¿Por qué deberíamos invertir socialmente en los niñ@s cebra?

El paradigma dominante de la gestión de la inteligencia superior (niñ@s cebra)  en la España pedagógica del momento es bipolar. Por un lado la educación basada en la libertad. El talento debe ser liberado para que se gestione sin opresión. Así la creatividad se permite y sus expresiones se aplauden cuando surgen de manera espontánea como si la creatividad y la inteligencia fueran un don extraordinarimente minoritario y excéntrico. 
En en el otro lado y con reminiscencias anglosajonas la gestión de la inteligencia superior o talento específico lo lleva al campo de la meritocracia, la excelencia intentando buscar genios, líderes o un cuerpo de élite que un día pueda llegar a conducir el Air Force One. 




Entre ambos campos hay un espacio por el que discurrir con más naturalidad. La sociedad debe entender que la inteligencia superior o el talento específico puede convertirse en un problema si no se equilibra el resto del ecualizador de la personalidad (emociones, socialización... ) pero también debe entender que el talento requiere apoyo y diferencia. La igualdad no es identidad. Todos los niños no son iguales. La igualdad es un presupuesto legal o una tendencia conceptual pero no puede ser la coartada para ahogar la diferencia.

El modelo elitista de gestión del talento basado en aulas de excelencias o escuelas de genios que potencia exclusivamente el tipo de inteligencia para el que la persona ya está dotada no entiende que la inteligencia superior no es una característica específica sino una ontología, una identidad, una manera de ser que atañe a todo lo que haces, a tu vida familiar, a tus amistades, al ámbito escolar o a tu vida sentimental.

El modelo igualitarista de educación en serie, educación industrializada que ofrece café para todos aunque permita expresiones concretas de inteligencia superior oprime a las personas con inteligencia superior. De la misma manera que las personas con capacidad inferior tienen necesidades educativas específicas las personas con inteligencia superior también las tienen. Son diferentes, lo saben, lo notan y los demás también lo notan y se lo hacen notar.

Es cierto que la legislación ya reconoce esa necesidad educativa diferenciada pero como muchas otras veces en España, la ley va por un sitio y la praxis social por otro. Lo cierto es que los alumnos con alta capacidad reciben muy poca atención. La mayoría de ellos ni siquiera saben por qué son así, porque son "raros", porque se aburren con sus amigos de su edad. No se entienden porque ni siquiera nadie les ha explicado porque son diferentes y que supone esa diferencia.

L@s alumn@s con alta capacidad recibirán atención si algún profesor más sensible con ese tema les toca por pura loteria educativa, si algún centro está más preocupado por ese tema, si sus padres llegan a ocuparse del tema y consiguen encontrar un lugar en el mundo educativo para ellos. Pero ello casi siempre sucede cuando ya hay un problema, un conflicto, cuando el niño o la niña presenta ya alguno de los problemas adosados a la inteligencia superior.

El sesgo economico y el de género son fundamentales. La inteligencia es una cualidad mayoritariamente genética por lo que es transversal en lo económico. Si uno de cada diez niñ@s tiene inteligencia superior y tres de cada cien son superdotados estamos desperdiciando talento. Suerte tendrá uno de esos niños si sus padres tienen dinero y formación para entender sus diferencias. Si no tienen dinero y formación quizá estén condenando a su hij@ al tormento del rechazo y la incomprensión. En el caso de las niñas el tradicional papel secundario que se les ha asignado puede hacer que escondan su inteligencia porque nadie se la exige. Su sociabilidad quizá dependa de mostrarse más tontas de lo que son para ser aceptadas por el grupo y quizá por chicos menos inteligentes que ellas.

La inversión pública en talento es ya fundamental. Y ya no se trata de desatar tu potencial como si fuera algo aleatorio. Un 10% de la población tiene inteligencia superior. La mayor parte de esas personas no lo saben. Si se hace una gestión activa para detectarlos, socializarlos, empoderarlos y que entiendan sus complejidades internas tendríamos un capital social inmenso que se pondría al servicio de la sociedad. Porque una de las cualidades de los niños cebras, de los niñ@s con inteligencia superior es el altruismo, la preocupación por problemas existenciales y el sentido de la justicia.
No se trata de buscar genios ni emprendedores. Se trata de buscar precursores y gestores del cambio social. O mejor todavía, de encontrar personas con inteligencia superior e intentar que sean felices.


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