Semana Santa de Serie B

Este año se ha desdibujado la polémica sobre la asistencia de los cargos públicos a los actos religiosos. Por eso se contempla con enorme naturalidad un montón de ellos haciendo gala de las costumbres religiosas de sus pueblos bajo la coartada del "fenómeno cultural que trasciende lo religioso". 



Así es como cada año representantes de partidos de izquierda, que en sus programas se muestran abiertamente partidarios de una clara disgregación entre religión y estado, optan por visibilizar su participación e incluso su devoción por actos religiosos como los que se desarrollan en Semana Santa.

El motivo más frecuente es aducir que se trata de un fenómeno cultural más que religioso. Una tradición ancestral que supera lo religioso.

Esta argumentación está en clara crisis de fundamentación. Por un lado, el de los creyentes, despojar el fenómeno de lo religioso lo convierte en un espectáculo sin valor espiritual y ejercicio de memoria. Este año ya han aparecido comunicaciones públicas en ese sentido, el de no convertir las procesiones en un mero espectáculo sino en un acto de fe y religioso. Muchos ayuntamientos a lomos de la fiebre turística (a la que parece predestinada España) usan las procesiones como reclamo, como una ceremonia banalizada, algo a lo que se puede asistir sin participar, un parque temático del catolicismo ancestral, un escenario de una obra de teatro, un photocall fotográfico.

Estos argumentadores -que suplantan el verdadero ejercicio de una fe religiosa bajo un manto de "fenómeno cultural"- deberían en ese caso analizar qué es lo que están programando culturalmente para visitantes y vecinos.

Dudo mucho que se pudiera representar hoy en día una obra de teatro en la calle donde se torture golpeando, fustigando, lanceando, clavando en una cruz a un reo judío de mediana edad con una corona de espinas. Se trata de la escenificación de un acto de tortura y ejecución pública. El guión no puede ser más atroz y quizá convendría situar algún tipo de edad recomendada en una representacion así.

Las procesiones son otro "fenómeno cultural" que se puede analizar exclusivamente desde la visión del "espectáculo". Las procesiones muestran personas que cubren sus caras y avanzan en silencio de manera grupal al ritmo de tambores. Es un tipo de comunicación cultural e ideológica bastante fácil de descifrar. Se trata de una despersonalización mediante integración en un grupo de referencia donde queda vetada la propia identidad y la propia opinión. La participación de la mujer en este "fenómeno cultural" es subsidiaria o indirecta, sin asumir papeles protagonistas cuando no está directamente vetada. En eso no parece diferente del cine o el teatro (modo ironia off).

En este fenómeno cultural también aparecen personas portando unas figuras de madera rodeadas de ostentosos mantos sobre una carrocería muy pesada. Las imágenes refieren personas en ademán de sufrimiento en el caso del protagonista principal y de una mujer con apariencia de estar en la treintena que es madre de un hijo de la misma edad. En eso tampoco se diferencia de la publicidad (modo ironia off again). Los costaleros remiten al marco referencial de los esclavos que, sin embargo, portan las riquezas de un poder superior expresado en los mantos y las esculturas. La pobreza como escala inferior y clase aportadora de mano de obra frente a la riqueza de la parte portada a hombros que simboliza una clase superior. Es la imagen perfecta del sostenimiento de la desigualdad como carga para la mayoría y privilegio de la minoría.

El guión de lo diferentes actos habla de sufrimiento, sacrificio, muerte y dolor como filosofía de asunción vital. Una especie de doctrina resiliente de la barbarie para ganar una vida eterna posterior a la vida terrenal. Una justificación de la dominación y la perpetuación de la desigualdad.

Todo ello se produce en un ambiente de sonido de tambores (efectos especiales) de solemnidad y luz de baja intensidad  en la oscuridad para atenuar la capacidad que la luz aporta la visión: la capacidad crítica. Los espectáculos basados en el miedo suelen usar ese recurso de la noche y la oscuridad como espacio para lo sobrenatural e inexplicable o inexplicado.

Todo ello que nos conduce a pensar que, desde el punto de vista del estricto fenómeno cultural-espectáculo, se trata de algún tipo de representación de terror de clase B dada la temática: torturas, ejecución, sangre por todas partes, mujeres inocentes, hombres con la cara tapada, sacrificios divinos (cordero de Dios que quitas el pecado del mundo) destinados a amedrentar al público y obtener una huella emocional ensamblada con el miedo.

Puede que este artículo te resulte desconcertante por certificar una mirada exclusivamente de crítica áudiovisual sobre un tema trascendental, litúrgico o de fe. Es justo lo que pretende: sacralizar lo sagrado, recordar que lo religioso es religioso y que fuera de ese contexto carece de sentido. La Semana Santa es una celebración católica que pertenece a los católicos. Mirarla como fenómeno cultural es tan absurdo como volver a leer este artículo. 

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