La jerarquía de la muerte y la violencia de género

La jerarquía de la muerte es un proceso mediático ampliamente conocido por el cual la muerte se jerarquiza informativamente en función de los mecanismos de identificación con las víctimas. De esa manera es más importante la muerte de alguien semejante a nosotros que la de alguien no semejante. Por tanto mediáticamente tendrá más repercusión la muerte de un español en Turquía que la muerte de un somalí es Somalia. Es un consenso ampliamente asimilado que esto es así porque las características del concepto noticia condicionan los mecanismos de jerarquización. 



El sistema se convierte en más sofisticado cuando los matices de la jerarquía de la muerte se perfilan con más intensidad. Entre dos víctimas españolas el perímetro de la jerarquía de la muerte ya no queda tan claro y los matices de estrato social, género o incluso aspecto físico empiezan a salir a la luz. Es ahí donde la visibilidad llega condicionada por una acción coordinada y decidida que actúa de lupa mediática. Aún así la jerarquía de la muerte no deja ser una manera cruel de clasificar la muerte y otorgar visibilidad a unas y no a otras. El caso de las desapariciones en España es bastante evidente, unos llegan a ser mediáticos cuando revisten las características para serlo y ocupan portadas y minutaje mientras otros casos no llegan ni a aparecer. Es decir, que las -especialmente- televisiones deciden una especie de jerarquía de la muerte en función de sus características narrativas y colocan a su servicio la desgracia de la gente para conseguir audiencia. Esto no resta ni pizca de importancia ni a los casos relegados ni a los casos señalados. Simplemente muestra la crueldad del sistema mediático basado en publicidad y audiencias que requiere de un feedback inmediato y masivo para sostenerse y aleja los principios del periodismo de la praxis cotidiana.

El concepto de lo mediático y lo viral incluye básicamente algunas características comunes pero distan todavía de ser lo mismo. Lo mediático viene definido por aspectos como la proximidad, la identificación y la existencia de emociones básicas involucradas, pulsiones que definen tanto la capacidad de entendimiento y comprensión como la generación de identificación inmediata que facilite el aumento de la atención prestada. Lo mediático es lo que evita que cambies de canal ante el visionado de una pieza audiovisual.

Llegados a este punto el caso de la violencia de género y especialmente del asesinato de género es un caso paradigmático para analizar. Aunque resulte cínico, es un claro triunfo del movimiento feminista haber situado el terrorismo de género en la cumbre de la jerarquía de la muerte interna. Pero un análisis escéptico y necesario para desgranar los dogmas vislumbra algunas sombras en este espacio dominante.

¿Por qué los medios incluyen el asesinato de género como cumbre de la visibilidad en la jerarquía de la muerte interna?

Veamos otros ejemplos de muerte violenta y tratemos de diferenciar su tratamientos mediático. El año 2015 marcó un mínimo histórico en la muerte por accidentes de tráfico pero murieron 1.126 personas (hombres y mujeres). Casi ninguna de esas muertes tuvo titulares sino que ocupan colas y breves en las páginas/minutos de sucesos. Quizá en verano ante el descenso cuantitativo de noticias ocupen una mayor superficie. Se trata de muertes más invisibles, muertes a las que nos hemos acostumbrado, muertes asumidas y descontadas por la industria del automóvil.
Lógicamente, en este caso se trata de muertes estructurales. Una primera refutación lógica podría ser que no se trata de muertes cuyo elemento subyacente es cultural (machista) pero no es menos cierto que la "cultura" de la conducción es manifiestamente mejorable. Sin embargo, el camino de reducción de víctimas parece ya costoso, es decir, por más que se insista en campañas de prevención en la conducción en incluso sanciones parece que el concepto "mínimo histórico" constriñe la visibilidad mediática de las muertes por accidente de tráfico.

