Sector27/ Lubo, Lubo

Algunos han tenido la suerte de ver a los mejores jugadores del mundo. Yo solamente tuve la suerte de ver a Lubo. Lubo se llamaba Luboslav pero era como un amigo, así que decidimos llamarlo Lubo. Mezclaba las mejillas sonrosadas de la ingenuidad de los fichajes del Este con una boca abierta que lo convertía en un jugador ausente, disperso pero que siempre aparecía con picardía y tensión. Lubo parecía un niño grande cuando llegó. Probablemente es lo que siempre fue. 


Lubo era búlgaro. Los fichajes que venían del Este eran el mercado "low cost" de los secretarios técnicos de Europa. Si conseguías que se aclimatará al nuevo mundo lo tenías casi todo.

Lubo era grande, muy alto, pero era un alto con alma de bajito. Caía al suelo con la facilidad y el estilo de un extremo frágil. Sus dos piernas permanecían juntas, en paralelo, para crear una caída que de tan bella parecía increíble para todo excepto para el árbitro que se las pitaba todas. Su fragilidad a conveniencia contrastaba con su fortaleza ante el envite cuando lo necesitaba. La absoluta certeza de que el balón estaría protegido y en el suelo mientras el resto del equipo se incorporaba lentamente. Lubo pertenecía a ese subconjunto de jugadores altos cuyo remate de cabeza es torpe y casi inexistente. Creo que Lubo no era más que la carcasa de un jugador bajito que jugaba dentro de él. Un gigante que inexplicabalemente centraba mejor de lo que remataba.

Lubo era nuestro palo mayor. Por aquella época el Valencia no practicaba el fútbol que quería sino el que podía. El Valencia siempre ha funcionado mejor desde el esfuerzo y la humildad de la necesidad que desde la grandilocuencia y el estilo. El fútbol de futbolin todavía no había llegado. Los toques existían, las circulaciones existían, pero las lineas no estaban tan milimetradas y los pases no caían en el pasivo de balonmano.
El Valencia de aquella época era un Valencia de diagonales. Los centrocampistas de ambas bandas se cuidaban muy mucho de ocupar las caídas en banda de Lubo. Lubo necesita mucho campo. Dejaba libre  un espacio en banda. El balón acababa en ese espacio donde Lubo sabía que estaba solo frente a su marcador. Recibía de espaldas y todo Mestalla sabía que acabaría por darse la vuelta. En otros momentos decidía aliviar al equipo y esperar un simple toque por detrás y entonces el gigante caía. Los jugadores respiraban, cogían aire, y Mestalla esperaba un balón parado. Los balones parados siempre son la esperanza de algo cuando no tienes un equipo que vuele sobre el balón.

Y además era zurdo. Los zurdos siempre desconciertan porque saben hacer lo mismo que tú y algo más. Miran el mundo desde el otro lado. Te cambian la perspectiva.

Lubo te humillaba porque recibía de espaldas, conseguía darse la vuelta, te hacía un caño, se tiraba y sacaba una tarjeta justo en el momento en el que la debilidad del equipo no daba para más.
Lubo era de esos jugadores-descanso. Cuando nadie sabía qué hacer con el balón, mandaba  un balón al espacio para que se dejara caer en banda Lubo. Y entonces todo sabíamos que se abría un reto. Esa zona del campo se convertía en un duelo del oeste. Era Lubo contra su marcaje. Era un partido aparte. Parecía extraño que en un campo donde había veintidós jugadores Lubo encontrara tanto espacio para crear un mundo aparte. Pero en aquella época existía. Todavía había espacios antes de que la férrea táctica de los superentrenadores existiera.

Lubo creció entre nosotros y se hizo mayor. Se acostumbró más a la noche que al día de Valencia. Era ese amigo golfo que veías por la noche y luego en el partido se salía. Salía incluso en pretemporada. No lo podía evitar. El choque entre Bulgaria y España era demasiado alto. Y Valencia entonces era la capital mundial de la fiesta. Las leyendas se forjan dentro y fuera del campo. Hablaba de forma atropellada con tanta contundencia que parecía chulesco pero eso le daba carisma. Cara de niño y timbre de voz de tenor ruso.

Lubo era el amigo de la afición al que le perdonas cosas que a otros no le perdonabas. Así que fuimos todos a su habitación de hospital cuando le detectaron el tumor. Lubo cambió de club y consiguió más éxitos que en Mestalla pero durante muchos años cuando el Valencia se ve acorralado en defensa, en Mestalla todavía había alguien que esperaba un balón largo al espacio abierto. Ojalá todo se solucionara como cuando estaba Lubo.

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