El día que nos tomemos en serio a los youtubers

Un policía se acerca a un hombre borracho que busca algo por el suelo junto a una farola. Le pregunta qué es lo que está buscando. El borracho responde que ha perdido las llaves. El policía le pregunta si recuerda donde las perdió. El borracho contesta que sí, que las ha perdido en un descampado cercano. El policía pregunta entonces por qué está buscando ahí. El borracho responde: porque es donde hay luz. 

Organismos de protección de la infancia, organismos de vigilancia de contenidos, consejos de redacción, asociaciones de usuarios, protocolos, franjas de horarios, directivas de adecuación por edades, críticas y críticos. Existe un ejército completo de mecanismos de control mediático. Eso sí, para la televisión y los medios de masas. El problema es que estamos mirando todavía bajo la farola simplemente porque hay luz.

Álvaro Reyes lleva años publicando sus vídeos donde usa a las mujeres como objetos de caza para vender sus servicios como "coach" de seducción. No es el único, hay un montón más. El Rubius ha superado ya los 20 millones de seguidores en Youtube. En televisión apenas aparece en un anuncio de Fanta en una burda imitación de Jim Carrey. Para la historia quedará uno de los tuits más retuiteados de las historia por encima de los dos millones. Será la palabra "Limonada" simplemente porque ese chico de ventitantos dijo que daría un premio. Ese será el legado de los adolescentes de hoy a la historia de las redes sociales.

Seguimos mirando bajo la farola sin darnos cuenta de que a nuestros adolescentes y postadolescentes los perdimos en el descampado.
Los códigos narrativos siempre han sido diferentes. Tengo algo más de cuarenta así que seguro que si hago un chiste sobre Marco, Heidi, Mazinger Z o el monstruo de las Galletas me entenderán mis congéneres pero también mis padres y sus congéneres. Compartir pantalla suponía compartir códigos. Esto no es más que evolución y cambio. La disrupción tecnológica que ha supuesto Internet, sin embargo, provoca que los códigos narrativos ya no sean compartidos con otras generaciones. Ya no se comparte pantalla y la nueva etiqueta "millenials" mira pantallas individuales sobre las que sabemos apenas nada.

En ese mundo se mueven los Youtubers. Youtube no deja de ser una plataforma, una tecnología, al servicio de la masa. Y no deja de ser injusto que un determinado tipo de actitud frente a esa tecnología se esté apropiando de ella. Youtube es un gran continente de multitud de contenidos, es un río de gran caudal por el que circulan muchísimas cosas creativas, de entretenimiento o divulgativas. Ser Youtuber, sin embargo, es algo muy concreto.

Existe una película que podría haber llegado a ser de culto si no fuera por su excesiva caricatura que se titula Idiocracia. En esa película se sostiene la teoría de que los idiotas se reproducen con mayor frecuencia e intensidad que las personas inteligentes lo que lleva a una involución de la especie. En un análisis estrictamente gaussiano es cierto lo que dicen los productores americanos: "crea contenidos para la inteligencia de un chaval de 16 años". Con eso abarcas mucho más público y al final los listos pagan el mismo precio por la entrada que los tontos. Con esa teoría de cauce (nicho amplio) de mercado funcionan hace muchos años determinados modelos televisivos como Telecinco de manera rentable y solvente. Por tanto, el concepto de audiencia amplia está basada en un estándar de espectador de perfil bajo, mucho más abundante que el de perfil alto.

Pero vayamos al grano, un Youtuber es un creador de contenidos audiovisuales especialista (generalmente en gaming, o sea, videojuegos) de una temática concreta que publica vídeos que él o ella misma protagoniza donde ofrece visiones, perspectivas, ideas y consejos respecto a su especialidad. Básicamente es eso. Hay Youtubers para cada videojuego, Youtubers de maquillaje, de ropa, de bricolaje, de música, de cocina. Sin embargo, los más importantes son los de gaming y los de "gags" que, a veces, son lo mismo.

Si analizamos su conducta desde una perspectiva sociológica encontramos una cierta lógica. La calle ya no es un espacio franquicia de intercambio. Hemos encerrado a los niños en casa y algo tendrán que hacer. Su ventana al mundo es su webcam para socializar así que parece bastante lógico que jueguen de manera colectiva pero cada uno desde su casa. Cada producto cubre una necesidad. Lo que antes se hacía de manera compartida en la calle ahora se tiene que hacer en casa. Los videojuegos se juegan en casa así que para compartir los trucos es necesario algún método nuevo. Y ahí aparece Youtube.

Justificada su existencia no debe pasarse por encima que hace años que la supervisión adulta ha desaparecido del consumo de contenidos. Esto sucede por diversas razones. La primera es la falta de tiempo de los padres. Y la segunda podría ser las dificultades de comprensión de los nuevos códigos que todos sufrimos (y eso te hace gracia?) que hace muy aburrida la tarea. Sea por lo que fuere, los niños han crecido salvajes en Educomunicación.

