La Forja del fútbol social

En el Puerto de Sagunto de los ochenta sobrevivir incluía una inmersión de humo en unos recreativos donde solo mirar era la opción más rentable. Nuestros padres luchaban por mantener su empleo intentando evitar el cierre de los Altos Hornos. Llevar un reloj calculadora estaba de moda a pesar de que apenas calculábamos nada. Los altos tipos de interés alimentaban las cuentas de una caja local que nos regalaba un equipaje de España y una carpeta verde para ir al colegio. Los Rotring luchaban por sustituir la pureza nostálgica de la pluma. La calle era un espacio conquistado por los niños. El imperio de los coches no había llegado. Los quioscos tenían una pared libidinosa y otra informativa donde se incrustaba El Caso para recordarte que el peligro siempre estaba en la portada. Y el fútbol se abalanzaba sobre nosotros con un mundial servido poco después de un golpe de Estado. Era una España que ya soñaba con Europa pero que distaba mucho de serlo. 




En aquel Puerto de Sagunto cada descampado era un estadio. Dos piedras servían de palos y el larguero dependía de la altura del portero. No te convenía elevar la pelota para no asumir el riesgo de una eterna discusión sobre la altura de la portería. Las zapatillas duraban un par de meses y las marcas no estaban en inglés todavía; la sed se combatía en los lavabos de los bares y las rodillas sangraban con tanta frecuencia que ya nadie se preocupaba.

En ese pequeño mundo sumergido e impermeable la única solución era concebir el fútbol como un elemento social de cohesión e integración. El fútbol como fenómeno inclusivo consiguió aplazar las adicciones de muchos, aplacar sus dolores más internos y completar las expectativas de otros. Dicen que la segunda generación de inmigrantes tiene problemas de identidad. El Puerto de Sagunto siempre tuvo una segunda generación de inmigrantes sin identificar. La Factory Town era un macroproyecto de fútbol de clase obrera donde todo se mezclaba.

La única opción era el intercambio local. Los mayores jugaban en la calle Asturias o en el Fornàs. Los pequeños jugábamos en el campo de La Forja. Había tantos niños involucrados que se podía hacer una liga. Era difícil encontrar alguien que no jugara al fútbol. Nos conocíamos por el nombre y el equipo. Supongo que yo era Carlos el de La Forja pero había nombres con el apellido del Casino, del CPO, de los Once Leones, de la Esperanza, y tantos otros derivados, escisiones...
Éramos nosotros y nuestro equipo, nuestro espacio primario de identidad, nuestro primer escalón de convivencia. Eso era el fútbol social, un lugar en el que convivir; una escuela de la vida; un voluntariado de educación deportiva; un marco de integración.

El fútbol social llegó a existir, tenía sentido en un lugar sin pijos donde no había césped ni natural ni artificial. El campo no era de nadie, el campeonato era una improvisación de arquitectura voluntaria, los registros de puntos, goleadores, tarjetas eran trazos de una intención de rigor. 
En el fondo nada de eso era importante, lo importante era el campo como catalizador de inquietudes, como imán de vocaciones, como biombo de separación de la realidad de una reconversión industrial que nos ponía frente al abismo. O un dique de contención frente a un mercado de nuevas sustancias evasivas que destrozaba vidas frente de tu casa. Y siempre un lugar de distracción, ilusión, entusiasmo, pasión y esperanza.

Por eso a nadie le importaba que las líneas estuvieran torcidas. A nadie le importaba que las medidas fueran los pasos de quien asumía la tarea. A nadie le importaba que las redes estuvieran rotas porque solamente servían para embellecer el gol de un niño que estando allí no estaba en otra parte.

Todo fue gracias a la generosidad de gente entregada, con más voluntad que conocimientos todavía, que buscaban camisetas y las guardaban, que rellenaban fichas que nadie podía falsificar porque nos conocíamos todos. El arbitraje era una maestría de la vida, un voluntariado de disciplina básica y abrazos en forma de tarjeta amarilla. Todo se formaba mediante una tela de araña milagrosa, un castillo de naipes con la resistencia del acero que fabricaban nuestros padres.

En aquel campeonato de La Forja todo era duro. El campo era duro, tenía más sentido jugar con zapatillas que usar botas pero el disfraz nos parecía imprescindible para aparentar lo que queríamos ser. El balón era duro, tan duro que elevarlo era una especialidad y rematarlo un atrevimiento. Las patadas eran duras, pero todavía no habían desembarcado masivamente las espinilleras. Las medias bajas seguían siendo el símbolo de la valentía, de la ausencia de miedo, del despojo irracional de la protección, de la naturalidad del riesgo. Como lo era toda nuestra vida. No había luz artificial con lo que nuestros ritmos eran tan urgentes como el atardecer. No había vestuarios lo que convertía nuestro equipaje en nuestra ropa. Y sin embargo funcionaba.

Pero allí fue donde crecimos. Aprendimos a negociar la altura del larguero. Aprendimos a asumir una función concreta. Aprendimos a comprometernos con lo colectivo. Aprendimos el respeto por el rival. Aprendimos que las caídas duelen para obligarte a levantarte. Aprendimos que todo el mundo es como se comporta en el campo. Aprendimos que nuestro primer carnet de identidad era una ficha deportiva con un sello imaginario, nuestro primer pasaporte para salir de casa. Aprendimos que el significado de rival y adversario acabaría pareciéndose al de compañero. Aprendimos que lo colectivo tiene vida propia más allá de la agrupación de individualidad. Aprendimos que la ayuda es un camino de doble recorrido. Aprendimos la impaciencia de esperar a salir, de calentar. Aprendimos que el sábado es solamente la función de un guión que se escribe entre semana. Aprendimos que la constancia y el esfuerzo son un trayecto que te lleva a todas partes.

Por aquel entonces nadie soñaba con la gloria. Solamente soñaba con divertirse un poco más, con un puente hasta insertarse en la vida obrera de un pueblo obrero. Quizá aplazar la conexión con la tierra pero no viajar al espacio galáctico. Éramos niños inmersos en un campeonato donde todos acabábamos siendo campeones.
Ahora entiendo por qué nos daban una medalla a todos cada vez que acababa la temporada. Era su manera de recordarnos que habíamos crecido ardiendo en la forja del fútbol social. 

Sector 27 / Ya no se hacen traidores como Pedja

Los medios de comunicación se afanan en encontrar inquisidores por Valencia para obtener una declaración contra Paco Alcácer. La narrativa del periodismo deportivo moderno se inspira en la ficción de una nostalgia apagada de cuando las cosas pasaban de verdad. Ahora todo es una especie de videojuego inanimado, una realidad virtual de cotizaciones futbolísticas, una colección de cromos inacabable que cada año cambia por completo.




Quieren hacernos creer que Paco es un traidor. Un traidor al que se le murió el padre en Mestalla. Un traidor que respira césped de Mestalla. Un traidor que lleva tatuado el escudo con la aguja de la ilusión de un niño en los campos de Paterna.

Paco se ha hecho mayor y ha visto cómo es el fútbol moderno. Paco sabe que el Valencia es la Pasarela Cibeles de un diseñador de jugadores. Paco sabe que el "Paco no está en venta" no sale del corazón sino que es una pose negociadora. Paco no puede ser el palo mayor de un barco donde todo está en venta. El Valencia simplemente es el Cash Converters de España. Paco sabe que en una liga con nombre de banco el único lenguaje es el dinero. En un fútbol sin raices cualquier árbol se cae. En un fútbol donde la gloria se restringe al oligopolio empresarial saltar es la única opción de ponerte en valor.

La épica del fútbol no se hace con efectos especiales. Los verdaderos traidores fueron repudiados sobre un campo de sentimientos fértiles y reales. Nuestro gran traidor siempre será Pedja.
Por aquel entonces el Valencia todavía no era una ETT para futuras estrellas. Aquel Valencia se alimentaba de una base de casa "low cost". Puro ingenio valenciano producto de una escuela montada en la era Tuzón que se limitaba a la captación del talento natural. Así es como somos los valencianos. Era la escuela del "pensat i fet". Para el Valencia de aquella época encontrar un crack suponía un esfuerzo de ingenio, una tortura previa de ensayo y error. Pedja era nuestro hallazgo, nuestro descubrimiento, nuestro tesoro. El Valencia necesitaba un estandarte, un preocupador previo a los partidos, alguien a quien darle el balón cuando nadie sabe qué hacer, un rompedor de ritmos.

La grada de Mestalla se hartaba de ver fichajes de ligas emergentes, el brasileño soñado, el hombre que vino del Este, los eternos argentinos. Pruebas no contrastadas, experimentos de mucho ensayo y mucho error. Sin embargo, Pedja había salido bien. Era nuestro éxito. Pero Pedja era frío. Serbia siempre quiso ser imperial y Pedja era serbio. La grandeza corría por sus venas y el Valencia fue esa primera novia que tuviste antes de hacerte famoso. Y así nos sentíamos, humillados, abandonados, después de habérselo dado todo, nuestro amor, nuestra admiración, nuestro aplauso y nuestro dinero.

