El sorprendente carisma de Mr Pablo

La comunicación política es una disciplina conservadora. La comunicación de masas siempre exige un acomodo lo más universal posible y para eso hay que manejar tanto el nivel de adhesión como el nivel de rechazo. Gran parte de la comunicación política se ha basado en reducir el nivel de rechazo y buscar un perfil neutro de adhesión dentro de cada marco ideológico y cada contexto temporal. Iglesias ha arrasado con todo. 



Precisamente por eso sorprende la irrupción de la comunicación política de Pablo Iglesias que ha creado escuela entre el resto de podemistas. Un nuevo tipo de comunicación política que algunos se afanan en describir como cuidadosamente cultivado. Yo me atrevería a decir que ha sido el fruto de una gran espiral de casualidades que solamente podían pasar ahora.

En cualquier otro momento la oratoria peculiar de Pablo Iglesias no hubiera traspasado al Gate Keeper. Ningún vigilante de opinión pública hubiera dejado pasar al coletas a la parrilla del prime time. Sin embargo, el nacimiento y la incógnita de portavoces del 15M facilitó la entrada en el castillo de un personaje que se correspondía con las expectativas de ese movimiento que sorprendió a todos.

El carisma de Pablo Iglesias es sorprendente porque transgrede todos los anteriores mandamientos de comunicación ideológica. Lo más sorprendente es que los asesores de imagen de izquierdas intentaban siempre sujetar al personaje y su lenguaje. Hasta que llega Iglesias, se quita la camisa de fuerza y empieza a soltar por la boquita sin complejos.

Veamos algunos de esos pecados capitales de Iglesias que se han convertido en su mayor éxito:


  • La coleta. Cualquier manual de comunicación política exige un aspecto neutro, que no llame demasiado la atención para concentrar la atención en el mensaje y restar dispersión subliminal. Iglesias aparece con pelo largo y siempre coleta. Antes se le conoció como el coletas de la Sexta que como Pablo Iglesias. Ha sido precisamente la coleta lo que ha viralizado su aspecto. Tanto que apareció como logo de Podemos, algo impensable en Pedro Sanchez por ejemplo cuya guapura se presume pèro cuyo aspecto convencional impide amortizarlo. 
  • La ropa. El look casual de camisa arremangada, pulseras e incluso se permite el lujo de corbata hipster sigue en la linea de destruir el aspecto neutro o el miedo a que el aspecto empañe el mensaje. Errejón viste casi igual. Es un look universitario, urbano, medio-alto, informal que es precisamente el target de Podemos. El look del chico joven, dinámico, sobradamente preparado para tomar el timón. 
  • La soberbia. La ortodoxia comunicativa dice que no hay que ser especialmente beligerante, ni menospreciar al adversario y que el lenguaje corporal ha de permitir los planos de escucha activa. Sin embargo, Iglesias alterna la soberbia de la expresión con el encogimiento de espalda (nunca lleva la espalda recta) que denota inseguridad y timidez. La ortodoxia comunicativa dice que todo debe ir alineado e Iglesias se salta otra norma. Anda encorbado pero se sienta casi tumbado cuando habla en una tertulia. Sin embargo, es capaz de inclinarse hacia delante totalmente y mantener la mirada en una entrevista desafiante con Ana Pastor o TVE. 
  • Puño en alto. La simbología de la izquierda se fue diluyendo durante los noventa y apenas ningún comunicador la recomendaba por ser demasiado impactante visualmente. Iglesias recupera el puño en alto como símbolo de visibilidad y de poder y la gente lo compra. 
  • La serenidad agresiva. La ortodoxia comunicativa exige una cierta formalidad, solemnidad y asertividad. Un lenguaje políticamente correcto. Sin embargo, Iglesias se mantiene con gesto imperturbable diciendo cosas tremendamente duras. Tanto que su primera fama surge de ser el azote de Marhuenda e Inda en la Sexta. Es una mosca cojonera completamente hierática. 
  • El kamikaze. Cada vez que se hace un debate entre candidatos en las elecciones españolas se nos ofrece un amplio catálogo de recursos discursivos y de escenarios. Uno de ellos es intentar que el plano y el entorno te favorezcan. Iglesias aceptó ir a las tertulias de Intereconomía que es el territorio más hóstil que se pueda encontrar. Y le funcionó el atrevimiento de ir de Kamikaze. 
  • Las metáforas. La ortodoxia comunicativa también dice que el lenguaje debe ser sencillo y adaptable a cualquier edad. Las única metáforas permitidas podrían ser el story telling de la niña de Rajoy de aquel debate de presidenciales. Sin embargo, Iglesias construye metáforas ideológicas e incluso conceptos nuevos que la gente entiende rápido (la "casta" que se ha instalado en el ático del sistema donde "casta" es un concepto completamente nuevo y "ático" funciona como elemento referencial de la cultura española). 
  • El lenguaje común. La ortodoxia comunicativa exige un lenguaje políticamente correcto. Sin embargo, Iglesias dice tacos sin problemas y con naturalidad porque es capaz de alternarlos con metáforas visuales o pensamientos complejos. 
  • Argumentario propio. La ortodoxia comunicativa ha creado todo un harén de asesores para cada discurso creando un laboratorio de opciones y previsiones. Iglesias construye su propio argumentario de manera natural, sin mediaciones, sin asesores, de manera compartida pero mediante diálogo, de manera deliberada pero propia. 
  • Sin complejos. La ortodoxia comunicativa dice que se debe intentar evitar al enemigo beligerante. Se llama nivel de rechazo y es mejor tenerlo bajo porque te conflictualiza y te desgasta en energía reactiva. Iglesias presinde de esa teoría y busca el nivel de rechazo para generar primero notoriedad y luego cohesión interna. El hashtag #suodionuestrasonrisa es quizá una de las mayores genialidades en este aspecto. 
  • La abuelita feroz. Y tras todo esto Iglesias es capaz de mantener su carisma tras salir a relucir todas las contradicciones de sus programas de La Tuerka o sus participaciones en actos diversos de la izquierda. Incluso su pasado como asesor de Izquierda Unida. Es capaz de esconder la etiqueta de "la izquierda" y sin embago ofrecer las ideas de la izquierda de manera cruda como el denominador común de "una mayoría social" o del "sentido común". 

Es absolutamente apasionante volver a comprobar como la única manera de evolucionar es romper las reglas que todo el mundo da por sentadas. 







¿Cómo recuperar la confianza en los bancos?

El diagnóstico de la desconfianza era bastante sencillo. No hay que hacer grandes estudios de mercado para saber que la desconfianza respecto a los bancos forma parte de las conversaciones de la calle. La confianza es como un jarrón de porcelana, cuando se rompe hay que tener mucha paciencia y dedicar mucho esfuerzo a recomponerla. En este artículo se ofrecen algunas cuestiones claves para reconstruir esa confianza.



  • La confianza es una cuestión transversal. Se trata de una desconfianza global para todo el sector. El cliente con cultura financiera sí que diferencia grados de crebibilidad pero el cliente con poca cultura financiera no lo hace. La recuperación de la confianza es una cuestión global que debería ser una estrategia común de todo el sector. Intentar recuperar la confianza en una entidad tirando por tierra a otra entidad es una praxis que redunda es más desconfianza. 
  • Asumir códigos éticos de comportamiento y lealtad frente a la clientela. Las entidades deberían ir más allá de las exigencias legales en la comercialización de productos. Habría que ir más allá del estricto cumplimiento de la MIFID. Hace falta una suerte de buenas prácticas de comercialización tanto para las empresas como para los profesionales de banca. 
  • Transparencia en la comercialización. La publicidad de banca también debería asumir costes éticos. Es cierto que la persuasión está basada en el deseo pero la información relevante debería ser perfectamente visible en la primera visualización. La iniciativa de categorización de productos (parecida a la eficiencia energética) debería figurar en todos los folletos. 
  • Campañas largas. Los profesionales de banca deberían tener acceso a todos los productos en campaña durante períodos más largos. Actualmente la contratación de productos solamente es incentivada salarialmente cuando se encuentra en campaña. Las campañas duran apenas unas semanas o unos pocos meses de manera que el profesional carece de incentivo para ofrecer otros productos alternativos en periodos fuera de campaña que no le contaran para la retribución variable. El cliente debería tener un acceso real por ofrecimiento a una carta de productos. 
  • Responsabilidad profesional de medio plazo. El profesional de banca trabaja para el banco por lo que ofrece según las instrucciones del propio banco. La mejor manera de que un profesional de banca sea responsable de sus actos comerciales es que su espacio de asesoramiento sea sostenido, una relación estable, duradera y leal redunda en un pacto beneficioso para las dos partes. La figura del comercial que va cambiando permanentemente favorece una cierta irresponsabilidad. 
  • Incremento de la cultura financiera de la clientela. Se puede discutir si esa educación financiera corresponde al sistema educativo o a los propios bancos. En todo caso en la actualidad la incentivación de planes de formación financiera para clientes generaría mucha más proximidad y confianza. 
  • Reducción de la carga mental de las plantillas en banca. La confianza es un intangible que se genera en base a un clima o una atmósfera. Ese clima de confianza surge de la conversación pausada con posibilidad de escucha activa. El ritmo actual de trabajo en las oficinas bancarias no permite este tipo de atmósferas. El profesional está tan estresado que se limita a apagar fuegos o cumplir instrucciones lo más rápido que puede. 

