OCTA. Adolescentes y pantallas. Las reglas del juego.

El lunes pude asistir a las jornadas organizadas por OCTA sobre adolescentes y pantallas hacia unas reglas del juego. Las jornadas fueron en el Congreso de los Diputados (mi primera vez allí). Ya el escenario supone una manera de comunicar algo. Que este tema acuda al Congreso pero lo haga a una sala colateral es indicativo de la importancia que le quieren dar unos (básicamente Rosana Pastor Diputada valenciana de Unidos Podemos y socia de Acicom que ha sido la gran "facilitadora política" de las jornadas) y la importancia relativa que le otorgan otros. Estas dos posiciones: la visibilizadora y la relativista estuvieron presentes a lo largo de toda la jornada y ya lo estaban en el título ("Las reglas del juego"). Con esto ya nos podemos hacer una primera pregunta: Deben existir unas reglas del juego? Es decir, regulamos el fenómeno de las pantallas o hacemos como que no está pasando nada? 




Las pantallas son hoy en día el mayor espacio de lucha de poder y de conflicto ideológico. Entendamos ideología como una cosmovisión del mundo y no un corto recorrido de siglas. La lucha por invadir las mentes de una audiencia masiva de los mass media han dado paso a un conjunto de pantallas individualizadas con lo que el Gran Hermano de cualquier espectro ideológico (especialmente empresarial) puede llegar incluso a las mentes más vulnerables (los bebes) a través de una pantalla facilitada por sus padres y sin mediadores ni control ninguno.

Esta situación de vulnerabilidad extrema es nueva y nos tiene bloqueados. Las pantallas nos invaden y no sabemos muy bien qué hacer. En esa ola de la historia intentamos hacer surfing como podemos. Las jornadas fueron una buena muestra de todas las perspectivas y pinceladas que podrían darse, desde el ámbito médico y psicológico hasta el ámbito político o el puro ocio. Unas jornadas de unas pocas horas dificilmente pueden abarcar un tema de habitat nuevo como es éste.

Las jornadas empezaron con un@s niñ@s y adolescentes que- bajo mi punto de vista- ofrecieron un testimonio aprendido para gustar a los adultos. Lxs adolescentes como otras especies no se comunican en cautividad, con lo que confinarlos en un espacio adulto supone aceptar que van a intentar escapar diciendo lo que sea. Así explicaron cosas tan inverosímiles como que usan las pantallas unos treinta minutos y que las usan para estudiar. Casi ninguno menciono la comunicación social. Supongo que porque no consideran esas herramientas como pantalla o tecnología. La pantalla en ese caso es invisible. Trabajo con adolescentes y sé que en libertad hacen y dicen otras cosas de la misma manera que he aprendido que las diferencias entre adultos y adolescentes en cuestiones tecnológicas son las mismas diferencias entre adultos y adolescentes en cualquier otro ámbito. Hay adolescentes sin Instagram voluntariamente de la misma manera que hay adultos sin Whatsapp. En este tsunami tecnológico los adultos tenemos la misma experiencia que ellos: ninguna. Ni siquiera creo en los nativos digitales dada su amplia ignorancia en cuestiones básicas como las características de un móvil.

Superada la fase de testimonio controlado entramos en la fase política donde, como presunto especialista en comunicación política,  fue relativamente curioso comprobar cómo las diferentes ideologías afrontan el tsunami de pantallas. La representante del Partido Popular focalizó su intervención en la regulación legislativa especialmente en materia de delitos y seguridad (como si las pantallas fueran un tema policial). Ese es su gran elefante de Lakoff -la seguridad- porque el miedo es su impulsor básico. Ciudadanos estuvo representado por alguien que sabe del medio: Felisuco para aclararnos, quien acudió a la actitud liberal de "esto es lo que hay y lo que habrá" para después intentar señalar un cauce basado en el positivismo de las oportunidades. No está mal aunque bajo mi punto de vista es una lectura parcial y corta. Finalmente, la izquierda y sus dos vertientes. El representante socialista fue buen analista en el planteamiento del problema aunque sus soluciones fueron tan abstractas que se quedaron en poesia estratégica. Y la izquierda de la izquierda de Unidos Podemos -con la facilitadora Rosana Pastor- hizo el planteamiento más intervencionista, global y complejo. Las tres características básicas de la izquierda que son las que más dificultan su permeabilidad. El cambio de acción, simultáneo y global y profundo y complejo. Igual es justo lo que la pereza intelectual innata a la masa le apetece menos.

En el juego posterior de expertos e ideas lamento no poder ofrecer nombres. Mi memoria para las ideas es inversamente proporcional a la memoria de los nombres. Y cuando recuerdo ideas y nombres no recuerdo sus vectores de relación. Y mi escasez actual de tiempo me obliga a ofrecer una simple acumulación tumultuaria de ideas sin estructurar. Aunque quizá sea esa la clave del momento tecnológico: estamos trabajando en ello y no sabemos muy bien todavía cómo.

Expongo algunas ideas que fueron mencionadas y mis aportaciones al respecto que no pude hacer en la jornada:


  • Dualidad entre lo real y lo virtual. Las nuevas generaciones no conciben ninguna diferencia entre lo real y lo virtual. Todo es real. Es real una partida de videojuego con un alemán y es real una conversación de instagram con una italiana. Todo es real. 
  • La tecnologia como herramienta. Es cierto que la tecnología es una herramienta y que depende del uso que se le dé, pero también es verdad que los usos alternativos dependen de la herramienta. Uno de los clásicos refranes españoles dice que cuando tienes un martillo en la mano todo parecen clavos y ese sería un importante referente para entender las pantallas. Las pantallas y sus contenidos no son neutras, conducen en sí mismas a determinadas conclusiones. Si mirar una pantalla desconecta la parte más racional del cerebro y activa la más hedonista será mucho más fácil transmitir entretenimiento que análisis e información. Será más fácil transmitir emociones que racionalidad porque el medio es el mensaje. Es neutral que haya una cámara frontal y una cámara trasera? O eso hace más fácil que el móvil sea el espejito mágico de Blancanieves? 
  • Paternalismos diversos. El reto actual no difiere conceptualmente de retos anteriores. Yo he vivido todavía la época de "prendre la fresca" de los pueblos donde la gente salía a la calle y se sentaba a hablar. La televisión y su "prime time" acabó con eso pero permitió crear el concepto de opinión pública al crear una agenda de contenidos compartidos. También he visto teléfonos con candado. En lo que sí difiere es en la dimensión. Esto es un auténtico tsunami de pantallas nuevas e individualizadas para todas las generaciones. Por lo tanto, esa diferenciación intergeneracional no parece demasiado pertinente. De hecho, las personas que peor usan la tecnologia son las personas mayores con habilidades tecnológicas. L@s adolescentes simplemente domestican la tecnologia según sus necesidades (básicamente relacionales y de construcción de identidad colectiva y personal). Las patologías asociadas a la tecnología como el ciberbullying no son más que la continuación virtual de un fenómeno presencial. Te pego y luego te insulto por el móvil. Son patologías sociales y no tecnológicas. Asumamos que los adultos tampoco tenemos ni idea como colectivo de qué va esto. 
  • Inteligencia digital y compartir pantalla son los nuevos retos educativo. Todas las intervenciones de la jornada giraban en torno a educar a los niños. Yo compro el concepto educación pero lo hago reflexivo. Eduquémonos todos porque todos estamos inmersos en el proceso. Y para educarnos todos tendremos que renunciar al dramatismo de llamar adicción a todo pero también al relativismo de no pasa nada nunca. El secreto de esta coeducación generacional es compartir pantalla y usar el criterio de adecuación inteligente. Compartir pantalla nos permite saber cómo reaccionamos ante determinados contenidos y cómo digerirlos. Aprendemos a comer continuamente en una dieta sana pues aprendamos a comer contenidos continuamente en una dieta mediática saludable. Además de compartir pantalla es urgente el trabajo de toda la sociedad en inteligencia digital. De la misma manera que la inteligencia social o emocional deben trabajarse habrá que trabajar la inteligencia digital bajo el criterio de adecuación. Es inteligente y adecuado que una adolescente suba fotos en ropa interior? Es libre de hacerlo? Es consciente de que un día podría aparecer esa foto en una entrevista de trabajo? En un programa de televisión? 
  • Cada generación incorpora valores nuevos y quizá estamos juzgando hechos del futuro con valores del presente que serán ya del pasado. Los tatuajes son un buen ejemplo. Al principio llevar tatuajes era una marca de perversión, ahora es algo común y nadie es penalizado por ello salvo en espacios muy carcas. Lo mismo sucedió con el top less en la playa. Primero fue sancionado penalmente, luego socialmente, luego comentado, luego aceptado y ahora casi invisible. Por tanto, cosas que están haciendo ahora los adolescentes formarán parte del paradigma dominante y resultarán absolutamente invisibles. El problema radica en que no sabemos cuáles, aunque ya tenemos alguna pista como la redimensión del concepto de intimidad. 
  • Somos productores de contenidos y nadie nos lo ha dicho. Constamente estamos produciendo contenidos y regalando datos. Lo hacemos todxs. También los niños y adolescentes que están en una situación de mayor vulnerabilidad especialmente comercial y publicitaria. 
  • Fractura digital, generacional, social y económica. Las generaciones se han distanciado en fracturas pero también la sociedad está fracturada por la desigualdad. En esos huecos que se están abriendo es donde surgen la incomprensión y la intolerancia. Los mayores no entienden a los pequeños, como los ricos no entienden a los pobres. Eso ha hecho separarse a los dos pilares educativos de la socialización iniciática: la familia y el colegio. En ese hueco están creciendo malas hierbas como un montón de Youtubers que se convierten en auténticas malas influencias descontroladas para los niños y jóvenes. A pesar de que ellos mismos eligen sus compañías virtuales no pueden escapar del mainstream youtuber de mediocridad. 
  • Mercantilización de lo que no es uno mismo. El final del capitalismo extremiza sus actitudes en busca de los últimos yacimientos de negocio. Todo se mercantiliza y convertir cualquier cosa en mercancía hace que se banalice. Así podemos comprobar como el nuevo humor Yotuber usa a otras personas como meros objectos al servicio de conseguir likes (cara anchoa) y se basa en una cierta crueldad de superioridad que sigue haciendo gracia. 
  • Cultura de la instataneidad y presentismo extremo. Afecta más a los jóvenes pero nos corroe a tod@s. La cultura del pelotazo es la vertiente start up de la enfermedad de la velocidad que será la gran plaga del siglo XXI. 
  • Evidentemente existen problemas propios y específicos de la edad adolescente. Podemos ir comentando varios. 
    • La percepción selectiva de uso. L@s adolescentes creen que las redes sociales son un espacio opaco generacional, es decir, que solamente están ellos y son vistos solamente por su edad. Es algo típico de la edad. 
    • La tecnología está generando una estratificación social en base a los totems sociales de consumo. Tener un determinado móvil se convierte en un aspiracionismo básico lo que invierte la pirámide de necesidades. También ocurre en los adultos pero de una manera menos profunda. 
    • Baja capacidad de introspección. Autonanalizarse es una actividad compleja por eso construyen identidades en espejo a través de las redes y buscan likes fuera que no tienen dentro. Esto es una dificultad porque supone un obstáculo de zona ciega, miran demasiado hacia afuera y poco hacia dentro. 
    • Falta de libertad de movimiento. Los actuales adolescentes están cautivos de las ciudades, confinados en espacios cerrados (especialmente sus casas) lo que les lleva a usar los mecanismos a su alcance para seguir en contacto con sus relaciones sociales. Si no puede salir mi cuerpo saldrá mi mente pero aquí no me quedo toda la tarde. No hay espacios libres donde jugar o quedar de manera segura. Esto es culpa de los adultos. Así hemos hecho las ciudades. 
    • Ausencia del derecho al olvido. Las actuales generaciones adolescentes ya tendrán toda su vida retratada. Los actuales adultos tenemos una zona oscura de casi treinta años como mínimo en la que nadie puede rescatar nuestro pasado. Eso obliga a los actuales jóvenes a necesitar algunas herramientas para cuidar su reputación digital completa. Los acultos gestionamos una reputación parcial en edad ya adulta. 
    • Pereza intelectual. Quizá sea percepción selectiva de un perezoso físico pero detecto mucha pereza en la infancia y la juventud. Es paradigmático el ejemplo del whatsapp. Una de las grandes esperanzas de los tecnólogos fue la recuperación de la escritura en entornos virtuales. Escribir obliga a pensar y ese es un ejercicio básico de cross fit mental. Sin embargo, todas las app que tienen a los audiovisual triunfan más entre adolescentes que prefieren no escribir. 
    • Hiperestimulación. Son las generaciones más hiperestimuladas de la historia aunque quizá llevamos diciendo eso toda la historia. Eso las hace tener umbrales de atención quizá más altos y nos dificulta la comprensión entre generaciones en cuánto a códigos narrativos compartidos. 
    • Cuestiones hormonales que hacen que controlar el sexting o el consumo de pornografia o incluso la simple interacción social de seducción sea muy complicado. 