Pedja decidió pagar la cláusula. No se fue traspasado por un club que hace cálculos constantes de pérdidas y ganancias. Paco es un activo movilizado material. Pedja era un símbolo. El símbolo de la lucha por encontrar el mapa del tesoro, el boleto de lotería premiado de tanto trabajo de Pasieguito. Pedja era un ladrón con un cómplice. El Madrid nos robaba el suministro de intranquilidad al rival, la esperanza de regate en corto. Debimos sospechar de un jugador que jugaba engominado. Su lugar natural no podía ser un estadio de "provincias". Tenía que acabar en un club engominado, un club pirata que esperaba a ver crecer las flores para cortarlas. Ya lo había intentado con Lubo.

Puede que fuera ese apellido del este de Europa que siempre da un toque de espía de la Guerra Fría. Puede que fuera la sensación de que nunca nos quiso con pasión como nosotros a él. Puede que fuera un intangible de marca de club lo que nos hizo empezar a odiar al Real Madrid.

Lo cierto es que la marcha de Paco ya no resuena en las calles de Valencia como la de Pedja. Porque es difícil ser un traidor a algo que ya no existe. Es dificil ser un traidor a un fantasma. Un club zombie que se retuerce en su tumba de Mestalla. Lo cierto es que, aunque lo intenten, ya no se hacen traidores como Pedja.

Sector 27 / Rabah Madjer

Dice Rafa Lahuerta en La Balada del Bar Torino que la única manera de sobrevivir a lo indeseable y mezquino del fútbol moderno es la literaria. Recuerdo que de pequeño jugaba a un juego alternativo al Monopoly que se llamaba Futboly donde comprabas estadios en lugar de calles y ponías sillas o tribunas hasta intentar forrarte con el fútbol. Entonces me parecía divertido. La nostalgia es el refugio de los inadaptados.
Foto: Ciberche

Ser del Valencia a finales de los ochenta era casi una religión. La pertenencia surgía de la fe de un resurgimiento. No había ningún indicio racional de esperanza. Las glorias europeas de años atrás habían dejado paso a un descenso a segunda y una travesía del desierto que llevaría a una modesta tierra prometida: el regreso al lugar de pertenencia. La capital había dimitido y fueron las comarcas las que levantaron el Valencia de segunda división. Lo hicieron sin dinero y a golpe de autobús y paciencia. La receta de la esencia del Valencia siempre fue la misma: humildad y esfuerzo. En el 54 en la cima y en el 86 en el lodo.

En aquella época en la que se aplaudían las recaudaciones, como quien pasa el cepillo el misa y luego lo anuncia, tus ambiciones eran llegar a final de temporada aliviado y con alguna esperanza de algo. Se jugaban tres temporadas al mismo tiempo. La del partido del Madrid. La del partido del Barça. Y la de la liga sin apellidos bancarios.

En ese ambiente llegó Rabah Madjer. Como el lujo de una cena que no te puedes permitir pero que te hace sentir aspirante a rico. Las finales las veíamos por la tele y ya habíamos visto a Madjer marcar un gol de tacón al Bayern. Los dioses bajaban del Olimpo y además venían a Mestalla.

Por aquel entonces el Valencia era uno de los equipos que hacía buenos los resúmenes de Quique Guasch. Tres cuarto de entrada pero césped en perfectas condiciones. Madjer llenó Mestalla y el campo seguía en perfectas condiciones. Yo era un niño obsesivo y deslumbrado por un deporte que me regaló unas alas antes de que me pusieran los grilletes de la rutina. El Valencia había fichado a Madjer. En realidad Madjer venía cedido por seis meses pero preferíamos decir que lo había fichado. Y el domingo jugábamos contra el Athletic. Jugábamos todos porque la grada de Mestalla también jugaba los partidos en aquella época. Cada uno desde su estilo. Los abuelos críticos de tribuna, los niños entregados de la grada, la columna vertebral de los sectores altos y bajos.

Por aquel entonces las gentes que habitábamos la general de pie éramos la worker class de un equipo de media tabla. La grada General de Pie te permitía una cierta libertad de elección. Las alambradas que la rodeaban te recordaban tu estatus pero dentro de esa grada General de Pie eras libre de ser un pobre del fútbol donde tú quisieras. Después se convertiría en una elección, pero entonces estar de pie en una u otra parte era tu decisión. No sé si mi madre sabía que su hijo de 16 años se ponía a veces con los Yomus. Mi pañuelo de los Yomus siempre estaba en un doble fondo de un cajón de casa. Visto desde la perspectiva adulta puede que siempre lo supiera pero guardaba ese gran secreto con un niño que apenas se atrevía ni pedía nada fuera de lo común.

Al debut de Rabah Madjer acudí a General de Pie en la zona Yomus. Quizá otro día podamos divagar sobre lo que era ser Yomus en aquella época. El debut de Rabah era el acontecimiento del año en un club con pocas cosas que celebrar. Allí no se veía bien el fútbol pero se olía, se tocaba y se escuchaba mucho mejor. Cogí el mejor lugar que pude. Cerca de la valla de abajo era peligroso por las avalanchas. Lo mejor era ponerte debajo de una de las vallas intermedias. Eso te protegía un poco. No mucho. Pero algo.

El calentamiento del Valencia fue invisible. Todo mirábamos cada gesto que hacía Madjer. Cada malabarismo. Nuestra religión por fin encontraba un profeta. Ya teníamos nuestro macho alfa. Algo de lo que presumir. Algo de lo que hablar con los soberbios aficionados del Madrid o los condescendientes culés.

Mirar al argelino era soñar con un Valencia mejor. Con la perspectiva de la historia no deja de ser injusto que todos miráramos a la estrella prestada y nos olvidáramos del cielo de jugadores de casa que teníamos por el pasillo. Pero la memoria es justa y recuerda lo importante con más certeza que lo urgente. De Madjer apenas recuerdo un caño para salir de un atolladero en un corner. Y apenas recuerdo la avalancha del gol en el minuto quince. Una avalancha de gente conducida por una pasión. Un sentiment. 

Si quieres ser rico estudia Filosofia

O Antropología o Historia o Humanidades o Sociología o Psicología. Vives en una época de disrupción tecnológica y eso significa que todo se reconsidera desde un punto de vista nuevo. La generación de tus padres te insistirá en que estudies algo con salida. Pero realmente no tienen ni idea de donde está la salida. Los empleos del futuro no existen ahora. Lo que ahora es seguro mañana es incierto. Lo que hoy es dominante no existía hace cinco años. Lo que hoy es imprescindible un día fue un experimento inútil.




No estudies Marqueting estudia Filosofía. En un momento de giro copernicano solamente un loco es capaz de ver las cosas con cordura. En un momento de cambio de era solamente un precursor sobrevive. 

No es retórica, no es un recurso. La tecnología está desbocada y hay técnicos para manejarla a patadas pero solamente un filósofo, un antropólogo, un sociólogo es capaz de detectar los nuevos enfoques. Por ejemplo, las redes sociales nacieron dispersas, ahora convergen y lo hacen siempre sobre la detección y dominio de pulsiones básicas humanas presentes desde siempre. La pereza da lugar al triunfo del video vertical en SnapChat (usar solamente una mano), la curiosidad mueve Instagram, el ego mueve Youtube. La necesidad de capturar el tiempo, de guardarlos para superar tu propia trascendencia. Son los mismos pecados capitales de siempre. 

Es fácil encontrar un técnico de pensamiento convergente que reúna varios elementos de la manera más rápida y eficiente. Lo realmente difícil es crear nuevos elementos o combinarlos de una manera disparatada a priori de manera que surja algo realmente nuevo. La única manera de crear algo verdaderamente nuevo es conocer la esencia humana, su pensamiento, su naturaleza, su condición y su litigio existencial con sus miserias, su dolor, sus aspiraciones, sus necesidades básicas, sus emociones. Solamente la Filosofía le da la vuelta al microscopio para ver las cosas grandes. Solamente la Filosofía te permite vivir a lo grande. Los porqués cotizan en bolsa mucho más altos que los cómos. Siempre encontrarás a alguien que te resuelva el cómo pero no encontrarás a nadie que sepa plantear bien las preguntas: los qué y los porqués. Un mundo especialista vive instalado en un túnel. Nadie mira la oscuridad de los lados. Escapa de la caverna y vuelve si quieres pero amortiza lo que sabes. 

Y si finalmente no consigues grandes sumas de dinero la Filosofía te habrá enseñado que ser rico no es lo mismo que hacerse rico. Ser rico es tener todo lo que necesitas. Y al empezar a estudiar Filosofía empezaste a necesitar poco. 

Loca academia de multipartidismo

En los ochenta los sucesivos episodios de Loca Academia de Polícia convertían una actividad sobria, seria y peligrosa como la policial en algo disparatado y nos planteaban qué pasaría si nuestra seguridad estuviera en manos de sus protagonistas. Esa inversión de valores desde la sensatez a la locura nos podría invitar hoy en día a pensar si realmente el sentido común sigue siendo común o si una inversión completa de la normatividad no escrita sería más sensata que una locura basada en la inercia de seguir haciendo lo de siempre. 



