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S'estan mostrant les entrades d'aquesta data: març, 2014

Yo vendí preferentes

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Anoche estuve viendo El Objetivo. Llevo viendo programas de espectáculo informativo todo este tiempo sin intervenir. Y la verdad es que creo que faltan muchos matices y que son matices importantes.

Por ejemplo, nadie explica por qué nacen las preferentes. A mediados de los 90 se produce un cambio normativo que permite a las Cajas de Ahorro expandirse fuera de su territorio tradicional. Es entonces cuando empieza el juego de "yo quiero ser un banco de mayor". Las Cajas y los Bancos empiezan a dar crédito a diestro y siniestro. Pero las Cajas están en "desventaja" en esa locura crediticia por sus características jurídicas. Pronto la patronal de Cajas insiste en que necesitan capital para seguir siendo "competitivos" porque el capital en España ya no era suficiente. Necesitaban más capital para seguir dando crédito. Debe existir una cierta equivalencia entre lo que se tiene -a grandes rasgos- y lo que se presta. Así que acuden a los mercados internacionales…

De negro contra las horas negras en Caixabank

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Hoy un grupo de delegados sindicales de CC.OO de Caixabank en el Pais Valenciano y Murcia hemos hecho un acción de protesta durante todo el día. Nos hemos vestido de negro para denunciar todo el trabajo negro que nos obliga a hacer nuestra empresa. Hemos ido a las oficinas de los jefes a visibilizar esas horas que tratan de esconder a los ojos de la sociedad. Son horas regaladas cada día. Jornadas de diez y doce horas que no se pagan. Horas regaladas a la empresa. Horas que la Seguridad Social no cobra en abuso y fraude de ley. Son horas negras. Horas que impiden que se contrate a alguno de esos cinco millones de parados con ganas de trabajar.

Recuerdo que uno de los primeros libros que leí fue Momo de Michael Ende. De pequeño leía mucho en formato comic pero cuando llegaron los libros me costó más. Solamente mundos alternativos, imaginados, me cautivaban. Como si la ficción siempre superara a la realidad. Como si necesitara creer en un mundo diferente. Supongo que todo eso que lees …

El pozo

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Empezó de pequeño con una caja de galletas. Coleccionaba momentos bonitos. Guardó el olor a sacapuntas. Guardó una peonza de oro. El tacto de un balón de cuero. Una mariposa disecada. Una chapa de Mirinda. Tenía que esconder constantemente la caja para que su madre no la tirara. A las madres no les gustan las cajas de trastos. Fabricó un escondite en casa. Detrás del escritorio. Cuando cambiaron de casa se cuidó mucho de conseguir una caja más grande. Allí siguió metiendo el sabor de su primer beso. El color rojo de su timidez. Las notas de selectividad. Una entrada de un concierto. La firma de un jugador mediocre. El sonido de un gol fuera de casa. El suspiro de una mirada entre clase y clase.
Siguió acumulando momentos bonitos. Y los guardaba en secreto. No conocía a nadie que coleccionara momentos bonitos. La mayor parte de la gente los tira a la basura y deja al azar su memoria. Él no. Él sabía lo quería recordar y lo que no. No estaba dispuesto a dejar morir recuerdos porque otra…

Valeria

Le dijo que esperara a que llegara él. Pero ella siempre fue impaciente y un poco desobediente. Siempre acaba haciendo lo que le da la gana y eso a él le crispa desde el principio. Llevaba toda la mañana pensándolo y ya no podía más.

Llevaban ya dos años juntos. Se conocieron por intuición. En el aeropuerto. Lucharon por un mismo sitio por meter la maleta en un vuelo low cost que les llevaba a Londrés. Después él le ofreció la ventana y ella pensó que nadie cede la ventana así sin más. Dos españoles en Inglaterra. Fueron quedando por pura huida del miedo a lo recién conocido. Hablaban la misma lengua y pronto acabaron hablando el mismo lenguaje. Para un recién llegado un recién conocido es casi un amigo de toda la vida. Sonaba uno de esos conciertos de pub ingleses. Tocaban algo de Placebo. Puede que fuera Every you, every me. Lo hacían bien aunque la gente no prestaba mucha atención. Eran pasadas las diez. Las diez y algo. Se decidió a besarla aunque hacía veinte minutos que ella le …