Estas son algunas propuestas básicas. La realidad vigente es que la recuperación de la confianza se basa en esfuerzos individuales de cada entidad y sobre todo con sobrecarga de simpatía y sonrisas para la plantilla. Se parte de la idea de que la confianza es exclusivamente una cuestión que sucede entre el profesional de banca y el cliente en un vector instantaneo e interpersonal. Una visión algo limitada. 

El syrizismo

La televisión afecta a las neuronas. La televisión atonta. Cualquier intento de acceder a una audiencia masiva pasa por degradar el mensaje al nivel más bajo posible de acuerdo con el público target. La videocracia por tanto degrada el mensaje político. Es la papilla del niño que no quiere comer política sólida. Se hace puré para que coma algo.



Una de las últimas simplificaciones de la videocracia es el asociacionismo de contagio. La estrategia de venta basada en el prescriptor de éxito. En publicidad lo vemos todos los días: un futbolista que vende un producto o un presentador que vende otro producto. Se supone que el gregarismo (efecto rebaño) hará que el consumidor compre el producto por pura imitación del líder. Es un recurso cutre pero efectivo.

En política la lucha de algunas opciones políticas por convertirse en syriza española roza los límites del patetismo. La apropiación del éxito griego, el derecho a tener la exclusiva para España del producto libra una carrera desigual. La apuesta de los medios es Podemos dado que les resulta más rentable porque la novedad de ambas cosas es fácil de relacionar. Izquierda Unida intenta meter la cabeza en la foto eximiendo legítimas semejanzas como ser una coalición y poner en el escaparate la marca izquierda. Compromís también ha intentando meterse en el selfie politico de Syriza.

¿Quién tiene más razón? Probablemente nadie. Syriza no es Podemos porque Syriza hace gala de su ideología y su marca de izquierdas mientras Podemos ni es una coalición ni dice ser de izquierdas. Syriza no es Izquierda Unida porque es la izquierda griega que ha superado al partido comunista griego mientras Izquierda Unida sigue con el partido comunista en metastasis. Syriza no es Compromís porque no hay componente identitario. Pero todo da igual porque alguien ha decidido que Syriza es la metáfora española de algo y ese es el mecanismo relevante. La imitación de una ola de cambio. Eso es un marco referencial, una estructura mental, un camino, un pasillo, un tobogán, un trampolín. No es el movimiento. Es el escenario. No es una respuesta. Es una pregunta. 

¿Por qué de pronto las elecciones griegas son tan importantes?

No creo que haya nadie que recuerde el anterior resultado de las elecciones griegas. El repentino interés de algunos medios por las elecciones griegas podría fundamentarse en que es un país del sur, mediterraneo y empobrecido por sus élites. Pero eso valdría para otras elecciones y sin embargo es esta la primera vez que se le presta atención a Grecia que salvo por Amanecer Dorado no había recibido tantos minutos. Las elecciones griegas tenían elementos noticiables sin duda pero la cuestión es la dimensión que se ofrece a ese evento en detrimento de otros y por qué se hace eso.



¿Por qué es importante Grecia ahora? Desde el punto de vista político lo es porque es el primer país que rompe el esquema de pensamiento único europeo asentado desde los partidos tradicionales.
Pero eso sería una explicación corta para España. En España el interés repentino por Grecia responde a un interés de contagio, tanto de evitarlo como de patrocinarlo.

El repentino interés de La Sexta por Grecia es una estrategia más del conglomerado político mediático entre Podemos y el grupo de Antena 3. Una alianza que puede resultar extraña pero es rentable. El modelo de negocio de La Sexta es un modelo típico de nicho de mercado que está evolucionando hacia el de seguidor del líder. La Sexta se está construyendo su propio espacio, cultiva su audiencia y hace que le interesen cosas que después Podemos recoge políticamente. También ocurre al revés, Podemos genera espacios noticiables que son recogidos por La Sexta. El target de la Sexta coincide con el del 15M -de hecho prácticamente era la televisión oficial de la Spanish Revolution- y ahora también lo es de la base electoral de Podemos que es bastante semejante.  Es un pacto win-win en el que ambos ganan. Podemos consigue que su agenda de temas fuerza -esos temas donde uno es inexpugnable- sean el foco de atención para su audiencia. La Sexta consigue audiencia, protagonistas directos de las noticias, exclusivas, tertulianos baratos y exitosos, historias y una fuerte expectativa de futuro junto al poder. Si Podemos consolida sus resultados es evidente que La Sexta se cobrará todas las deudas mediáticas contraidas  por Podemos.

El juego es tremendamente refinado. La Sexta ofrece cobertura de temas donde Podemos es fuerte como la corrupción. La idea fuerza de Podemos es la rabia indignada por tanto La Sexta genera contenidos que alimentan esa rabia. Después Podemos rentabiliza y pasa por caja. Es muy cierto que los partidos de la Casta son especialmente estúpidos contribunyendo a esta estrategia pero la estrategia es evidente.

La aparición de Podemos en un spot de Salvados es la mejor prueba de esta complicidad constante de poner a una televisión a su servicio y pagarle con préstamos de notoriedad. Y ninguna empresa da nada por nada. Hay que pagar. He visto algunos cálculos de presencia directa de personajes en tertulias de La Sexta. No se trata de eso. Se trata de la elección de los temas y de su tratamiento. El último caso de las elecciones griegas es evidente. Nunca unas elecciones griegas habían recibido un tratamiento informativo como este. Nunca se habían establecido tantos paralelismos. Nunca se había puesto tanto ahinco en relacionar Syriza con Podemos aún sabiendo que lo único en que se parecen es en la novedad.

El crecimiento podemista tiene doping. Los músculos de Podemos llevan esteroides. La videocracia sigue con fuerza a pesar de las redes sociales. Dile a un grupo en qué tiene que pensar y crea una empresa de soluciones a ese tema. Crea una necesidad y siéntate a ganar dinero.

Miedo y sociopatias bancarias

En una empresa de servicios hay tres elementos básicos en la relación: el cliente, la persona que ofrece el servicio y el producto. La mayor parte de los análisis de la crisis financiera se han centrado en el producto y en el cliente. Se ha hablado de productos tóxicos y de clientes vulnerables. Sin embargo el foco de atención se ha parado poco en los profesionales de banca y las condiciones en las que ejercen su oficio.



El miedo es un elemento presente en todas las empresas y en todas las épocas. El temor a ser despedido es el trauma mayor de un profesional porque afecta a su autoestima profesional, a su proyección futura y a su situación económica y social. Pero el miedo no siempre se presenta en las mismas proporciones en todas las empresas y en todas las etapas. Desde Banca Social sostenemos que el elemento de miedo usado como instrumento de cohesión negativa es el factor determinante en la crisis financiera. El sector financiero ha enfermado de puro miedo. Las empresas tienen miedo a desaparecer porque el riesgo es real. De hecho ahora hay la mitad de entidades que había hace cinco años. Los bancos tienen miedo y transmiten ese miedo a sus plantillas a través de sus apóstoles directivos.

Sin embargo, el miedo es una emoción que puede ser invisible. Las empresas y especialmente los directivos lo niegan dado que su zona ciega en este tema es enorme. Nadie va a decirle a un jefe que tiene miedo. Pero quizá existan algunos termómetros posibles de detección de miedo. Quizá haya pistas que como ese calendario del año pasado que se quedó en la pared y nos parece invisible pero está ahí. Cualquier extraño que entré sentirá que algo no va bien. Algunos de esos síntomas se han tratado en Banca Social con más profundidad. Ahora pretendemos hacer una visión panorámica que haga comprensible fenómenos como la venta de productos tóxicos a clientes inadecuados. Esas cosas suceden porque existe un miedo previo que permite que crezcan. Estas son algunas de las sociopatías basadas en el miedo habituales en banca: 

  • No replicar. Hace tiempo que existe un proceso de indefensión aprendida en banca. El que replica es el que lleva la bronca ejemplarizante que los demás observan para aplicarse el cuento. La dialéctica de contraposición haciendo ver a alguien los posibles problemas de un producto o una práctica no suelen considerarse positivas. 
  • No escribir. Muchas decisiones e informaciones se canalizan a nivel oral para no dejar rastro de ellas y no ser descubierto en el futuro. 
  • No destacar. Se fomenta la cultura de la mediocridad. Si destacas por arriba te exigirás más. Si destacas por abajo te castigaran. 
  • Aparentar presencia. El miedo a que te digan que no trabajas lo suficiente conduce a trucos como turnarse para estar por las tardes en la oficina, enviar correos por la tarde para hacer patente que se estaba en la oficina, y por supuesto quedarte en la oficina aunque sea para hacer cosas ajenas al negocio. 
  • Asistir a eventos. La asistencia a eventos como carreras, excursiones, encuentros de fin de semana o cenas de empresa se convierte en una decisión basada en el miedo a no asistir en lugar de la voluntad de hacerlo. 
  • Colocar productos a la familia para cumplir campañas. Los clientes más afectados por las campañas de banca suelen ser las familias de los empleados. Es fácil pensar que si son capaces de colocar cualquier producto a sus seres queridos cuando es necesario también lo harán con personas desconocidas. 
  • No quejarte. Quejarte de una situación está mal visto en banca ya que actualmente domina el optimismo patológico y la resiliencia acrítica. Romper la cohesión del grupo basada en el "todo va bien" y "somos los mejores" te sitúa en una disidencia periférica. 
  • No proyectarte. A la hora de pensar en el futuro y pedir nuevas plazas actúa el miedo a ser interrogado sobre una posible mala situación en tu actual oficina. La interpretación negativa es habitual. 
Evidentemente, alguien podrá decir que estas situaciones son habituales en la mayor parte de empresas grandes. Esto es verdad con matices. El problema es que los profesionales de banca tratamos con un producto peculiar -el dinero- que está en la base del sistema económico capitalista que domina todo el planeta. Es un producto extremadamente sensible desde la financierización de toda la economía y está en manos de gente con miedo. 

