una ontología sino una oportunidad. El ser humano es mezquino y egoísta como condición previa al análisis. Es un punto de partida hobbesiano que la historia y la actualidad se encargan de demostrar. Ese es un error clásico del que están participando los "partidos del cambio" al renunciar a "privilegios" diversos como coche oficial o cosas así. Si el problemas son las personas deshonestas entonces sería sencillo: encontrando otras personas honestas que lideren la sociedad estaría solucionado. El problema no es ese porque entonces deberíamos preguntarnos ¿por qué reciben votos partidos de trayectoría abiertamente deshonesta como aquí el PP o en Italia Berlusconi? No es un problema de políticos honestos sino de límites de honestidad, controles legales, transparencia y mecanismos de control social.

Tampoco se trata de una cuestión exclusivamente cultural de "meninfotisme" (expresión que viene a significar un "me da igual" eterno). Debe existir algo más. Una determinada mezcla explosiva que hace que con un buen detonante todo explote.

Vaya por delante que es un análisis precario de un blogger hecho de modo intuitivo con conocimientos básicos de diversas disciplinas. Una especie de invitación Fusteriana a ser desmentido, contradicho, superado. Y valga decir que algunos de estos elementos se daban en el resto de zonas pero no se daban todos ni se daban en la misma medida. En un paella hay que poner todos los ingredientes (y eso es fácil) pero sobre todo, hay que medir el agua y el punto del arroz. Solamente así se hace una buena paella.

Situación Económica. Partimos de un País Valenciano donde la economía sumergida es un problema desde tiempos inmemoriales por su estructura productiva. Los sectores productivos son intensivos en mano de obra lo que favorece el funcionamiento en negro, en B, en efectivo. En ese territorio además se une que esa misma estructura productiva intensiva en mano de obra pero industrial sufre el ataque directo de la deslocalización. Y justo en ese momento se produce una entrada en el euro, la llegada de fondos de cohesión europeos y una reforma de la legislación urbanística. Dinero fresco y distribuido de manera desigual. De una manera anómala respecto a la típica y supuestamente eficaz manera capitalista de meritocracia.

Esa legislación urbanística sitúa el centro de decisión en el municipio por pequeño que sea. Los concejales de urbanismo y alcaldes de pueblos pequeños se encuentran sentados en minas de oro. Todos sus municipios se pueden declarar urbanizables. Y solamente con una votación en el pleno. Evidentemente simplifico. La proximidad del corruptor y el corrupto es muy importante. Cuanta más proximidad y más débil es la situación del corruptible más fácil es que suceda. El gran constructor tiene una posición privilegiada respecto al pequeño concejal. Y además conoce mecanismos de seducción irrechazables.

El tejido económico valenciano muta desde una agricultura en franca decadencia (terrenos a recalificar) con un tejido industrial con abundamente economía sumergida (trabajo en B aceptado) a una economía especulativa basada en la construcción residencial. Y un elemento también relevante, tanto los fondos de cohesión como la ausencia de infraestructuras permite una escalada competitiva de inversiones en obra pública entre municipios (yo tengo la casa de cultura más grande) y entre comunidades (yo tengo más aeropuertos que tú).

Financiación. En el País Valenciano operaban dos de las cajas de ahorro más potentes y más politizadas de España con lo que el acceso al dinero era corriente, sencillo y casi mágico. Eran la CAM y Bancaixa. El PP a pesar de estar a favor de privatizarlas encontró un filón para financiar cualquier obra pública o privada que se le ocurriera. El mercado competitivo hizo el resto. Hubo entidades lanzadera y entidades follower en la carrera inmobiliaria. La CAM y Bancaixa fueron líderes. Las cajas hacían que hubiera dinero para todo mientras se pudiera seguir dando crédito. Había dinero para aeropuertos, casas de cultura, eventos varios... Dinero había y solamente había que cogerlo.

Mecanismos de control. Un elemento determinante para que se produzca una conducta es la ausencia de mecanismos de control. La mayoría absoluta genera impunidad e incluso diría que casi anonimato. La oposición tarda mucho en conocer, un poco más en denunciar y no digamos en conseguir ganar denuncias. Además es dificil denunciar algo que es legal y enriquece a tu vecino que acaba por vender su huerto, su casa, o quedarse con la contrata de la casa de cultura o la nueva piscina con pistas de pádel para el pueblo. Sin oposición política solamente nos queda la oposición jurídica que es extremadamente lenta aunque ha funcionado. Las leyes son mecanismos de control básicos pero no funcionan a los ritmos políticos. Además funcionan sobre denuncia básicamente, es decir, de manera reactiva lo que alarga todavía más en el tiempo su intervención.
Por otro lado, el País Valenciano tiene una sociedad civil débil. Su tejido cívico es mayoritariamente festivo y su minoritario tejido cívico de carácter ideológico suele multiplicarse en diversos escenarios políticosociales con lo que el estigma de la polítización partidista resta credibilidad. Así pues, el PP hacía y deshacía conforme le daba la gana con el beneplácito democrático de las urnas y el aplauso de claque contratada en Canal 9.