La señal

Tres meses. Tres meses de tratamiento. Y no se pudo hacer nada. Todo pasó en tres meses. Era joven. Relativamente joven. Treinta y cinco es muy joven para morir. Solamente tuvieron tres meses para despedirse. Para hacerse a la idea. Especialmente desde que le dijeron que no había remedio y ella decidió dejar de luchar. No se rindió. Simplemente no tenía otro remedio. Pero verla apagarse poco a poco aquella luz. Ver enmudecer aquel murmullo constante. El perfume sonoro de su casa. Ver atardecer su sonrisa fue demasiado para él. Ella se encargó de construirle un futuro. Quería dejarlo todo arreglado. Pero él no era tan fuerte como ella.

Las conversaciones eran cada vez más duras. Demasiado duras. Ella insistía en diseñar el futuro. Él no quería pensar en lo impensable y quería evitar lo inevitable. Hablaban de todo. De toda la educación de la niña. De sus colegios, de sus institutos, de sus habilidades, de conservar el recuerdo de su madre. Grabaron horas de vídeo para cada cumpleaños de…

El instante del conejo

Alicia: ¿Cuanto tiempo es para siempre?Conejo blanco: A veces solo un segundo

Ya era casi la hora. Como mucho faltarían tres minutos. Siempre pasa a la misma hora. Todavía no hacía ese calor asfixiante del verano mediterráneo. Los todavía son muy bonitos porque son una advertencia del presente hacia el futuro. Se dio la vuelta en la cama para poner la cabeza en los pies. Fue su primer gesto de locura del día. Había soñado toda la noche pero no recordaba más que partes del sueño. Hoy no había que ir a trabajar. El sol estaba alto ya. Debían ser casi las nueve. Como mucho faltarían dos minutos. No más. La pereza pesaba en las pestañas. Los ojos entreabiertos. Miraba las azoteas de los edificios a la búsqueda de un ático sin techo. Las cortinas se movían y le hipnotizaban. La luz de la mañana se posaba en su pelo despacio. Reposaba entre las sábanas. La mañana entraba poco a poco en su vida. En un parpadeo fabricó un sueño de madera. Era una puerta grande, gigante, para entrar a una casa nu…

La manzana mordida

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A Eva nunca le gustó el paraíso. La manzana poco tuvo que ver en toda esta historia. Nunca le gustó dormir a la intemperie bajo las estrellas. Prefería dormir bajo techo. Por eso mordió la manzana; para precipitar los acontecimientos pero no quiso ni siquiera probar su sabor. Adán no estaba de acuerdo pero poco importó.
Eva estaba decidida a renunciar al paraíso para vivir una vida terrenal. Lo banal le pareció más real que lo sagrado. La tentación siguió viviendo arriba para siempre. Fueron expulsados de sus sueños. Quién deja de perseguir sus sueños pierde el derecho a soñar.
Desde entonces ambos son felices de segunda categoría. Adán ha abierto una tienda de secretos de segunda mano. Compra pequeños secretos, los arregla y los vende por más dinero. Así se gana la vida. Es feliz en el mundo ordinario pero todavía recuerda aquellos tiempos del paraíso cuando el sol regaba con rayos de ternura su piel. Cuando todavía Eva le quería.
Eva también es feliz. Aplastada por la lógica pero es lo…

Ella es aire

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Era capaz de comprimirse tanto que cabía en una botella junto a un barco. Si la tapabas si quedaba allí a merced de las olas imaginarias durante un tiempo; cuidando de los náufragos contándoles cuantos para irse a dormir. Pero nunca le ha gustado estar comprimida dentro de nada. Al menor agujero se escapa y se expande hasta ocupar toda la estancia. Es como su recipiente. Cambia de forma y se mueve. Puedes tener la oportunidad de olerla y saborearla pero casi nadie la ha visto así, como es. Como aire.
Piensa en colores. La vida es un pantone. Un arco iris tras la lluvía. Para ella las cosas que nos pasan son azul celeste o magenta oscuro. La energía se le acumula dentro y le sale por los ojos en forma de brillo. En sus pupilas hay un cinexin que proyecta dibujos animados desde la sala de su mente.
Le gusta conocer lo desconocido. Tiene la curiosidad de una mariposa en un campo lleno de flores. Coge cualquier antorcha y se interna en una cueva para descubrir que en realidad era bella sola…

