Superhéroes y marqueting ideológico sindical

De un tiempo a esta parte la Federación de Servicios de CC.OO desarrolla una campaña llamada #precaritywar. Se desarrolla básicamente en redes sociales con un grafismo basado en el universo icónico de los comics donde se plantean diferentes protagonistas en cada segmento profesional dibujados como superhéroes y superheroinas que hacen frente cada día al dificil cometido de la supervivencia laboral. 



Se trata de un intento de modernización del mensaje y de buscar la proximidad respecto a una determinada generación. El intento es bienintencionado al haber detectado una identidad de código (gráfico), un segmento de mercado (cómic como frikismo) y un sesgo generacional. Intentan lanzar un marco de conexión con las generaciones más jóvenes de las que anda algo huérfana el sindicalismo.

Sin embargo, esta campaña sirve para ejemplificar un proceso ideológico que ha tardado muchísimos años en gotear hasta inundar el campo ideológico de la izquierda.
Fue la socialdemocracia la primera en comprar planteamientos liberales como anzuelo de voto. Si analizamos los instintos electorales sabremos que la derecha lo tiene más fácil ya que recoge instintos básicos como el miedo, el odio al diferente o el individualismo extremo. Son instintos de supervivencia humanos atávicos que la derecha suele usar con buenos resultados. La izquierda sin embargo acude históricamente a mecanismos de racionalización contrarios a lo instintivo. Frente al egoismo ofrece la fraternidad, por ejemplo. La socialdemocracia de tercera vía asumió determinados posicionamientos ante la avalancha ideológica neoliberal de los 80 como una manera de supervivencia electoral. Esa lluvia ideológica pertinaz ha calado hasta configurar una desorientación generalizada en todo el  universo ideológico. El movimiento 15-M es el hijo predilecto de esa idea de la desaparición de ejes o la diversificación de ejes (izquierda-derecha, arriba-abajo, centro-periferia) pero toda la izquierda ha acabado sucumbiendo en cierta manera a algunos de los nexos ideológicos del liberalismo. Como ejemplo, podemos usar el entretenimiento como método de aproximación ideológica. Me refiero al entretenimiento sin más (gatetes con Garzón por ejemplo). Ha llegado un momento en que simplemente la izquierda y su solemnidad o profundidad carecen de sentido en un mundo superficial, urgente y divertido-hedonista. De eso hablaremos otro día.

Los superhéroes nacen en los años 30 tras la depresión del 29 en Estados Unidos para ofrecer esperanza y alentar las masas. Justifican un modelo ideológico plenamente americano y por tanto ultra liberal que se resume en el sueño americano. Cualquier puede ser presidente pero existen personas que dotadas de una característica especial están destinados a cuidar de los demás. Tras este campo semántico aparece la vieja metáfora católica del pastor y el rebaño. El rebaño suele ser de ovejas miedosas y con falta de pensamiento. Así aparece la gente en las películas de superhéroes, pasiva y expectante ante la necesidad de que un líder superdotado por alguna cualidad especial les pueda salvar. Incluso Batman no tiene ningún superpoder, simplemente es un rico filántropo que tiene como afición salvar al mundo. Es frecuente que en épocas de horfandad y desorientación aparezcan líderes carísmáticos bajo los cuales guarecerse (algo de eso tiene la aparición de Iglesias y Rivera o recientemente el superhéroe Sanchez que vence a sus enemigos internos tocado por el don de las bases). Si nos fijamos los superhéroes más clásicos (Superman y Spiderman) suelen usar los colores de la bandera americana (azul y rojo). Se trata de una justificación de la supremacía del habitante del AirForce One como mesías laíco que salvará a la masa pasiva y agregada de la maldad que le persigue e incluso más allá de un país que debe dedicarse a vigilar el mundo y su estabilidad. Algo que sucedería después en la Segunda Guerra Mundial y después de ella.
Indudablemente con el tiempo ese mensaje se ha ido diversificando y adaptando al tiempo. Así WonderWoman es la superheroína femnista pero sigue afirmando el modelo de "la elegida" como personaje individual capaz de alterar el orden establecido mantiendo el statu quo pero alternando la élite dirigente y alejando a los malvados (no a la maldad).

El grafismo de la campaña huye de los colores clásico pero si que responde a los canones de belleza clásicos del cómic marcados por el simbolismo de belleza-fuerza-juventud marcados por la sexualización de las formas (aunque sea curvy), pelo largo en las mujeres, torso y hombros robustos en los hombres. Nadie parece escapar de esas reglas básicas del atractivo publicitario.

El modelo filosóficoconceptual que trasciende a los cómics de superhéroes es una fórmula de entretenimiento que genera grandilocuencia en la búsqueda del individualismo extremo frente a la masa pasiva. No es ajeno a la izquierda conservadora de corte comunista que siempre ha cultivado la mitomanía pero desde luego no parece la mejor metáfora para intentar llegar hasta un conjunto ordenado de mentes pensantes organizadas que buscan alternativas al tardocapitalismo salvaje.

Es indudable la intención de decirle a la gente que sobrevivir en entornos laborales hoy en día es de ser un verdadero héroe pero quizá anteponer el "super" haya sido un deslizamiento excesivo. Si analizamos también el tono usado veremos que la apariencia gráfica rezuma tanta modernidad como trivializa el problema. El cómic no deja de tener un aire infantil y evasivo que no es lo que pretende el mensaje (madurez y concentración de realidad).

En resumen, la finalidad de linkear con segmentos sociales no vinculados al sindicalismo ha sido el árbol que no deja ver el bosque del mareo ideológico en que se mueve la izquierda últimamente hasta el punto de usar un ícono clásico del liderazgo redentor del capitalismo clásico.

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