Aspectos culturales. El Pais Valenciano se ha convertido desde la segunda mitad del siglo XX en un centro de atracción tanto para inmigrantes (trabajadores que se instalan aquí) como para turistas (viajeros de corta estancia). Ese trasiego genera desarraigo y anonimato. El concepto de "xurro" o "foraster" se mantiene durante años lo que genera desarraigo. La trayectoría de evolución económica hace que los "viejos ricos" (tindre fanecaes) hubieran decaído ante los nuevos ricos del sector industrial y terciario. En ambos casos el fenómeno "capità moro" (això ho pague jo) resultaba toda una inyección de autoestima. Es ineludible acudir a metáforas como la del "capità moro" (parodia de Xavi Castillo) como ese personaje chovinista local que se dedica a ofrecer una imagen de grandilocuencia y opulencia.

Los lugares turísticos son espacios de trasiego y de baja normatividad y menor control social (saber de la vida de los otros). En los pueblos menos turísticos sin embargo, descubrían que sus huertos que no valían nada ahora podían valer mucho dinero solamente con una decisión política. Su alcalde les podía hacer ricos. Y ¿quién mejor que un "capità moro" para ofrecerles eso? El caso de Rus es paradigmático. Un "emprendedor" industrial de Xàtiva que promete una playa para un municipio de interior. Cada año llevaba a la Fira de Xàtiva lo más lustroso del panorama musical de la generación dominante (los mayores), la exhibición de poderío y opulencia era constante. Por ejemplo, su coche Ferrari. Optó a la presidencia del Valencia CF pero perdió frente a Tuzón (otro industrial de otro estilo). Incluso su tono en un valenciano rural invitaba a pensar a cualquier valenciano con un trozo de tierra "yo quiero ser Rus", un hombre hecho a sí mismo.

La población estaba acostumbrada a convivir con economía sumergida en B con lo que no se vio sorprendida con las nuevas trampas: el pase de viviendas antes de entrega de llaves, el dinero negro de las plusvalias..... Nadie podía decir nada. Bueno sí, los ecologistas pero lo decían porque con la hormigonera nos construían todo el país. Y para traer el agua ya estaba el trasvase que también era una obra.

El efecto "nuevo rico" fue un efecto que transitó toda España pero a los valencianos los pilló entre dos tierras. Los nuevos ricos tenían que afirmar su visibilidad y los antiguos ricos volvían a poder exhibirse con lo que se produjo una competición social de notoriedad auspiciada por la burbuja inmobiliaria. Además se producía un efecto de inversión social curioso, mientras los estudiantes licenciados se enfrentaban al mileurismo y empleos precarios, los estratos sociales de baja formación se forraban de dinero lo que llenaba las urnas de voto "blando" o "simplificado".
Y los "nadies invisibles" sin capacidad para controlar o denunciar ante una masa enfurecida de crédito y ostentación mundial.

Además los habitantes del pueblo del Tio Canya aceptan de buen grado la visita foránea e incluso plantean problemas de autoestima a la visita. Más todavía si la visita procede de familia monárquica. Ese complejo de inferioridad respecto a la meseta, respecto a la capital, tiene mucho que ver con el caso Noos o la trama Gürtel. El catetismo que accede a la corte es un mecanismo de crecimiento social emergente en la época.

Fue así como Valencia tenía que tener todo, la Fórmula 1, el Papa, el mejor estadio del mundo o la America's Cup. Fue así como se atrevieron a crear el concepto del "eje de la prosperidad" entre Madrid- Valencia y Baleares. Ahora se entiende por qué querían un trasvase del Ebro con obras millonarías e innecesarias.

Lo cierto es que aquí -como en otras partes de España pero aquí mucho más- convivimos con una industria de la corrupción que nos ha empobrecido. Y no es verdad que sean casos aislados del PP porque también los había de otras siglas. Y no es verdad que sean casos aislados entre los valencianos. Lo cierto es que esa industria de la corrupción tenía unas bases sólidas, unas cortinas oscuras, unos guardianes celosos y unos fans acérrimos. Y eso pasaba en Valencia más que en ninguna parte por algo o por algos.

Los valencianos han sido más corruptos que nadie porque han tenido más oportunidades que nadie y menos controles que nadie. El resto lo hizo la condición humana que ahora mismo está deseando volver a vivir por encima de sus posibilidades.




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