La izquierda conservadora

Hay un tipo de izquierda que se aleja de la voluntad del cambio social mayoritario para quedarse en una cierta zona de confort de nicho de mercado. Parece que cuando está a punto de remontar la curva del coste marginal ideológico, cuando está a punto de saltar el 15% (barrera de la autoconcepción de izquierda-centro) tiene miedo de perder pureza o de abandonar la vanguardia de pensamiento.
Es indudable que las luchas de egos en el poder condicionan también este proceso de salto. El cainismo de la izquierda es exponencial y crece cuánto mejores son los resultados de una opción. Sin embargo, no es menos cierto que parte de la izquierda crecida sobre los análisis marxistas ha interiorizado el análisis y la pedagogía de superioridad intelectual como la praxis exclusiva de la izquierda. Dicho de otro modo, parece que la izquierda no esté hecha para gobernar sino para opositar desde la visión crítica. El marxismo se ha demostrado históricamente como una gran base de análisis pero como una base poco sólida de soluciones de futuro. Desde un punto de vista teórico la simultaneidad y extensión de un hipotético sistema mundo comunista constituye un obstáculo insalvable y las experiencias reales de dictadura tampoco parecen el camino.
Ante ese fracaso práctico y conceptual la izquierda de base marxista se atrinchera en la protesta como zona de confort. Se dedica a la movilización y la eterna derrota lo que no deja de contribuir a que el capitalismo ofrezca su lado más salvaje.

Las disgregación de siglas de la izquierda es un hilo transversal de su historia. Los últimos coletazos de un sistema mundo como el capitalista son los más feroces pero en ese momento es donde es posible sentar las bases de la próxima etapa. Y no intervenir tomando decisiones, equivocándose, soportando incoherencias pero influyendo puede ser un error muy grave.

El jogo bonito sindical

Desde siempre existen dos manera de mirar un determinado aspecto de la vida. Atenas y Esparta. El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Hobbes y Rosseau. Mourinho y Guardiola. La izquierda no iba a ser una excepción.

En entornos de crisis abierta el resultadismo es una tentación demasiado cercana. Cuando una organización entra en modo supervivencia el corto plazo se adueña de todo y la desconfianza sienta sus nidos en todos los campanarios. El liberalismo salvaje consigue que interioricemos reglas en las que solamente gana el que las pone. La historia la escriben los vencedores contra los vencidos para reinterpretar el pasado. Las gafas del futuro son las mismas que miran los retrovisores.

Lo cierto es que la izquierda es un más un cómo que un qué. El fin condiciona los medios porque cuando no se sabe por qué se hacen las cosas se pierde la pasión y el entusiasmo. Y sin entusiasmo y pasión no hay nada pero especialmente no hay izquierda ni sindicalismo.

El sindicalismo es a la izquierda lo que el jogo bonito al fútbol. Estar en el centro de trabajo dentro de la función sindical es más un cómo que un qué pero sobre todo es un porqué. Implica creer, trascender, sentir, pensar, transmitir. Si se produce el giro copernicano por el cuál un sindicalista no se ofrece sino que busca algo, si se prescinde de un mínimo ejemplo, si se desinterpreta la realidad, si se desconfía de la gente, si se busca solamente una papeleta en una urna se perderá el vínculo. Se perderá el porqué. Y con ese porqué se perderá el sentido de cualquier intento de supervivencia. Porque sin un porqué no tiene sentido existir. 

¿Qué le pasa a los sindicatos?

La aparición del 15M rompió el monopolio de las movilizaciones. Hasta entonces solamente partidos políticos y sindicatos controlaban "la calle" y a partir del 15M comienza una lucha paralela por gestionar la indignación. Durante este tiempo de cohabitación el sindicalismo se ha mostrado muy preocupado por su "marca" haciendo frente a las continuas acusaciones y haciendo ostentación de siglas en las diferentes movilizaciones. El 15M sin embargo no se ha preocupado de ninguna de las dos cosas consciente de que era un personaje sin diálogo electoral. Pero las cosas pueden cambiar. 



De pronto los dos superheroes colectivos que pretendían salvar al ciudadano oprimido desde la izquierda o desde abajo como se prefiera se diluyen ante la llegada del efecto balsámico de Podemos que nos confina a una revancha electoral indeterminada e indeterminable. Las movilizaciones descienden, la lucha no continua o continua de forma rutinaria, todos los púgiles vuelven a su esquina y todos parecen noqueados. 


Pero ¿qué le pasa a los sindicatos? ¿Qué ha pasado en estos últimos años para sufrir una especie de apagón? 

  • Crisis de supervivencia. Resulta curioso pensar que en realidad el sindicalismo es un ser dependiente de la propia empresa. Existe el sindicato en tanto existe la empresa y el sindicato deja de existir cuando desaparece la empresa. Es una extraña relación de connivencia y dialéctica. Las pérdidas de empleo son también pérdidas sindicales (quizá especialmente) y la espiral de rebajas salariales siempre intenta proteger a los que todavía quedan dentro de la empresa configurando un foso vacío alrededor de la empresa donde todo el mundo queda atrapado. Con la desaparición de las empresas se ha producido una pérdida de músculo sindical. 
  • Crisis ideológica. La caída del muro de Berlin a finales de los ochenta hizo caer unos cuantos muros ideológicos. Desde entonces la izquierda real busca un mundo alternativo o se limita a parchear el actual. Pero en este caso las reglas son las trampas. La democracia capitalista implica un sistema de pensamiento poco favorecedor para las ideas solidarias y colectivas de la izquierda. Y cuánto más se profundiza en el tardocapitalismo más lejos parecen hallarse las soluciones. 
  • Crisis sociológica. El sindicalismo bebe de una autoconcepción: considerar que formas parte de un colectivo que requiere unirse para defenderse. Ese colectivo se ha diluido en su perímetro. Existe un centro que se entiende parte del tradicionalmente colectivo "obrero" pero existen un enorme grupo de personas que no se consideran inmersos en ningún colectivo. Una de las mayores pruebas son los agentes comerciales con jornadas de todo el día y salarios en función de resultados. Ninguno de ellos cree formar parte de una especie de clase obrera. 
  • Crisis comunicativa. El lenguaje sindical ha quedado desfasado y estigmatizado. La única posibilidad es construir nuevos conceptos. Construir una nueva prosa ideológica que rezume emociones junto a los análisis. Conectar con cada generación en función de sus características implica una renovación constante de los medios y los contenidos que el sindicalismo practica con cierta inseguridad y poca convicción. 
  • Crisis burocrática. Todas las organizaciones mueren al obtener un tamaño que necesita más recursos que los que hay disponibles. La crisis de tamaño ha sido muy importante. Cuando la burbuja sindical se pincha se desmorona un castillo de naipes que hay que volver a construir de nuevo. 
  • La conspiración mediática. Es indudable el interés por desmoronar todos los elementos de protección de la mano de obra por parte del capital. El ataque mediático ha sido furioso y la defensa no siempre ha sido sencilla pero siempre ha requerido muchísima energía. Eso cansa a cualquier persona y colectivo. Dedicar energía a defender su propia esencia y concepto resta energía para cumplir su verdadera misión. En ese sentido el capital ha sido inteligente porque no solamente ha socavado la marca sindical sino que además ha obligado a derivar muchos recursos a la defensa del concepto. 
  • Problemas de financiación. La caída del empleo es una caída de afiliación. La bajada de afiliación se ha unido a las bajadas de fondos provenientes de fuentes públicas. Los sindicatos han tenido que desmontar sus estructuras burocráticas pero en el camino se han generado deudas que hay que pagar. Decrecer en estructura implica también luchas internas de supervivencia que se saldan inevitablemente con bajas y pérdida de energía de proyección exterior. Sin estructuras y sin dinero es más difícil empujar alguna movilización. 
  • Crisis de interpretación de la realidad. Internet ha producido cambios semejantes a los que introdujo la imprenta. Es una nueva manera de relacionarse. La aparición del mundo virtual ha cogido en fuera de juego a los sindicatos que intentan trasladar a la pantalla el papel al que estaban acostumbrados. El tardocapitalismo tampoco forma parte del mensaje sindical que sigue subido a la ola del crecimiento del PIB y el empleo sin entender que esa ola choca contra un acantilado ambiental. Nuevas realidades requieren nuevos análisis pero especialmente requieren nuevos métodos de análisis. La brecha digital en este caso se cobra muchas víctimas. 
  • Revisión de los instrumentos de movilización. Tres huelgas generales después se puede llegar a la conclusión de que hay instrumentos de movilización que han de ser redimensionados. Huelgas cohesionadas y sostenidas de colectivos homongeneos han triunfado. Huelgas generales han sido soslayadas y descontadas con meses de antelación. La pancarta única y consensuada, el mar de banderas homogeneas, las recogidas de firmas, la concentración... son instrumentos insuficientes ante la aparición de los escraches, la desobediencia antideshaucios, las perfomance, la pancarta libre... 
  • Crisis de legitimidad. La crisis de legitimidad está encabezada por los colectivos afectados. El sindicalismo no se subió al tren de las nuevas carreras de cuño tecnológico. Y curiosamente son los espacios de mayor crecimiento cuantitativo pero especialmente cualitativo porque están cambiando incluso las maneras de pensar. Ser asalariado sigue siendo mayoritario pero la rotación de precariado hace que ser asalariado durante toda la vida ya no sea algo mayoritario. Y los autónomos quedan fuera de la interacción sindical. El último colectivo afectado han sido los parados a los que los sindicatos no consiguen hacer llegar sus propuestas por diversos problemas de análisis y comunicación. Tantos colectivos fuera de las murallas hacen dificil la defensa del castillo. 
  • Disgregación de relaciones laborales. La individualización de las relaciones laborales ha hecho cambiar la concepción del "nosotros" afectado por el movimiento sindical. Los trabajadores saben que no pueden estar solos pero la cuestión es decidir de quien se rodean y hasta donde llegan sus "comunes". De ahí surgen los sindicatos corporativos (enfermería, policia, bomberos, bancarios.... ). Estos sindicatos reducen el "nosotros" afectado de manera que disgregan el movimiento sindical en multitud de trozos aparentemente inconexos. La competición electoral por los recursos hace el resto. 
  • Crisis de liderazgos. La fuerza moral del sindicalismo se encuentra en su ejemplaridad. En cada momento el sindicalista debe saber adaptarse a su realidad para resultar un ejemplo a imitar. La distancia que genera la liberación eterna produce una distancia enorme pero sobre todo produce una absoluta falta de ejemplaridad. La ejemplaridad surge de la identificación y la identificación surge de los elementos comunes. La liberación sindical tiene una curva de crecimiento marginal que se acaba por diliuir en carreras largas sin retorno. El liberado es considerado un ser ajeno a la realidad. 

