Los niños cebra: cuando la inteligencia se convierte en un problema

En una sociedad concreta y en un momento concreto el conjunto de la población no tiene el mismo nivel de inteligencia. En todo grupo humano hay gente más inteligente y menos inteligente.  Lógicamente ahora hablamos del concepto de inteligencia cognitiva, el coeficiente de inteligencia, la capacidad de las personas para procesar información con más o menos velocidad en función de su memoria, atención, lenguaje, planificación.... .


Ser más inteligente que la media, tener una inteligencia cognitiva superior puede suponer a una persona aprender más rápidamente, con más profundidad, destacar en determinadas materias y por eso obtener la admiración y adhesión de su entorno. Pero no siempre es así.

Tener una inteligencia superior puede traer algunos problemas asociados. La sociedad está preparada para ayudar y apoyar a aquellas personas que les cuesta más acceder a los contenidos que la educación y la sociedad les va exigiendo. Sin embargo, hay muy pocos mecanismos sociales que ayuden a las personas que tienen una inteligencia superior a afrontar sus propios problemas.

Tienen mentes potentes y por eso pueden tener averías potentes. La primera objeción que cabría hacer es que son personas con una determinada inteligencia muy desarrollada. La capacidad para atender, entender y explicar de forma mucho más veloz contenidos o conocimientos. Y eso puede no ir en relación con la inteligencia emocional (la capacidad para gestionar tus emociones) y la inteligencia social (capacidad para relacionarte con otras personas). Eso cuestionaría si son o no son tan inteligentes.  La segunda objeción, en la que hoy tampoco entraremos, son las inteligencias múltiples de manera que uno pueda ser un gran matemático y un mal redactor.

Muchas de esas personas que tienen una inteligencia superior la viven como una maldición, como un problema. Esas personas de inteligencia superior tendrán que afrontar muchas épocas de su vida donde ser diferente y tener inquietudes diferentes se castiga con el rechazo social y la incomprensión de tu entorno más cercano.  Un niño de ocho años puede tener la madurez y capacidad de uno de doce pero vive atrapado en un cuerpo de ocho y un conjunto relacional (sus compañeros de clase o amigos) de ocho.

Una de las épocas más complicadas en ese sentido es la infancia. Durante la infancia requieres un afecto y una aceptación externas para construir correctamente tu autoestima. Que tus padres te entiendan y tus amigos te acepten puede determinar tu manera de relacionarte con los demás el resto de tu vida. Los niños y niñas con inteligencia superior lo tienen más complicado porque no son como se espera que sean. Cuando tienen cuatro años no tienen reacciones de personas de cuatro años, ni preguntas de cuatro años, ni se divierten con lo mismo que los demás niños de cuatro años. Son diferentes. Ellos lo saben, lo notan y lo respiran y muchas veces sus padres no saben cómo responder a su realidad y algunas veces sus mismos compañeros de clase los excluyen porque no los entienden. O quizá son ellos mismos los que se aíslan porque les aburren los juegos de los demás.

Son muchos los factores y características que acompañan el hecho de tener una inteligencia superior. La sociedad los mira como unos afortunados pero muchos de ellos no se sienten así. A veces les gustaría callar su cabeza, pararla, otras veces les gustaría divertirse con lo mismo que los demás, simplificarse, relajarse. Pero no lo consiguen. Su edad mental, su energía mental es diferente a la de los demás. Su visión a largo plazo, su capacidad para planificar, su exactitud en el lenguaje, sus monólogos interiores, son diferentes.

La autora Jeanne Siaud-Faachin en su libro "Demasiado inteligente para ser feliz" los bautiza como niños cebra porque no hay dos cebras que tengan las rayas iguales. Todas son diferentes.

La sociedad de bienestar y sus desarrollados intento de atención a la diversidad ha construido grandes redes para los que se van cayendo por déficits de todo tipo. Sin embargo, hay pocos recursos para los que se caen por superávits. Los mecanismos institucionales públicos al servicio de los problemas derivados de tener una inteligencia superior son muy pocos. Solamente la sociedad civil mediante asociaciones básicamente de padres que ven sufrir a sus hijos está montando una arquitectura deslavazada en España. En los países anglosajones existe una conciencia algo superior aunque seguimos desperdiciando talento.

Aproximadamente un 10% de la población son o fueron niños cebra, un 10% de la gente que conoces tiene una inteligencia superior y la mayor parte de ellos no conocen su mente porque siempre fue así. Algunos de ellos acaban por tener brillantes expedientes académicos y posiciones de liderazgo social pero otros se van perdiendo en su propia tela de araña mental, caen en el fracaso escolar, la desmotivación, la depresión, el acoso escolar, el rechazo social o la autoexclusión.

Hacer un esfuerzo de atención a este 10% no solo nos reportaría un retorno de la inversión social en forma de talento sino que además ayudaríamos a que esos otros que patinan y se salen de la carretera pudieran sentirse integrados, dejar de sentirse raros, estar felices consigo mismo.

Es un éxito seguro porque el suelo es fértil y dará sus frutos. 

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