Las conclusiones para mi son sencillas. La competencia de medios hace que todos los medios ataquen a Internet sacando solamente sus espacios de fricción mediática pero el bosque sigue ahí. Está sucediendo. Hay que ocuparse del tema sin llegar a preocuparse del tema. Hay que compartir pantalla. Invadir espacios vedados. Explorar. Negociar. Hay que hablar ya de inteligencia digital. Hay que fijar contratos y reglas de convivencia. Pero de tú a tú, tenemos tanto por aprender como por enseñar. 











Semana Santa de Serie B

Este año se ha desdibujado la polémica sobre la asistencia de los cargos públicos a los actos religiosos. Por eso se contempla con enorme naturalidad un montón de ellos haciendo gala de las costumbres religiosas de sus pueblos bajo la coartada del "fenómeno cultural que trasciende lo religioso". 



Así es como cada año representantes de partidos de izquierda, que en sus programas se muestran abiertamente partidarios de una clara disgregación entre religión y estado, optan por visibilizar su participación e incluso su devoción por actos religiosos como los que se desarrollan en Semana Santa.

El motivo más frecuente es aducir que se trata de un fenómeno cultural más que religioso. Una tradición ancestral que supera lo religioso.

Esta argumentación está en clara crisis de fundamentación. Por un lado, el de los creyentes, despojar el fenómeno de lo religioso lo convierte en un espectáculo sin valor espiritual y ejercicio de memoria. Este año ya han aparecido comunicaciones públicas en ese sentido, el de no convertir las procesiones en un mero espectáculo sino en un acto de fe y religioso. Muchos ayuntamientos a lomos de la fiebre turística (a la que parece predestinada España) usan las procesiones como reclamo, como una ceremonia banalizada, algo a lo que se puede asistir sin participar, un parque temático del catolicismo ancestral, un escenario de una obra de teatro, un photocall fotográfico.

Estos argumentadores -que suplantan el verdadero ejercicio de una fe religiosa bajo un manto de "fenómeno cultural"- deberían en ese caso analizar qué es lo que están programando culturalmente para visitantes y vecinos.

Dudo mucho que se pudiera representar hoy en día una obra de teatro en la calle donde se torture golpeando, fustigando, lanceando, clavando en una cruz a un reo judío de mediana edad con una corona de espinas. Se trata de la escenificación de un acto de tortura y ejecución pública. El guión no puede ser más atroz y quizá convendría situar algún tipo de edad recomendada en una representacion así.

Las procesiones son otro "fenómeno cultural" que se puede analizar exclusivamente desde la visión del "espectáculo". Las procesiones muestran personas que cubren sus caras y avanzan en silencio de manera grupal al ritmo de tambores. Es un tipo de comunicación cultural e ideológica bastante fácil de descifrar. Se trata de una despersonalización mediante integración en un grupo de referencia donde queda vetada la propia identidad y la propia opinión. La participación de la mujer en este "fenómeno cultural" es subsidiaria o indirecta, sin asumir papeles protagonistas cuando no está directamente vetada. En eso no parece diferente del cine o el teatro (modo ironia off).

En este fenómeno cultural también aparecen personas portando unas figuras de madera rodeadas de ostentosos mantos sobre una carrocería muy pesada. Las imágenes refieren personas en ademán de sufrimiento en el caso del protagonista principal y de una mujer con apariencia de estar en la treintena que es madre de un hijo de la misma edad. En eso tampoco se diferencia de la publicidad (modo ironia off again). Los costaleros remiten al marco referencial de los esclavos que, sin embargo, portan las riquezas de un poder superior expresado en los mantos y las esculturas. La pobreza como escala inferior y clase aportadora de mano de obra frente a la riqueza de la parte portada a hombros que simboliza una clase superior. Es la imagen perfecta del sostenimiento de la desigualdad como carga para la mayoría y privilegio de la minoría.

El guión de lo diferentes actos habla de sufrimiento, sacrificio, muerte y dolor como filosofía de asunción vital. Una especie de doctrina resiliente de la barbarie para ganar una vida eterna posterior a la vida terrenal. Una justificación de la dominación y la perpetuación de la desigualdad.

Todo ello se produce en un ambiente de sonido de tambores (efectos especiales) de solemnidad y luz de baja intensidad  en la oscuridad para atenuar la capacidad que la luz aporta la visión: la capacidad crítica. Los espectáculos basados en el miedo suelen usar ese recurso de la noche y la oscuridad como espacio para lo sobrenatural e inexplicable o inexplicado.

Todo ello que nos conduce a pensar que, desde el punto de vista del estricto fenómeno cultural-espectáculo, se trata de algún tipo de representación de terror de clase B dada la temática: torturas, ejecución, sangre por todas partes, mujeres inocentes, hombres con la cara tapada, sacrificios divinos (cordero de Dios que quitas el pecado del mundo) destinados a amedrentar al público y obtener una huella emocional ensamblada con el miedo.

Puede que este artículo te resulte desconcertante por certificar una mirada exclusivamente de crítica áudiovisual sobre un tema trascendental, litúrgico o de fe. Es justo lo que pretende: sacralizar lo sagrado, recordar que lo religioso es religioso y que fuera de ese contexto carece de sentido. La Semana Santa es una celebración católica que pertenece a los católicos. Mirarla como fenómeno cultural es tan absurdo como volver a leer este artículo. 

La moció de censura del 97 a Sagunt o tot el que Paco Agües ens va ensenyar.

Hui dia 9 d'abril fa vint anys de la moció de censura que la Unitat del Poble Valencià de Sagunt va propiciar amb un pacte amb Partit Popular, CIPS i CDS per fer fora del govern a un minoritari PSOE que no havia aconseguit cap pacte de govern progressista davant el bloqueig de Izquierda Unida. 





Per al valencianisme polític va suposar un sacseig ideològic considerable. Havia de prendre una decisió de maduració política que després va obrir el camí per al valencianisme taronja de les primeries del segle XXI. Havia de decidir si volia ser una crossa del PSOE o era un partit autònom. I a més a més, assumia el risc de resituar-se ideológicament en un procés d'evolució ideològica cap a la centralitat.

Aquella moció de censura no va ser fàcil. La solitud de Paco Agües dins de l'Ajuntament (la Unitat del Poble Valencià només tenia un regidor) feia caure molt de pes emocional i polític sobre la decisió. Van fer falta dos assemblees per prendre la decisió final. Però el bloqueig polític de l'Ajuntament després de sis mesos de negociacions amb PSOE i Izquierda Unida que no arribaren a cap conclusió va fer imprescindible afrontar la qüestió.

En aquell moment jo era un jove que estava iniciant-se en la política i d'aquell procés vaig aprendre moltíssim amb el mestre Agües. Només vaig passar uns mesos al seu costat però crec que han sigut definitius per a configurar una espècie de prepolítica, un conjunt de valors que són previs a la ideológia i que marquen la manera d'actuar d'un polític que vol ser honest.

Les argumentacions de Paco eren de llarg recorregut davant les maniobres del PSOE per establir un xantatge emocional constant a les bases de la UPV. Només la seua valentia va contagiar altres persones de la Unitat del Poble Valencià de fer un exercici d'autoestima col·lectiva.

Agües va sentar les bases del meu pensament polític en unes poques assemblees. Escoltar-lo era aprendre per a tota la vida. Les seues línies de pensament d'aquells dies s'han quedat tatuades a la meua pell política.

  • La responsabilitat de qui és triat per oferir solucions i no crear problemes. 
  • La generositat de qui és triat per tragar-se alguns plantejaments si això beneficia al poble. 
  • El càlcul de solucions per al poble davant el càlcul de vots en les eleccions. 
  • La inutilitat de la contraposició entre el que afavoreix al partit i el que afavoreix al poble quan en realitat el que afavoreix al poble sempre afavoreix al partit que no és més que poble. 
  • La autoestima de saber que pactar amb altra força política no te resta credibilitat ni te fa marques, ni cicatrius incurables. Tú continues sent tú mateixa i si t'ho creus pots agenollar un gegant si jugues bé les cartes. Pactar amb la dreta no te fa de dretes ni pactar amb l'esquerra te fa ser d'esquerres. Després els fets seràn els que te definisquen. 
  • La jerarquia possiblista, sembrant on hi ha adob, regar on poden crèixer les flors. 
  • La lleialtat com a estratègia de treball conjunt fins i tot des de la discrepància extrema. 
  • La necessitat del treball i del trellat. La gestió ha de ser una ona imparable en l'àmbit local però també en qualsevol àmbit. Para una institució és para un poble i un poble sempre ha d'estar en moviment per tindre força. 
  • La pactabilitat com una habilitat necessària en una ciutat sense majories absolutes. 
  • La perdua de la por al canvi i l'evolució, la resiliència als nous espais polítics i la permeabilitat per una popularització dels missatges sense la pèrdua del rigor. 
  • La mirada permanent a l'horitzó mentre es continua treballant en el dia a dia. 


Crec que s'ha escrit poca cosa sobre tot allò que Paco Agües va aportar. Agües i aquella decisió tan important van marcar un estil de fer política que després tot el món volia imitar en la política saguntina per ocupar els espais de decisió, els espais de poder. El poder com a responsabilitat, com a jerarquia de l'escassesa, com a gestió dels damnificats. No com un lloc de bana glòria o un espill de vanitat.

Ara que l'esquerra ha descobert que les coses es canvien amb poder i des del poder refrescar el pensament d'Agües és més important que mai. Perquè tal dia com hui Paco ens va fer majors.