El sindicalismo tendrá que reinventarse necesariamente para sobrevivir en el siglo XXI. Y el problema es que lo tendrá muy rápido porque la velocidad se ha adueñado del ritmo vital. Ya no sobreviven los más fuertes, sobreviven los más rápidos. El 15M es una explosión de nuevos pensamientos hasta ahora periféricos que han irrumpido en el centro del tablero. Y eso, como la lava de un volcán no se para en ninguna parte concreta. El 15M ya tiene traducción política. La traducción sindical no tardará en llegar. 

¿Cómo se cargaron las cajas de ahorro? Capítulo V. La gran expansión

España estaba ya borracha de crédito. La teoría del tamaño de las entidades hacía estragos en las cajas de ahorro. Se llamaba capilaridad. Había que estar con puntos de venta cercanos al cliente. Durante los noventa se afirmaba que la mayor virtualidad de las cajas de ahorro era su proximidad al cliente y su conocimiento directo del entorno. Así que muchas cajas reprodujeron el esquema abriendo oficinas en cada barrio con ratios de cliente que cada vez eran más bajos. Primero una oficina cada diez mil habitantes, luego una oficina cada ocho mil... así cada vez más bajos. Los planes estratégicos eran el cuento de la lechera o la escalera hasta el cielo de garbancito. Eran casi el milagro de los panes y los paces donde habría para todos. España llegó a ser uno de los países más bancarizados del mundo, con el mayor número de sucursales. España llegó a tener un profesional de banca por cada 166 clientes mientras un médico seguía atendiendo a más de 400. 

Primero se lanzaron las cajas más atrevidas o con más visión de futuro. Las cajas pioneras supieron posicionarse en el mercado y llegaron a sus nuevos territorios con precios de locales relativamente sensatos, clientes accesibles y precios de profesionales sin burbuja. Abrieron muchas nuevas sucursales a precios razonables que además ponían con relatividad facilidad en beneficios. 

El problema es que esa situación se desbordó cuando todos quisieron comprar gallinas de los huevos de oro. Algunas entidades de tamaño mediano y pequeño llegaron a la gran expansión tarde, mal y por simple gregarismo. Expandirse parecía un método demasiado fácil de obtener más beneficios en un mundo bancario donde los beneficios parecían multiplicarse hasta el infinito. 

Estas entidades llegaron a mercados maduros y además en plena burbuja. Cuando llegaban a comprar locales la soberbia habitual de la época hacía que compraran los mejores locales a precios desorbitados o bien que debieran conformarse con locales mal situados a buenos precios. En cualquiera de los dos casos el fracaso estaba servido. Los exigibles estudios de mercado fueron los grandes ausentes en este tipo de decisiones estratégicas de tamaño y ubicación. 

Pero no solamente fue una cuestión de precio, tomar la decisión de expandirse en el momento de la cresta de la burbuja también influyó en la tipología de cliente que se podía captar. En aquella época los clientes estrella eran los promotores inmobiliarios. Estos clientes recibían continuamente subastas de ofertas para trabajar con ellos. Las entidades que llegaban tarde a la gran expansión no tenían acceso a estos clientes más que con una fórmula: tirar los precios por el suelo lo que afectaba al margen de beneficio. Pero sobre todo afectó a que la distancia entre la captación y el principio del pinchazo de la burbuja hizo que la morosidad fuera repentina e inasumible. Junto a estos dos ingredientes (locales caros y clientes baratos a punto de estallar) su captación de talento también se resintió. Fichar buenos profesionales de banca representó un problema en una determinada época. No todo el mundo quería trabajar en banca al tener grandes oportunidades en otros sectores. Y los buenos de banca estaban cotizados o bien había que optar por licenciados recién salidos lo que provocó que las plantillas de expansión tardía estuvieran poco formadas para asumir decisiones tan complejas como las que tenían que tomar. Y los servicios centrales no estaban pensados para crecimientos tan rápidos. La columna vertebral no podía aguantar tanta obesidad sobrevenida. Era un proceso dificilmente abordable porque contribuía a la burbuja creando más obras, más oficinas, más empleo en banca... 

La gran expansión obligó a las cajas a endeudarse con nuevos locales, a tirar precios por pura subasta de supervivencia. Y fue entonces cuando llegó la morosidad con el estoque. Las inversiones tardan en rentabilizarse y si además llega una gran recesión el drama se subía al escenario. 

¿La vulnerabilidad financiera es rentable?

¿Es ético hacer negocio con clientes vulnerables? Los casos de preferentes y subordinadas vendidas a clientes manifiestamente inadecuados para esos productos ha hecho preguntarse a mucha gente por el comportamiento de los profesionales de banca que han intervenido en esas ventas. Se ha hablado mucho sobre la cadena de mando que obligaba a "colocar" esos productos para garantizar la viabilidad de algunos bancos y los empleos de esos profesionales sometidos a amenazas e informaciones sesgadas. 

Lo cierto es que uno de los principales problemas de la progresiva exclusión financiera que irá produciendo el proceso de pensamiento único bancario es determinar el comportamiento de los profesionales de banca con las zonas periféricas de la vulnerabilidad financiera. 

Un cliente es vulnerable cuando por sus circunstancias o conocimientos está en posición de extrema inferioridad y fragilidad respecto al banco con el que trabaja. La vulnerabilidad financiera se establece en términos de necesidad (necesidad imperiosa de dinero), de situación emocional (adicciones o depresiones) o de bagaje de cultura financiera (ausencia de alfabetización financiera). 

Llegados a este punto podríamos plantearnos: 
  • ¿Qué hacer cuando un cliente enganchado a las drogas nos pide un préstamo que se encuentra en campaña?
  • ¿Qué hacer cuando un cliente en mitad de un divorcio necesita resolver su situación con dinero que no tiene? 
  • ¿Hay que darle una tarjeta de crédito a una persona con depresión? 
  • ¿Qué hacer cuando una persona no entiende idiomáticamente un producto? 
Ante estos clientes existen dos caminos. El primer camino es cerrar los ojos y cumplir las órdenes estrictas de las entidades que son hacer negocio y garantizar la rentabilidad de las oficinas. De hecho, desde un punto de vista exclusivamente de rentabilidad los clientes vulnerables suelen ser clientes muy rentables ya que acceden a paquetes de productos adosados que aumentan la rentabilidad de la operación principal dada su fragilidad. Dicho de otro modo, a esos clientes les colocas lo que quieres por decreto.  

Sin embargo, analizando algunos casos de vulnerabilidad financiera llegaremos fácilmente a la conclusión de que es necesario que el profesional de banca encuentre mecanismos de objeción de conciencia apoyados en algún tipo de medida legal ejercitable para negarse a cumplir órdenes que afecten a colectivos vulnerables. El dinero debe tener algún tipo de ética. En un país donde la alfabetización universal data de treinta años su generación más avanzada en edad apenas tiene conocimientos financieros. No protegerlos es una negligencia social. Cada día acuden a las sucursales bancarias personas que apenas entienden de sumas y restas de dinero en su cuenta mientras los productos bancarios son cada vez más sofisticados y complejos. La vulnerabilidad financiera puede ser rentable en forma directa pero redunda en un desencanto social y un desapego de la actividad bancaria como actividad que sirve a la sociedad. Y los únicos que son capaces de discernir las situaciones de vulnerabilidad financiera son los profesionales de banca que tratan cada día con los clientes. Es imposible establecer un scoring de vulnerabilidad. Las prácticas bancarias de rotación laboral parecen intentar hacer olvidar a los profesionales su responsabilidad respecto al entorno pero los posibles daños sociales de los productos financieros están ahí. Los profesionales de banca no manejamos un producto cualquiera, manejamos dinero; un producto que se ha demostrado afectar a la esencia misma del modelo de cohesión social. Una sociedad necesita profesionales arraigados, éticos y con visión de largo plazo en el modelo de relación con el cliente. Las empresas prefieren profesionales desarraigados pero la sociedad necesita esos lazos para recuperar la confianza. 

