Loca academia de multipartidismo

En los ochenta los sucesivos episodios de Loca Academia de Polícia convertían una actividad sobria, seria y peligrosa como la policial en algo disparatado y nos planteaban qué pasaría si nuestra seguridad estuviera en manos de sus protagonistas. Esa inversión de valores desde la sensatez a la locura nos podría invitar hoy en día a pensar si realmente el sentido común sigue siendo común o si una inversión completa de la normatividad no escrita sería más sensata que una locura basada en la inercia de seguir haciendo lo de siempre. 



El multipartidismo parecía un objetivo para amplios sectores de la población española. El bipartidismo de turnos en mayoría absoluta o relativa con apoyos nacionalistas era un modelo agotado. Sin embargo, el multipartidismo actual parece condenado a convertirse en un bibipartidismo zanjado por mitad sin solución de continuidad. Las reglas de bipartidismo han calado de tal manera en la política, los medios y el electorado que las normas derivadas de la sensatez multipartidista parecen sacadas de una loca academia de multipartidismo.

El fenómeno es conocido bajo múltiples nombres: la nueva política, el eje del cambio o la segunda transición. La cuestión es que a España se le han roto las costuras institucionales y necesita reestructurar sus conceptos más básicos de convivencia.

Cuando uno vive inmerso en tiempos interesantes -en términos de maldición china- es difícil discernir los grandes procesos y más sumergido en una capa de rabiosa actualidad pero la sintomatologia que presenta la sociedad española es lo suficientemente profunda como para tomársela en serio:

  • La pirámide demográfica ha cambiado tanto que toda las bases de pensamiento de los ochenta han quedado obsoletas, especialmente la sostenibilidad del concepto de solidaridad intergeneracional y los itinerarios profesionales crecientes, sin olvidar la desigualdad y su traducción social, la segregación laboral que genera el fenómeno nuevo del precariado y la pobreza con empleo. 
  • La financiarización, la explosión tecnológica en conjunto con la globalización facilita que el capital se mueva/esconda mientras la renta del trabajo se queda estática y se devalúa.  
  • El conflicto identitario siempre latente en la península ibérica se desborda y exige la aparición de una gran política frente a la simple gestión administrativa institucional. 
  • La hegemonía del ideario liberal lo convierte en una ideología invisible con serios riesgos de totalitarismo ideológico. 
  • El fanatismo propio de épocas de decadencia histórica plantea retos éticos en el binomio seguridad/libertad. 
  • La interdependencia económica obliga a revisar todo bajo el nuevo prisma de competencias compartidas europeas, estatales, autonómicas, locales. 
  • La pérdida de soberanía política frente a las grandes corporaciones y el sistema económico hace que la política deba ponerse en valor ante los intentos de tecnocracia corporativa. 
  • El fenómeno migratorio mundial que será creciente cuanta mayor sea la desigualdad interna y externa. 
  • Los límites del crecimiento desde el punto de vista ambiental habrá que afrontarlos desde una perspectiva nueva y la construcción de un relato alternativo al de la historia ascendente. 

Todas estas cuestiones son corrientes de placas tectónicas que pueden originar un terremoto cualquier día. Son corrientes submarinas que obligan a una nueva inmersión y dejar de nadar en superficie. El multipartidismo en España podría ser una de las herramientas más útiles para afrontarlo como ya lo fue en el 78. Eso sí, habría que revisar conceptos básicos que hoy parecen dogmas y acudir a nuevos consensos que faciliten el intercambio. 
Una comunidad humana avanza en función de los pactos que fijan sus élites dirigentes con el resto de su comunidad. Si las élites son extractivas y las instituciones son extractivas (Por qué fracasan los paises) el fracaso está asegurado. Las élites extractivas se subieron a lomos del PP y sus privatizaciones en los noventa y ahora no quieren descabalgar. La hegemonía de la ideología liberal les ha permitido además ir sumando instituciones extractivas constantes que no generan riqueza compartida sino acumulación en la cúspide. Si no afrontamos este reto con profundidad España corre el riesgo de meterse en el carril lento de la historia o acabar convertida en zona de estacionamiento. 