Tarantino en el Congreso. Del me la bufa al pollo.

Una de las batallas que empieza a librar la izquierda es la batalla del lenguaje. Pensamos a través de las palabras que nos remiten a imágenes. Los determinantes condicionan el significado y por tanto las emociones asociadas. La izquierda, en sentido amplio, libra dos batallas del lenguaje. La primera batalla respecto a determinantes de positivización. Buenos ejemplos de esa lucha de optimización de los determinantes son tanto la evolución subnormal-disminuido-discapacitado-diversidad intelectual como las luchas de género en el lenguaje violencia doméstica-violencia de género, feminización inclusiva de las profesiones etc.

Sin embargo, hace poco ha comenzado otra lucha que la base social de la izquierda va a tener que afrontar con menos tibieza y más valentía. Se trata de la lucha con los determinantes negativos, es decir, aquellos que están estigmatizados por la tradición-costumbre como "tacos" o expresiones de mal gusto.

Desde el punto de vista personal, esta es una discusión que he tenido con mi padre muchas veces, los tacos son palabras, sirven en el contexto y el tono adecuados. Expresan una emoción determinada superior e inferior a otras. Sirven para eso, joder.

El primer eslabón de esa cadena fue pasar de los circunloquios a la linea directa. De "usted está faltando a la verdad" a "usted es un mentiroso". El segundo lo estamos abordando ahora. En pocas semanas han aparecido tres expresiones diferentes de tres políticos diferentes que nos conducen a meternos en el fango de la batalla por el lenguaje de los determinantes negativos. La primera fue el "me la bufa" de Pablo Iglesias, la segunda fue el "nos vemos en el infierno" de Gabriel Rufián y la tercera ha sido "montar el pollo" que viene secundada por Mónica Oltra y Compromís.

Inmediatamente la maquinaria conservadora se ha puesto en marcha para estirar el hilo de la educación de padre estricto de Lakoff que cuarenta años de fascismo en España han dejado como huella educativa en millones de personas. El planteamiento es si en el Congreso se tiene que hablar el lenguaje de la calle o no. Si el Congreso es un espacio libre de palabras malsonantes o no y quién determina lo que es malsonante. Se trata de decidir la entrada de Tarantino en el Congreso y en el debate político.

La izquierda debe ser valiente. Cada expresión se corresponde con un nivel de alerta. Y la definición de la categoría definida por el uso de un vocablo debe ser proporcional y adecuada pero sin complejos. Lejos queda aquella época en la que la izquierda carecía de formación y debía comprar el lenguaje finolis para expresarse y demostrar su proceso formativo. Ahora la izquierda está plagada de grados, licenciaturas, doctorados, másteres... Se trata de gente que sabe exactamente qué quiere precisar con cada expresión. Se trata de de usar el determinante adecuado. Ha llegado un momento en el que la actitud de Rajoy no es "indolente". Eso fue al principio. Ni pasiva. Ni paciente. Ni prudente. Ha llegado un momento en el que la expresión adecuada para Rajoy es que se la bufa todo (sin comillas). Ha llegado un momento en el que no se debe hablar de "falta de ejemplaridad" ni de "mala praxis política". Eso era al principio cuando no sabíamos lo que sabemos. Ahora es el momento de decirle a alguien que nos veremos en el infierno. Y finalmente, ha llegado un momento donde los valencianos no "hemos de ser más reivindicativos" o "nos tenemos que poner tots a una veu". Aquí lo que hay que hacer es montar un pollo porque esto es un puto cachondeo, se nos mearan en la cara un día.

En las películas de Tarantino tanto el uso del lenguaje como la violencia explícita están al servicio de un hilo argumental: la brutalidad de un tipo de sociedad. Es curioso que la misma gente que reclama "más educación" o ser más finolis sea tan poco exigente con los robos, los corruptores, los corruptos, la gentuza. Tienen la piel muy fina para unas cosas y la cara muy dura para otras. Robar con estilo parece aceptable, hablar sin estilo resulta inaceptable. ¡No te jode!.

Y eso es exactamente lo que hay que hacer, decirles en su puta cara las cosas. La calle debe entrar en el Congreso. Y sus expresiones, sus rastas, su forma de vestir debe invadirlo todo. Nunca más un congreso de etiqueta. El principio de la segregación política y el olvido de los representados es el uniforme y el diccionario. Hay que llevar a Tarantino al Congreso y si no les gusta: que se jodan.

El neoterrorismo en Europa

El terrorismo pertenece a su tiempo y se entronca con su época por osmosis. El nuevo terrorismo se imbrica con su época y por eso es todavía más desconcertante y dificil de controlar, reprimir y prevenir. 

El atentado de las Torres Gemelas fue reivindicado por Al Qaeda que se constituía en una marca transnacional, una especie de franquicia bajo imagen corporativa semejante que actuaba de manera convergente pero no coordinada. Era precisamente la época del asalto de las corporaciones a los estados nacionales y su soberanía. La época en la que las franquicias de denominador común superficial y gestión autónoma emergían como modelo a seguir.

El neoterrorismo tiene mucho de neoliberalismo como ideología de supraestructura marxista más allá incluso de la religión. El Estado Islámico parece haber perdido la capacidad de ofrecer un terrorismo clásico organizado en grupo llevando la guerra a Europa como venganza. De la guerra ha pasado a la guerrilla y de la guerrilla al loco solitario con apropiación conceptual.

Europa no está acostumbrada a un terorrismo de desesperanza. Los grupos terroristas europeos estaban construidos sobre la esperanza de construcción nacional o ideológica. Sea esta una esperanza negra o blanca, ETA o el IRA usaban el terror como un arma de esperanza y lucha. Ese era su punto de partida, una utopía futura por la que luchar e incluso matar. Querían matar pero no morir siguiendo un instinto humano de llegar hasta esa utopía ideológica que alimentaba su lucha. En ese contexto, después se fabricaba el consenso mundial sobre si era un "ejército rebelde", una "guerrilla de salvación", un "grupo opositor" o un "grupo terrorista" en función de las necesidades políticas y de las evoluciones ciudadanas. Suponía una violencia instrumental que espera una estación de llegada. Sin embargo, el neoterrorismo parte de la desesperanza. Su mística se construye desde la desesperación del que no tiene nada que perder y quiere ganar una especie de gloria narcisista propia del postmodernismo líquido.

No estamos preparados para quien está dispuesto a perderlo todo; hasta la vida. Nuestras fuerzas de seguridad parten de la idea de que un ser humano puede querer matar pero no querrá morir. Su entrenamiento y su conocimiento parten de ese axioma. Así afrontamos el neoterrorismo machista con esquemas de asombro. O el neoterrorismo yihadista con la misma idea de protección y control de acciones coordinadas.

Ahora un simple volantazo puede convertirse en un atentado. Cualquier instrumento es un arma. Un camión, un hacha, un cuchillo, un coche. Pretender controlar esa situación mediante métodos clásicos de control es imposible. En una época narcisista con millones de espejos en redes sociales cualquier loco puede tener sed de gloria. Morir con una mística puede ser una locura pero para un loco la locura es la normalidad. Captar atención es una enfermedad de nuestro tiempo. Entender eso es clave para gestionar el neoterrorismo. Su intención es doble. Captar atención y generar miedo. Y el miedo es útil para los poderosos. Es su arma básica de control de pensamiento.

El neoterrorismo es el Factor X macabro del horror y la tragedia. Cualquier loco puede subirse al pódium y adherirse a una causa. Si alguien piensa que la locura es importada se equivoca. La segunda generación fruto de una inmigración asentada padece serios problemas de identidad y agregación. El automatismo destruye la base de la pirámide productiva y entonces surge una subasta de la miseria. Ese es el espacio donde la ultraderecha y el terrorismo crecen en dos lados del mismo muro. Los muros siempre crean un nosotros y un ellos. Es ahí donde jóvenes y adultos desnortados intentan construir una identidad nueva en la que la exclusión del territorio de acogida juega a favor o en contra.

Un loco solitario, autóctono y autoodiado que construye una mística de salvación por exclusión en su espacio de convivencia. El resto es comunicación ideológica de un fascismo religioso que compra espacios publicitarios gratis.

Ricardo Arias, el líbero

Hubo una época en la que el número de la camiseta tenía sentido. Aún hoy los números identifican posiciones. Un nueve sigue siendo un nueve aunque un seis se haya difuminado y el diez no siempre sea la estrella. Arias era un cuatro cuando el cuatro era el líbero. 


Antes de que la sofisticación inundará el fútbol moderno y el dinero pudriera las camisetas existía una posición extraña. El líbero era alguien libre de marca en un fútbol donde la marca era la clave de sol. El fútbol se retroalimenta con su realidad. Por eso el líbero nace en una época histórica donde la relevancia de lo defensivo era el paradigma dominante. Tras la Segunda Guerra Mundial el concepto de no ataque gana terreno como ritual de higiene mental. Los horrores de la guerra condujeron a un Estado de Bienestar basado en la solidaridad defensiva, en una red tejida para evitar el ataque de la avaricia individual y la locura colectiva. La Guerra Fría fue el festival de fuegos artificiales de esa época histórica y justo ahí surgen los grandes líberos como Beckenbauer. El líbero representaba un estado libre y potente que acudía en refugio de las deficiencias e incoherencias del resto del sistema. El líbero era libre para poder atacar superando la defensa. La metáfora de un sistema estatal intervencionista que emerge para soliviantar una economía en depresión. Keynes era el líbero de la economía.

Ricardo Arias fue el gran líbero del Valencia. Parecía tener una especie de pereza filosófica estatal ya fruto de los primeros ataques neoliberales. En realidad quizá pudiera considerarse más un postlíbero. Intervenía exclusivamente cuando era imprescindible. Tapaba a sus marcadores. Iba al cruce. Parecía leer el partido desde una atalaya lejana, ajena, fría y alta. Parecía un espectador más con permiso para bajar al campo y cortar un balón.

El líbero gozaba de la prerrogativa de la guillotina del fútbol. El último jugador. Sólo ante el peligro. La decisión era él, el balón o yo. Uno de los tres debe desaparecer de la ecuación.

Mestalla esperaba los cruces de Arias para aplaudir y respirar. Un sprint potente partiendo de una casilla de partida lenta. Un caminar cansino con unas piernas arqueadas de western americano. Y después vuelta a la calma. El murmullo surgía cuando Arias pasaba de medio campo. Entonces las luces de Mestalla se apagaban y un foco le enfocaba solamente a él. Era inusual, inédito, insólito. Pasaba tan pocas veces que todo Mestalla lo comentaba.

El líbero era un ávido lector de partidos. Leía el ritmo y a veces ponía poesía. Cuando todavía se podía ceder el balón al portero. Cruce, recuperación y pase. A veces leía el partido para enfriarlo y otras para calentarlo. Desde atrás se podía repartir juego o repartir estopa. El exceso forma parte del fútbol. Un partido se para o se acelera. Y el líbero era el director de esa orquesta.

Arias era un macarra del área. Un mísil defensivo que el Valencia exhibía en su particular guerra fría. Cuando el Valencia era "bronco". Cuando el Valencia sabía que su arquitectura estaba hecha de obreros del fútbol. Cuando lo colectivo superaba lo individual. Cuando el lego del Valencia era de piezas grises. Cuando los futbolistas tenían barba o parecían sacados de Woodstock y no de Marvel.