La exclusión financiera obliga a un amplio segmento de la sociedad a caer en manos de los tiburones financieros. La vulnerabilidad financiera puede ser el objetivo de algunas prácticas de negocio por su alta rentabilidad. Ambas cosas son problemas sociales que van a ir creciendo y los profesionales de banca van a ser determinantes en su posible solución ante los intentos de las empresas de prescindir de su responsabilidad social mirando exclusivamente su rentabilidad directa. 


La retribución emocional variable

Ahora que se acerca el cobro dinerario de la retribución variable bancaria correspondiente al año anterior conviene recordar que existe otra retribución variable: la emocional.

Indudablemente casi nadie trabaja por una palmadita en la espalda, para una obra social o para sentirse parte de un instrumento colectivo útil a la sociedad. Nadie hace eso "conscientemente" sería mejor precisar. Pero es imprescindible que una empresa cuide su "pegamento humano" para mantener de manera eficaz, sostenible y productiva a un colectivo de personas.

Las entidades bancarias de hoy en día usan el miedo como instrumento básico de cohesión. Las negociaciones colectivas son el termómetro para saber cuál es la pulsión dominante. Ahora es el miedo. Se usa el miedo para todo. Miedo para cumplir las campañas, miedo para prolongar jornada, miedo para no ser movido. El miedo no es más que una derivación de la desconfianza. Cuando se desconfía de la plantilla se usa el patrón de conducta del "padre estricto" basado en el binomio control-castigo. Con estas bases queda claro que la retribución variable emocional en estos años está siendo negativa considerada en números generales y paradigma dominante. Siempre hay quien está contento, faltaría más.

Basados en el miedo y la desconfianza, se usa a los empleados sin miedo a manipular sus emociones, sus expectativas, sus ilusiones, sus esperanzas y sus proyectos. Siempre se antepone la gran palabra "la organización ahora necesita tal cosa". Como si la organización fuera un ente casi religioso.
Una persona que trabaja en  una entidad bancaria se mueve en base a emociones. El manejo de sus emociones será determinante para su rendimiento. Una persona implicada, identificada y alineada con los valores de la empresa es una persona más productiva. Sin embargo, ahora los bancos están preocupados por esa identificación y alineación de valores. Pasan del tema porque saben que nadie se va a ir, nadie se va a mover, la crisis obliga a una actitud conservadora. Se permiten tener empleados desdichados que se levantan cada día porque no tienen otro remedio.

La segregación mental de los valores de la empresa, la incomprensión de sus decisiones, sentirte desamparado, sentirte utilizado, sentirte ninguneado, aislado son situaciones que dejan huella emocional. Se produce un aprendizaje emocional de separación respecto a tu desempeño diario. De estar involucrado pasas a estar inmerso. De pensar en plural pasas a pensar en singular. De creer en algo pasas a seguir instrucciones. De proponer pasas a dejarte llevar. Es un proceso inconsciente e individual que cuando no se gestiona bien se convierte en una patología colectiva que puede acabar con una empresa. Lo mejor del oligopolio bancario es que todo el sector es tóxico en ese sentido ahora mismo. Todas las entidades circulan paralelas. Pero no siempre fue así (las Cajas de Ahorros no eran así) y no siempre lo será (el ciclo de crisis cambiará).

Dejar de trabajar la cultura de empresa en patrones positivos de felicidad: serenidad, apego, esfuerzo compartido, transparencia en las decisiones, razonamiento de las campañas hace que una persona se desapegue de esa realidad. Y es justo en ese momento cuando está solamente a un click de irse físicamente. Mentalmente ya se fue. Y ese click es el dinero. Solamente con dinero no se construye ningún banco rentable. 

¿Cómo se cargaron las cajas de ahorro? Capítulo IV. El harakiri de la Obra Social

Los corsarios de la cajas de ahorro ya estaban dentro. Pero había un aspecto de las cajas al que no tenían acceso: la obra social. En este caso la banca voraz contaba con un aliado inesperado: la megalomanía.

La Obra Social de las cajas de ahorro tenía tres dimensiones. El primero era una especie de obra social de barrio mediante la cual los directores de las oficinas disponían de un dinero cada año para patrocinar o ayudar a pequeñas asociaciones, equipos de fútbol, iniciativas festivas con las que la caja colaboraba. De esta manera las cajas de ahorro se arraigaban e imbricaban con su entorno, el barrio con el que convivían y al que intentaban solventar necesidades financieras. La segunda pata era la obra social organizada de carácter asistencial. Se trabajaba con proyectos de carácter social para incrementar la calidad de vida de segmentos de población desfavorecidos o marginados. Finalmente aparecía la obra social de carácter cultural donde se mezclaban los mecenazgos con las exposiciones.

En el contexto temporal en el que las cajas sufren los ataques piratas se produce la explosión del ladrillo y eso afecta a la obra social de las cajas. De un lado, la pata cultural se sobredimensiona. Los egos directivos de las cajas solamente pueden presumir de una cosa: de su obra social. Eso conduce a la mayor parte de las cajas a poner luz a su obra social. Y para que una obra social pueda ser visible lo mejor son los inmuebles. La obra social se convierte -siguiendo la inercia social- en una constructora de espacios culturales adquiridos y puestos en valor por las cajas. Mientras tanto, las otras dos patas: labor social y proximidad se van reduciendo o congelando.

Además de todo ello surge la publicidad como medio de explicar y poner en valor la obra social. Los gastos de publicidad se asocian al nuevo concepto en voga de reputación social corporativa y permiten a algunas cajas presumir de su propio concepto. En ese momento la obra social deja de ser  una consecuencia lógica y empieza a convertirse en una coartada para casi todo. La obra social pasa de ser la fase final de un proceso a ser el prólogo de la actividad bancaria, la puerta de entrada al cliente. De ser algo asumido a ser algo presumido.

Actualmente las obras sociales están redirigidas a las fundaciones bancarias que han sobrevivido de algunas antiguas cajas. La mayor parte de ellas han desaparecido. Las que quedan en pie se han convertido en un reclamo publicitario, un discurso combinado llamado dividendo social, un entramado de reputación social corporativa, o incluso a veces solamente  un vestigio nostálgico de lo que representaron las instituciones más importantes de capitalismo social de la historia económica de España.

Cajeros que jugaron a ser banqueros necesitaban grandes inauguraciones y pirámides faraónicas que satisficieran su deseo de pasar a la posteridad. Mientras tanto, lo pequeño, la ayuda al barrio, a la fiesta, al equipo deportivo, se diluía cada vez más, las raíces se cortaban para que las flores lucieran más bonitas. La sociedad empezaba a detectar que las cajas ya no estaban cerca, se habían refugiado en grandes pirámides de faraones financieros. Las cajas ya no eran lo que fueron. Un árbol sin raices es demasiado fácil de arrancar por el viento.

Los bancos encontraron la complicidad de las cajas para acabar con el "dividendo social". La clave estaba en la palabra dividendo. Si no hay dividendo, éste nunca puede ser social. El liberalismo corsario necesitaba un harakiri, el sable de la imitación, la megalomanía y la ambición fueron el arma perfecta. Ahora solamente faltaba acabar con el arraigo y la confianza que las cajas despertaban entre sus clientes.

Improductividad tipical Spanish

Antonio tiene una empres de seis trabajadores. Con cierta frecuencia hace pagos a la administración. Una de las empleadas de Antonio ha aprendido a bajar los impresos de la web y rellenarlos en pdf. Antes tenía que ir a recogerlos a la administración correspondiente. Se ha modernizado. Tras rellenarlos los imprime y va al banco a pagarlos. Hace una cola de veinte minutos y consigue pagar en efectivo los trámites que llevaba. Tarda en llegar al banco quince minutos y quince más en volver a la empresa. Como la empleada cobra 10 euros la hora el trámite le ha costado a la empresa de Antonio unos diez euros. Esos diez euros son coste directo, no incluyen el coste de oportunidad de producir otra cosa, ni el riesgo de manejo de efectivo, ni el riesgo de accidente laboral).

Sin embargo, hace ya años que el banco permite pagar a través de su servicio de banca por Internet esos impuestos con lo que esa empleada podría en menos de cinco minutos pasar esos impuestos con un coste unos 70 centimos para la empresa.

¿Por qué Antonio sigue haciéndolo de la misma manera? Las coartadas son variadas. Todos los Antonios encuentran un motivo.
Para empezar Antonio puede que no se fie de darle las claves de Internet a su empleada porque para Antonio Internet es un lugar de fraudes frecuentes y posibles desfalcos porque siempre que sale en la tele es por algo malo. Sin embargo si que se fia de darle a una empleada casi tres mil euros para que vaya con el coche a una entidad bancaria y esté media hora en una cola hasta que le cogen el efectivo. Antonio puede pensar también que haciéndolo así, si alguien se equivoca será el banco y si lo hace su empleada sus fallos deberán ser asumidos. Es una curiosa manera de construir la pereza tecnológica pero de todo ahí.

