Rajoy y su "ya veremos": el gran innovador en comunicación política

Todas las ciencias sociales son inexactas por definición. Su inexactitud hace que el avance se produzca en base a una búsqueda de la menor inexactitud posible mediante la demostración empírica y también mediante una dialéctica que eleva las teorías nuevas por superación de las anteriores. Digo esto porque una de las cosas más graciosas que existen es comprobar cómo sesudos consensos más o menos científicos se van a la mierda ante realidades constatables de tal dimensión que convierten cualquier gigante en un molino más que evidente. 

La comunicación política es una rama que, como el resto de ciencias sociales, intenta establecer algún método mediante unos márgenes de hechos demostrados o no demostradas. De hecho, la mayoría de literatura sobre el tema se basa en los modelos de éxito y una especie de manual de buenas prácticas que siempre funcionan. Muchos de esos libros son algo parecido a un libro de recetas de cocina donde todas parecen estar riquísimas y simplemente hay que encontrar los ingredientes para mezclarlos de la manera adecuada.

En concreto la mayor parte de las opiniones y publicaciones sobre comunicación política de las últimas fechas se han centrado en Podemos como gran fenómeno de marqueting y comunicación. Yo también formo parte de esa gran tabla de surf del fenómeno Podemos desde el punto de vista de la innovación en términos de marqueting ideológico. Sin embargo, creo que ha llegado el momento de mirar al otro lado de la cortina para contemplar que realmente el gran fenómeno mediático, el gran innovador en comunicación y marqueting ideológico es Mariano Rajoy.

Rajoy es el que mejor ha interpretado a su electorado militante y a su electorado potencial su voto duro y su voto blando sin duda alguna.

No hace mucho que leí una especie de código deontológico de los comunicadores políticos impulsado por una asociación de comunicación política. El código incluía una gran declaración que decía que el comunicador político es ajeno a la ideología que promociona. Es decir, esta idea vendría a insinuar que existe una única comunicación política aplicable a todas las ideologías. Metiendo la lupa todavía más, significa que un comunicador ideológico debe poder atender tanto a derecha como a izquierda.
Es una idea que no tiene ninguna base ética ni científica. No es igual comunicar a derecha que a izquierda, hay límites éticos. Pero eso no es el objeto del día de hoy. La cuestión es que Rajoy ha sido el gran demostrador de que existe una comunicación ideológica de derechas exitosa y además que algunas de sus innovaciones tienen relación con los nuevos tiempos. Por tanto, no se trata de teorías caducas o rancias sino de conceptos que se van a proyectar en el futuro.

En este post me centraré en las tres grandes líneas de las innovaciones en comunicación política de derechas que ha introducido Rajoy.