El multipartidismo parecía un objetivo para amplios sectores de la población española. El bipartidismo de turnos en mayoría absoluta o relativa con apoyos nacionalistas era un modelo agotado. Sin embargo, el multipartidismo actual parece condenado a convertirse en un bibipartidismo zanjado por mitad sin solución de continuidad. Las reglas de bipartidismo han calado de tal manera en la política, los medios y el electorado que las normas derivadas de la sensatez multipartidista parecen sacadas de una loca academia de multipartidismo.

El fenómeno es conocido bajo múltiples nombres: la nueva política, el eje del cambio o la segunda transición. La cuestión es que a España se le han roto las costuras institucionales y necesita reestructurar sus conceptos más básicos de convivencia.

Cuando uno vive inmerso en tiempos interesantes -en términos de maldición china- es difícil discernir los grandes procesos y más sumergido en una capa de rabiosa actualidad pero la sintomatologia que presenta la sociedad española es lo suficientemente profunda como para tomársela en serio:

  • La pirámide demográfica ha cambiado tanto que toda las bases de pensamiento de los ochenta han quedado obsoletas, especialmente la sostenibilidad del concepto de solidaridad intergeneracional y los itinerarios profesionales crecientes, sin olvidar la desigualdad y su traducción social, la segregación laboral que genera el fenómeno nuevo del precariado y la pobreza con empleo. 
  • La financiarización, la explosión tecnológica en conjunto con la globalización facilita que el capital se mueva/esconda mientras la renta del trabajo se queda estática y se devalúa.  
  • El conflicto identitario siempre latente en la península ibérica se desborda y exige la aparición de una gran política frente a la simple gestión administrativa institucional. 
  • La hegemonía del ideario liberal lo convierte en una ideología invisible con serios riesgos de totalitarismo ideológico. 
  • El fanatismo propio de épocas de decadencia histórica plantea retos éticos en el binomio seguridad/libertad. 
  • La interdependencia económica obliga a revisar todo bajo el nuevo prisma de competencias compartidas europeas, estatales, autonómicas, locales. 
  • La pérdida de soberanía política frente a las grandes corporaciones y el sistema económico hace que la política deba ponerse en valor ante los intentos de tecnocracia corporativa. 
  • El fenómeno migratorio mundial que será creciente cuanta mayor sea la desigualdad interna y externa. 
  • Los límites del crecimiento desde el punto de vista ambiental habrá que afrontarlos desde una perspectiva nueva y la construcción de un relato alternativo al de la historia ascendente. 

Todas estas cuestiones son corrientes de placas tectónicas que pueden originar un terremoto cualquier día. Son corrientes submarinas que obligan a una nueva inmersión y dejar de nadar en superficie. El multipartidismo en España podría ser una de las herramientas más útiles para afrontarlo como ya lo fue en el 78. Eso sí, habría que revisar conceptos básicos que hoy parecen dogmas y acudir a nuevos consensos que faciliten el intercambio. 
Una comunidad humana avanza en función de los pactos que fijan sus élites dirigentes con el resto de su comunidad. Si las élites son extractivas y las instituciones son extractivas (Por qué fracasan los paises) el fracaso está asegurado. Las élites extractivas se subieron a lomos del PP y sus privatizaciones en los noventa y ahora no quieren descabalgar. La hegemonía de la ideología liberal les ha permitido además ir sumando instituciones extractivas constantes que no generan riqueza compartida sino acumulación en la cúspide. Si no afrontamos este reto con profundidad España corre el riesgo de meterse en el carril lento de la historia o acabar convertida en zona de estacionamiento. 

El multipartidismo podria ser una nueva manera de gestionar la situación bajo unas nuevas normas que superan las del bipartidismo de mayoría absoluta rotativa o mayoría absoluta parcial (con apoyos de pensamiento no global sino territorial). Ese sistema permitía la soberbia política, la polarización, la fanatización, la imposición...y sus patologías asociadas como la corrupcíon política. El multipartidismo debería ser capaz de superar esta situación con nuevos códigos de conducta y valores políticos básicos como:  

  • La alteridad. La aceptación del otro como un colaborador político superando la visión de adversario y enemigo. Tras unas elecciones la población otorga a cada partido unas cartas. El electorado reparte y los partidos juegan. Aceptar al otro como un interlocutor válido y legitimado obliga a tener un hilo de conexión permanente entre todos los actores de la conversación politica incluso desde el antagonismo de posiciones. Aceptar la diversidad ideológica y sus matices es el primer paso para coser un patchowork reformista. 
  • La aceptación de rol. El resultado electoral fija un rol a cada actor político que debe asumir incluso para intentar optimizarlo. Es el caso actual de Ciudadanos que intenta convertirse en un partido bisagra pero también en un partido palanca donde su capacidad de influencia está muy por encima de su base electoral gracias a su posición estratégica. 
  • El movimiento. En avances colectivos históricos es fundamental aceptar que el estatismo es un fracaso. La única opción de un río desbordado es ir hacia el mar. Las situaciones de bloqueo político no deparan nada bueno porque los comportamientos de masa no suelen ser racionales. Cuánto más se fuerza a la masa a tomar decisiones menos racionales suelen ser sus decisiones. Gestionar el movimiento será una cuestión de habilidad política pero cuestionarlo es una falta de diligencia. 
  • La madurez. La política es el mejor sustituto que las personas civilizadas han encontrado para sustituir a la guerra. La política es más heredera de la guerra que de la filosofía. Por tanto, el objetivo de una posición política es magnificar su grado de influencia sobre la gestión del poder. Conseguir todo es mejor que conseguir bastante. Conseguir bastante es mejor que conseguir poco. Y conseguir poco es mejor que no conseguir nada. La política es intentar dominar el relato hegemónico oficial e institucional. Eso no parece haberlo entendido la izquierda que todavía presenta serios problemas para demostrar su capacidad de gestión del poder y superar la política de testimonio conceptual. 
  • La dialéctica. Dado un conjunto finito de elementos la única manera de superar los propios elementos es la sinergia. Y la sinergia solamente surge de la mezcla. Por tanto, mancharse con las ideas de los demás es la única oportunidad lógica de superar una situación estática. Pactar, consensuar, hablar y establecer una dialéctica es la única manera de superar las propias opiniones. 
  • Siglas e ideas. En un momento de revisión histórica hay que asumir que la renovación de ideas puede comportar la desaparición de siglas. El mayor artífice de la transición política fue la UCD, un partido desaparecido. Las ideas mutan y se instalan en nuevos nidos bajo siglas diferentes pero los conceptos subyacentes permanecen en los enfoques de la humanidad. Intentar proteger o preservar unas siglas frente a la guillotina de la historia solamente se puede hacer desde la innovación y el riesgo no desde la nostalgia o el miedo. 
  • Audacia. Para afrontar un tobogán de cambio histórico hace falta audacia concebida como una mezcla de valentía, optimismo, prudencia e inteligencia. Cualquier otra actuación hace perder posición estratégica que facilite la intervención. 

Hasta ahora solamente Ciudadanos parece haber entendido que un nuevo juego requiere unas nuevas reglas porque seguir jugando con las mismas reglas conduce al mismo juego. Ciudadanos pelea por encima de su peso, maneja la audacia y se adapta a la nueva situación, asume riesgos de inconsistencia coherente, acepta la alteridad como base de la negociación, impulsa su capacidad de influencia, acepta su rol y basa su actividad en la dialéctica. 

La visión en túnel del eje a cuatro parecía conducirnos a una especie de actualización de sistema operativo con los dos nuevos partidos pop-up saltando a cada momento. Una visión más femenina y más periférica de la situación quizá nos permita ver que durante unos años el eje a cuatro estatal combinado con el eje territorial será el nuevo multipartidismo y la conexión de todos con todos es fundamental. Hay un tiempo para rasgar y otro para tejer. El traje de los ochenta se ha rasgado. Ahora es el momento de tejer. 

El día que nos tomemos en serio a los youtubers

Un policía se acerca a un hombre borracho que busca algo por el suelo junto a una farola. Le pregunta qué es lo que está buscando. El borracho responde que ha perdido las llaves. El policía le pregunta si recuerda donde las perdió. El borracho contesta que sí, que las ha perdido en un descampado cercano. El policía pregunta entonces por qué está buscando ahí. El borracho responde: porque es donde hay luz. 

Organismos de protección de la infancia, organismos de vigilancia de contenidos, consejos de redacción, asociaciones de usuarios, protocolos, franjas de horarios, directivas de adecuación por edades, críticas y críticos. Existe un ejército completo de mecanismos de control mediático. Eso sí, para la televisión y los medios de masas. El problema es que estamos mirando todavía bajo la farola simplemente porque hay luz.

Álvaro Reyes lleva años publicando sus vídeos donde usa a las mujeres como objetos de caza para vender sus servicios como "coach" de seducción. No es el único, hay un montón más. El Rubius ha superado ya los 20 millones de seguidores en Youtube. En televisión apenas aparece en un anuncio de Fanta en una burda imitación de Jim Carrey. Para la historia quedará uno de los tuits más retuiteados de las historia por encima de los dos millones. Será la palabra "Limonada" simplemente porque ese chico de ventitantos dijo que daría un premio. Ese será el legado de los adolescentes de hoy a la historia de las redes sociales.