Ricardo Arias, el líbero que se asomaba a la linea del centro del campo como el que se asoma a un abismo y regresa a su zona de confort. El primo de Zumosol de los dos laterales. El guardaespaldas del equipo. El detective del área. El verdugo de los extremos. El hombre de la triste figura que luchó contra los molinos de una liga que todavía podía ganar casi cualquiera. El sheriff de un poblado del Oeste donde los más duros bebían whisky a palo seco. El hombre que jugaba al fútbol con traje y corbata. Ricardo Arias, el líbero. 

El sigiloso y misterioso caso de la Operación Flotador

La política en Sagunt es de por sí "interesante" en términos proverbiales pero el análisis de la Operación Flotador se interna en lo apasionante para acabar en lo enigmático. La Operación Flotador (un saludo para el que pone los nombres de las operaciones) es una iniciativa judicial que persigue prácticas irregulares en la administración del dinero público en el Ayuntamiento de Sagunto. En esencia buscan fraccionamientos de contratos para saltarse la Ley de Contratos. Se investiga a concejales, exconcejales, funcionarios y empresas. Y se ha convertido en una rara avis de los casos de investigación de tramas de corrupción por su escrupuloso sigilo y su gran misterio. 
¿Qué es corrupción y qué no? La corrupción es un fenómeno difuso, sin un perímetro claro. Uno de los grandes subterfugios para salvar los casos investigados es precisamente la definición de corrupción. A día de hoy no sabemos con precisión qué es la corrupción. No sabemos qué conductas entran en el catálogo de la corrupción y qué conductas son errores, horrores o favores personales. Por lo tanto no podemos saber cuándo un político es corrupto y difícilmente podemos fijar un perímetro legal para la dimisión o el reproche social.
El caso de Sagunto es un buen caso para dirimir estas cuestiones. La Ley de Contratos Públicos fija unos importes para la designación directa de contratos y otros para el concurso de varias empresas por el contrato. Uno puede fraccionar un contrato para dárselo a una empresa concreta básicamente por dos motivos. El primero es la comodidad y la confianza. La Ley de Contratos públicos obliga a darle el contrato a quien presenta la oferta más baja (habitualmente) lo que no siempre significa que esa empresa sea confiable ni que su proyecto sea el mejor. Eso puede hacer al político optar por fraccionar para una designación directa de manera que sepa que ese proyecto se lleva a cabo por alguien de confianza y con capacidad y competencia. El otro motivo es recibir algo a cambio de hacerlo. En los dos casos existe una irregularidad administrativa pero el reproche moral y social no es del mismo nivel. En el segundo caso la clave es demostrar que hay un quid pro quo, es decir, que la persona que administra el dinero público toma la decisión de contratación influenciado por algo que recibe a cambio.

Recientemente ha habido detenciones y toma de declaración a un concejal y varios funcionarios por presuntamente haber usado conceptos salariales para finalidades no previstas. Es indudablemente una irregularidad pero la pregunta es ¿eso es corrupción? Y ¿debe dimitir alguien que ha cometido una irregularidad con su salario profesional-personal?

El silencio de los flotadores

En esta investigación llama la mucho la atención el sigilo con el que se gestiona todo. La mayor parte de investigaciones sobre corrupción generan mucho ruido mediático, político y social. En este caso sucede algo inusual: mucho silencio.


  • Silencio por parte de la parte judicial. Lógico por estar bajo secreto de sumario pero poco habitual por lo frecuente de las filtraciones. Sin embargo, cuando se rompe el silencio se rompe con extrema precisión. Hay que leer los comunicados de prensa del TSJ con bisturí para construir entre lineas una versión coherente sobre lo que dicen y lo que no dicen. Son estallidos comunicativos tras los que sigue un eco extremo que se pierde en un acantilado de miradas cómplices. 
  • Silencio en la parte política. Parece existir una insólita gestión del silencio político y un gran consenso político en el paraguas de la presunción de inocencia. Todos los partidos parecen interesados o simplemente paralizados ante la gestión de este caso. Las razones pueden ser variadas, desde la responsabilidad hasta el miedo pasando por el equilibrismo político. La cuestión es que ni siquiera los habituales agitadores de la política saguntina parecen interesados en "mover" el tema. 
  • Silencio en la parte mediática. La información local es compleja porque se conoce personalmente a los actores principales de las historias y eso hace que la impoluta objetividad quede en una quimera. Conoces a las personas y eso te contamina a la hora de digerir algunas noticias. La cautela se impone por lazos emocionales y solamente cuando la información es patente sale a la luz. Además los medios no son muchos como para hacer investigación periodísticas por lo que la comunicación de parte se convierte en la fuente principal. Las cosas se cuentan pero en su esqueleto. El músculo de la noticia (el hilo conductor interpretativo) queda fuera. 
  • Silencio en la parte social. El asombro y la intriga parecen ser el denominador común de esta situación de la ciudadanía ante todos los silencios anteriores. La reacción social en un pueblo acostumbrado a movilizarse incluso por códigos postales o cazas de patos en sus fiestas patronales no parece estar demasiado pendiente del tema. Más bien mira de reojo. La sociedad civil tampoco se ha manifestado sobre el tema. Todo parece escrito en clave de mutis por el foro. 


La versión política. 

Lo cierto es que uno de los primeros detenidos ha sido un concejal del PSOE. Este concejal se encuentra liberado y sin delegaciones lo que de por sí ya constituye una anomalía política y presupuestaria. Representó uno de los obstáculos más importantes para el pacto del cuatripartito (Compromís, Esquerra Unida, "Podemos" y PSOE). Es trabajador del Ayuntamiento y se le investiga por el uso de un concepto salarial fraudulento. El PSOE de Sagunt es un partido hundido. En las últimas elecciones obtuvo el peor resultado en veinte años con esa persona de candidato. El PSOE no le ha pedido la dimisión de momento. Es difícil dirimir si una persona investigada por hacer cosas con su nómina debe dimitir políticamente. Solamente los países del norte de Europa hilan tan fino. Los países latinos es otra cosa. Parece existir un cierto grado de engaño, pillería y mentira permisible. Históricamente se ha llamado "picaresca". El perímetro es difuso. Las líneas rojas son más bien gruesas y no queda claro cuando alguien debe dimitir y las conductas personales (conducir borracho, infidelidades, conductas en los negocios, prácticas fiscales irregulares o falseamientos de currículums) dependen mucho de que te pillen y del interés que despiertes en ese momento.
En todo caso, llama la atención el coro silencioso de susurros sobre el tema. Las declaraciones escasean y las que hay son frágiles y delicadas. Por ejemplo, el Alcalde de Sagunt ha calificado los hechos de "malentendido", al menos eso "espera". Todo parece bastante sigiloso por todas las partes implicadas.
La respuesta de casi todos los investigados desde Camps - que fue el primer mártir de la corrupcíon valenciana- es siempre la misma: hay una conspiración política y todo fue legal. Esto no nos permite ir mucho más allá. Se menciona la "vendetta" política y se prometen nombres pero no de momento.

Más sigilo. El secreto de sumario trasciende a la política. Quizá debería ser así, movernos en la pulcritud del respeto a las investigaciones en marcha aunque eso nos obligaría a esperar décadas para exigir responsabilidades políticas. ¿La responsabilidad política debe ir ligada a una condena judicial? ¿La presunción de inocencia es la presunción de decencia? ¿Cuándo debe dimitir un político? ¿Cuál es el listón? ¿Existen los pecados veniales en corrupción? ¿Qué es la corrupción?

La investigación judicial. 

La investigación judicial también está siendo peculiar. Las investigaciones de irregularidades administrativas no deben ser sencillas y nuestra justicia gratuita y universal no tiene medios para ser además rápida. La entrada en el Ayuntamiento fue casi una redada de CSI Las Vegas acompañada de ruido mediático. Después se hizo un absoluto silencio y ahora se descuelgan con algunas detenciones por usar 300 euros anuales en cosas que no eran las previstas (uniforme laboral). Si finalmente, eso es todo lo que encuentran, está claro que existe una enorme desproporción entre el despliegue policial y el resultado final con lo que alguien deberá explicar algunos porqués.
También la comunicación judicial es curiosa porque mezcla menciones extraordinariamente concretas y precisas (nombres y delitos) con abstracciones demasiado difusas. Es un tipo de comunicación como mínimo curiosa. De la iniciativa policial se esperan otros resultados al menos proporcionales al despliegue. Si todo queda en "cuatro trajes" o 300 euros en uniformes habrá que meter la lupa en las finalidades de un tipo de investigación así. Y si la cosa va a más, la lentitud judicial no está haciendo un gran favor al nombre de una ciudad que quiere presentarse a Patrimonio de la Humanidad. Precisamente las investigaciones se centran en Urbanismos y Actividades y quizá la Unesco tenga interés en conocer determinadas praxis que deberían aclararse lo antes posible. Mal momento para una investigación larga.


Lo que está claro es que de esta operación solamente saldrá a hombros el que la bautizó. Quizá algún día sabremos por qué se llamó Operación Flotador. Quizá sea porque aparecen pateras políticas, quizá sea porque todo se resolvía en comidas en restaurantes que aumentaban el flotador de los asistentes, quizá sea porque acaba por desinflarse, quizá sea porque los flotadores se lanzan al agua como los patos pero no nos preocupan tanto, quizá sea porque flotar es ir a la deriva sin más horizonte que no hundirte.


¿Acogemos o refugiamos?

Pensamos a través del lenguaje y cada palabra nos remite a un marco referencial que incluye otros conceptos colaterales. Es un mecanismo inconsciente que la derecha maneja mucho mejor que la izquierda. También es cierto que lo tiene más fácil porque sus marcos se atienen más a lo atávico. La izquierda rosseauniana descuenta la bondad natural del ser humano y explicita a partir de ese trampolín sus propuesta racionales y últimamente más postmaterialistas que otra cosa. Mientras tanto, el materialismo histórico marxista sigue su curso como una apisonadora.



El tema del movimiento de seres humanos será el gran reto de este siglo. Hay varios motivos para ello. El cambio climático obligará a migraciones de supervivencia en busca de agua potable. El éxodo rural llevará a grandes migraciones hacia los espacios urbanos y los conflictos bélicos seguirán presentes obligando a grandes migraciones de refugiados. La tragedia bélica de Siria es actualmente el movimiento masivo más visible pero hay y habrá más. La historia de la humanidad está plagada de atrocidades que hay que gestionar.

La migración de seres humanos por motivos de refugio político es uno de esos asuntos que pertenecen a las alcantarillas de la esencia humana. Unos seres humanos destruyen y aniquilan a otros que huyen con la esperanza de que otros seres humanos les ayuden. Es así de feo y triste.

El término que el derecho internacional acuña para este tipo de personas es "refugiados". Sin embargo, la izquierda valenciana y española insiste en usar el término "acoger". Podríamos no dar importancia a ese matiz salvo por el gran elefante que se planta ante nosotros.

El marco referencial de refugiar es una situación transitoria, precaria, temporal y colateral que no exige un gran esfuerzo por la sociedad receptora. Eso incluye campos de refugiados, viviendas transitorias y una situación de legalidad temporal en el territorio de llegada. Genera por tanto, una asimetría de derechos y situaciones durante el tiempo que dura el refugio. Esto genera un nivel de rechazo bajo entre la sociedad receptora.

