Asignaturas pendientes: Educación para la Tecnología

Tras la ley de la gravedad la inercia puede que sea una de las leyes físicas más importantes para la humanidad. La inercia es la que hace que no podamos parar a pensar si lo que hacemos está acorde con nuestros tiempos. Nos obliga a seguir exactamente igual sin tener en cuenta el cambio de circunstancias que nos rodea. 


Es el caso del alud tecnológico en el que vivimos. La aparición de Internet ha disparado un cambio de paradigma comunicativo y relacional. No se trata de una simple aparición de una tecnología comunicativa nueva -como la radio o la televisión- que ya implicaron cambios importantes. Se trata de un cambio de era que permite una nueva sociedad primero de la información/comunicación y posteriormente una nueva sociedad en red con lo que todo eso implica en cambios. 

A la sombra de ese nuevo ecosistema virtual que genera Internet están naciendo todo tipo de aparatos, dispositivos, app, software que están cambiando muchas cosas de la vida cotidiana. 
La manera de viajar ha cambiado. La manera de conocernos ha cambiado con la perspectiva virtual de "red social". La manera de comunicarnos ha cambiado primero hacia un lenguaje más escrito y ahora de nuevo hacia la oralidad. La manera de comprar ha cambiado. Las campañas electorales y publicitarias han cambiado dando un salto enorme. La manera de conversar en persona ha cambiado con nuevas presencias y ausencias virtuales. La manera de acceder al conocimiento ha cambiado. La manera de acceder a la cultura, escuchar música, de ver películas. Demasiados cambios, demasiado rápido. 

La velocidad de traslado siempre afecta con mayor intensidad a los más vulnerables. Los colectivos que más están sufriendo por exceso y defecto la entrada en una era digital son los más mayores y los más pequeños. 

Por un lado los más mayores no acceden a las nuevas tecnologías y cuando lo hacen acceden de manera precaria. Eso produce una exclusión tecnológica que, en su caso, convierte la fractura digital en un auténtico precipicio. La sociedad no parece preocupada por este tema. Deduzco que aplica un simple Darwinismo temporal y adaptativo `por el cual ese segmento de población simplemente irá desapareciendo por el mero paso del tiempo. Además la tecnología debe servir a las necesidades humanas y uno no necesita lo que desconoce. 

El lado al que más atención deberíamos prestar como colectivo humano es cómo la infancia y la adolescencia están domesticando la tecnología. Domesticar es convertir en doméstico algo nuevo. Y domesticar es conseguir que deje de ser salvaje. Este fenómeno está sucediendo de una manera anárquica. Y curiosamente esta anarquía viene fomentada por las empresas que han encontrado en la tecnología el primer vehículo de entrada en mentes en formación, maleables y sensibles a cualquier mensaje simple y aparentemente bien construido. Es un caos fomentado por el negocio donde una mínima perspectiva social y humanista debería meter mano. 

Nuestros niñ@s están creciendo rodeados de pantallas. Reciben impactos mediáticos constantes, muchos de ellos unidireccionales y dirigidos a mentes, identidades y personalidades en formación. Los dejamos aislados frente a la pantalla a merced de una especie de ruleta rusa de sucesos. El acceso a pantallas aisladas, estancas y no compartidas hace que su mente crezca en función de los estímulos personalizados que un casino tecnológico decide. 

Lo más curioso de todo es que los adultos no estamos en disposición de dar muchas lecciones. Estamos domesticando la tecnología de la misma manera que ellos. En función de nuestras pulsiones básicas y sin mucha meditación ni dominio racional. El aparato límbico parece funcionar mejor y de manera más rentable para las empresas que el lógico anallítico. Y ojo, ya no desde el punto de vista estrictamente individual sino que está ocurriendo de manera colectiva, como interacción predominante. 

Las primeras etapas de las personas construyen sus raíces y el tronco de su personalidad. Cada impacto genera una pequeña huella imborrable en su identidad. Y les estamos dejando crecer a merced de la tecnología en lugar de controlándola. 

El regalo más frecuente de la primera comunión es el móvil. El uso más frecuente de la tablet en niños incluso bebes es hipnótico para el descanso parental pero sin compartir pantalla como era con la televisión. Nadie controla los tiempos de exposición ni los contenidos expuestos.Tienen Instagram (una red social basada en lo visual) desde edades donde la ley lo prohibe con la aquiescencia de padres y madres. Desconocemos lo que hacen porque le mundo virtual les permite encontrar siempre el siguiente escondite técnico. Y lo peor de todo es que nadie les enseña a manejar nada de eso. Ya no desde el punto de vista técnico sino desde el punto de vista experiencial. Manejar una sierra mecánica es sencillo (darle a un botón) lo dificil es cortar troncos con ella sin hacerse daño. 

Los niños/adolescentes dominan las herramientas técnicas mejor que los adultos. Saben poner en marcha la sierra antes que nadie. Pero no saben cortar árboles porque no cuentan con la experiencia vital suficiente para dirimir la diferencia entre la amenaza y la oportunidad o entre el riesgo y la audacia. La única manera de resolver una ecuación así es el diálogo intergeneracional de intercambio en un pacto win-win. 

En un momento iniciático de un cambio como el que supone Internet no hay fórmulas mágicas, ni tampoco hay soluciones sencillas, seguras y estables. Vivimos en un contexto de química inestable donde todo cambia a demasiada velocidad. Pero mientras en los colegios se explican los diferentes tipos de dinosaurios, o la vida de Cervantes o la table periódica de los elementos nadie les explica a esos niños los riesgos, utilidades, posibilidades, amenazas, oportunidades, agujeros, mentiras, potencialidades, creatividades inherentes a todas las pantallas y teclados que últimamente nos rodean. 

¿Seguro que estamos haciendo lo correcto? ¿O es la inercia que nos impide siquiera abrir el debate? Dicen que cuando un sistema normativo se convierte en dominante desaparece a la vista. ¿Nos está dominando la tecnología de manera invisible? ¿Vamos a decir algo al respecto? ¿Lo poco o lo mucho que sepamos? ¿Se va a hacer en los colegios? ¿Hay que empezar con iniciativas alternativas? ¿Cuál debe ser la perspectiva? ¿Una perspectiva humanista de gestión de la tecnología hacía la madurez desde el diálogo? ¿Una perspectiva de control parental férreo basado en la seguridad personal? ¿Una perspectiva de creatividad basada en la potencialidad de muchas de las herramientas que simplemente se infrautilizan? ¿Un prisma de miedo y tecnofobia ante lo desconcido? ¿Un espíritú aventurero de adentrarnos en las puertas que se abren? ¿Vamos a hacer algo? ¿O seguimos mirando? 


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