Seguimos mirando bajo la farola sin darnos cuenta de que a nuestros adolescentes y postadolescentes los perdimos en el descampado.
Los códigos narrativos siempre han sido diferentes. Tengo algo más de cuarenta así que seguro que si hago un chiste sobre Marco, Heidi, Mazinger Z o el monstruo de las Galletas me entenderán mis congéneres pero también mis padres y sus congéneres. Compartir pantalla suponía compartir códigos. Esto no es más que evolución y cambio. La disrupción tecnológica que ha supuesto Internet, sin embargo, provoca que los códigos narrativos ya no sean compartidos con otras generaciones. Ya no se comparte pantalla y la nueva etiqueta "millenials" mira pantallas individuales sobre las que sabemos apenas nada.

En ese mundo se mueven los Youtubers. Youtube no deja de ser una plataforma, una tecnología, al servicio de la masa. Y no deja de ser injusto que un determinado tipo de actitud frente a esa tecnología se esté apropiando de ella. Youtube es un gran continente de multitud de contenidos, es un río de gran caudal por el que circulan muchísimas cosas creativas, de entretenimiento o divulgativas. Ser Youtuber, sin embargo, es algo muy concreto.

Existe una película que podría haber llegado a ser de culto si no fuera por su excesiva caricatura que se titula Idiocracia. En esa película se sostiene la teoría de que los idiotas se reproducen con mayor frecuencia e intensidad que las personas inteligentes lo que lleva a una involución de la especie. En un análisis estrictamente gaussiano es cierto lo que dicen los productores americanos: "crea contenidos para la inteligencia de un chaval de 16 años". Con eso abarcas mucho más público y al final los listos pagan el mismo precio por la entrada que los tontos. Con esa teoría de cauce (nicho amplio) de mercado funcionan hace muchos años determinados modelos televisivos como Telecinco de manera rentable y solvente. Por tanto, el concepto de audiencia amplia está basada en un estándar de espectador de perfil bajo, mucho más abundante que el de perfil alto.

Pero vayamos al grano, un Youtuber es un creador de contenidos audiovisuales especialista (generalmente en gaming, o sea, videojuegos) de una temática concreta que publica vídeos que él o ella misma protagoniza donde ofrece visiones, perspectivas, ideas y consejos respecto a su especialidad. Básicamente es eso. Hay Youtubers para cada videojuego, Youtubers de maquillaje, de ropa, de bricolaje, de música, de cocina. Sin embargo, los más importantes son los de gaming y los de "gags" que, a veces, son lo mismo.

Si analizamos su conducta desde una perspectiva sociológica encontramos una cierta lógica. La calle ya no es un espacio franquicia de intercambio. Hemos encerrado a los niños en casa y algo tendrán que hacer. Su ventana al mundo es su webcam para socializar así que parece bastante lógico que jueguen de manera colectiva pero cada uno desde su casa. Cada producto cubre una necesidad. Lo que antes se hacía de manera compartida en la calle ahora se tiene que hacer en casa. Los videojuegos se juegan en casa así que para compartir los trucos es necesario algún método nuevo. Y ahí aparece Youtube.

Justificada su existencia no debe pasarse por encima que hace años que la supervisión adulta ha desaparecido del consumo de contenidos. Esto sucede por diversas razones. La primera es la falta de tiempo de los padres. Y la segunda podría ser las dificultades de comprensión de los nuevos códigos que todos sufrimos (y eso te hace gracia?) que hace muy aburrida la tarea. Sea por lo que fuere, los niños han crecido salvajes en Educomunicación.

Atrapados en casa necesitan compartir trucos y consejos de lo que básicamente quieren hacer durante la adolescencia (que se puede prolongar hasta los 30): divertirse y jugar. Jugar a lo que siempre (entiéndase siempre para la generación por debajo de 45) se ha jugado: a las cocinitas, a las peluquerías, a las muñecas, a matar marcianitos. Así nace el fenómeno Youtuber, como un método de socialización de pantallas individuales asíncronas.

Todo este avispero de conceptos tiene una arquitectura básica ineludible. Los chavales y las chavalas están creciendo bajo la influencia de unos códigos que los adultos desconocemos y deberíamos conocer. ¿Cómo funciona un Youtuber?

Un Youtuber es un creativo de contenido. En ese sentido hay que aplaudir la iniciativa. Ahora bien, exáminemos bien los cómos.

  • Perspectiva individualista e individualizada. El narcisismo propio de la edad se eleva a la enésima potencia. El "yoismo" se dispara. Pocos son los youtubers que colaboran entre ellos. Si lo hacen funcionan en bandos en una perspectiva competitiva por "likes" y "followers". La competición y la competitividad son intrínsecas. La perspectiva individual es de tal calibre que el mismo youtuber hace todos los personajes mediante disfraces más o menos currados. Es un yo multiplicado parecido al de Eddie Murphy en Norbit
  • Intromisión de agenda y spam. El Youtuber es expansivo. Pide abiertamente la compartición de su contenido (dame like y comparte) en un espejo eterno de crecimiento. Lo más llamativo es su absoluta desvinculación con la actualidad (hay muy pocos o casi ningún youtuber social). Tienen una agenda propia ajena a cualquier vicisitud de la misma manera que el público de Mujeres y Hombres y Viceversa rechaza la presencia de informativos en su franja horaria. Esa disgregación de consumo mediático, es decir, la creación de un conjunto segregado con contenidos propios e impermeables generacionalmente es muy arriesgada en términos de creación de nueva cultura (por ejemplo, el machismo va en aumento en las nuevas generaciones). 
  • Vocación de influencia. El Youtuber aspira a ser "influencer". Intenta ejercer algún tipo de influencia sobre el efecto gregario desde el liderazgo. En ese camino se deslizan opiniones de todo tipo. Muchas de ellas basadas en lugares comunes fruto de la exposición excesiva a las tensiones de una sociedad en decadencia de carácter consumista, competitiva y excluyente. Así surgen muchos comentarios de exclusión que crean el marco cognitivo adecuado para el bullying. Muchos de los chistes de los Youtubers más conocidos están basados en la crueldad. Los más conocidos en cuánto a gags de humor son mensajes estereotipados propios de los ochenta en cuanto a sexismo. La antipolítica es un fenómeno compartido. La antipolítica en la adolescencia es un fenómeno a estudiar porque deriva en totalitarismos extremos (los adultos tampoco es que podamos ir dando lecciones) y en una época de decadencia histórica como la actual hay que ir con mucho cuidado con la polarización.  
  • Gamificación. La gamificación debería ser estudiada ya con más profundidad porque es un fenómeno sociológico que puede acarrear terribles consecuencias. La gamificación consiste en una permanente sensación lúdica. La sensación de vivir en un videojuego donde no hay consecuencias más allá de apagar la consola. La gamificación afecta a las relaciones interpersonales, sentimentales, colectivas, familiares y políticas. Por ejemplo, reduce la empatía subiendo el umbral de tolerancia ante el sufrimiento ajeno en pantalla. En una sociedad que lidera los índices de paro juvenil, los índices de Ni-ni y los índices de voluntad de emigrar en Europa una de las explicaciones de la ausencia de un estallido social es la alienación por la gamificación. Todas las épocas decadentes de la historia se han explicado a través de una fase final de "Pan y Circo". Esta vez es sin pan. Además, la gamificación tiene más consecuencias. Implica que contenidos aburridos deben hacerse amenos. Todo debe ser ameno y dividirse en píldoras (el equivalente pedagógico a las pantallas de los videojuegos). Acostumbrar a todo un colectivo a la diversión eterna es asumir un riesgo de frustración cuya explosión es ahora mismo indeterminable. 
  • Su mercado es cuantitativo. Aunque el futuro del mercado de datos es más cualitativo que cuantitativo seguimos en la edad de bronce de los datos. De momento, lo importante es cuantitativo, de manera que los Youtubers son famosos, no por la calidad de sus contenidos sino por sus seguidores. Esto redunda en el concepto de Idiocracia. Los idiotas en el sentido griego y etimológico del término (aquellos que se desentienden de los asuntos colectivos) son muchísimos más. La tecnología, de momento, está poniendo lupa a la mediocridad por puro mecanismo de identificación. Miro lo que entiendo, lo que no entiendo no lo miro. El salto del entendimiento (curiosidad + esfuerzo) puede no darse nunca y permanecer en la misma rueda corriendo sin moverse del sitio. En consecuencia, el éxito depende de conectar con el mayor número de personas, es decir, intentar situarse en el centro del tablero intelectual. Eso actúa como primer mecanismo de autocensura: se hacen los contenidos que se piensa que van a tener éxito. Y se piensa que tendrán éxito los gags más entendibles y básicos o los videojuegos más jugados. 
  • Segmentación. La "estrategia de negocio" de un Youtuber (atención porque ya hay gente de catorce años con estrategias de negocio aunque sean inconscientes) suele ser de dos tipos. La primera es ocupar un gran espacio como Minecraft (un videojuego). Donde hay mucho público siempre es fácil vender un producto barato o gratuito como es el de un Youtuber. La otra estrategia es la segmentación. Esta tiene más aristas porque la segmentación implica una especialización en temas muy concretos y en ese espacio se cuecen un montón de sesgos. El principal es el género. Los chicos suelen ser Youtubers de gaming y las chicas son bloggeras o instagramers de moda o youtubers de maquillaje y demás temas clásicos. Ad sensu contrario cuando se cruzan los géneros y los contenidos (una chica gamer por ejemplo) surgen rechazos y demás cortocircuitos. Los y las chavalas simplemente reproducen un mercado laboral segmentado, particularizado y especializado donde el saber generalista no tiene espacio (dense una vuelta por Infojobs un día). La cuestión es que eso conduce a sesgos de interés cuya ascendencia en la mente de una personalidad en crecimiento puede ser muy bueno (aceptación por pertenencia a un grupo) o muy malo (especialización obsesiva con rechazo de competencias genéricas). 
  • Los servidores sirena. El mercado tecnológico genera una ficción de éxito. Lo que realmente está demostrando el inicio de la economía bajo Internet es que el éxito depende de la creación de un ecosistema donde llegar el primero permite un juego de todo para el ganador. Crear el ecosistema garantiza ganar dinero por instalarse en tu ecosistema. La chavalada está creciendo con una ficción. La misma que refleja Black Mirror en su episodio de "15 millones" donde se consiguen créditos mediante el pedaleo constante frente a la pantalla y la única manera de salir es conseguir tu propio canal. Realmente, los vencedores del mercado son muy pocos (como en el fútbol por ejemplo). La desigualdad del tardocapitalismo está actuando también sobre los youtubers. Crecen con códigos de pelotazo y ascenso rápido. Dedicarse a ello supone un "no trabajar" porque ser Youtuber no es un "trabajo". Como dijo Wyoming, trabajar es hacer algo que no te gusta por dinero. 
  • Incorrección política. Una de las estrategias de éxito de los youtubers es la transgresión. Se dirigen hacia lo que jamás se podría ver en televisión. Saben que la televisión está muy vigilada y limitada por lo que Internet sería el reino de la libertad de diversión. Los tacos se mezclan con las afirmaciones sin base, los prejuicios se mezclan con estereotipos, y lo absurdo se mezcla con la crueldad. Cualquier cosa sirve para conseguir followers. Es frecuente que se autosometan a pruebas de diversa índole estilo Jackass, bien sean de dolor, de ridiculo, de sufrimiento... 
  • El traspaso de la oralidad. Resulto reiterativo con este tema pero me parece fundamental. La pereza es una pulsión básica. La pereza intelectual lo es todavía más. Cambiar del paradigma escrito al oral/visual es cambiar muchas cosas. Escribir requiere reflexión. Hablar no. Supone situar al protagonista en la dictadura de la imagen con todas las consecuencias para el que emite el contenido y el que lo ve (operaciones de estética, autoestima, adicciones consumistas). 