Antonio seguirá haciéndolo como toda la vida mientra Antonia fundará una empresa del mismo sector sabiendo hacer las cosas por Internet. Pero igual Antonio para entonces ya está jubilado. Eso sí, durante muchos años contribuyó a una improductividad manifiesta de pereza tecnofóbica.

¿Cómo se cargaron las cajas de ahorro? Capítulo III: El desembarco de los piratas

A finales de los noventa los bancos ya miraban con mucho recelo a las cajas de ahorro. El recelo llegó a su máximo nivel cuando vio como las cajas les empezaban a robar profesionales. El salto de banca a caja de ahorros fue habitual en todas las entidades. Banesto fue una de las más castigadas tras la crisis bancaria del 93 y el encarcelamiento de Mario Conde. Pero no fue la única ni mucho menos. Centenares de profesionales de banca vieron en el fichaje por una caja una manera de hacer su oficio con dignidad, serenidad y arraigo en su propio pueblo. Alejados de las urgencias de la banca clásica, de sus retribuciones variables y por tanto inseguras, alejados de las malas formas y las amenazas. 

Hubo dos tipos de desembarcos bancarios en las cajas de ahorro. El desembarco de "los exploradores" que acudieron a las cajas para seguir con sus carreras profesionales con algo de desahogo de objetivos y campañas bestiales. Fueron profesionales de banca que pasaban a dirigir nuevas oficinas de cajas de ahorro, recién abiertas, con una vocación de servicio especial, con todo por hacer. Llegaban con una cartera y un prestigio y poco a poco se hacían un hueco en la plaza con su nueva entidad. Eran simples supervivientes, bancarios de toda la vida. 

Junto con ellos llegó otro tipo de especímen de banca: los "piratas". Los piratas entraban directamente por las plantas nobles. Son bancarios de moqueta y despacho en piso alto. No se les conoce otra trayectoria que los puestos directivos. Nunca pisaron una oficina. Era  una especie de genética directiva, una predestinación que les permitía desarrollar su carrera en cualquier empresa: energética, bancaria o de telecomunicaciones. Piratas de la banca con una multivirtud: sobrevivir. Este tipo de profesionales de banca también vieron en las cajas de ahorro un nuevo territorio que conquistar. Simplemente tenían que copiar el discurso social del no reparto de dividendos a los accionistas y envolverlo en papel de regalo. 

Los piratas se constituyeron en las termitas de cada caja de ahorros. Solamente conocían una praxis bancaria, la de la banca frenética, egocéntrica, orientada al resultado a corto plazo, individualizada y de látigo. Fue entonces cuando se empezó a oír aquello de "en las cajas se ha vivido muy bien y eso tiene que ir cambiando". Los piratas impusieron su mentalidad allá donde iban. Por allí no volvía a crecer la hierba. Los "exploradores" no pudieron evitar ver como sus propios jefes "pirata" les perseguían con los mismos látigos a sus nuevas entidades. Los piratas habían llegado para llevarse todos los tesoros. Se llenaban la boca de obra social mientras olvidaban la propia vocación social del ejercicio de la actividad financiera. 

Los piratas fueron llegando y copando puestos directivos con la admiración de un cierto complejo de inferioridad de los directivos de las cajas. De algunos se llegó a decir que siempre quisieron ser banqueros. Como si las cajas fueran una banca de segunda categoría. Una banca de segunda división. El modelo de ejercicio bancario de las cajas cumplía una función social gracias a una cultura bancaria, una mirada, una ffilosofa Y lo mejor de todo es que instaladas en el medio plazo, serenas, seguras, volcadas en los clientes de clase media, dando cobertura a cualquiera: el negocio funcionaba. Y eso los bancos no lo podían soportar. Sus espías ya estaban dentro. Ya tenían dentro a su caballo de Troya. Cuando la crisis se lo permitió acabaron con cualquier vestigio de la idiosincrasia de las cajas de ahorro. Cuando las cajas estuvieron débiles, los piratas remataron a toda velocidad el trabajo que iba haciendo camino. Ya tenían su mapa del tesoro. 

Bosal cuéntame

La historia de Bosal es una historia escrita en color sepia. La lógica del capitalismo es una ilógica extraña. El capitalismo necesita una amplia base de mano de obra barata y un pequeño vértice de capital acomodado. En el medio una circulación de talento con valor añadido que sobrevive apoyada sobre los de abajo y alimentando a los de arriba.
Maximizar la plusvalía en los trabajos de menor valor es solamente posible con mano de obra cercana al esclavismo. Por eso nuestra ropa es tan barata. Porque la hace gente que aquí en España sería considerada esclava pero en su país se llama "masa laboral". Para que haya alguien que gana debe haber alguien que pierda.
Esa es siempre la lógica de las crisis del capitalismo. Cuando todos ganan se llama burbuja. Entonces explota para que los de siempre puedan seguir ganando mientras los demás pueden volver a perder como antes.



En 1984 se cierra la siderúrgica y se subasta la mano de obra y el suelo de Sagunto. Como casi siempre. Como se hará veinte años después con Parc Sagunt. Sagunto tiene gente y territorio y casi siempre está en una subasta de pobres a pesar de su eterna logística y ubicación estratégica. O como se hizo para ver nacer al Puerto de Sagunto, como una subasta de mano de obra venida de todas partes. Y así siguió siendo tras cerrar los Altos Hornos. La mentalidad de aquí estamos y acogeremos lo que sea con tal de sobrevivir y ganarnos la vida. Esa mentalidad es la que permite a todo el mundo maltratar a sus habitantes con bombas de oxigeno, empresas fertilizantes, regasificadoras, térmicas, cementeras... Todas esas empresas están en menos de dos kilómetros. Pero dan trabajo a muchas familias. Respiran aire sucio pero tienen vidas limpias.

Nuestras vidas están en permanente subasta. Nuestros pulmones se venden a cambio de cemento. Cuando se cierra AHM volvimos a ofrecernos en la cuneta de los desahuciados para que alguien nos recogiera para llevarnos donde quisiera. Así se vendió el Fondo de Promoción de Empleo y así fue como aceptamos tantas empresas como quisieron venir a buitrear subvenciones sin ningún orden ni concierto, sin relación entre ellas o quizá sí, la dependencia de lo que ya sabíamos hacer, el metal.
Vinieron para aprovechar nuestra necesidad e exprimir la sacrosanta moderación salarial. Sectores industriales medios con cabezas de decisión en otras partes. Sentaban sus tentáculos en nuestras cocinas pero abrían sus cuentas en las capitales. Y así nadie se siente concernido. Capital de fuera, decisiones externas. El jefe de todo esto de Lars Von Trier. Es más fácil no sentir nada cuando haces daño. Es fácil decidir respirando aire puro lejos de tus propias factorías.

Fueron sectores industriales medios donde el diseño carece de valor añadido y la mano de obra no exige alta cualificación. Así los trabajadores son fácilmente intercambiables y las subcontratas se convierten en una cadena de chantajes.

Pero nunca es suficiente para la avaricia del capitalismo postindustrial. Y poco a poco las ratas huyen buscando otros quesos. Sabedores de que siempre hay alguien más pobre con el que ganar más dinero. Producir en un lugar donde la legislación sea menos exigente y los salarios más moderados. Y vender donde hay compradores obesos de deseos insatisfechos. Capaces de pagar cada vez por lo que necesitan cada vez menos. O quizá producir en el lugar donde naciste y donde mantienes tu esencia. Recluirte en tu verdad sacrificando las alambradas. Cerrar las puertas del castillo y sacar al dragón de la supervivencia.

Bosal cuéntame, aquel cuento tan bonito de como se fueron borrando las huellas industriales de un camino de supervivencia. Como se fueron yendo poco a poco después de desnudarnos de parte de nuestras vidas a cambio de un salario digno. Mientras tanto los voceros de cada momento buscan culpables entre la insignificancia, ajenos a los verdadores artífices de un teatro de marionetas donde lo que ves no son más sombras que proyectan desde nuestras espaldas. Mientras tanto los gigantes dan patadas a los caniches de la lucha obrera. Sabedores de que tienen comprados a todos los árbitros y a los que hacen las reglas.

De derrota en derrota, hasta encontrar la derrota inicial, escribiendo notas en la nevera de un gerrillero loco que mataron en Bolivia.

