jueves, 16 de marzo de 2017

¿Acogemos o refugiamos?

Pensamos a través del lenguaje y cada palabra nos remite a un marco referencial que incluye otros conceptos colaterales. Es un mecanismo inconsciente que la derecha maneja mucho mejor que la izquierda. También es cierto que lo tiene más fácil porque sus marcos se atienen más a lo atávico. La izquierda rosseauniana descuenta la bondad natural del ser humano y explicita a partir de ese trampolín sus propuesta racionales y últimamente más postmaterialistas que otra cosa. Mientras tanto, el materialismo histórico marxista sigue su curso como una apisonadora.



El tema del movimiento de seres humanos será el gran reto de este siglo. Hay varios motivos para ello. El cambio climático obligará a migraciones de supervivencia en busca de agua potable. El éxodo rural llevará a grandes migraciones hacia los espacios urbanos y los conflictos bélicos seguirán presentes obligando a grandes migraciones de refugiados. La tragedia bélica de Siria es actualmente el movimiento masivo más visible pero hay y habrá más. La historia de la humanidad está plagada de atrocidades que hay que gestionar.

La migración de seres humanos por motivos de refugio político es uno de esos asuntos que pertenecen a las alcantarillas de la esencia humana. Unos seres humanos destruyen y aniquilan a otros que huyen con la esperanza de que otros seres humanos les ayuden. Es así de feo y triste.

El término que el derecho internacional acuña para este tipo de personas es "refugiados". Sin embargo, la izquierda valenciana y española insiste en usar el término "acoger". Podríamos no dar importancia a ese matiz salvo por el gran elefante que se planta ante nosotros.

El marco referencial de refugiar es una situación transitoria, precaria, temporal y colateral que no exige un gran esfuerzo por la sociedad receptora. Eso incluye campos de refugiados, viviendas transitorias y una situación de legalidad temporal en el territorio de llegada. Genera por tanto, una asimetría de derechos y situaciones durante el tiempo que dura el refugio. Esto genera un nivel de rechazo bajo entre la sociedad receptora.

El marco referencial de acogida es una situación más duradera, voluntaria, gozosa, que requiere esfuezo y resulta internalizada mediante una dilución entre el colectivo de acogida. El horizonte es diferente ya que exige más recursos y asume una cierta vocación de permanencia lo que genera una mayor simetria de derechos y por tanto la posibilidad de que las susceptibilidades surjan en la sociedad receptora.

Choca la diferencia de expresión mediática y jurídica entre "refugiados" y el "volem acollir" del discurso hegemónico en la izquierda.

El fenómeno de la ultraderecha se explica a partir de muchos motivos como el cambio tecnológico, la pirámide de población, el neoanalfabetismo la desigualdad y el choque cultural pero en términos de marqueting político estos matices del lenguaje son muy importantes. Nadie se puede negar a refugiar pero acoger puede resultar más costoso de hacer entender.

Las migraciones siempre han sido un tema difícil de gestionar. Dependen del cúanto, el cómo y el espacio de tiempo disponible para poner aceite a la fricción cultural. En un cambio de era como el actual es muy importante afinar todos los instrumentos para que la orquesta siga sonando bien. Porque nos jugamos el retorno a la barbarie.

Bueno, quizá el retorno no. Quizá nunca se fue pero no estaba en la puerta de casa. 

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