Son muchas las cosa que están pasando en la pantalla de al lado. Son muchas las cosas que están entrando por esos auriculares que no dejas de ver en casa. Internet es una oportunidad, una tecnología que permite un cambio de paradigma social, económico e ideológico, pero entraña también algunos riesgos. Las dos cosas circulan paralelamente en dos lineas. Una de perfil alto de creatividad extrema (web series, cortometrajes, músicos, wikis, start ups) que curiosamente permanece fuera de la luz; otra de perfil bajo muy iluminada donde los Youtubers campan a sus anchas diciendo lo primero que se les viene a la cabeza con escasa o nula construcción intelectual, dejando implosionar sus emociones y primeras impresiones, jugando incluso con su cuerpo en experimentos chorras con tal de mendigar algo de atención. De todos (familias, educadores, políticos) depende determinar la cantidad de gente que circula por cada vía. Es inevitable que existan las dos pero la cuestión es que dejemos de mirar el suelo que está bajo la farola. 

El policia cogió una linterna y dijo: acompáñeme. 

Rajoy y su "ya veremos": el gran innovador en comunicación política

Todas las ciencias sociales son inexactas por definición. Su inexactitud hace que el avance se produzca en base a una búsqueda de la menor inexactitud posible mediante la demostración empírica y también mediante una dialéctica que eleva las teorías nuevas por superación de las anteriores. Digo esto porque una de las cosas más graciosas que existen es comprobar cómo sesudos consensos más o menos científicos se van a la mierda ante realidades constatables de tal dimensión que convierten cualquier gigante en un molino más que evidente. 

La comunicación política es una rama que, como el resto de ciencias sociales, intenta establecer algún método mediante unos márgenes de hechos demostrados o no demostradas. De hecho, la mayoría de literatura sobre el tema se basa en los modelos de éxito y una especie de manual de buenas prácticas que siempre funcionan. Muchos de esos libros son algo parecido a un libro de recetas de cocina donde todas parecen estar riquísimas y simplemente hay que encontrar los ingredientes para mezclarlos de la manera adecuada.

En concreto la mayor parte de las opiniones y publicaciones sobre comunicación política de las últimas fechas se han centrado en Podemos como gran fenómeno de marqueting y comunicación. Yo también formo parte de esa gran tabla de surf del fenómeno Podemos desde el punto de vista de la innovación en términos de marqueting ideológico. Sin embargo, creo que ha llegado el momento de mirar al otro lado de la cortina para contemplar que realmente el gran fenómeno mediático, el gran innovador en comunicación y marqueting ideológico es Mariano Rajoy.

Rajoy es el que mejor ha interpretado a su electorado militante y a su electorado potencial su voto duro y su voto blando sin duda alguna.

No hace mucho que leí una especie de código deontológico de los comunicadores políticos impulsado por una asociación de comunicación política. El código incluía una gran declaración que decía que el comunicador político es ajeno a la ideología que promociona. Es decir, esta idea vendría a insinuar que existe una única comunicación política aplicable a todas las ideologías. Metiendo la lupa todavía más, significa que un comunicador ideológico debe poder atender tanto a derecha como a izquierda.
Es una idea que no tiene ninguna base ética ni científica. No es igual comunicar a derecha que a izquierda, hay límites éticos. Pero eso no es el objeto del día de hoy. La cuestión es que Rajoy ha sido el gran demostrador de que existe una comunicación ideológica de derechas exitosa y además que algunas de sus innovaciones tienen relación con los nuevos tiempos. Por tanto, no se trata de teorías caducas o rancias sino de conceptos que se van a proyectar en el futuro.

En este post me centraré en las tres grandes líneas de las innovaciones en comunicación política de derechas que ha introducido Rajoy.


  • La comunicación política pero sin política. La no política. Rajoy durante las Olimpiadas ha publicado 25 tweets. Las Olimpiadas han transcurrido mientras España atraviesa su mayor crisis de gobernanza desde la dictadura fascista. De los 25 solamente tres tenían contenido político y 22 tenían contenido deportivo. De ello podemos desprender dos ideas básicas. La primera es que la comunicación de derechas esconde la política porque no cree que sea un tema interesante para su mayoría social con la que establece un mecanismo de subcontratación. Yo le voto a usted pero haga el favor de no calentarme la cabeza hasta dentro de cuatro años. Defienda mis intereses y provoque los menos problemas posibles. Evidentemente es una derivada de la democracia representativa conservadora. Sin embargo, hay otras vertientes. Quizá la izquierda debería aprender de Rajoy algo de prudencia respecto a los movimientos en la sombra a la hora de gestar un gobierno. Estos son complejos, delicados y no pueden estar sometidos a un foco excesivo de los medios de comunicación. Un exceso de transparencia genera también problemas. Una empresa de comunicación vive de noticias y los obstáculos, problemas, disparidades, críticas y demás espectáculos políticos son su veta ideal. Admitámoslo, la sociedad de la comodidad y el entretenimiento se ha despolitizado, la política es aburrida, algo que quitarse de encima lo más pronto posible. Quizá usted crea que por la izquierda hay mayor movilización e innovación, mayor regeneración, inquietud y desasosiego pero usted saque la calculadora y verá como aquí hay once millones en cada lado y uno o dos millones de indecisos variables que deciden el futuro de España. Usted creerá que hay dosis de ironía y sarcasmo en este primer punto pero debería examinar la nueva comunicación política hecha por Snapchat o Periscope de Macri en Argentina u Obama y Bernie Sanders en USA, para comprobar la política sin política es un yacimiento comunicativo. 
  • La gestión de las crisis basada en la no comunicación. Es muy gracioso leer manuales y artículos de comunicación sobre gestión de crisis. Especialmente gracioso leerlos tras las sucesivas metidas de pata de los diversos community manager que se equivocan de cuenta y ponen cosas que no deberían. Todos dicen que hay que afrontar de frente las crisis de comunicación, reconocer los errores, mostrarse humanos e intentar capear el temporal. Hasta lo hizo el Rey (Perdón, me he equivocado, no volverá a suceder). Sin embargo, Rajoy y su equipo han inventado un nuevo método que funciona ante la indignidad de la profesión periodística: la no comunicación. No era suficiente con hacer ruedas de prensa sin preguntas. Rajoy ha inventado dos nuevos modelos. El primero la rueda de prensa por televisión. Situar un doble plasma de control, un doble firewall de mensaje incontrolado. Nosotros vemos por televisión como alguien habla por televisión con nuestros mensajeros los periodistas mientras sus jefes de consejo de administración y redacción se carcajean en sus despachos. El segundo método es directamente no contestar a lo que se pregunta. El método tiene variantes diversas desde un simple "ya tal" hasta el invento pujolista de "això no toca avui" o el auténtico rajoyniano de "usted pregunte lo que quiera que yo sin pestañear contestaré lo que me dé la gana". De nuevo el sistema funciona por la política de la antipolítica. Una comunicación frontal obligaría al electorado de derechas a prestar excesiva atención a una cuestión menor (la política) frente a lo que realmente es importante (conseguir dinero como sea). Rajoy sabe que su electorado no requiere una comunicación de perfil alto. 
  • La comunicación de química inestable y la genialidad del "ya veremos". Está es quizá la idea de comunicación política y marqueting ideológico que mayor pedagogía política ha conseguido hacer de los últimos tiempos. Tras el "ya veremos" de Rajoy hay mucha mayor profundidad de la que parece. Por un lado la izquierda debería aprender del "ya veremos" que los programas y los pactos programáticos han muerto. Con cuatro años por delante lo único cierto, honesto y sincero que se puede decir es "ya veremos". Adquirir compromisos al detalle en entornos tan inestables e interdependientes (intraestatal e intraeuropeo)  es absurdo. El tripartito valenciano depende de un cambio de legislación sobre financiación autonómica. Mientras eso no suceda del Pacte del Botànic queda en un "ya veremos extended version". Pero es que además, el "ya veremos" de Rajoy nos recuerda que la opción cero, la no política, es una opción viable, sostenible y con vocación de reconocimiento electoral. Vamos, que no hacer nada es una opción, y quien dice no hacer nada dice hacer despacio (ocho días para decidir si empieza a negociar con  Ciudadanos) o hacer según hagan (soberanismo catalán). El "ya veremos" es una especie de improvisación estratégica nueva que incluye un mandato de confianza en el líder que sabrá manejar la situación desde el Airforce One. Eso sí, siempre despacio porque recuerden que Rajoy no corre sino que anda. 