El marco referencial de acogida es una situación más duradera, voluntaria, gozosa, que requiere esfuezo y resulta internalizada mediante una dilución entre el colectivo de acogida. El horizonte es diferente ya que exige más recursos y asume una cierta vocación de permanencia lo que genera una mayor simetria de derechos y por tanto la posibilidad de que las susceptibilidades surjan en la sociedad receptora.

Choca la diferencia de expresión mediática y jurídica entre "refugiados" y el "volem acollir" del discurso hegemónico en la izquierda.

El fenómeno de la ultraderecha se explica a partir de muchos motivos como el cambio tecnológico, la pirámide de población, el neoanalfabetismo la desigualdad y el choque cultural pero en términos de marqueting político estos matices del lenguaje son muy importantes. Nadie se puede negar a refugiar pero acoger puede resultar más costoso de hacer entender.

Las migraciones siempre han sido un tema difícil de gestionar. Dependen del cúanto, el cómo y el espacio de tiempo disponible para poner aceite a la fricción cultural. En un cambio de era como el actual es muy importante afinar todos los instrumentos para que la orquesta siga sonando bien. Porque nos jugamos el retorno a la barbarie.

Bueno, quizá el retorno no. Quizá nunca se fue pero no estaba en la puerta de casa. 

La jerarquía de la muerte y la violencia de género

La jerarquía de la muerte es un proceso mediático ampliamente conocido por el cual la muerte se jerarquiza informativamente en función de los mecanismos de identificación con las víctimas. De esa manera es más importante la muerte de alguien semejante a nosotros que la de alguien no semejante. Por tanto mediáticamente tendrá más repercusión la muerte de un español en Turquía que la muerte de un somalí es Somalia. Es un consenso ampliamente asimilado que esto es así porque las características del concepto noticia condicionan los mecanismos de jerarquización. 



El sistema se convierte en más sofisticado cuando los matices de la jerarquía de la muerte se perfilan con más intensidad. Entre dos víctimas españolas el perímetro de la jerarquía de la muerte ya no queda tan claro y los matices de estrato social, género o incluso aspecto físico empiezan a salir a la luz. Es ahí donde la visibilidad llega condicionada por una acción coordinada y decidida que actúa de lupa mediática. Aún así la jerarquía de la muerte no deja ser una manera cruel de clasificar la muerte y otorgar visibilidad a unas y no a otras. El caso de las desapariciones en España es bastante evidente, unos llegan a ser mediáticos cuando revisten las características para serlo y ocupan portadas y minutaje mientras otros casos no llegan ni a aparecer. Es decir, que las -especialmente- televisiones deciden una especie de jerarquía de la muerte en función de sus características narrativas y colocan a su servicio la desgracia de la gente para conseguir audiencia. Esto no resta ni pizca de importancia ni a los casos relegados ni a los casos señalados. Simplemente muestra la crueldad del sistema mediático basado en publicidad y audiencias que requiere de un feedback inmediato y masivo para sostenerse y aleja los principios del periodismo de la praxis cotidiana.

El concepto de lo mediático y lo viral incluye básicamente algunas características comunes pero distan todavía de ser lo mismo. Lo mediático viene definido por aspectos como la proximidad, la identificación y la existencia de emociones básicas involucradas, pulsiones que definen tanto la capacidad de entendimiento y comprensión como la generación de identificación inmediata que facilite el aumento de la atención prestada. Lo mediático es lo que evita que cambies de canal ante el visionado de una pieza audiovisual.

Llegados a este punto el caso de la violencia de género y especialmente del asesinato de género es un caso paradigmático para analizar. Aunque resulte cínico, es un claro triunfo del movimiento feminista haber situado el terrorismo de género en la cumbre de la jerarquía de la muerte interna. Pero un análisis escéptico y necesario para desgranar los dogmas vislumbra algunas sombras en este espacio dominante.

¿Por qué los medios incluyen el asesinato de género como cumbre de la visibilidad en la jerarquía de la muerte interna?

Veamos otros ejemplos de muerte violenta y tratemos de diferenciar su tratamientos mediático. El año 2015 marcó un mínimo histórico en la muerte por accidentes de tráfico pero murieron 1.126 personas (hombres y mujeres). Casi ninguna de esas muertes tuvo titulares sino que ocupan colas y breves en las páginas/minutos de sucesos. Quizá en verano ante el descenso cuantitativo de noticias ocupen una mayor superficie. Se trata de muertes más invisibles, muertes a las que nos hemos acostumbrado, muertes asumidas y descontadas por la industria del automóvil.
Lógicamente, en este caso se trata de muertes estructurales. Una primera refutación lógica podría ser que no se trata de muertes cuyo elemento subyacente es cultural (machista) pero no es menos cierto que la "cultura" de la conducción es manifiestamente mejorable. Sin embargo, el camino de reducción de víctimas parece ya costoso, es decir, por más que se insista en campañas de prevención en la conducción en incluso sanciones parece que el concepto "mínimo histórico" constriñe la visibilidad mediática de las muertes por accidente de tráfico.

Otro caso de violencia y muerte estructural es la muerte de más de 32.000 personas al año en situación de dependencia -unas 90 al día- por falta de atención médica. Muertes evitables mediante una decisión presupuestaria y de recursos. Sin embargo, la cobertura mediática de estas muertes es escasa, prácticamente inexistente en los informativos diarios y algo más en el formato de reportaje. El recorrido de coste marginal de concienciación y curación presupuestaria es muy amplio pero en este caso la visibilidad tampoco parece interesar a los medios informativo porque encuentran dificultades narrativas y de concreción a la hora de contarlo. Por no hablar del hecho de que su cobertura mediática colapsaria cualquier informativo.

Finalmente, otra cifra relevante es la muerte de más de 900 personas al año por accidente laboral que tampoco reciben un tratamiento mediático relevante salvo en el caso de la cifra global. Pocas veces ocupan portadas o titulares y quedan relegados a colas y breves en los que se suele hablar de "desgraciado accidente" cuando las empresas no consiguen taparlos. La muerte laboral también tiene sesgo cultural (capitalista económico en este caso) en el que las empresas intentan ahorrar dinero y reducir costes en cuestiones de prevención y actúan de lobby para tapar los casos y las cifras que les perjudican a su imagen. En banca he conocido casos de suicidio de compañeros de banca cuya narrativa podría ocupar portadas y titulares y que han pasado bajo el ninguneo mediático más generalizado fuera de los medios locales.

El caso del asesinato de género, sin embargo, ocupa piezas completas y titulares. Cuantitativamente desde el año 2007 se mueve entre las 57 víctimas y las 84 víctimas anuales. Cuantitativamente es el menor de los casos analizados con mucha diferencia. Cualitativamente es dificil discernir el perímetro de la jerarquía de la muerte desde el punto de vista estrictmente conceptual. Sin embargo, los medios parecen tenerlo muy claro.

¿Por qué el asesinato de género tiene tanto éxito como noticia en los medios? Básicamente porque reviste las características de lo mediático. Es asumible en cantidad, tiene una narrativa concreta y entendible, es tangible y próximo, es aleatorio y transversal con lo que genera identificación inmediata y entra en la sección de sucesos que sigue siendo una fuente de audiencia desmedida. Así funciona la crueldad informativa.

Esta disquisición mediática es determinante a la hora de analizar determinados posicionamientos y transiciones de los feminismos actuales. Nadie puede pensar que lo mediático no está relacionado con lo social. La visibilidad informativa genera repercusión social y la invisibilidad informativa genera desafección social. Nadie entiene la irrupción de Podemos sin el éxito mediático primero del 15M y después del coleta. Existe un sustrato social subyacente pero el éxito mediático actúa de lupa para encender el fuego.

Fijada esa premisa básica el asesinato de género se ha convertido en un tótem. Criminológicamente habría que analizar si la variabilidad de su frecuencia y cantidad permite obtener grandes resultados aumentando su visibilidad o por el contrario su visibilidad actúa como acicate para la testosterona y los delirios de gloria del asesino que ve colmado con "fama" su denigrante acción.

Esta gran visibilidad mediática se sostiene conceptualmente desde el igualitarismo de género fácilmente: un cambio cultural requiere la creación de censura social para acceder a un paradigma nuevo. Lamentablemente ese no es el juego de los medios de comunicación. Los medios han detectado un yacimiento de audiencia secundado socialmente con un amplio consenso. Se trata de una condena mediática aconflictual e incontrovertible con narrativa de sucesos. Y deciden un determinado tratamiento informativo que favorezca sus intereses.

Una de las reflexiones escépticas que más debería hacer el feminismo tras el triunfo de colocar el asesinato de género como cima de la jerarquía de la muerte en España es como enfocar la visibilidad del asesinato de género desde el punto de vista mediático. La primera reflexión debería ser si esa visibilidad azuza al verdugo o conciencia a la víctima (cuántas no habían denunciado a sus asesinos?) y como gestionar esa dualidad. La segunda reflexión sería como gestionar el foco mediático. Actualmente está dirigido a la víctima (sociedad mira a futuras víctimas para que se alejen de sus asesinos potenciales) y no se valora el foco del verdugo (sociedad destruye los círculos concéntricos que sustentan el asesinato de género).
Criminológicamente habría que revisar la distribución de esfuerzos en la jerarquía de la muerte ya que quizá los costes marginales de éxito sean más útiles en una distribución diferente.

Otra las posibles reflexiones escépticas del feminismo que podría aportar el igualitarismo de género dual (desde el punto de vista de los dos géneros) es determinar el perímetro del foco sobre la muerte frente al fenómeno más amplio como son las violencias machistas. Determinar cuál es el peso de la muerte frente a círculos más amplios dejaría fuera de toda duda si el "asesinato de género" y sus rituales posteriores no están actuando de "niebla" que te permite ver solamente en el corto plazo.

La deriva de una parte del feminismo hacia el dogma que incluye un pack ideológico unido por lazos que entroncan con una cierta mística o teoría de la salvación hace necesarias alguna reflexiones que parecen frías e incluso cínicas pero necesarias para que la inercia no se haga cargo de la dirección del timón. Entre esos dogmas aparecen varios de los temas analizados. La poca visibilidad del terrorismo machista sería uno de ellos (¿es real?), otro podría ser que bajo cada crimen de un hombre hacía una mujer subyace siempre el paradigma machista (siempre es así?) y finalmente habría que considerar si la muerte es útil como termómetro presupuestario y de esfuerzo institucional así como de visibilidad mediática o deben buscarse alternativas corales que diversifiquen la evaluación del éxito.  

Quizá sería buen momento para empezar a hablar de feminismos o de igualitarismo de género dual donde aparezca un espacio masculino con aportación desde la percepción de la capacidad para empatizar de cada género con sus congéneres y la voluntad de construir una convivencia menos tóxica y menos machista. En todo caso es fundamental aplicar un barniz escéptico a todo lo que nos rodea. Ya se vislumbra un feminismo inclusivo y un feminismo exclusivo. Uno que busca la complicidad del género masculino y otro que busca su adhesión incondicional subsidiaria.
Y finalmente existe el riesgo de que la marca "feminismo" se estigmatice (si no lo está ya) de manera negativa. El lenguaje es el espíritu del pensamiento con lo que las palabras evocan emociones y la precisión es la guillotina del futuro. Si todo lo que no es feminismo es machismo la polarización nos hace perdernos en la niebla. Y no es fácil vivir separados en un banco de niebla.


