Las nuevas religiones de la izquierda

Los ideales de la Ilustración inspiraron la revolución francesa y el nacimiento de la izquierda ideológica. La capacidad empírica y el dominio de la racionalidad sobre el instinto son, bajo mi punto de vista, dos pilares básicos de las propuesta política de la izquierda internacional. Un denominador común basado en el escepticismo, la observación, la información, la evaluación y la conclusión. El método científico aplicado al relato político, a la propuesta de futuro y al análisis de la realidad. 



No obstante las personas de izquierda no dejan de ser seres humanos y bajo tal condición no están excluidas de mecanismos mentales básicos y atávicos de su especie como el gregarismo que históricamente facilita la supervivencia o la aceptación generalizada de la mentira como método de colaboración (el dinero por ejemplo). En los tiempos disruptivos como el actual el desasosiego, la incertidumbre y el desconcierto hacen que la racionalidad ceda ante instintos más primitivos. Es el caso de la actual situación donde determinadas posiciones ideológicas se separan de la razón y entran en el espacio de un cierto fanatismo entendido como la falta de escepticismo. Son fenómenos a estudiar y controlar para no derramar demasiada cantidad del aceite necesario para que los engranajes metálicos clásicos de la izquierda puedan seguir girando.

Uno de los ingredientes de la felicidad es la construcción de una mística propia o ajena. Las religiones han sido las primeras traficantes de felicidad ofreciendo vidas eternas y paraísos perdidos. Allá donde vayas encontrarás alguien que convenció a sus coetáneos de que era capaz de hablar con algún dios y convenció a los demás de que siguieran sus enseñanzas. Esto sucede en cualquier parte del mundo en cualquier tiempo. La gente necesita una superioridad mística que explique la sinrazón y el caos, necesita una mística de sublimación que le permita sentir que trasciende a su propia existencia. La gente de izquierdas no vive al margen de esas necesidades místicas y la modernidad líquida está proporcionando nuevas religiones que permiten formar parte de un grupo elegido, que tienen sus propios pecados y sus propios apóstoles, sus propios escritos y su propia teoría de la salvación. Son la nuevas religiones de la izquierda.


  • El animalismo. No deja de ser curioso que un spin off de un vector principal como es el ambientalismo haya sido un nido de fanatismo superior al que nos hace jugarnos la supervivencia. El animalismo es hoy entre la gente joven un espacio incontrovertible que una parte de la izquierda social ha converitdo en religión llevándola hasta los límites de la nutrición (veganismo) alcanzando el nirvana del hipernaturismo. La negativa a las vacunas, por ejemplo, es un nicho más de una mística de salvación basada en la naturaleza como nueva diosa y la artificialidad humana como demonio. Los comportamientos extremos pueden constituir una vanguardia cuando se mantienen dentro de una racionalidad explicada y un proselitismo de digestión sencilla. 