La comunicación política de derechas tenía muchos cánones básicos basados en sus pulsiones básicas (tradición, miedo a la inestabilidad, aversión al cambio, seguridad vs libertad) y Rajoy ha sido un innovador en algunas de ellas. Dudo mucho que sea consciente de sus logros dado que parece incapaz de construir frases con sentido. Pero lo que sí ha conseguido es interpretar mejor que nadie el presentismo consumista de la comodidad y el entretenimiento de un país que quiere vivir en un constante "ya veremos". 


Política, medallas y las otras españas con minúsculas.

Son muchas las personas que pregonan el estribillo por el cual deporte y política no se deben mezclar. Son los groupies de la ideológica apolítica que se creen la letra de cualquier canción que suene en la discoteca de moda. Lo cierto es que el deporte vive inmerso en la política como cualquier otro ámbito de la vida aunque la asepsia política en un quirófano técnico para dirigir la sociedad sea un verso de reggaeton que hace bailar a todo el rebaño. 

La política sirve. Y las medallas son un buen indicador de la salud política de un país. Las medallas, su ausencia, su presencia, su distribución, son un chequeo médico sencillo, una radiografía precisa, una postal del próximo destino.

En el momento de escribir este artículo España ha conseguido siete medallas. No parece que vaya a resultar un éxito el resultado de estas Olimpiadas. Quizá nadie logre pensar que la desarticulación de la clase media en España tenga algo que ver. Hay deportes que son gratis pero hay deportes que requieren una clase media poderosa. Una clase media de verdad. No una aspiración consumista. No todo el mundo puede tener un barco, un caballo, un arco o una espada. El aumento de la desigualdad influye en los resultados. Influye en la productividad e influye en el medallero. Una élite de ricos obesos y viejos (modo caricatura off) no consigue medallas.

Analizar la distribución de las medallas es una foto finish perfecta de cómo es realmente este país llamado España. Hace unos minutos se ganaba una nueva medalla en 110 metros vallas. Orlando Ortega aparece en la noticia como un hispanocubano que ofrece nuevas glorias a España. Un migrante, como tantos otros que han venido aquí a buscarse la vida. Llama la atención el uso natural de hispanocubano. España tiene una gran capacidad de apropiación de la doble nacionalidad cuando le conviene. Es fácil ser y decir ser hispanocubano, como es fácil ser y decir italoargentino o hispanovenezolano (a mayor gloria de Albert Rivera al ser la mayor fuente de doble nacionalidad de estos últimos meses).

No han tenido la misma suerte Mireia Belmonte, Maialen Chourraut o Marc López cuya adscripción identitaria no ha sido mencionada. No han sido ni hispanocatalanes, ni hispanovascos ni catalanoespañoles ni vascoespañoles porque la España con mayúsculas no reconoce esa diversidad.

Sin embargo, resulta más que evidente en los nombres que España ya no es la meseta de Don Quijote sino una mezcla compleja de identidades en ordenes íntimos y personales. No hay más que ver la llegada de Maialen a su casa para comprobar que esa continuidad de identidades superpuestas existe en este país y que quienes más la viven como una contradicción son los habitantes de esa nave que menciona Antonio Baños en su libro. Una nave llamada Madriz que sobrevuela la acogedora ciudad de Madrid con las élites dirigentes a bordo.

Si Orlando representa la parte baja de las puertas de entrada Marcus Cooper o Marcus Waltz según donde lo mires representa otro tipo de españa con minúsculas. De padre inglés preBrexit y madre alemana preMerkel, Marcus es el fruto de esa mezcla europea que brilla tras el acuerdo de Shengen. Esa es otra españa con minúsculas. No  hay una sola España. Hay muchas maneras de mirarla y muchos puntos de vista.

No me olvido de Rafa Nadal, orgulloso y español hasta la médula. Bilingüe castellano-catalán por cierto. Madridista y sin embargo modesto, discreto, trabajador, luchador que consigue sacar todavía la furia española que también subsiste. Esa es también otra españa que huye de la soberbia, que acepta y pelea en los momentos malos, que no hace trampas, que no grita. También esa españa existe.

Y tampoco me olvido de la perspectiva de género. Ahora mismo son las mujeres las que maquillan (ironia on) un resultado de perfil bajo para España en unas olimpiadas. Son las mujeres gracias a todo el esfuerzo de empoderamiento, de políticas de igualdad que ha impulsado la izquierda en general y el feminismo en particular y que ha acabado por comprar la derecha como modelo de éxito.

No es el lugar para poner la lupa en el interés que despierta la vida privada de las deportistas y no de los deportistas pero de Maialen se ha destacado que lo haya conseguido tras ser madre. Esa también es otra españa, la españa en femenino que grita y duplica su esfuerzo para conseguir algún éxito.
Una medalla femenina en halterofília (levantar peso siempre fue de muy machotes) no deja de ser la mejor metáfora de las otras españas (con minúsculas).

Bruno Hortelano todavía no ha conseguido medalla pero se ha metido en la fiesta privada de Bolt en los 200 metros lisos. Bruno es hijo de científicos nómadas por el mundo. Su españolidad no reside en un territorio sino en una sensación de comunidad transmitida de padres a hijos. Basada seguramente en la necesidad de cualquier persona de comerse un anuncio de turrones El Almendro, de tener algún sitio al que volver. Bruno defiende una españa con autoestima cuando dice que le gusta la mentalidad del American Dream de pensar que eres capaz de cualquier cosa. En el país de la Santa Inquisición la innovación nunca fue bienvenida. Bruno nació y creció en los únicos lugares que pudo crecer para ser consciente de que podía ser blanco y muy rápido. Nadie le dijo que no podía hacerlo. Así que lo hizo.

Mientras tanto el escenario de todo esto (Brasil- Rio de Janeiro) nos recuerda como la globalización se ha convertido en el pirata del Caribe de nuestra época. Aborda todo aquel barco que sea susceptible de tener oro. El COI -com la FIFA- acuden al olor el dinero. Algunos llaman a Brasil país emergente. Creo que están en lo cierto, ahora mismo tienen una emergencia.


Bienaventurados los que creen en la casualidad porque de ellos será el reino de los cielos de la simplicidad. Lástima que las medallas no se puedan comprar con alguna mordida o se guarden en Suiza. Ahora mismo tendríamos muchas más. 

Turismo crítico: Viajar y hacer turismo

 ¿Es el turismo un buen invento? ¿Es sostenible como industria? ¿Se nos ha ido de las manos? ¿Cómo nos comportamos cuando estamos de vacaciones? ¿Somos curiosos y permeables a la comunidad receptora? ¿Miramos lo que nos enseñan o intentamos ir más allá? Cualquiera que se considere un viajero se habrá hecho esas preguntas. Probablemente la diferencia entre viajar y hacer turismo sea contestar esas preguntas.


El turismo permite manejar el escaparate, ofrecer la cara que se quiere ofrecer, escondiendo la realidad, se puede construir un escenario donde se escenifica la obra que el turista quiere ver. Porque el turista es un constructo imaginario que acude a la llamada de ficciones atractivas, supersticiones, anécdotas, mitos y leyendas.... El viajero es otra cosa pero la cuestión es que la industria del turismo y su huella ecosocial hacen que sea preciso establecer criterios de turismo crítico más allá del turismo sostenible.