¿Quién protege a una montaña?

La cuestión de la renovación de la  autorización a la multinacional Lafarge para seguir extrayendo su materia prima en la montaña de Romeu es uno de los mejores tableros de ajedrez donde poder observar la partida del final de una era y el inicio de otra. Un mundo que se acaba y otro que empieza.



La actividad de la multinacional Lafarge es la mejor metáfora de actividad extractivista pura. Extrae su materia prima del corazón de un bien común: una montaña. La montaña es la mejor metáfora de la naturaleza como bien atacado por la voracidad humana. El cemento es el símbolo de la invasión de espacios naturales conquistados y enterrado bajo el hormigón y el asfalto.

Además Lafarge simboliza como nadie la mentalidad de mendicidad laboral del histórico núcleo industrial del Puerto frente a un medio ambiente que siempre salió perdiendo y que además está geográficamente en el núcleo de enfrente. Una vez más se pretende polarizar y someter un tema al carbono 14 de la segregación por motivos casi étnicos basados en un especie de ADN industrial que tiene que soportar todo tipo de costes de salud y ambientales. El segregacionismo continua intentando envenenar la convivencia en sus últimos coletazos de carencia de sentido existencial desde que la ley prácticamente prohibe las segregaciones municipales.

Todavía hay más símbolos y vectores en este tema del que apenas vemos manchas que no nos dejan ver el fondo del charco. El sindicalismo parece atrapado y secuestrado por la necesidad ontológica de sentirse parte de la empresa. El sindicalismo tiene que convivir necesariamente con la tensión entre medio ambiente y empleo. Y la fijación del perímetro no es fácil de trazar pero se entiende fácilmente cuando se habla de centrales nucleares. También las centrales nucleares creaban y crearían empleo pero hemos considerado que los intereses generales priman sobre esos hipotéticos empleos. El caso de Lafarge es nuclear y central, sin ser una central nuclear.

En el caso de Lafarge el movimiento de los trabajadores se mueve entre la necesidad de empatizar con las personas que sienten incertidumbre ante una posible pérdida del empleo y la timidez de saber que realmente la empresa parece tener tomada una decisión de declive técnico. La plantilla está desbocada por su preocupación y no deja las riendas de la racionalidad a quienes todavía podrían mantener la calma de una presión sindical saludable. La empresa parece usar al comité de empresa como rehén o escudo humanos en una táctica negociadora muy sucia que subasta la desesperación de las familias. Sin embargo, no parece haber indicios de racionalidad en esa conducta. Todo parece indicar que la actividad dará para 18 años más y dificilmente la media de edad de esa plantilla bajará de los cuarenta con lo que la jubilación parece prácticamente asegurada.
Convocar una manifestación por el empleo sin el logo de Lafarge es brindar al sol. Bosal se enorgullecía de su lucha. La posición sindical más sensata pasa por preparar la etapa final atando cabos. Lafarge languidecerá en un mundo que no puede incluir tanto cemento, por eso se sube a esa balsa para naufragos de incinerar de todo, porque su actividad principal se está agotando. Saber anticipar el cambio y buscar otro queso es una habilidad que no todos los ratones tienen. Muchos se quedan buscando el queso que les quitaron atrapados en una trampa tendida por Lafarge y que sus fotos de reputación social corporativa no han conseguido tapar.

Y finalmente el símbolo supremo del final del tardocapitalismo, la multinacional Lafarge que no quiere someterse al poder político. Las multinacionales se han convertido en las nuevas naciones soberanas por encima de los estados. Lafarge se siente retada por un pequeño ayuntamiento y ningunea la negociación con la guillotina de la imposición del miedo de cerrar la fábrica de Sagunto. Esa soberbia empresarial que impone y filtra informes de expertos comprados con dinero y contabilidades analíticas que hacen viable o inviable a gusto del directivo buitre una determinada franquicia territorial. Lafarge envenena la negociación con datos de parte y en el mundo de la postverdad cualquier cosa puede parecerlo. Se esconde detrás de los trabajadores para no dar la cara, se ausenta de las mesas de negociación. Juega sucio. Tan sucios como nos deja los coches, las ropas y los pulmones a las miles de personas que hemos vivido a su vera. No hay más que colgar una sábana blanca en la ventana y recogerla días después. No hay más que pasar un dedo por el coche.

Lafarge ya no cuadra en un modelo de ciudad que hemos trazado entre todos incluso con vaivenes políticos y que cristaliza en el momento actual con tres pilares: Parc Sagunt como plataforma logística, la declaración de Patrimonio de la Humanidad como eje turístico y la conversión a la plena sociedad de servicios de las zonas comerciales intermedias que fusionaran lo que no fusionó la política. En ese puzle la pieza de Lafarge carece de sentido y la empresa lo sabe. Todos los sabemos. Parece estar buscando una coartada para cometer sus habituales crímenes laborales. Parece querer buscar un motivo para justificarse. Y utiliza a sus trabajadores en una partida de ajedrez con las cartas marcadas y demasiados ases en la manga.

La empresa sabe que el declive está cerca en esta zona del mundo. Por eso somete nuevas zonas de extracción en otros países. Se mueve como los piratas allá donde están los barcos que transportan su oro barato. La empresa y su soberbia negociadora dilata los plazos pero nadie parece querer gritarle en la cara su desfachatez. La desfachatez de querer que su ventaja comparativa la paguemos entre todos. La desfachatez de que nos traguemos su competitividad por los pulmones. Una fea causa, una causa antipática.

Si quieren un día calibrar la dimensión del problema pueden entrar en Google Earth y comparar el tamaño del agujero de Romeu con el tamaño de Canet, de Sagunto o del Puerto. Y se darán cuenta de la magnitud de la catátrofe. Si la montaña fuera arena junto al mar todos estaríamos defendiéndola, porque la arena se llama turismo, porque la arena es donde juegan nuestros hijos, porque la arena forma parte de nuestras vidas pero y una montñana ¿Quién protege a una montaña?

El Síndrome Lahuerta del fanatismo escéptico

Quien mejor ha retratado la penitencia del fanatismo escéptico deportivo ha sido Rafa Lahuerta en su libro La Balada del Bar Torino. Es un libro trenzado de tres hilos. Por un lado una autobiografía terapéutica limpia y pulcra, por el otro un monólogo interior de interrogantes existenciales, una especie de trivial de la maduración intelectual y personal, y finalmente una pasión desatada: el Valencia CF. 


Yo tengo el Síndrome Lahuerta. Me confieso de mi primer fanatismo: el Valencia. En mi modesta colaboración con el blog Últimes vesprades a Mestalla intenté describir lo que sentía un niño de catorce años al ver por primera vez las luces de Mestalla. Aquella luz blanca que iluminaba el cielo y que era una caja de exaltación, gritos, instintos y fe.

Quizá le dediqué demasiado tiempo al fútbol. No a jugarlo. Pero sí a mirarlo y admirarlo. Es una tendencia obsesiva que se desató así. Y seguramente me protegió de bosques más oscuros. Ojalá hubiera jugado más y mejor. Algunos de los momentos más felices que he vivido han sido dentro de un campo de fútbol. Si puedo describir la felicidad es como un balón elevado en el minuto noventa que peinas hacia atrás y el portero no consigue atajar. Y ganas el partido. Quizá eso sea la felicidad.

El Síndrome Lahuerta son unas arenas movedizas en las que cuanto más te mueves, más te hundes. Deambulas por Mestalla intentando fingir una nueva primera vez pero acabas refugiado en la soledad de una grada desde donde el fútbol se ve desde lejos y la ciudad se ve un poco más cerca.

Madurar es básicamente un proceso de decepción. Esto también forma parte del síndrome. Una decepción de una grandilocuencia que funcionó como refugio durante un tiempo. Una general de pie donde se fingía una ferocidad que casi nadie era capaz de sostener. El urbanismo del poble de Mestalla nos conducía a una épica de la salvación y el renacimiento. Para cuando llegaron los títulos ya sabíamos que no éramos imprescindibles. En la isla desierta había ya demasiada gente. Lo mejor de una secta minoritaria es su determinación y convicción, su esperanza en la existencia de una tierra prometida.

Crecimos en una causa perdida desde la raíces de la segunda división, donde cada nuevo fichaje era una apuesta de casino. Después vimos destellos de magia, vilipendiamos a nuestros gladiadores como en cualquier otro circo romano, soltamos lágrimas en la lluvia, y un día llegó el orgasmo de un doblete, el Olimpo de finales de Champions y la borrachera del ladrillo de un estadio que ha vivido demasiadas "últimes vesprades".

Invertimos demasiada ilusión demasiado pronto y quizá se nos gastó de tanto usarla. El exceso de ilusión conduce al idilio y lo idílico siempre decepciona. Leyendo a Rafa Lahuerta uno se da cuenta de que las causas son más bonitas que las personas que las defienden. Una mirada transversal de la ciudad y su equipo, sus amores y divorcios, sus radiografías y fotografías. Una mirada instrospectiva que sacude incoherencias y decisiones, los complejos que escondimos en el vestuario, las vidas alternativas que dejamos de vivir durante noventa minutos, las miradas al marcador de nuestras vidas para comprobar si íbamos bien y la banda sonora de nuestros descansos.

El síndrome Lahuerta es el que te conduce a meter el fútbol entre lineas, el que describe tu patria metida dentro del área defendiendo un resultado. El Síndrome Lahuerta todavía aplaude cuando dicen la recaudación en el descanso como el que contribuye a reparar un cataclismo. La épica del ave fénix, resurgir de las cenizas. No hay nada más valenciano. O quizá sí. La pólvora de la celebración de una alegría compartida por gente que ya no comparte casi nada. La presencia inexplicable de la pólvora prohibida.

El síndrome Lahuerta es que el une tu itinerario vital al calendario de liga. Es el mismo que todavía pone las banderas en el orden de la clasificación mientras esperas. Esperas. Siempre esperas. Miras a tu alrededor y ves un mundo dentro de otro mundo. Desordenado y caótico, con ritmos desacompasados de gente que compra la ilusión que tú vendiste hace años. Ahora buscas un destello, antes huías del miedo. Ahora cierras los ojos, antes no parpadeabas. Antes soñabas, ahora duermes. Porque aquello fue una hoguera en la que quemaste demasiados últimos minutos de descuento. Y sin embargo, algo te hipnotiza a meterte entre los túneles de ese mundo. Cavas túneles subterráneos con tal de estar en contacto con Mestalla. Cada vez que pasas con el coche miras de reojo lo que un día sentiste. Como una mujer admirada desde lejos, fuera de tu alcance, un amor de verano adolescente que pudo ser. Te gustaría volver a sentir una primera vez y detestas pensar que alguna será la última.

El Síndrome Lahuerta fue el origen del "sentiment". Un sufrimiento al borde de la histeria de una mezcla de frustración y esperanza mezcladas con poco hielo y una tónica demasiado amarga. Una generación obsesionada con la resurrección sociofutbolística de una tierra con demasiada luz y demasiado amor. Una generación que compró todas las acciones de "trellat" que pudo y poco a poco se dio cuenta de que Rafa tiene razón. Hay dos tipos de valencianistas: los que vienen a servir y los que vienen a servirse. Los primeros son humildes, pacientes y perseverantes, un poco criticones, pero leales hasta la muerte. Porque un hombre puede cambiar de todo excepto de pasión. Los segundos son los que escriben la historia reciente con letra de palco.