  • Espiritualidad de la calma. La enfermedad de la velocidad será la más devastadora del siglo XXI. Ante ella mucha gente, también de izquierdas, acude a la búsqueda del silencio interior y construye una mística del bienestar. En términos científicos su traducción es la psicología positiva que busca una disgregación entre la persona y sus circunstancias analizándolas por separado. No son tanto las cosas que te pasan como la manera en que tus las interpretas. Ese axioma llevado al extremo conduce a una apatía del bienestar, un analgésico existencial, ya que obliga a una cierta sumisión y niega tanto la rebeldía como la tristeza o la rabia como respuestas saludables para el cambio social. Asumir el queso que te ha tocado puede ser un acto de adaptación o un acto de cobardía según el contexto y las circunstancias. La aparición en las sociedades avanzadas de nuevos espacios de espiritualidad asociados a la calma frente a la ansiedad no deja de ser un síntoma de una nueva mística del mundo interior frente al mundo exterior. En esta nueva religión las pastillas se respiran y los tratamientos surgen en grupos de apoyo que no son más que un laberinto de espejos controlados por un ente director. 
  • Neofeminismo. La aparición generalizada del término "feminismos" en plural es una prueba evidente de que determinados vectores del feminismo clásico se han desbordado. El neofeminismo se separa del feminismo clásico en su capilaridad. Ya no intenta seducir sino imponer. Ya no intenta modificar conductas sino sancionarlas. El neofeminismo construye un espacio de bondad natural rosseauniana en el lado feminino y un hobbesianismo maligno en los espacios masculinos. Consigue generar una disociación entre los dos espacios desde el punto de vista conceptual. Abandona el individualismo y la libre interpretación luterana para construir un nuevo gregarismo de supervivencia donde es más importante la cohesión que la libertad. 
  • Maternidad/paternidad extrema. Una nueva curiosidad es que el neofeminismo sea complaciente con la nueva maternidad extrema. La maternidad y paternidad se han convertido en fenómenos sagrados. Frente a otras épocas en que la reivindicación de la renuncia a la paternidad-maternidad se consideraba progre en la nueva religión moderna la maternidad es un manera de resultar un ser completo. La maternidad/paternidad extrema incluye mecanismos de sobreprotección que convierte en futuros tiranos a los hijos pero más allá de esa derivada lo cierto es que eleva el fenómeno a categoría sagrada. Una persona se consagra cuando consigue esa meta y para ello los poderes públicos deben estar a su servicio. El debate sobre la maternidad subrogada es el mejor ejemplo. Se contempla desde la perspectiva de la necesidad imperiosa de una maternidad imposible elevando la maternidad a una manera de escalar un grado en la arquitectura humana. La no maternidad se convierte en un pecado, en una amputación de una parte esencial de la persona imposible de concebir. 
  • Ultranacionalismo. Es una mística ideológica clásica. Gran parte de lo que ocurre en Catalunya hoy en día se explica por una creencia irracional de un futuro mejor, una tierra prometida eterna. Lo cierto es que todas las luchas históricas nacionales han tenido que convivir con la idea de la tierra prometida aunque lo más frecuente era un simple cambio de élites (que no es poco en según qué épocas). La nación como espacio de salvación y trascendencia es una tentación habitual que de vez en cuando se desborda. Creer en algo es construir una utopía y cuanto más cercana es la utopía más mecanismos de irracionalidad se ponen en marcha. Es indudable, por ejemplo, que en espacios límite como el actual frente al precipicio del referendum indepe se maximiza el gregarismo y la cohesión del grupo señalando traidores y poniendo el foco en el enemigo externo (huelga del aeropuerto del Prat por ejemplo). El gregarismo es el mejor verdugo de la libertad de pensamiento y el escepticismo. 
  • Mitomanía. La mitomanía no es un fenómeno nuevo en el mundo de la izquierda. No hay más que ver como el Che Guevara se convirtió en un icono pop. Tampoco es una novedad que en tiempos de crisis nacieron los superhéroes precisamente como los pastores que conducen el rebaño y los protegen (la mejor metáfora bíblica). Así pues la masa suele buscar árbol bajo el que guarecerse en la tormenta y los superhombres (suelen ser hombres) son un de los mejores cobijos. La mitomanía sobre la figura de Pablo Iglesias tiene mucho de esto. Su guardia pretoriana se asegura la aniquilación de la disidencia pero incluso su electorado lo venera como una figura sobrehumana infalible. Es indudable que el nivel de rechazo que genera hace que su nivel de adhesión sea más inquebrantable para proteger el movimiento pero no es menos cierto que el mismo fomenta la exégesis del profeta. Las continuas crisis existenciales de bandos en Podemos (dimisiones en racimo) no son más que excomuniones de la verdad única y la salida de Errejón se parece mucho a la lucha entre Caín y Abel por ocupar el poder. 

Es muy posible que un lector de izquierdas no acabe de entender la relación entre el concepto religión que uso y los movimientos ideológicos que menciono. Un simple visionado de la película "La ola" (mejor su versión alemana) permitirá entender como se desborda un pensamiento que no pasa permanentemente por el filtro de la racionalidad y se deja llevar por las emociones. Si prefieren leer una versión más reducida de cómo una concesión de nuevos roles se puede desbordar si no se gestiona desde la frialdad, el escepticismo y el libre pensamiento aquí les dejo el experimento de la cárcel de Stanford. 

PD: Todo el mundo tiene su mística de salvación, de hecho, es plenamente recomendable tener una. No es su manifestación individual la que constituye una religión sino la interacción entre el grupo y como se produce. Revisa tus místicas y cómo se mueven. 



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