Atrapados en casa necesitan compartir trucos y consejos de lo que básicamente quieren hacer durante la adolescencia (que se puede prolongar hasta los 30): divertirse y jugar. Jugar a lo que siempre (entiéndase siempre para la generación por debajo de 45) se ha jugado: a las cocinitas, a las peluquerías, a las muñecas, a matar marcianitos. Así nace el fenómeno Youtuber, como un método de socialización de pantallas individuales asíncronas.

Todo este avispero de conceptos tiene una arquitectura básica ineludible. Los chavales y las chavalas están creciendo bajo la influencia de unos códigos que los adultos desconocemos y deberíamos conocer. ¿Cómo funciona un Youtuber?

Un Youtuber es un creativo de contenido. En ese sentido hay que aplaudir la iniciativa. Ahora bien, exáminemos bien los cómos.

  • Perspectiva individualista e individualizada. El narcisismo propio de la edad se eleva a la enésima potencia. El "yoismo" se dispara. Pocos son los youtubers que colaboran entre ellos. Si lo hacen funcionan en bandos en una perspectiva competitiva por "likes" y "followers". La competición y la competitividad son intrínsecas. La perspectiva individual es de tal calibre que el mismo youtuber hace todos los personajes mediante disfraces más o menos currados. Es un yo multiplicado parecido al de Eddie Murphy en Norbit
  • Intromisión de agenda y spam. El Youtuber es expansivo. Pide abiertamente la compartición de su contenido (dame like y comparte) en un espejo eterno de crecimiento. Lo más llamativo es su absoluta desvinculación con la actualidad (hay muy pocos o casi ningún youtuber social). Tienen una agenda propia ajena a cualquier vicisitud de la misma manera que el público de Mujeres y Hombres y Viceversa rechaza la presencia de informativos en su franja horaria. Esa disgregación de consumo mediático, es decir, la creación de un conjunto segregado con contenidos propios e impermeables generacionalmente es muy arriesgada en términos de creación de nueva cultura (por ejemplo, el machismo va en aumento en las nuevas generaciones). 
  • Vocación de influencia. El Youtuber aspira a ser "influencer". Intenta ejercer algún tipo de influencia sobre el efecto gregario desde el liderazgo. En ese camino se deslizan opiniones de todo tipo. Muchas de ellas basadas en lugares comunes fruto de la exposición excesiva a las tensiones de una sociedad en decadencia de carácter consumista, competitiva y excluyente. Así surgen muchos comentarios de exclusión que crean el marco cognitivo adecuado para el bullying. Muchos de los chistes de los Youtubers más conocidos están basados en la crueldad. Los más conocidos en cuánto a gags de humor son mensajes estereotipados propios de los ochenta en cuanto a sexismo. La antipolítica es un fenómeno compartido. La antipolítica en la adolescencia es un fenómeno a estudiar porque deriva en totalitarismos extremos (los adultos tampoco es que podamos ir dando lecciones) y en una época de decadencia histórica como la actual hay que ir con mucho cuidado con la polarización.  
  • Gamificación. La gamificación debería ser estudiada ya con más profundidad porque es un fenómeno sociológico que puede acarrear terribles consecuencias. La gamificación consiste en una permanente sensación lúdica. La sensación de vivir en un videojuego donde no hay consecuencias más allá de apagar la consola. La gamificación afecta a las relaciones interpersonales, sentimentales, colectivas, familiares y políticas. Por ejemplo, reduce la empatía subiendo el umbral de tolerancia ante el sufrimiento ajeno en pantalla. En una sociedad que lidera los índices de paro juvenil, los índices de Ni-ni y los índices de voluntad de emigrar en Europa una de las explicaciones de la ausencia de un estallido social es la alienación por la gamificación. Todas las épocas decadentes de la historia se han explicado a través de una fase final de "Pan y Circo". Esta vez es sin pan. Además, la gamificación tiene más consecuencias. Implica que contenidos aburridos deben hacerse amenos. Todo debe ser ameno y dividirse en píldoras (el equivalente pedagógico a las pantallas de los videojuegos). Acostumbrar a todo un colectivo a la diversión eterna es asumir un riesgo de frustración cuya explosión es ahora mismo indeterminable. 
  • Su mercado es cuantitativo. Aunque el futuro del mercado de datos es más cualitativo que cuantitativo seguimos en la edad de bronce de los datos. De momento, lo importante es cuantitativo, de manera que los Youtubers son famosos, no por la calidad de sus contenidos sino por sus seguidores. Esto redunda en el concepto de Idiocracia. Los idiotas en el sentido griego y etimológico del término (aquellos que se desentienden de los asuntos colectivos) son muchísimos más. La tecnología, de momento, está poniendo lupa a la mediocridad por puro mecanismo de identificación. Miro lo que entiendo, lo que no entiendo no lo miro. El salto del entendimiento (curiosidad + esfuerzo) puede no darse nunca y permanecer en la misma rueda corriendo sin moverse del sitio. En consecuencia, el éxito depende de conectar con el mayor número de personas, es decir, intentar situarse en el centro del tablero intelectual. Eso actúa como primer mecanismo de autocensura: se hacen los contenidos que se piensa que van a tener éxito. Y se piensa que tendrán éxito los gags más entendibles y básicos o los videojuegos más jugados. 