El turista impermeable acude a otro lugar en un viaje organizado. Llega a un hotel aislado para evitar los peligros del entorno receptor. Se traslada en vehículos seguros y mantiene  una relación endógena con sus congéneres turísticos. Mira la ciudad, se la cuentan, y vuelve a su logística de descanso y alimentaria. Viaje en una burbuja permanente donde el espacio visitado se convierte en un gran parque temático intangible. Finalmente vuelve a coger un avión y vuelve a su origen. Viajes de una semana que permiten a la "clase media" disfrutar de un aspiracionismo y contar a la vuelta como el mundo les fotografió mientras viajaban.

Los teóricos del decrecimiento como Serge Latouche ya advierten de lo absurdo del turismo como industria y su sostenibilidad. No empapa al turista de ningún intercambio cultural, no incrementa los niveles de empatía, ni siquiera los culturales. La caza del souvenir se superpone a la caza de Pokemon Go y las selfies. Sin embargo, esa movilidad ha generado un consumo energético en origen y destino enorme, un impacto directo también sobre el territorio de destino cuyo retorno directo parece rentable pero cuyos costes generales son insostenibles si el turismo sigue creciendo. Colectivización de costes y privatización de ganancias. Así son invisibles.

El turismo es la industria, el viaje es el arte. Y sus híbridos existen. Viajar a tu aire es una de las expresiones más habituales de esos híbridos. El turista a su aire es un turista mixto. Existe el traslado pero "el aire" te obliga a entender la movilidad de tu lugar de destino, a entender su habitabilidad, a observar sus vecindarios más allá del hotel, a construir tu propio puzle de intereses, priorizar tus gustos. Al menos el turista a su aire se involucra durante unas horas en el transporte público, se mezcla, se pierde, se mancha, se adentra en los supermercados de la common people de su destino, curiosesa en la gastronomia callejera.

El turista puro, sin embargo, es un espacio franquicia de inquietudes medias, de tradiciones artficialmente reconstruidas, de viejas localizaciones de escenarios cinematográficos redescubiertos, de observación aspiracionistas de faraones y demás sociopatas de la élite dirigente de cada período histórico, espectacularización de la indignidad humana, banalización de la barbarie, excentricidades de los ricos que han jugado con vidas humanas para su propia trascendencia, observación limitada de un way of life que nunca tendrán, gastronomía reconstruida y suministro de bebida al servicio de cada finalidad.

El turismo es la banalización del viaje, cualquier popularización de un fenómeno abandona su esencia y la convierte en frívola y superficial. Una industria que consigue que un chino compre una máscara en Venecia hecha en China y vuelva a su país mostrando lo que considera genuino.

Este año España romperá todos los records de turismo. Será porque otros países sufren guerras, conflictos, golpes de estado, revueltas sociales y otras sacudidas humanas. Eso nos hará felices. Es fundamental seguir vendiendo esperanza ¿Y qué son las vacaciones sino la esperanza de un trozo de vida mejor?

Las series y los nuevos héroes de la diversidad intelectual

La ficción ha tratado la diversidad intelectual. Hollywood lo ha hecho mediante muchas películas como Una mente maravillosa, Forrest Gump, Mejor Imposible y en España Pablo Pineda puede ser uno de los mejores ejemplos. Sin embargo, recientemente ha aparecido un giro en las narrativas construidas sobre las mentes con diversidad intelectual. 

En la ficción de importación americana el fenómeno de la inteligencia superior y sus caractarísticas se hizo más visible que nunca con The Big Bang Theory. La serie donde varios jóvenes genios de ciencias superdotados conviven y sobreviven a los efectos colaterales de la alta capacidad desde la perspectiva de la caricatura. 
Caricatura o no consiguen ser protagonistas y la creación de estatus que ofrece la ficción televisiva siempre otorga visibilidad, autoestima y valor. El hecho de saber qué hay otras personas que tienen características semejantes siempre es un buen bálsamo para quien vive encerrado en una mente diferente a la media En The Big Bang Theory los protagonistas forman parte de una élite tolerada por su enorme potencial intelectual pero viven apartados del resto de la sociedad con lo que sus competencias sociales y emocionales son objeto de sonrisa aunque sea cómplice y condescendiente. Los protagonistas son peces en una pecera pero no en el mar. Visibilizan la alta capacidad pero la circunscriben al rendimiento intelectual, la excelencia y su utilidad. Es una especie de gueto para genios donde son otros los valores que imperan. Un barrio friki dentro de una ciudad de medias gaussianas. Aún así es positivo porque permite dar visibilidad a características como el imperio de lo lógicoanalítico, las obsesiones, el contacto corporal, la empatía, el egocentrismo, la clarividencia, los miedos, la timidez, el miedo al rechazo... que son las hipotecas habituales en las mentes con alta capacidad. 

En Mr Robot aparece una nueva perspectiva narrativa. El progagonista de Mr Robot es esquizofrénico. El guión se mueve entre la introspección extrema, la clarividencia de análisis y la grandilocuencia de justicia social. El personaje, esta vez así, aparece interaccionando con el resto de la campana gaussiana aunque siempre bajo la dictadura del estigma de su enfermedad. Los monólogos interiores del personaje definen un laberinto interior propio extremo. El resto de personajes tolera -ni entiende ni comparte- su personalidad global también por su utilidad para la misión. 

Frente a la manera de contar historias de los americanos Europa siempre es más rica en los matices. En Bron/Broen, una coproduccción entre Dinamarca y Suecia la investigadora policial Saga Noren se describe con un perfil psicológico que podría estar próximo al síndrome de Asperger y ello no le impide ser protagonista de la serie. Es más, ese rasgo aparece como un rasgo relevante para la narrativa. La ficción europea sin embargo mete a todos los peces en el mar y los saca de cualquier pecera. El entorno de Saga la conoce y convive con ella aceptándola. Acepta tanto su falta de empatía emocional como su capacidad obsesiva por un tema. Saga aporta un espejo de aumento a todas aquellas personas que se sienten diferentes pero presentan unos patrones de conducta minoritarios pero comunes. 

Los nuevos héroes de la diversidad permiten visibilizar la diversidad intelectual desde una perspectiva de más aceptación. Los nuevos héroes pueden ayudar a sobrevivir al catálogo de uniformes que muchas personas se niegan a lucir. Sentirte igual a alguien cuando sabes que eres diferente a la mayoría puede ser un gran alivio. Los nuevos héroes ayudan desde sus extremos a que la media entienda la complejidad. Lo hacen desde la atalaya de saber que hay alguien que también ve a esos hombres grises que siguen saqueando el tiempo. Y ese alguien como tú sale en la tele. 

Ciudadanos: el firewall de Podemos

No contaba Errejón con Ciudadanos. Las tesis iniciales de Podemos -sobre las que Errejón parecía tener mucha más influencia- hablaban de un cambio transversal y de la ocupación de la centralidad política. Errejón sabe que esa ocupación de la centralidad supone hegemonizar la agenda y el mensaje, crear un nuevo eje y que eso se hace desde la capilaridad y la permeabilidad de un frente amplio con denominadores comunes restringido para generar una adhesión amplia. Pocas causas para reducir las contradicciones. Se trata de generar una causa mayor que aglutine intereses dispersos incluso contradictorios. La ocupación de la centralidad pasa, por tanto, por abrazar el centro político pero sin instalarse en él, en  una especie de marea ideológica que sube y baja cada día manteniendo la playa ocupada. Errejón lo sabía e Iglesias lo mencionaba cuando se enorgullecía de tener determinados porcentajes de voto que provenían del Partido Popular. Pero no contaban con el contrataque de las élites: Ciudadanos.

Ciudadanos nace como un cortafuegos para el virus de Podemos por el centro. El partido de Rivera es potenciado por las élites (marginando y destruyendo a UPyD) para ocupar el centro con dos finalidades. La primera ofrecer una opción digna a los votantes democristianos y liberales que anteponen la honestidad a la ideología y se resisten a votar un partido corrupto. La segunda segregar los votantes de centro y derecha del frente amplio de Podemos para instalarlo en el concepto izquierda que Podemos se negaba a aceptar (somos los de abajo).

Vaya por delante que creo que ambos (Iglesias y Rivera) son líderes surgidos de un casting urgente de regeneración política convocado por las élites cuyo formato placebo incluye la mutación constante. Ciudadanos es Abel pero Caín es necesario para que la historia avance. Mucho se crítica a Ciudadanos por sus mecanismos de supervivencia adaptativa (flexibilidad en las afirmaciones) pero las ideas muertas que ha dejado en el camino Podemos son quizá superiores (auditoría e impago de la deuda? Proceso constituyente?). Las élites necesitaban una acequia por la que canalizar una masa indignada emocionalmente (no intelectualmente) que estaba en la calle algo descontrolada. Comprueben ustedes el número de manifestaciones y huelgas en España antes y después del nacimiento de Podemos. Han actuado de ansiolítico social. Una vez el indignado ha comprobado que tenía en su mano una guillotina que llevar a la urna se tranquilizó. Lo que no sabía es que era de plástico.