  • La comunicación política pero sin política. La no política. Rajoy durante las Olimpiadas ha publicado 25 tweets. Las Olimpiadas han transcurrido mientras España atraviesa su mayor crisis de gobernanza desde la dictadura fascista. De los 25 solamente tres tenían contenido político y 22 tenían contenido deportivo. De ello podemos desprender dos ideas básicas. La primera es que la comunicación de derechas esconde la política porque no cree que sea un tema interesante para su mayoría social con la que establece un mecanismo de subcontratación. Yo le voto a usted pero haga el favor de no calentarme la cabeza hasta dentro de cuatro años. Defienda mis intereses y provoque los menos problemas posibles. Evidentemente es una derivada de la democracia representativa conservadora. Sin embargo, hay otras vertientes. Quizá la izquierda debería aprender de Rajoy algo de prudencia respecto a los movimientos en la sombra a la hora de gestar un gobierno. Estos son complejos, delicados y no pueden estar sometidos a un foco excesivo de los medios de comunicación. Un exceso de transparencia genera también problemas. Una empresa de comunicación vive de noticias y los obstáculos, problemas, disparidades, críticas y demás espectáculos políticos son su veta ideal. Admitámoslo, la sociedad de la comodidad y el entretenimiento se ha despolitizado, la política es aburrida, algo que quitarse de encima lo más pronto posible. Quizá usted crea que por la izquierda hay mayor movilización e innovación, mayor regeneración, inquietud y desasosiego pero usted saque la calculadora y verá como aquí hay once millones en cada lado y uno o dos millones de indecisos variables que deciden el futuro de España. Usted creerá que hay dosis de ironía y sarcasmo en este primer punto pero debería examinar la nueva comunicación política hecha por Snapchat o Periscope de Macri en Argentina u Obama y Bernie Sanders en USA, para comprobar la política sin política es un yacimiento comunicativo. 
  • La gestión de las crisis basada en la no comunicación. Es muy gracioso leer manuales y artículos de comunicación sobre gestión de crisis. Especialmente gracioso leerlos tras las sucesivas metidas de pata de los diversos community manager que se equivocan de cuenta y ponen cosas que no deberían. Todos dicen que hay que afrontar de frente las crisis de comunicación, reconocer los errores, mostrarse humanos e intentar capear el temporal. Hasta lo hizo el Rey (Perdón, me he equivocado, no volverá a suceder). Sin embargo, Rajoy y su equipo han inventado un nuevo método que funciona ante la indignidad de la profesión periodística: la no comunicación. No era suficiente con hacer ruedas de prensa sin preguntas. Rajoy ha inventado dos nuevos modelos. El primero la rueda de prensa por televisión. Situar un doble plasma de control, un doble firewall de mensaje incontrolado. Nosotros vemos por televisión como alguien habla por televisión con nuestros mensajeros los periodistas mientras sus jefes de consejo de administración y redacción se carcajean en sus despachos. El segundo método es directamente no contestar a lo que se pregunta. El método tiene variantes diversas desde un simple "ya tal" hasta el invento pujolista de "això no toca avui" o el auténtico rajoyniano de "usted pregunte lo que quiera que yo sin pestañear contestaré lo que me dé la gana". De nuevo el sistema funciona por la política de la antipolítica. Una comunicación frontal obligaría al electorado de derechas a prestar excesiva atención a una cuestión menor (la política) frente a lo que realmente es importante (conseguir dinero como sea). Rajoy sabe que su electorado no requiere una comunicación de perfil alto. 
  • La comunicación de química inestable y la genialidad del "ya veremos". Está es quizá la idea de comunicación política y marqueting ideológico que mayor pedagogía política ha conseguido hacer de los últimos tiempos. Tras el "ya veremos" de Rajoy hay mucha mayor profundidad de la que parece. Por un lado la izquierda debería aprender del "ya veremos" que los programas y los pactos programáticos han muerto. Con cuatro años por delante lo único cierto, honesto y sincero que se puede decir es "ya veremos". Adquirir compromisos al detalle en entornos tan inestables e interdependientes (intraestatal e intraeuropeo)  es absurdo. El tripartito valenciano depende de un cambio de legislación sobre financiación autonómica. Mientras eso no suceda del Pacte del Botànic queda en un "ya veremos extended version". Pero es que además, el "ya veremos" de Rajoy nos recuerda que la opción cero, la no política, es una opción viable, sostenible y con vocación de reconocimiento electoral. Vamos, que no hacer nada es una opción, y quien dice no hacer nada dice hacer despacio (ocho días para decidir si empieza a negociar con  Ciudadanos) o hacer según hagan (soberanismo catalán). El "ya veremos" es una especie de improvisación estratégica nueva que incluye un mandato de confianza en el líder que sabrá manejar la situación desde el Airforce One. Eso sí, siempre despacio porque recuerden que Rajoy no corre sino que anda. 

La comunicación política de derechas tenía muchos cánones básicos basados en sus pulsiones básicas (tradición, miedo a la inestabilidad, aversión al cambio, seguridad vs libertad) y Rajoy ha sido un innovador en algunas de ellas. Dudo mucho que sea consciente de sus logros dado que parece incapaz de construir frases con sentido. Pero lo que sí ha conseguido es interpretar mejor que nadie el presentismo consumista de la comodidad y el entretenimiento de un país que quiere vivir en un constante "ya veremos". 


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