Otro caso de violencia y muerte estructural es la muerte de más de 32.000 personas al año en situación de dependencia -unas 90 al día- por falta de atención médica. Muertes evitables mediante una decisión presupuestaria y de recursos. Sin embargo, la cobertura mediática de estas muertes es escasa, prácticamente inexistente en los informativos diarios y algo más en el formato de reportaje. El recorrido de coste marginal de concienciación y curación presupuestaria es muy amplio pero en este caso la visibilidad tampoco parece interesar a los medios informativo porque encuentran dificultades narrativas y de concreción a la hora de contarlo. Por no hablar del hecho de que su cobertura mediática colapsaria cualquier informativo.

Finalmente, otra cifra relevante es la muerte de más de 900 personas al año por accidente laboral que tampoco reciben un tratamiento mediático relevante salvo en el caso de la cifra global. Pocas veces ocupan portadas o titulares y quedan relegados a colas y breves en los que se suele hablar de "desgraciado accidente" cuando las empresas no consiguen taparlos. La muerte laboral también tiene sesgo cultural (capitalista económico en este caso) en el que las empresas intentan ahorrar dinero y reducir costes en cuestiones de prevención y actúan de lobby para tapar los casos y las cifras que les perjudican a su imagen. En banca he conocido casos de suicidio de compañeros de banca cuya narrativa podría ocupar portadas y titulares y que han pasado bajo el ninguneo mediático más generalizado fuera de los medios locales.

El caso del asesinato de género, sin embargo, ocupa piezas completas y titulares. Cuantitativamente desde el año 2007 se mueve entre las 57 víctimas y las 84 víctimas anuales. Cuantitativamente es el menor de los casos analizados con mucha diferencia. Cualitativamente es dificil discernir el perímetro de la jerarquía de la muerte desde el punto de vista estrictmente conceptual. Sin embargo, los medios parecen tenerlo muy claro.

¿Por qué el asesinato de género tiene tanto éxito como noticia en los medios? Básicamente porque reviste las características de lo mediático. Es asumible en cantidad, tiene una narrativa concreta y entendible, es tangible y próximo, es aleatorio y transversal con lo que genera identificación inmediata y entra en la sección de sucesos que sigue siendo una fuente de audiencia desmedida. Así funciona la crueldad informativa.

Esta disquisición mediática es determinante a la hora de analizar determinados posicionamientos y transiciones de los feminismos actuales. Nadie puede pensar que lo mediático no está relacionado con lo social. La visibilidad informativa genera repercusión social y la invisibilidad informativa genera desafección social. Nadie entiene la irrupción de Podemos sin el éxito mediático primero del 15M y después del coleta. Existe un sustrato social subyacente pero el éxito mediático actúa de lupa para encender el fuego.

Fijada esa premisa básica el asesinato de género se ha convertido en un tótem. Criminológicamente habría que analizar si la variabilidad de su frecuencia y cantidad permite obtener grandes resultados aumentando su visibilidad o por el contrario su visibilidad actúa como acicate para la testosterona y los delirios de gloria del asesino que ve colmado con "fama" su denigrante acción.

Esta gran visibilidad mediática se sostiene conceptualmente desde el igualitarismo de género fácilmente: un cambio cultural requiere la creación de censura social para acceder a un paradigma nuevo. Lamentablemente ese no es el juego de los medios de comunicación. Los medios han detectado un yacimiento de audiencia secundado socialmente con un amplio consenso. Se trata de una condena mediática aconflictual e incontrovertible con narrativa de sucesos. Y deciden un determinado tratamiento informativo que favorezca sus intereses.

Una de las reflexiones escépticas que más debería hacer el feminismo tras el triunfo de colocar el asesinato de género como cima de la jerarquía de la muerte en España es como enfocar la visibilidad del asesinato de género desde el punto de vista mediático. La primera reflexión debería ser si esa visibilidad azuza al verdugo o conciencia a la víctima (cuántas no habían denunciado a sus asesinos?) y como gestionar esa dualidad. La segunda reflexión sería como gestionar el foco mediático. Actualmente está dirigido a la víctima (sociedad mira a futuras víctimas para que se alejen de sus asesinos potenciales) y no se valora el foco del verdugo (sociedad destruye los círculos concéntricos que sustentan el asesinato de género).
Criminológicamente habría que revisar la distribución de esfuerzos en la jerarquía de la muerte ya que quizá los costes marginales de éxito sean más útiles en una distribución diferente.

