Gerontocracia económica, política y electoral.

La democracia afronta un nuevo reto en Europa. Nunca como ahora la pirámide de población tuvo esta forma. Nunca antes hubo tantas personas mayores. Y ningún fenómeno social deja de afectar a la política. 

Los itinerarios vitales tienen una fácil trazabilidad en términos macro. En lineas generales a cada edad le corresponden algunos atributos que descontados y compensados los extremos convergen en una serie de características. 

En términos politológicos una de las preguntas clave de estas últimas elecciones podría ser por qué partidos que hacen tanto ruido acaban por tener tan pocas nueces. No hablo de la clásica exclusión electoral de la izquierda del "corner" sino de los dos partidos emergentes y de emergencia que han eclosionado con una narrativa disruptiva en la política: Podemos y Ciudadanos. 

Lo cierto es que parece difícil explicar el apego de cierta parte del electorado a partidos como el PP podrido por la corrupción o el PSOE anquilosado en una estrategia de poder sin evolución ideológica. Eso contrasta con un apoyo soprendente pero no revolucionario a los nuevos partidos. 

Podemos y Ciudadanos son los filiales recién ascendidos del bipartidismo. Podría decirse que hemos pasado del bipartidismo al bibipartidismo porque en realidad las opciones siguen siendo dos aunque divididas ambas. Podemos y Ciudadanos comparten un target electoral (urbano y de mediana edad) con algunas puntas de seniors regeneracionistas en Podemos. Pero ellos saben que es básicamente la juventud urbana (prolongada) la que ha optado por ellos. 

Hay dos versiones de un mismo relato. El actual bloqueo institucional puede venir provocado por los nuevos votantes contestatarios que han intentado un escenario multipartidista. Sin embargo, puede haber otro giro: la actual situación de bloqueo también podría venir dada por la obstinación de algunos votantes aferrados a partidos con cierto grado de toxicidad por contagio sostenido con el poder económico (puertas giratorias incluidas). 

Esta semana se publicaba que más de la mitad de los mandatarios del IBEX35 tienen más de 65 años que es la edad de jubilación de cualquier persona sana. Independientemente de las consideraciones sobre la enfermedad mental que pueda conducir a alguien con la vida resuelta a seguir trabajando es lógico pensar que dentro de su itinerario vital y su marco social su máximo objetivo sea sostener el statu quo. Ancianos venerables pasaran a la historia como las personas que condujeron el gran poder económico en la era de Internet sin entender la realidad mientras las jóvenes hormigas trabajaban en los garajes para elaborar el futuro. 

Y así millones de votantes mayores que cumpliendo con la máxima aristotélica tienen miedo del "desmadre" político de estos locos jóvenes. Curiosamente la misma generación que se aferra a su arquitectura de la Transición y que exige agradecimiento eterno sin revisionismo histórico. Decía Alfonso Guerra que en España había dos millones de parados pero muchos millones más de quietos. Y la quietud es un trayecto que se corresponde con la senectud. 

Se han hecho varias reformas laborales para tocar las expectativas de jubilación, los salarios de la genet más joven, la posibilidad de despido más fácil pero nadie (ni PP ni PSOE) han tocado las pensiones ni se atreverán. Porque cualquier análisis sociológico básico te dice que hay demasiado electorado de voto blando y voluble en esa franja. Y además son la mejor garantía de que nada cambie o cambie despacio. El último trayecto de la vida es curiosamente el más miedoso porque eres consciente de tu propia fragilidad. Todo a tu alrededor transcurre demasiado rápido. Tu derecho al voto te permite aferrarte al pasado. Es quizá uno de los últimos resquicios que no te impulsa hacia la modernidad. Puedes seguir votando lo de siempre por simple miedo a demasiadas cosas que perder aunque ninguna de ellas puedas llevártela a la tumba. 
El churchilismo funciona, cuando lo único que te queda es todo lo que has conseguido no quieres aventuras de tipos con cara de niño y tíos con coleta. 

Durante toda la historia el dinamismo social y económico se corresponde con un itinerario vital. La generación dominante suele estar también pletórica de salud, con un delicado toque de experiencia y acabada su formación. Pero nunca antes esa generación dinámica había tenido que enfrentarse a tanta gente mayor con resistencia al cambio. Quizá haya que replantearse la edad final de voto o la edad de inicio o acabaremos por condenar a varias generaciones que piden paso aplastadas por una generación que no deja pasar. 


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