¿Cómo se cargaron las Cajas de Ahorro? Capítulo II: La expansión

Las reformas legislativas de la democracia iban convirtiendo a las Cajas de Ahorro en bancos regionales. El salto económico de la España que venía de la autarquía pasando por la tecnocracia y asumiendo el salto económico de la época socialista hacía que a finales de los ochenta España tuviera una cierta apariencia de menor desigualdad con lo que cumplir con el papel de inclusión financiera no requería mucho esfuerzo. La moda liberal favorecía la competencia como un estribillo de cualquier canción. Favorecer la competencia servía para todo. Así que se acometió todo un conjunto de reformas progresivas durante los ochenta y principios de los noventa que favorecieron que las Cajas tuvieran una cierta igualdad de oportunidades de negocio frente a los bancos.
Evidentemente las culturas empresariales y financieras no cambian de un año para otro aunque las regulaciones lo hagan. Las Cajas y sus empleados se seguían dedicando a las clases populares y a la perqueña cesta de productos bancarios familiares, muy circunscritos a dos productos básicos, la hipoteca de toda la vida y el plazo fijo de toda la vida para pequeños ahorradores. Los bancos ya tenían una trayectoría de banca industrial, de gestión de patrimonios, de diversificación de productos y aunque el marco regulatorio de las Cajas lo empezaba a permitir, sus plantillas seguían con rutinas de "zona de confort". Vamos, que hacían lo de siempre.
Había un obstáculo serio en la competencia entre bancos y Cajas: el territorio. Las Cajas estaban ineludiblemente circunscritas a un territorio concreto. A mediados de los noventa los bancos ya notan la amenaza de las Cajas. Las Cajas de Ahorro pueden expandirse lejos de su territorio tradicional. Los subterfugios anteriores con formas jurídicas variadas dejan paso a una expansión potente de red. Las Cajas de Ahorro intentaran inmediatamente hacerse fuerte frente a los bancos en lo que son sus fortalezas. La capiliaridad (estar cerca de la gente), el conocimiento del territorio (fichando directores con arraigo) y la transversalidad de su oferta (un buen servicio sin distinción exagerada de clases)
Las Cajas de Ahorro inician su expansión de oficinas de manera ansiosa. En esta decisión estratégica está escrito el epitafio de la mayoría de ellas. Las que decidieron iniciar antes su expansión o las que nunca la hicieron de manera exagerada mantuvieron un cierto grado de dignidad con la llegada de la crisis. Las que se lanzaron a una expansión desaforada en medio de la borrachera inmobiliaria llegaron tarde y mal a todas partes. 
En todo caso, las Cajas empiezan a abrir oficinas por todas partes. Los costes de esa nueva inversión (comprar locales y fichar empleados) son altos. Una parte los cubre el excedente de la zona tradicional donde se genera beneficios pero hay que buscar más fuentes de ingreso para pagar tanto gasto y tan rápido. El entorno de tipos de interés bajos y bajo endeudamiento tanto público como privado permite hacer negocio rápido: conceder crédito para cualquier cosa. Las Cajas tenían como especialidad las hipotecas así que ese fue su objetivo inmediato. Financiando promociones enteras se ganaba suficiente dinero para poner en beneficio una sucursal en dos años. Es más, si además el bajo servía para poner la sucursal eso todavía era más rápido. Las hipotecas dejaban suculentas comisiones que en el corto plazo eran como glucosa y además también vinculaban al cliente (nómin, tarjetas, recibos) con lo que auguraban un futuro de beneficios recurrentes. Era el negocio perfecto para bancos y cajas. Solo que para las Cajas era una absoluta necesidad. En ello les iba la vida de la expansión porque se había puesto de moda la teoría del tamaño. En banca el tamaño empezó a importar. Y todos querían tenerla muy grande. 

Junto a este obstáculo había una novedad democrática que revoluciona la idiosincrasia de las Cajas de Ahorro. Nacen las Comunidad Autónomas que finalmente serán los grandes enterradores de Cajas. A las Comunidades Autónomas se confiere su regulación que anteriormente era estatal. Y las Comunidades Autónomas comienzan a regular según sus propios intereses y finalidades a esas Cajas de Ahorro. Todavía no han descubierto la gallina de los huevos dorados. Lo harán más tarde. A finales de los noventa.

El gigante bancario levanta ya su puño para golpear la mesa. Antes solamente tenía pequeños competidores territoriales, ahora ya lucha con competidores que ganan tamaño constantemente. Pequeños gigantes en potencia que ofrecen los mismos servicios y obtienen buenos beneficios. Y ¿qué hacen con esos beneficios? Los "tiran en obra social". No es de extrañar que los mayores accionistas de los bancos miraran con recelos a los bancos. Les estaban quitando una parte del pastel para tirarla por un agujero a los pobres. Eso no se podía tolerar. El cerdito de las Cajas se puso en el punto de mira del capital. Pero el capital todavía no tenía el control político que tendría a los pocos años. Y además, las Cajas eran un modelo exitoso. Para derribarlo había que hacerle caer en la tentación de la avaricia. Había que llevarlo frente al árbol y decirle que no comiera de él. Entonces y solo entonces, se podría disparar al cerdito y reventarlo. 

¿Cómo se cargaron las Cajas de Ahorro? Capítulo I: El origen

Las Cajas de Ahorro siempre fueron un bicho raro. El franquismo las utilizó como una especie de banco público con funciones muy concretas y reguladas como la financiación de los planes de vivienda. Su origen se encuentra en la inclusión financiera de colectivos desfavorecidos. La banca de los pobres que permitía el acceso a servicios financieros a personas a quienes los bancos no querían atender porque no eran rentables. Con esa finalidad nacen como una especie de fundación, con  una personalidad jurídica singular, donde los "stock holders", los interesados o accionistas sociales son entidades colectivas de todo tipo. Es muy importante subrayar que los "patronos" fundadores y gestores de las Cajas de Ahorro eran mayoritariamente sujetos colectivos de pensamiento. Ahí se incluían instituciones (diputaciones y ayuntamientos) y entidades sociales sin ánimo de lucro de todo tipo. La reunión de todas estos entes colectivos pretendía garantizar que la finalidad de inclusión financiera, de banca de los pobres, llegaba hasta sus beneficiarios últimos. 
Así surgieron las Cajas de Ahorro con una finalidad social triple. Por un lado usar una parte de los beneficios obtenidos para paliar las necesidades sociales de la comunidad en la que se insertan. Por otro lado, acumular otra parte de esos beneficios en reservas que fortalecían a la propia entidad en su lucha de capitalismo social. 
Es evidente que los bancos recelaron de su existencia desde un principio. Se trataba de una competencia limitada, muy regulada y segmentada pero una competencia al fin y al cabo. El menudeo de las Cajas contrastaba con la banca "a lo grande" de manera que los bancos siempre acudían al mordisco más suculento mientras las Cajas iban haciendo su camino de muchos pocos en lugar de pocos muchos. 
La función de las instituciones era la de velar por el buen hacer de los gestores en estos primeros inicios donde incluso las Cajas de Ahorro incluían los Montes de Piedad para que podamos comprobar hasta qué punto se trataba de proveer una mejor vida para las clases más desfavorecidas socialmente. 
Ese origen social no despertó envidias ni rencores mientras el rastro de la Segunda Guerra Mundial asentaba las bases del estado de bienestar donde el reparto y la solidaridad permitía a las Cajas subirse a la ola del entusiasmo creador de riqueza. 
Las primeras crisis de los setenta y especialmente el despertar de la bestia del liberalismo de origen anglosajón hizo despertar las primeras envidías y los primeros ataques. El capitalismo liberal no podía entender a entidades de capitalismo social como las Cajas. Para el liberalismo repartir el beneficio social en Obra Social resulta ineficiente. Para el capitalismo liberal avanzado una entidad sin accionistas egoístas e individuales era una entidad sin propietario, a la deriva de decisiones tomadas sin egoísmos particulares. Para el liberalismo de los ochenta las Cajas eran una competencia desleal y descontrolada por el capital. No había ningún capital privado que las controlara. Las Cajas de Ahorro eran un problema grave porque podían demostrar que sin choque de egoismos y con  una economía colaborativa era posible la viabilidad de empresas que además revierten sus beneficios en la sociedad. Fue a finales de los ochenta cuando se empezó a gestar y diseñar el ataque que tardaría casi dos décadas en fructificar hasta hoy en que la mayor parte de la gente identifica Cajas de Ahorro con estafa social. Los piratas lo han conseguido. Y tuvieron un mapa del tesoro muy claro desde el primer día. Sabían cómo acabar con las Cajas. 

Efectos secundarios y daños colaterales del nuevo podemismo

Podrían llamarse daños colaterales o efectos secundarios. En realidad es el mismo concepto de acción-reacción imprevisto o de zona ciega. Muchas cosas se hacen con una finalidad concreta pero se desconoce el alud de cambios de su efecto mariposa ideológico. No hay manera de saber cuáles son los cambios que eso producirá en nuestra zona ciega actual. Esa zona que no vemos. Nuestro culo ideológico. 



Supongo que llamará la atención el concepto "podemismo". Uso esa nueva palabra con la misma naturalidad que suelo usar liberalismo o socialismo. Creo que el "podemismo" pretende ser una nueva ideología alejada de los parámetros actuales. 

El podemismo tiene interacciones y efectos secundarios. Genera cambios no buscados e imprevistos en casi todos los órdenes. Este artículo pretende poner luz sobre los que asoman aunque como en cualquier iceberg, la parte más importante siempre está sumergida. 

Solamente una precision previa. Ya existe un podemismo que va más allá de Podemos. Hay un podemismo social, mediático y político. El podemismo es una forma de mirar el mundo  y una forma de hablar, una forma de hacer ideología. En el artículo se usa podemismo en su acepción más genérica. La que incluye los tres estratos. 