Gracias Rafa por contagiarme el Síndrome Lahuerta, por reecontrarme con mis decisiones, por inmiscuirte en mis sueños, por compartir mis pasiones. Enhorabuena por tu libro. 

¿Por qué deberíamos tener miedo de los Pokemon?

La aparición y éxito de Pokemon Go! es un episodio más de la profecía de Debord donde realidad y ficción se confunden en la sociedad del espectáculo. Sin embargo, Pokemon Go! es un paso importante y un punto de inflexión diferente desde el punto de vista conceptual. 

Hasta ahora el espectáculo mediado entraba a nuestro ámbito privado mediante pantallas. La cuestión es que el fenómeno de la espectacularización de casi todo era un reducto interno, mediado socialmente por empresas. Así contemplamos las noticias que suceden en nuestra propia ciudad o jugamos a los videojuegos más violentos. Lo hacemos en casa, en un espacio privado e íntimo. Esa invasión desde el exterior determinaba un marco donde realidad y ficción permanecían ligeramente separadas.

Pokemon Go! ha roto con esa referencia. Pokemon Go! lleva la ficción a la calle, convierte todo el espacio común en un gran espectáculo. Saca fuera la ficción, la socializa, la convierte en un elemento de intercambio e interacción, en una experiencia compartida y exterior, una moneda de cambio social, un guión de conversaciones futuras. Y esto es muy relevante.

La salida al exterior del campo de la ficción revienta completamente las costuras de la segregación entre realidad y ficción. Las pocas fronteras claras que quedaban se desvanecen. Es la primera semilla de un camino por recorrer que el tardocapitalismo recorrerá sin duda y sin escrúpulos. La ficción se inserta en la realidad y la hace más confusa, menos clara, más interpretable, más dispersa en puntos de vista. Donde yo no veo nada, un niño ve un Pokemon. Donde yo no siento nada, un niño siente entusiasmo. Hemos vivido dos experiencias diferentes. Eso siempre ha ocurrido. La diferencia es que ahora no es el sujeto quien determina la diferencia sino el objeto de la propia experiencia.

La primera pregunta que deberíamos hacernos para tener miedo de los Pokemon es si -tras dejar de compartir pantalla- ahora vamos a dejar de compartir realidad, es decir, si el mundo experiencial presencial ha sido contaminado por el virtual. Hasta ahora el mundo presencial, mediático y virtual tenían sus vectores de relación y también sus muros de contención que permitían  una cierta higiene mental. Con Pokemon Go! el mundo virtual sale de las mentes a la calle. No hay duda que lo virtual es tan real como lo presencial aunque la tecnofobia nos ciegue. Enamorarse por Internet es ya tan real como enamorarse en el trabajo. La cuestión es si los pequeños Pokemon han venido a decirnos que en breve ya no compartiremos la misma experiencia, no veremos las mismas cosas aunque miremos hacia el mismo sitio, porque ahora puede haber unos pequeños seres diferentes.

El entretenimiento sale de casa y se instala en cualquier rincón. Se multiplican las ventas de baterías externas. La espectacularización de todo hace que cualquier economía se convierta en ficción y se suba a la nube de cualquier burbuja. Básicamente porque toda la sociedad juega a algo bajo estos parámetros.

Ahora son pequeños seres inexistentes de dibujos animados pero estamos en la prehistoria de la era tecnológica. Pronto quizá haya seres humanos en lugar de Pokemon, quizá los podamos matar o tener sexo, las gafas de realidad virtual quizá sean una manera más segura de viajar y vivir la experiencia, quizá ya no haga falta saber esquiar para esquiar o un barco para navegar. Quizá la experiencia virtual sustituya progresivamente a la experiencia presencial y será entonces cuando los Pokemon se dediquen a cazar humanos y se consume la venganza de la épica de Frankenstein. 

Sector27/ Lubo, Lubo

Algunos han tenido la suerte de ver a los mejores jugadores del mundo. Yo solamente tuve la suerte de ver a Lubo. Lubo se llamaba Luboslav pero era como un amigo, así que decidimos llamarlo Lubo. Mezclaba las mejillas sonrosadas de la ingenuidad de los fichajes del Este con una boca abierta que lo convertía en un jugador ausente, disperso pero que siempre aparecía con picardía y tensión. Lubo parecía un niño grande cuando llegó. Probablemente es lo que siempre fue. 


Lubo era búlgaro. Los fichajes que venían del Este eran el mercado "low cost" de los secretarios técnicos de Europa. Si conseguías que se aclimatará al nuevo mundo lo tenías casi todo.

Lubo era grande, muy alto, pero era un alto con alma de bajito. Caía al suelo con la facilidad y el estilo de un extremo frágil. Sus dos piernas permanecían juntas, en paralelo, para crear una caída que de tan bella parecía increíble para todo excepto para el árbitro que se las pitaba todas. Su fragilidad a conveniencia contrastaba con su fortaleza ante el envite cuando lo necesitaba. La absoluta certeza de que el balón estaría protegido y en el suelo mientras el resto del equipo se incorporaba lentamente. Lubo pertenecía a ese subconjunto de jugadores altos cuyo remate de cabeza es torpe y casi inexistente. Creo que Lubo no era más que la carcasa de un jugador bajito que jugaba dentro de él. Un gigante que inexplicabalemente centraba mejor de lo que remataba.

Lubo era nuestro palo mayor. Por aquella época el Valencia no practicaba el fútbol que quería sino el que podía. El Valencia siempre ha funcionado mejor desde el esfuerzo y la humildad de la necesidad que desde la grandilocuencia y el estilo. El fútbol de futbolin todavía no había llegado. Los toques existían, las circulaciones existían, pero las lineas no estaban tan milimetradas y los pases no caían en el pasivo de balonmano.
El Valencia de aquella época era un Valencia de diagonales. Los centrocampistas de ambas bandas se cuidaban muy mucho de ocupar las caídas en banda de Lubo. Lubo necesita mucho campo. Dejaba libre  un espacio en banda. El balón acababa en ese espacio donde Lubo sabía que estaba solo frente a su marcador. Recibía de espaldas y todo Mestalla sabía que acabaría por darse la vuelta. En otros momentos decidía aliviar al equipo y esperar un simple toque por detrás y entonces el gigante caía. Los jugadores respiraban, cogían aire, y Mestalla esperaba un balón parado. Los balones parados siempre son la esperanza de algo cuando no tienes un equipo que vuele sobre el balón.

Y además era zurdo. Los zurdos siempre desconciertan porque saben hacer lo mismo que tú y algo más. Miran el mundo desde el otro lado. Te cambian la perspectiva.

Lubo te humillaba porque recibía de espaldas, conseguía darse la vuelta, te hacía un caño, se tiraba y sacaba una tarjeta justo en el momento en el que la debilidad del equipo no daba para más.
Lubo era de esos jugadores-descanso. Cuando nadie sabía qué hacer con el balón, mandaba  un balón al espacio para que se dejara caer en banda Lubo. Y entonces todo sabíamos que se abría un reto. Esa zona del campo se convertía en un duelo del oeste. Era Lubo contra su marcaje. Era un partido aparte. Parecía extraño que en un campo donde había veintidós jugadores Lubo encontrara tanto espacio para crear un mundo aparte. Pero en aquella época existía. Todavía había espacios antes de que la férrea táctica de los superentrenadores existiera.

Lubo creció entre nosotros y se hizo mayor. Se acostumbró más a la noche que al día de Valencia. Era ese amigo golfo que veías por la noche y luego en el partido se salía. Salía incluso en pretemporada. No lo podía evitar. El choque entre Bulgaria y España era demasiado alto. Y Valencia entonces era la capital mundial de la fiesta. Las leyendas se forjan dentro y fuera del campo. Hablaba de forma atropellada con tanta contundencia que parecía chulesco pero eso le daba carisma. Cara de niño y timbre de voz de tenor ruso.

Lubo era el amigo de la afición al que le perdonas cosas que a otros no le perdonabas. Así que fuimos todos a su habitación de hospital cuando le detectaron el tumor. Lubo cambió de club y consiguió más éxitos que en Mestalla pero durante muchos años cuando el Valencia se ve acorralado en defensa, en Mestalla todavía había alguien que esperaba un balón largo al espacio abierto. Ojalá todo se solucionara como cuando estaba Lubo.

Blaverisme, valencianisme, catalanisme, el post que no va sobre el que penses

Recorde perfectament les mirades dels meus companys de classe de la línia en valencià de Dret allà per l'any 90 quan vaig deixar la carpeta damunt la taula. La meua carpeta era un dels tresors de la meua obsessió valencianista. Jugadors retallats, escuts i un "collage" que després cobria amb adhesiu transparent. Fins i tot protegia els cantons amb cartes de la baralla amb cinta aïllant. Ben pensat era tota una metàfora de la meua vida. Una carpeta artesanal, creativa i amb els elements que tenia per casa. 

En aquella època no era fàcil aconseguir fotos del València CF en color. El Don Balón donava poques oportunitats. La majoria les podies aconseguir en blanc i negre dels diaris però en color era ben complicat. Els meus companys de classe no eren molt sabuts de futbol. Per tant, miraven de manera estranya la presència d'una ícona blavera en una classe bàsicament de catalanistes. En aquella època eixes etiquetes eren una espècie de "pack" i havies de triar. Probablement ells mai no s'arribaren a fixar que jo havia trobat un dels pocs escuts del València que tenia la franja blanca que jo considerava més històrica que la blava.

No va ser aquell l'únic exercici d'equilibrisme ideològic al qual em vaig enfrontar. Quan Las Provincias en plena Batalla de València va decidir començar el seu col·leccionable sobre la història del València jo no sabia massa bé com de complicat era el tema de la identitat valenciana. En casa estava claríssim. Una senyera sense blau, la música de banda, el pasdoble però també d'Al Tall i Pavesos, la pòlvora, la falla, la llengua d'Enric Valor, la història de Sanchis Guarner i el pensament de Fuster. Només ha sigut de ben major que he pogut albirar com de precursor ideològicament va ser mon pare ajuntant tot això. Jo hi vaig afegir, per complicar-ho encara més, al València.
El meu repte d'adolescent va ser portar Las Provincias a casa d'un "catalaniste" com se suposava que era mon pare. Potser gràcies a això sé el que va significar el Bunker Barraqueta i el Cabinista. Potser gràcies a això vaig saber de ben xicotet com funcionava la manipulació informativa. Aquell col·lecionable era del València però la curiositat d'un xiquet obsessiu va anar més enllà.

Xiquet de bones notes sabia per formació a casa i a classe que valencià i català formaven part del mateix domini lingüístic. A pesar d'això sempre he sigut conscient que valencians i catalans no formàvem part del mateix domini polític. Catalunya no ha tingut mai massa interés en mirar cap a altre lloc que foren ells mateixa. I els valencians havíem de trobar un camí propi. Tot això probablement ho vaig entendre gràcies a la rivalitat Barça-València que després s'obriria també al Madrid amb el traspàs de Mitjatovic. El Barça té un estil. El València té un altre. Això és així. La vida és futbol. La política potser també.