Otra las posibles reflexiones escépticas del feminismo que podría aportar el igualitarismo de género dual (desde el punto de vista de los dos géneros) es determinar el perímetro del foco sobre la muerte frente al fenómeno más amplio como son las violencias machistas. Determinar cuál es el peso de la muerte frente a círculos más amplios dejaría fuera de toda duda si el "asesinato de género" y sus rituales posteriores no están actuando de "niebla" que te permite ver solamente en el corto plazo.

La deriva de una parte del feminismo hacia el dogma que incluye un pack ideológico unido por lazos que entroncan con una cierta mística o teoría de la salvación hace necesarias alguna reflexiones que parecen frías e incluso cínicas pero necesarias para que la inercia no se haga cargo de la dirección del timón. Entre esos dogmas aparecen varios de los temas analizados. La poca visibilidad del terrorismo machista sería uno de ellos (¿es real?), otro podría ser que bajo cada crimen de un hombre hacía una mujer subyace siempre el paradigma machista (siempre es así?) y finalmente habría que considerar si la muerte es útil como termómetro presupuestario y de esfuerzo institucional así como de visibilidad mediática o deben buscarse alternativas corales que diversifiquen la evaluación del éxito.  

Quizá sería buen momento para empezar a hablar de feminismos o de igualitarismo de género dual donde aparezca un espacio masculino con aportación desde la percepción de la capacidad para empatizar de cada género con sus congéneres y la voluntad de construir una convivencia menos tóxica y menos machista. En todo caso es fundamental aplicar un barniz escéptico a todo lo que nos rodea. Ya se vislumbra un feminismo inclusivo y un feminismo exclusivo. Uno que busca la complicidad del género masculino y otro que busca su adhesión incondicional subsidiaria.
Y finalmente existe el riesgo de que la marca "feminismo" se estigmatice (si no lo está ya) de manera negativa. El lenguaje es el espíritu del pensamiento con lo que las palabras evocan emociones y la precisión es la guillotina del futuro. Si todo lo que no es feminismo es machismo la polarización nos hace perdernos en la niebla. Y no es fácil vivir separados en un banco de niebla.


¿Quién protege a una montaña?

La cuestión de la renovación de la  autorización a la multinacional Lafarge para seguir extrayendo su materia prima en la montaña de Romeu es uno de los mejores tableros de ajedrez donde poder observar la partida del final de una era y el inicio de otra. Un mundo que se acaba y otro que empieza.



La actividad de la multinacional Lafarge es la mejor metáfora de actividad extractivista pura. Extrae su materia prima del corazón de un bien común: una montaña. La montaña es la mejor metáfora de la naturaleza como bien atacado por la voracidad humana. El cemento es el símbolo de la invasión de espacios naturales conquistados y enterrado bajo el hormigón y el asfalto.

Además Lafarge simboliza como nadie la mentalidad de mendicidad laboral del histórico núcleo industrial del Puerto frente a un medio ambiente que siempre salió perdiendo y que además está geográficamente en el núcleo de enfrente. Una vez más se pretende polarizar y someter un tema al carbono 14 de la segregación por motivos casi étnicos basados en un especie de ADN industrial que tiene que soportar todo tipo de costes de salud y ambientales. El segregacionismo continua intentando envenenar la convivencia en sus últimos coletazos de carencia de sentido existencial desde que la ley prácticamente prohibe las segregaciones municipales.

Todavía hay más símbolos y vectores en este tema del que apenas vemos manchas que no nos dejan ver el fondo del charco. El sindicalismo parece atrapado y secuestrado por la necesidad ontológica de sentirse parte de la empresa. El sindicalismo tiene que convivir necesariamente con la tensión entre medio ambiente y empleo. Y la fijación del perímetro no es fácil de trazar pero se entiende fácilmente cuando se habla de centrales nucleares. También las centrales nucleares creaban y crearían empleo pero hemos considerado que los intereses generales priman sobre esos hipotéticos empleos. El caso de Lafarge es nuclear y central, sin ser una central nuclear.