  1. El podemismo genera un nuevo sistema operativo. No se trata de un programa informático alternativo para la misma función. El Podemismo es totalizador, pretender establecer un nuevo sistema operativo. No pretende ganar según las reglas sino ganar para redefinir las reglas. Por eso razón deberíamos ser muy vigilantes porque un nuevo choque de placas tectónicas de poder genera nuevos poderes. Por decirlo más claramente, el podemismo habla de los de arriba y los abajo. En todas las sociedades conocidas hay gente arriba y abajo. La cuestión es quien está abajo y por cuánto tiempo. El podemismo pretende instalar un nuevo sistema operativo (proceso constituyente, redefinición de reglas económicas, democracia representativa...) Eso no es malo pero es tan trascendental que hay que vigilarlo mucho. 
  2. El podemismo está creando una caza de brujas. De hecho ya les está salpicando esa búsqueda de la virtud por oposición al decrépito sistema corrupto de la casta. El caso de Errejón es solamente  una muestra de ese efecto boomerang. El podemismo de marea ha instalado una mentalidad de pureza inquisitorial dificilmente absorbible en el futuro. Tengamos cuidado con las subastas de honradez porque pueden conducir a una situación todavía peor a la actual. Dicho en plata, si personajes asociados a Podemos acaban disputando espacios corruptos propios de la Casta la decepción puede ser mucho mayor y por otro lado la exigencia de una pureza extrema acaba en stalinismo o mcartismo. 
  3. El dumping reformista. Cualquier reforma es una montaña rusa. El problema de entrar en  una fase de competición reformista es que precisamente la reforma más profunda debe ser la más sensata y serena. Un podemismo desbocado puede hacer perder el norte de la dimensión de la reforma. 
  4. Escuela ideológica sobre el éxito político. Cuando una fuerza política sorprende en su éxito se instala inmediatamente en la mente de todo el mundo la replicación del modelo. Tengamos cuidado con replicar y contagiar el modelo de Podemos a todas las fuerzas políticas porque la pluralidad se resentirá muchísmo y una sociedad avanzada requiere un abanico de posibilidades diferentes. 
  5. Catarsis balsámica. El éxito de Podemos ha tranquilizado mucho las aguas de las movilizaciones. Es como si se hubiera iniciado una cuenta atrás para la avalancha revanchista sobre la Casta. Ya no es necesario manifestarse porque van a ser desalojados del Congreso a las urnas bravas. Esta desmovilización no es saludable desde el punto de vista social porque puede ser usada en el futuro con efecto boomerang por el propio podemismo. Cualquier poder requiere un contrapoder activo y movilizado. 
  6. Podemismo mediático. 
    1. El cambio de foco. Es curioso como Podemos tiene menos votos que Izquierda Unida y sin embargo acapara cien veces más foco mediático. Podemos tiene un valor mediático de atracción de audiencia. Corremos el riesgo de convertir la democracia en videocracia. La videocracia es adicta a lo nuevo, a la curiosidad por lo que todavía no conocemos. La democracia es el arte de resolver los asuntos públicos y nace de lo que es transparente y puede conocerse porque se expone abiertamente. 
    2. La guerra de eslógans. El imperio de la oratoria y la twitterización del pensamiento pueden dejar la política es una especie de combate de boxeo dialéctico en un plató de televisión donde se usan los eslogans como arma arrojadiza. 
  7. La pactabilidad. Dinamitar el bipartidismo exige trabajar al día siguiente sobre mecanismos de pactabilidad. Si la pactabilidad no aparece como vector principal, romper el bipartidismo solamente acabará por llevar a más bipartidismo a largo plazo. La capacidad para pactar debería estar ya en el escaparate de todas las fuerzas politicas. Y uno de los principales problemas del nacimiento de Podemos es que nace como fuerza excluyente del resto. Eso es un agujero negro sin fondo. La exclusión no debería formar parte de la politica desde un punto de vista conceptual. Así se predica de los partidos de ultraderecha y debería hacerse de cualquiera. 
  8. Reconcentración temática centralista. Otro de los efectos que tiene el podemismo sobre el pensamiento político es la agenda de temas sobre los que se habla El podemismo se mueve mejor en una agenda estatal-centralizada. Hablando dentro del marco estatal el podemismo domina la situación. En el momento en que bajas al autonomismo el podemismo se queda sin mensaje. Una recentralización temática del discurso político español será un problema para todos los españoles que vivimos en la periferia. 
  9. Resitua el pensamiento en los pensadores. Podemos ha nacido en una universidad y presume de beber de fuentes de pensamiento. Su presentación del ideario económico llevó el foco mediático hasta Vicenç Navarro por ejemplo. Devolver el pensamiento a sus fuentes originales es algo bueno y que debería mantenerse. 

Son los efectos colaterales del surgimiento podémico. Consecuencias naturales aunque indirectas, no siempre buscadas pero encontradas. Tenerlas en cuenta será determinante para controlar un fenómeno del que ahora mismo desconocemos la dimensión. 











No te pagan por pensar

No te pagan por pensar es una de las frases de moda en banca. Es una frase aparentemente asentada sobre los principios de la inteligencia adaptativa o resiliencia que también está muy de moda como concepto. En realidad, es una frase terriblemente nociva para cualquier organización que abandona los principios de inteligencia colectiva y se refugia en una especie de oráculo jerarquizado.

No te pagan por pensar, vende lo que te dicen, ejecuta las órdenes sin rechistar, no digas nada porque no sirve de nada, al final será lo que ellos digan... Todas esas frases forman parte del día a día del trabajador de banca. La estrella de Oriente que sigue todo el mundo es: esto es tan absurdo que lo único lógico es que me paguen todos los meses.



Pero analicemos paso a paso de donde surge y qué significa: no te pagan por pensar.


  1. ¿Si no te pagan por pensar por qué te buscaron con estudios superiores? Básicamente por una razón: querían que fueras ambicioso y que fueras capaz de entender órdenes sofisticadas. No aparece otra opción lógica en el elenco de posibilidades. En las facultades se crean perfiles de competencias pero también emocionales. La ambición es una esperanza permanentemente de futuro y los bancos son excelentes espacios de tráfico de expectativas. Vender un futuro mejor es siempre un producto rentable para el que lo vende. De eso dan fe casi todas las religiones. La ambición permite que trabajes muchas más horas de las que deberías para subir al siguiente peldaño. Es el alimento de las horas negras, esas horas que cada empleado de banca regala a su entidad esperando un futuro mejor.  
  2. Si no te pagan por pensar ¿Quién es el que piensa? La organización de las empresas de banca en el final de la época postindustrial y el inicio de la sociedad en red sigue siendo de carácter industrial. Los bancos se organizan de la misma manera que una fábrica de producción cualquiera donde el diseño de producto es para diseñadores y la cadena de montaje es la red de oficinas que ensambla productos en la mente de los clientes. En este tipo de organización jerarquizada y alienada es muy importante que cada estrato tenga exclusivamente la información que necesita para hacer correctamente su función. Ni un gramo más de información que la imprescindible. De esa manera nadie cuestiona su celda porque desconoce lo que sucede en las demás. La sociedad en red superará todas esas prácticas. Internet democratiza el acceso a la información como valor primordial. La información circula con mayor fluidez. Los bancos no podrán saltar ese obstáculo. 
  3. ¿Por qué ahora no hay que pensar? La negación del pensamiento es una estrategia básicamente defensiva. Cuando una empresa quiere crecer necesariamente tiene que acudir a la creatividad y el talento. No tiene otro remedio. Pero cuando el entorno es hostil surgen fenómenos típicos de la supervivencia. La supervivencia incluye un permanente estado de alerta y ansiedad colectivos que refiere rápidamente a la disciplina. No debe extrañar que la disciplina sea el valor más importante a inculcar a un soldado: nunca hay que cuestionar las órdenes porque es cuestión de vida o muerte. El entorno bancario actual es claramente hóstil (tipos bajos, desaceleración económica, reducción de números de entidades, salidas de profesionales y desconfianza del cliente) por lo tanto las empresas de banca se refugian como lo haría cualquier ser humano en lo conocido, en lo de siempre. Normalmente lo conocido es lo conservador y no hay nada más conservador que el marco referencial del padre estricto (Lakoff "No pienses en un elefante") que controla todo y dirige a la familia. Digamos que se acude a Esparta en lugar de Atenas o al Dios vengativo del Antiguo Testamento frente al Dios Creativo del Nuevo. 
  4. ¿Qué pasa cuando el que piensa se equivoca? Este sería el problema básico del famoso "no te pagan por pensar". Cuánto más reducida es la masa cerebral en una organización más posibilidades tiene de morir repentinamente por un error del oráculo. Las organizaciones más horizontales son más equilibradas porque se sostienen sobre muchos pilares. Dicho de otra manera, si se equivoca un albañil se cae una pared pero si se equivoca el arquitecto se cae la casa entera. La cuestión es que un albañil con experiencia casi siempre sabe cuando hay un arquitecto cagándola, de la misma manera que es fácil saber cuando una pelicula es mala aunque no se sepa dirigir películas. La gestión de la inteligencia colectiva no puede ser simplemente una lluvía de ideas inconexas. En la red de oficinas hay talento, mucho talento, y hay que escucharlo derribando tabiques. La expresión debería ser tan libre como sea posible. Eso sí, escuchando a la gente que habla desde la lealtad y la positividad. En banca se reciben muchas aportaciones celulares pero no se permiten los cuestionamientos transversales. 

No te pagan por pensar es un pensamiento suicida para un colectivo. Eliminar el pensamiento genera rigidez, ansiedad y miedo. Cuando alguien desconoce el sentido de una orden probablemente la ejecutará de manera indebida, a destiempo o de manera desproporcionada. 

En todo caso, me gustaría recalcar que todo esto lo he pensado fuera de horario laboral. Básicamente quiero dejarlo claro porque me gustaría seguir cobrando. Y como no me pagan por pensar. 


















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