En algún lloc de "Nosaltres els valencians" deu posar que no t'ha d'agradar el futbol, però jo no l'he trobat. També deu posar que si t'agrada el futbol has de ser del Barça que és l'equip intel·lectual. Jo vaig optar per ser "xoto" i viure al poble de Mestalla. Allò em va convidar a sobreposar-me a un fum d'aparents contradiccions i incoherències. Sobreviure a les incoherències és l'exercici ideològic més complicat d'una persona i un col·lectiu.

Si anaves a Mestalla sabies que simplemente era un espill de la societat. El València i el seu país interactuaven constantment. Per tant, treballar des de Mestalla era també canviar el País Valencià. De fet Mestalla ha sigut clarament l'espill d'una certa recuperació lingüística; com quan a la final de Milà es va parlar exclusivament en valencià i ni una paraula en castellà. Tu sabies que una passió és només la via d'escapament d'una raó incontrolada. El naixement del Gol Gran no es pot entendre sense aquesta evolució social valenciana de voler superar una superideologització paralitzant, un bloqueig de suma zero dels dos grans packs de la transició. Gol Gran naixia enfront de Yomus, just a l'altre costat precisament per marcar distàncies, per assenyalar les diferències, com un esglaó superior, un altre pis.

Poc a poc ser del València i saber de futbol va ser més normal en el "pack" catalanista de València. Els èxits dels primers anys del mil·leni ajudaren a acompanyar a milers de xiquets de la línia en València que desitjaven una mitomania valenciana. Albelda es va convertir en el primer futbolista anticentralista nascut a les comarques. Tot tenia sentit mentre el propi València i el País entraven en un sense sentit.

Després de tot aquell esforç per fer entendre que els fenòmens populars com ara el futbol havien de ser assumits i digerits pel nacionalisme valencià com a part de la seua essència. Després de tot allò el futbol modern i el València modern ha acabat immers en un procés de desarrelament que em fa tornar a amagar-me darrere de la raó per trobar un espai per a la meua passió. El futbol modern ja no cap en la meua carpeta. I jo tampoc vull formar part de cap pack ideològic. Probablement això forma part de la meua al·lèrgia a formar part de cap grup. Una forma de reivindicar la individualitat com a única manera de revifar allò col·lectiu. 

¿Quién se ocupa de los adultos con alta capacidad intelectual?

La literatura científica sobre alta capacidad está inequívocamente destinada a estudiar a los niños. Hay varias razones para que esto sea así. La disincronía emocional-cronológica que presentan es mayor cuánto más pequeños son, además la detección precoz de la alta capacidad es fundamental para que crezcan en armonía y un equilibrio complejo. Finalmente por cuestiones de negocio los padres están dispuestos a asumir gastos en terapias con tal de no verles sufrir. 

La alta capacidad en España es un "descubrimiento" reciente. Los diagnósticos son escasos por falta de implicación de las instituciones. La derecha educativa les exige excelencia y la izquierda educativa los incluye como furgón de cola en la diversidad intelectual. Primero atiende los percentiles bajos considerando que los percentiles altos son más un capricho que un problema.

Se considera que un 10% de la población tiene alta capacidad intelectual o inteligencia superior. En este contexto de desidia institucional y social respecto al talento podemos decir que una de cada diez personas que conocemos (quizá más dependiendo del ámbito en el que nos movemos) tiene alta capacidad intelectual y no lo sabe. No conoce por qué su mente funciona como funciona. Desconoce el por qué de algunas de sus "manías". Quizá incluso haya desarrollado mecanismos de adaptación disfrazando o escondiendo su coeficiente intelectual (esto es muy frecuente en las mujeres).

Con el tiempo las disincronías entre la edad mental y la edad cronológica disminuyen pero hay un conjunto de características que permanecerán en el tiempo y llegarán a la edad adulta. Si además el niño o la niña no fue reconocido como de inteligencia superior puede haber crecido entre traumas de rechazo y falta de aceptación social. Y con esas armas deberá afrontar la edad adulta y un mundo laboral donde el tardocapitalismo no suele valorar las características que hacen fuerte a una persona de alta capacidad.

Pocas lecturas -apenas algún apartado- hay sobre alta capacidad en la edad adulta. Sin embargo, muchas de las conductas de inadaptación pueden, además, verse potenciadas durante la edad adulta por diversas razones:


  • El mundo laboral no premia la creatividad. El capitalismo requiere que cada celda de trabajo conozca un nivel de información y no más, es decir, que realice su función según se le ha encomendado sin pensar otras maneras de hacerlo. Las personas adultas con alta capacidad siguen teniendo una enorme creatividad con lo que son capaces de ver nuevas maneras de hacer las cosas que se desconsideran generando desánimo, desilusión y desafección con el proyecto. 
  • El antiefecto gregario. En los países de raíz católica la exégesis está reservada a las élites dirigentes. Eso quiere decir que la élites de un colectivo del tipo que sea detectan las opiniones divergentes como un problema para su estatus. De alguna manera consideran que se les está cuestionando. Sin embargo, el alto grado de inteligencia lógicoanalítica de las personas con alta capacidad puede conducir a un escepticismo e inadaptación al grupo al considerar más variables de las que son necesarias y exponerlas de manera anticipada. De alguna manera, la persona con alta capacidad es capaz de detectar más problemas y más pronto. Eso podría ser una ventaja para una organización pero también un grave problema si nadie más es capaz de ver y entender esas amenazas. Además la mente de las personas con alta capacidad no funciona de manera grupal ni social, sino de manera individual y en base a sus propias conclusiones, lo que hace difícil que detecte estrategias sociales a su alrededor y simplemente ofrezca sus opiniones en momentos y lugares inadecuados. 
  • La introversión. La introversión y la extroversión son mecanismos que se cruzan con la genética del coeficiente intelectual. Si la persona con alta capacidad es extrovertida es más fácil que adopte de manera precoz mecanismos de adaptación social. Pero si la persona de alta capacidad es introvertida puede permanecer eternamente inadaptada. Cuestiones como el exceso sensorial hacen que la persona de alta capacidad mantenga una actitud antisocial de descanso, trastornos alimentarios por texturas, que evite el contacto y la invasión de espacio vital (tan importante en el mediterráneo), que le perturbe el ruido, que busque espacios interiores para descansar, que multiplique pequeñas molestias que a los demás parecen no afectarle. Esto dificulta la sociabilidad también en la edad adulta. Las relaciones sentimentales se convierten en una redefinición de reglas de convivencia que otras personas consideran maniáticas.  La dictadura de los extrovertidos te pone un doble estigma: demasiado inteligente y demasiado introvertido. 
  • La sociedad de servicios obliga a sostener varios dogmas. Uno de ellos es la sociabilidad, la capacidad para relacionarse con los demás, para obtener tu salario. Los oficios en soledad escasean. La persona con alta capacidad ha crecido normalmente bajo la etiqueta de raro o diferente. Es habitual que a una persona con alta capacidad le cueste funcionar en equipo dada la lentitud de los grupos. La teoría dice que un grupo va tan lento como el más lento del grupo. Sucede en las clases y sucede en las empresas. Suele contribuir el hecho de una especie de clarividencia intuitiva frecuente también en las personas de alta capacidad que determina la solución a  un problema con mucha más rapidez sin saber exactamente el por qué. A las personas con alta capacidad les cuesta funcionar en grupo, porque mientras los demás siguen con la tarea esa persona ya hace rato que la acabó y busca otra porque se aburre. Eso sigue ocurriendo en el mundo adulto. 
  • La superemocionalidad. Uno de los retos que debe afrontar un adulto con alta capacidad es sobrevivir a un ritmo emocional para gente cuyas huellas emocionales son inferiores. El cine, la televisión, las redes sociales, las noticias, lanzan impactos emocionales para una población media con huellas emocionales medias. Sin embargo, el adulto de alta capacidad mantiene su superemocionalidad de modo que se ve muy afectado por una especie de ósmosis empática que le hace empaparse de las emociones suministradas en cada entorno. El adulto de alta capacidad sigue sufriendo mucho ante cuestiones que otras personas desconsideran. Además puede mantener dosis de idealismo y pulcritud que no están de moda precisamente. 
  • El miedo al rechazo. Una de las cosas que primero aprende la persona de alta capacidad es que es diferente. No siempre sabe por qué, pero sabe que es diferente. Así se lo marcan sus cronológicos. Lee, piensa, escribe, imagina cosas que a sus cronológicos no les importan. En la edad adulta es más fácil encontrar un grupo de adhesión pero el rechazo sigue ahí. La persona de alta capacidad ha adquirido una gran competencia para detectar síntomas de rechazo y se produce un proceso de internalización de la culpa. Las personas de alta capacidad son muy introspectivas y eso no se va con la edad. Viven en un continuo monólogo interior implacable e imparable y muchas veces introspectivo de autoanálisis. Un exceso de pensamiento y autocrítica que no tienen las personas de coeficiente medio. Aprender a convivir con eso puede minar tu autoestima. Detectar el rechazo con tanta rapidez puede convertir al adulto de alta capacidad en solitario o antisocial. 
  • Problemas de relación entre la lógica y la emotividad. La ciencia demuestra que la mayor parte de las decisiones las seguimos tomando en base a emociones. Sin embargo, la evolución humana es diferente del resto de especies por la progresiva domesticación de algunas emociones frente de la razón. Por ejemplo, la política es razón frente a la emoción del poder y la guerra. La lucha permanece hoy en día entre seres más emotivos y seres más lógicoanalíticos. Las personas de alta capacidad suelen pertenecer a un extraño mundo donde el intelecto debe sobreponerse al mito y la emoción con lo que suelen ser consideradas personas frías. Su humor no siempre es detectado ya que suele ser sarcástico e irónico, a veces son demasiados directos en la temática, asumen con naturalidad la fatalidad. Todas estas cosas no son bien recibidas por las personas de percentil medio cuya emotividad todavía prevalece lo que le genera al adulto de alta capacidad diversos problemas de convivencia en su entorno más próximo. La falta de dominio de los protocolos podría ser una característica como también lo seria la racionalización de cuestiones como el amor y la pareja que -especialmente en el mediterráneo- se siguen viviendo como algo fuera del ámbito de la razón. 

La cuestión es quién se ocupa de los adultos con alta capacidad. Hay cientos de psicólogos y asociaciones para niños con altas capacidades. Se ocupan de su rendimiento educativo y sobre todo de su trasfondo emocional. Eso es lo determinante. Su intelecto ya es superior pero sus emociones están desordenadas. El niño crece y se hace adulto pero sus problemas no desaparecen. Algunos se diluyen, otros le atormentan, otros aparecen pero no parece que haya alguien a quien acudir. 


Uno de los problemas más graves que tienen los niños y adultos con alta capacidad es que no les vale cualquier psicólogo. Intuitivamente reconocen inmediatamente a los que son como ellos y no aceptarán la terapia de un profesional al que no le reconozcan autoridad intelectual. Muchas veces, algunos de sus problemas derivan de cuestiones existenciales para las que la psicología de perfil medio no parece estar preparada. A veces necesitan más un filósofo que un psicólogo que acuda a su rescate. Pero no hay más remedio que seguir improvisando. 

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