En el caso de Lafarge el movimiento de los trabajadores se mueve entre la necesidad de empatizar con las personas que sienten incertidumbre ante una posible pérdida del empleo y la timidez de saber que realmente la empresa parece tener tomada una decisión de declive técnico. La plantilla está desbocada por su preocupación y no deja las riendas de la racionalidad a quienes todavía podrían mantener la calma de una presión sindical saludable. La empresa parece usar al comité de empresa como rehén o escudo humanos en una táctica negociadora muy sucia que subasta la desesperación de las familias. Sin embargo, no parece haber indicios de racionalidad en esa conducta. Todo parece indicar que la actividad dará para 18 años más y dificilmente la media de edad de esa plantilla bajará de los cuarenta con lo que la jubilación parece prácticamente asegurada.
Convocar una manifestación por el empleo sin el logo de Lafarge es brindar al sol. Bosal se enorgullecía de su lucha. La posición sindical más sensata pasa por preparar la etapa final atando cabos. Lafarge languidecerá en un mundo que no puede incluir tanto cemento, por eso se sube a esa balsa para naufragos de incinerar de todo, porque su actividad principal se está agotando. Saber anticipar el cambio y buscar otro queso es una habilidad que no todos los ratones tienen. Muchos se quedan buscando el queso que les quitaron atrapados en una trampa tendida por Lafarge y que sus fotos de reputación social corporativa no han conseguido tapar.

Y finalmente el símbolo supremo del final del tardocapitalismo, la multinacional Lafarge que no quiere someterse al poder político. Las multinacionales se han convertido en las nuevas naciones soberanas por encima de los estados. Lafarge se siente retada por un pequeño ayuntamiento y ningunea la negociación con la guillotina de la imposición del miedo de cerrar la fábrica de Sagunto. Esa soberbia empresarial que impone y filtra informes de expertos comprados con dinero y contabilidades analíticas que hacen viable o inviable a gusto del directivo buitre una determinada franquicia territorial. Lafarge envenena la negociación con datos de parte y en el mundo de la postverdad cualquier cosa puede parecerlo. Se esconde detrás de los trabajadores para no dar la cara, se ausenta de las mesas de negociación. Juega sucio. Tan sucios como nos deja los coches, las ropas y los pulmones a las miles de personas que hemos vivido a su vera. No hay más que colgar una sábana blanca en la ventana y recogerla días después. No hay más que pasar un dedo por el coche.

Lafarge ya no cuadra en un modelo de ciudad que hemos trazado entre todos incluso con vaivenes políticos y que cristaliza en el momento actual con tres pilares: Parc Sagunt como plataforma logística, la declaración de Patrimonio de la Humanidad como eje turístico y la conversión a la plena sociedad de servicios de las zonas comerciales intermedias que fusionaran lo que no fusionó la política. En ese puzle la pieza de Lafarge carece de sentido y la empresa lo sabe. Todos los sabemos. Parece estar buscando una coartada para cometer sus habituales crímenes laborales. Parece querer buscar un motivo para justificarse. Y utiliza a sus trabajadores en una partida de ajedrez con las cartas marcadas y demasiados ases en la manga.

La empresa sabe que el declive está cerca en esta zona del mundo. Por eso somete nuevas zonas de extracción en otros países. Se mueve como los piratas allá donde están los barcos que transportan su oro barato. La empresa y su soberbia negociadora dilata los plazos pero nadie parece querer gritarle en la cara su desfachatez. La desfachatez de querer que su ventaja comparativa la paguemos entre todos. La desfachatez de que nos traguemos su competitividad por los pulmones. Una fea causa, una causa antipática.

Si quieren un día calibrar la dimensión del problema pueden entrar en Google Earth y comparar el tamaño del agujero de Romeu con el tamaño de Canet, de Sagunto o del Puerto. Y se darán cuenta de la magnitud de la catátrofe. Si la montaña fuera arena junto al mar todos estaríamos defendiéndola, porque la arena se llama turismo, porque la arena es donde juegan nuestros hijos, porque la arena forma parte de nuestras vidas pero y una montñana ¿Quién protege a una montaña?

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