El amante perfecto

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El amante perfecto


Tan discreto que era capaz de no existir cuando ella se lo pedía. Loco como un globo sigiloso lleno de  ilusiones de confeti. Locuaz como un actor sin guión bajo una sábana. Paciente como el mar con la arena cuando las olas parecen tener prisa. Travieso como un juego tramposo y solitario. Tierno como un minuto de dulzura. Detallista como un arquitecto de la sonrisa. Se alejaba de ella cuando se quedaba sin sitio pero seguía mirando la luz desde mar adentro. Ella sentía su deseo entre las piernas cuando la tomaba con la urgencia de una estrella fugaz que moría en el mismo instante en el que brillaba. Cantaba a susurros bajo su ventana la versión disléxica de Romeo y Julieta. Coincidían en citas casualmente preparadas para resultar furtivas y excitantes. Le escribía cartas de amor con tiza en las paredes. La abrazaba de lejos desde el otro lado de una multitud de sombras sin luz. Después de tantos años casados lo perfecto seguía seguir siendo amantes. Por eso decidieron…

La sonrisa de plástico

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Era tan bella. Tenía una sonrisa tan serena y permanente. Su piel era tan tersa y suave. Se enamoró desde el primer momento. Lo hizo por su extraordinaria capacidad para escuchar, por su discreción y la elegancia de sus movimientos. Sabía estar en cualquier parte y el paso del tiempo la convertía en más bella todavía. Vestía siempre a la última moda, perfecta para cada ocasión. Se enamoró nada más verla en aquel escaparate y acudía cada día a observarla. La miraba. Admiraba sus pómulos marcados, sus pestañas enormes, su mirada profunda. Admiraba sus tobillos excelsos y sus dedos largos dispuesto a entrelazarse con los suyos. Todos los días pasaba un rato en aquel escaparate de aquella tienda pensando que alguien la había diseñado para él. Que un día alguien descubrió el dibujo en su mente y la hizo existir. Simplemente era como si la hubiera soñado. Pasaba cada día un rato allí. Le contaba cómo había ido su día. Le contaba sus secretos sabiendo que ella no le contaría nada a nadie. Y a…

La Chica de la barra del bar

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Foto: Txema Moreno. http://txemajmm.blogspot.com/ Después de las reuniones me gusta salir a tomar una copa. El debate político me pone dolor de cabeza. Especialmente de escucharme a mi mismo. Grito demasiado pensando que así tendré más razón. Y me escucho demasiado pensando que así seré más escuchado. Cuando mi cerebro se acelera se convierte una cámara rápida de ideas imparable. Solamente una copa calma mi sed de hacer cosas a horas en que hacer cosas no debería producir sed. Así que me acerqué al pub de siempre. Conocer a los camareros te permite tener conversaciones de barra de bar. Los camareros son los psicologos de ir por barra. Pedí lo de siempre. Esteban sabe lo que es. La soledad de un no fumador es la soledad del lector de periódicos. Me sumergí en titulares mientras saboreaba un vodka agitado pero no revuelto. Levanté la cabeza a la máquina de tábaco. Y la vi por detras. Pelo corto. Después fue a barra. Deseé ser camarero pero era un simple lector de periódico solo en la mesa de…

Alba

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Son las doce. Debe ir a la guarderia a recoger a su nieta. Su hija trabaja todo el día. Ella ya está jubilada. Su hija, como ella y como su nieta no necesitan ningún hombre que las complete. Y hoy de camino a todas partes vuelve pasar por aquella vieja pared que inexplicablemente sobrevive al paso del tiempo. Y vuelve a leer aquella frase que alguien pintó un día para que fuera reflexionada para siempre. En los exámenes responda con preguntas. Pasó el resto de su vida haciéndose preguntas y sacudiendo las respuestas. Se hizo una mujer bajo la bandera de la incertidumbre y el desasosiego. Subida a hombros de una multitud que pasó a ser masa de consumidores. Lanzando adoquines a su propio pensamiento para recordar que una vez creyó en tantas cosas que dejó de creer en sí misma. Que un día gritó consignas que la convencieron de casi todo. Y que un montón de decisiones inconscientemente tomadas la llevaron a ser lo que hoy es. Lo que una vez fue. La imagen de Helena de Troya en Paris. La …