  • Segmentación. La "estrategia de negocio" de un Youtuber (atención porque ya hay gente de catorce años con estrategias de negocio aunque sean inconscientes) suele ser de dos tipos. La primera es ocupar un gran espacio como Minecraft (un videojuego). Donde hay mucho público siempre es fácil vender un producto barato o gratuito como es el de un Youtuber. La otra estrategia es la segmentación. Esta tiene más aristas porque la segmentación implica una especialización en temas muy concretos y en ese espacio se cuecen un montón de sesgos. El principal es el género. Los chicos suelen ser Youtubers de gaming y las chicas son bloggeras o instagramers de moda o youtubers de maquillaje y demás temas clásicos. Ad sensu contrario cuando se cruzan los géneros y los contenidos (una chica gamer por ejemplo) surgen rechazos y demás cortocircuitos. Los y las chavalas simplemente reproducen un mercado laboral segmentado, particularizado y especializado donde el saber generalista no tiene espacio (dense una vuelta por Infojobs un día). La cuestión es que eso conduce a sesgos de interés cuya ascendencia en la mente de una personalidad en crecimiento puede ser muy bueno (aceptación por pertenencia a un grupo) o muy malo (especialización obsesiva con rechazo de competencias genéricas). 
  • Los servidores sirena. El mercado tecnológico genera una ficción de éxito. Lo que realmente está demostrando el inicio de la economía bajo Internet es que el éxito depende de la creación de un ecosistema donde llegar el primero permite un juego de todo para el ganador. Crear el ecosistema garantiza ganar dinero por instalarse en tu ecosistema. La chavalada está creciendo con una ficción. La misma que refleja Black Mirror en su episodio de "15 millones" donde se consiguen créditos mediante el pedaleo constante frente a la pantalla y la única manera de salir es conseguir tu propio canal. Realmente, los vencedores del mercado son muy pocos (como en el fútbol por ejemplo). La desigualdad del tardocapitalismo está actuando también sobre los youtubers. Crecen con códigos de pelotazo y ascenso rápido. Dedicarse a ello supone un "no trabajar" porque ser Youtuber no es un "trabajo". Como dijo Wyoming, trabajar es hacer algo que no te gusta por dinero. 
  • Incorrección política. Una de las estrategias de éxito de los youtubers es la transgresión. Se dirigen hacia lo que jamás se podría ver en televisión. Saben que la televisión está muy vigilada y limitada por lo que Internet sería el reino de la libertad de diversión. Los tacos se mezclan con las afirmaciones sin base, los prejuicios se mezclan con estereotipos, y lo absurdo se mezcla con la crueldad. Cualquier cosa sirve para conseguir followers. Es frecuente que se autosometan a pruebas de diversa índole estilo Jackass, bien sean de dolor, de ridiculo, de sufrimiento... 
  • El traspaso de la oralidad. Resulto reiterativo con este tema pero me parece fundamental. La pereza es una pulsión básica. La pereza intelectual lo es todavía más. Cambiar del paradigma escrito al oral/visual es cambiar muchas cosas. Escribir requiere reflexión. Hablar no. Supone situar al protagonista en la dictadura de la imagen con todas las consecuencias para el que emite el contenido y el que lo ve (operaciones de estética, autoestima, adicciones consumistas). 

Son muchas las cosa que están pasando en la pantalla de al lado. Son muchas las cosas que están entrando por esos auriculares que no dejas de ver en casa. Internet es una oportunidad, una tecnología que permite un cambio de paradigma social, económico e ideológico, pero entraña también algunos riesgos. Las dos cosas circulan paralelamente en dos lineas. Una de perfil alto de creatividad extrema (web series, cortometrajes, músicos, wikis, start ups) que curiosamente permanece fuera de la luz; otra de perfil bajo muy iluminada donde los Youtubers campan a sus anchas diciendo lo primero que se les viene a la cabeza con escasa o nula construcción intelectual, dejando implosionar sus emociones y primeras impresiones, jugando incluso con su cuerpo en experimentos chorras con tal de mendigar algo de atención. De todos (familias, educadores, políticos) depende determinar la cantidad de gente que circula por cada vía. Es inevitable que existan las dos pero la cuestión es que dejemos de mirar el suelo que está bajo la farola. 

El policia cogió una linterna y dijo: acompáñeme. 

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