Convocadas las oposiciones a jefe de la indignación los dos hermanos ideológicos han ido resituándose en el tablero. Podemos ha ido cayendo del lado de la izquierda que tanto odiaba mencionar hasta pegarse de lleno a ella abandonando la vocación de centralidad. Sin embargo, el cuñado de España se ha aprendido mejor el guión y está ganando más y más minutos en el culebrón político español. Rivera es ya uno de los moderados de Borgen. Las cartas que le dan a Rivera son buenas pero no son las mejores. Sin embargo, es el que mejor las juega porque Podemos vive entre la sobrexposición y el escondite, en  una esquizofrenia política que va de la soberbia a la humillación. Rivera siempre está, es el chico que siempre sale en la foto en el centro. No es la estrella pero siempre está para dar un apoyo a quién tiene el balón.

En poco tiempo Rivera ha sabido demostrar que es el mejor muñeco posible de las élites españolas. Aplica un barniz reformista institucional (menos política y menos estado político) que se sube a la ola del revanchismo contra la corrupción (la corrupción es innata al poder institucional luego deshagamos el poder institucional para luchar contra la corrupción). Es un mensaje ganador porque es simple y directo. Su prosa ideológica está llena de destellos naturales del sentido común conservador, de la sensatez sedentaria y del tardocapitalismo consumista. En términos marxistas la jugada es bastante sencilla y forma parte de la historia de cualquier país. Se trata de atacar la superestructura institucional (miren las seis condiciones para negociar con el PP de ayer) y dejar la infrastructura intacta. Se trata de ofrecer reformas superficiales pero muy visibles, encontrar un chivo expiatorio, y continuar con el "business as usual".

La cuestión central es que eso es exactamente lo que parece querer el electorado. En dos comicios seguidos el electorado se ha posicionado mayoritariamente en espacios que niegan el cambio vertiginoso propuesto por la izquierda precisamente por eso: por el vértigo de un tobogán sin fin. En eso tiene mucho que ver tanto el envejecimiento electoral como el Estado de la Comodidad (nuevo sustituto del Estado del Bienestar). La cuestión es que hemos acabado en un programa de Divinity en el que hay que optar entre los que quieren cambiar de casa y cambiarlo todo y quienes quieren redecorar la que tenemos y seguir viviendo en la misma casa. Y en escaños la situación la dominan los conservadores. Dos veces.

En ese nuevo mundo inmobiliario es donde un partido bisagra puede ser el rey del mambo. Rivera se ha aprendido de memoria los diálogos de Borgen y juega mucho mejor las cartas que Podemos que se ha ido al rincón aturdido por las dos hostias contra el techo electoral. Rivera siempre está. Rivera siempre sigue la jugada. Rivera siempre está vivo. Es la consolidación de un centro político que poco que sea listo debería convertir en centralidad para expandirse.

Si España sigue el camino de Grecia -como mantengo desde hace tiempo- ahora toca la gran coalición antipopulista (y suerte tenemos de que la ultraderecha esté atontada en España). Los caminos no son idénticos pero el PSOE no tiene muchas opciones si Ciudadanos avanza hacia el SÍ. Si el PSOE se instala en el NO será el culpable de un bloqueo político e institucional.

Ciudadanos cumple perfectamente su diseño. Nació para bloquear el centro político para Podemos. Surgió para ofrecer un espacio limpio a los votantes conservadores que ahora puede ser aprovechado para lavar al PP. Surgió para actuar de muleta del bipartidismo allá donde fuera necesario. Andalucía con el PSOE, en Madrid con el PP. Ni el mejor guionista de Borgen lo hubiera escrito mejor que Rivera.

Asistimos pues a una legislatura donde por primera vez desde hace mucho tiempo el centro político existe. La primera vez desde hace mucho tiempo que el partido bisagra puede ser un partido multicausa no nacionalista. Ciudadanos está siendo mucho más inteligente que Podemos porque Borgen es mucho más inteligente que Juego de Tronos. Podemos se dejó la centralidad, la transversalidad y la audacía. Ciudadanos está en el centro bajo el foco. Podemos en el rincón de la resaca de una bonita encuesta eterna.


Cámbiame, de la Telebasura a la Telebazofia

Una de mis aficiones es comprobar como los directivos de Telecinco exploran los límites de la dignidad humana. Ya no es el diablo el que se dedica a comprar almas, ahora ya está Telecinco para esas cosas. Su estrategia de negocio es clara y diáfana: comprar almas baratas para amortizarlas en uso intensivo de corto, medio o largo plazo. 


En esa eterna lucha por ampliar el perímetro de la indignidad humana cada vez ofrecen menos recompensa. Uno de los mejores ejemplos del paso de la Telebasura a la Telebazofia es el programa "Cámbiame".

Si no era suficiente basura emocional usar la imagen para intentar cambiar a una persona y abordarlo todo desde la uniformidad de una dictadura estilística frívola y superficial; el programa no se detiene ahí, sino que va al fondo de las miserias de cada persona. En cada programa se escogen los dramas humanos más frecuentes, el principal son los problemas de autoestima, depresiones y ansiedades varias junto a la dependencia emocional, para vender una esperanza basada en la imagen. Sin embargo, el guión manda ahondar en los problemas personales más allá de cuestiones de moda. La ropa es lo de menos. Lo importante es contar dramas íntimos y personales para conseguir la audiencia de los girasoles, los que se levantan cada día y miran al sol hasta que se pone como único objetivo en sus vidas. Luego ya le pondremos cualquier cosa en maquillaje y vestuario. Ahora que vomite sus miserias.

El giro es tan obsceno que resulta cutre. Un doble giro que invita a pensar que cambiando el hábito se hará un monje, partiendo de la candidez del hada madrina que viste a Cenicienta durante unas horas sin que ni siquiera se pueda quedar con el zapato. Tan viejo como el negocio de hacer caja con las lágrimas de los demás. Y así cada día en abierto, una ejecución social pública, una condena a la personalidad diferente y diferenciada de vestir como te dé la gana, como si la moda fuera una ortografía visual.

Algunos basan su periodismo en comprar la intimidad de la élite -extractiva- dirigente. Esos al menos pagan por los secretos. Cámbiame te convierte en un personaje de usar y tirar, un paquete de pipas. Y ¿a cambio de qué? A cambio de una esperanza, de tu minuto de gloria indigna. Caldo de cultivo de la enfermedad del siglo XXI la autopercepción narcisista en el lago de la dignidad mediática. Caldo de cultivo para princesas sin trono, reinas depresivas, príncipes de armadura de papel de aluminio y demás peces vulnerables que Telecinco apresa en sus redes.

Pura bazofía televisiva servida caliente a la hora de comer. 

Pedagogía olímpica sobre catalanismo

Ya van dos las polémicas catalanistas en los Juegos de Río. Por un lado TV3 usó la bandera catalana junto a la de naciones como Bélgica y Francia para señalar que un ciclista de Barcelona había quedado quinto. Por otro lado un espectador del balonmano femenino lucía una camiseta de Barça y una bandera española que sustituyó por una catalana al verse enfocado en el videomarcador. 

No hace mucho que Puyol decía que era español en un anuncio y recibió comentarios de todo tipo. Te dan por todas partes. Tampoco parece entenderse el compromiso que muestra Piqué con la famosa consulta soberanista mientras le pone a su hijo la camiseta con el número 3 de la selección española.

Bajo todas estas "anécdotas" subyace una trágica incomprensión respecto a lo que representa y siente Catalunya. Todas esas ambivalencias identitarias en forma de muñecas rusas donde ninguna parece prevalecer del todo resulta incomprensible para el españolismo de la meseta. La naciones que han tenido un imperio tienden a entender las relaciones entre pueblos como relaciones de dominio-sumisión. Cualquier otra diléctica les parece ajena. Así se puede entender el Brexit del Imperio Británico pero también sobre todo se puede entender el profundo anticatalanismo que respira España desde casi siempre. Un anticatalanismo tan hegemónico que resulta invisible. Que no permite dar visibilidad por ejemplo al hecho de que varias de las selecciones olímpicas serían imposibles para España sin Catalunya.

Catalunya ha enfocado tradicionalmente su identidad de forma afirmativa, positiva y defensiva. Tradicionalmente ha respetado su pertenencia a España como una identidad inclusiva pero sumada y equilibrada a la suya propia. Catalunya identitariamente es fuerte y así se manifiesta, con una lengua propia viva y una sociedad civil y política más diversa y plural que el resto del Estado (Euskadi no cuenta). Si algo ha cambiado ha sido el ritmo de avance del resto de España en su pole position mundial.

Históricamente en el futuro podrá comprobarse que Catalunya simplemente quiso seguir avanzando mientras España entraba en uno de esos círculos decadentes tan frecuentes en trayectoria histórica. Desde la meseta se asiste con cierta perplejidad a esa identidad dispersa que hace que un aficionado defienda a España ante la afición de Montenegro pero quiera mostrar su doble identidad al mundo. Probablemente esa persona no sienta ninguna contradicción interna ni exclusión entre las dos banderas. Cualquier fabricante de banderas estaría de acuerdo. Los creadores de banderas quizá no. 

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