Teoria de la Comunicación I

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Se cortó el pelo por llevarle la contraria a su madre. Fumaba por llevarle la contraria a su ex novio. Nunca le gustó el pelo corto. Y nunca le gustó fumar. Pero tampoco le gustaban su madre y su ex novio. Se marchó de Erasmus el semestre anterior. Y volvió cambiada. Su mirada era cada vez más dulce. Y sus ojos cada vez más traviesos. Su boca era cada vez más dura y sus labios más tiernos. De algún modo entendí que aquel día solamente podría mirarla y admirarla. De algún modo entendí que jamás podría hablar con ella. Tenía el cuello tan blanco que ningún vampiro se hubiera atrevido a estropearlo. Y en la cabeza tantos sueños que ningún ladrón se hubiera atrevido a robarlos. Solo acerté a mirarla desde mi pupitre durante toda aquella maravillosa hora y media de Teoría de la Comunicación. Ese día aprendí que nadie comunica más que quien tiene la mirada adecuada. Se marchó con una amiga. Sonó su móvil. Esbozó una sonrisa. Seguro que es su chico. Seguro que sigue creyendo en un montón de cosas. …

Transition is dead

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En una entrevista a Morrissey de 2003 le preguntaban si recordaba algo de The Smith y contestó que nada salvo una carta de Alain Delon sobre la portada de The Qeen is dead.
Suarez ha muerto. Y como The Smith tuvo un papel influyente en su momento. Determinante si se quiere. Y su muerte es un momento excelente para saltar al siguiente nivel.
Suarez es el mejor símbolo de la transición democrática y ahora descansará en paz. Y espero que esto finiquite la transición de una vez por todas porque somos un país en una eterna transición. Da la sensación de que todas las generaciones posteriores tengamos una deuda democrática, un pecado original, por no haber corrido delante de los grises. Y honestamente ya está bien.
Suarez es un símbolo. Es verdad. Pero no solamente como lo venden sus vendedores y vendidos. Murió sin memoria. La transición también nació sin memoria y morirá sin memoria. Suarez dimitió. Algo que no ha vuelto a suceder. Pase lo que pase aquí nadie se va. Suarez fue el ex pres…

Divertirse hasta morir

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Casi todos los finales del mundo hasta ahora habían sido anunciados por visionarios o civilizaciones antiguas. Esta vez ha sido un cientifico. Uno más. No sé si el más prestigioso pero seguro que el más mediático. No ha sido un loco sino una persona con un coeficiente de inteligencia de 160. Ha sido Stephen Hawking. Lo que ha venido a decir no es nada nuevo. Coincide con las teorías del cambio climático, con las del peak oil y con cualquier cálculo estimativo sencillo. La Tierra como planeta se agota. No tenemos planeta para seguir con este ritmo de vida. Necesitaríamos cinco planetas para alimentar el ritmo de vida de un neoyorkino.

Nos hemos convertido en una plaga. Una especie que desprecia su entorno, que vive por encima de sus necesidades, que destroza el lugar por el que pasa. Una especie demasiado protegida, superpoblada e inconsciente. Y así seguimos. Somos una sociedad enferma con un sistema económico con extrema unción.
El planeta se defiende de momento con fenómenos atmosf…

El jefe hamburguesa, el capataz y el flautista

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En la ecología bancaria hasta ahora he conseguido distinguir básicamente cuatro tipos de de jefes.
El primer tipo lo podemos definir como el "jefe hamburguesa" porque actúa exactamente igual que un encargado de hamburguesería. De esta forma, el cliente le pide una hamburguesa de pollo él se gira y pide a cocina una hamburguesa de pollo. De cocina le contestan que no hay pollo y él se gira y contesta que no hay pollo. Entonces el cliente pide patatas y de cocina le contestan si fritas o bravas y él se gira y pregunta si fritas o bravas. Es un jefe de calco,  un jefe transparente porque no se le ve. Nadie sabe como llegó allí. Simmplemente ya estaba. Es un superviviente. Ni se mueve, ni se nota, ni traspasa. No molesta luego sobrevive. Sin talento puede haber paraiso. No se complica la vida. Soluciona los problemas conforme se producen. No planifica ni reivindica. Es una sombra en un día nublado. Pide lo que le piden. Es un paraguas cerrado en un día de lluvía.
El segundo tip…