El multipartidismo podria ser una nueva manera de gestionar la situación bajo unas nuevas normas que superan las del bipartidismo de mayoría absoluta rotativa o mayoría absoluta parcial (con apoyos de pensamiento no global sino territorial). Ese sistema permitía la soberbia política, la polarización, la fanatización, la imposición...y sus patologías asociadas como la corrupcíon política. El multipartidismo debería ser capaz de superar esta situación con nuevos códigos de conducta y valores políticos básicos como:  

  • La alteridad. La aceptación del otro como un colaborador político superando la visión de adversario y enemigo. Tras unas elecciones la población otorga a cada partido unas cartas. El electorado reparte y los partidos juegan. Aceptar al otro como un interlocutor válido y legitimado obliga a tener un hilo de conexión permanente entre todos los actores de la conversación politica incluso desde el antagonismo de posiciones. Aceptar la diversidad ideológica y sus matices es el primer paso para coser un patchowork reformista. 
  • La aceptación de rol. El resultado electoral fija un rol a cada actor político que debe asumir incluso para intentar optimizarlo. Es el caso actual de Ciudadanos que intenta convertirse en un partido bisagra pero también en un partido palanca donde su capacidad de influencia está muy por encima de su base electoral gracias a su posición estratégica. 
  • El movimiento. En avances colectivos históricos es fundamental aceptar que el estatismo es un fracaso. La única opción de un río desbordado es ir hacia el mar. Las situaciones de bloqueo político no deparan nada bueno porque los comportamientos de masa no suelen ser racionales. Cuánto más se fuerza a la masa a tomar decisiones menos racionales suelen ser sus decisiones. Gestionar el movimiento será una cuestión de habilidad política pero cuestionarlo es una falta de diligencia. 
  • La madurez. La política es el mejor sustituto que las personas civilizadas han encontrado para sustituir a la guerra. La política es más heredera de la guerra que de la filosofía. Por tanto, el objetivo de una posición política es magnificar su grado de influencia sobre la gestión del poder. Conseguir todo es mejor que conseguir bastante. Conseguir bastante es mejor que conseguir poco. Y conseguir poco es mejor que no conseguir nada. La política es intentar dominar el relato hegemónico oficial e institucional. Eso no parece haberlo entendido la izquierda que todavía presenta serios problemas para demostrar su capacidad de gestión del poder y superar la política de testimonio conceptual. 
  • La dialéctica. Dado un conjunto finito de elementos la única manera de superar los propios elementos es la sinergia. Y la sinergia solamente surge de la mezcla. Por tanto, mancharse con las ideas de los demás es la única oportunidad lógica de superar una situación estática. Pactar, consensuar, hablar y establecer una dialéctica es la única manera de superar las propias opiniones. 
  • Siglas e ideas. En un momento de revisión histórica hay que asumir que la renovación de ideas puede comportar la desaparición de siglas. El mayor artífice de la transición política fue la UCD, un partido desaparecido. Las ideas mutan y se instalan en nuevos nidos bajo siglas diferentes pero los conceptos subyacentes permanecen en los enfoques de la humanidad. Intentar proteger o preservar unas siglas frente a la guillotina de la historia solamente se puede hacer desde la innovación y el riesgo no desde la nostalgia o el miedo. 
  • Audacia. Para afrontar un tobogán de cambio histórico hace falta audacia concebida como una mezcla de valentía, optimismo, prudencia e inteligencia. Cualquier otra actuación hace perder posición estratégica que facilite la intervención. 

Hasta ahora solamente Ciudadanos parece haber entendido que un nuevo juego requiere unas nuevas reglas porque seguir jugando con las mismas reglas conduce al mismo juego. Ciudadanos pelea por encima de su peso, maneja la audacia y se adapta a la nueva situación, asume riesgos de inconsistencia coherente, acepta la alteridad como base de la negociación, impulsa su capacidad de influencia, acepta su rol y basa su actividad en la dialéctica. 

La visión en túnel del eje a cuatro parecía conducirnos a una especie de actualización de sistema operativo con los dos nuevos partidos pop-up saltando a cada momento. Una visión más femenina y más periférica de la situación quizá nos permita ver que durante unos años el eje a cuatro estatal combinado con el eje territorial será el nuevo multipartidismo y la conexión de todos con todos es fundamental. Hay un tiempo para rasgar y otro para tejer. El traje de los ochenta se ha rasgado. Ahora es el momento de tejer. 

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