El neoterrorismo en Europa

El terrorismo pertenece a su tiempo y se entronca con su época por osmosis. El nuevo terrorismo se imbrica con su época y por eso es todavía más desconcertante y dificil de controlar, reprimir y prevenir. 

El atentado de las Torres Gemelas fue reivindicado por Al Qaeda que se constituía en una marca transnacional, una especie de franquicia bajo imagen corporativa semejante que actuaba de manera convergente pero no coordinada. Era precisamente la época del asalto de las corporaciones a los estados nacionales y su soberanía. La época en la que las franquicias de denominador común superficial y gestión autónoma emergían como modelo a seguir.

El neoterrorismo tiene mucho de neoliberalismo como ideología de supraestructura marxista más allá incluso de la religión. El Estado Islámico parece haber perdido la capacidad de ofrecer un terrorismo clásico organizado en grupo llevando la guerra a Europa como venganza. De la guerra ha pasado a la guerrilla y de la guerrilla al loco solitario con apropiación conceptual.

Europa no está acostumbrada a un terorrismo de desesperanza. Los grupos terroristas europeos estaban construidos sobre la esperanza de construcción nacional o ideológica. Sea esta una esperanza negra o blanca, ETA o el IRA usaban el terror como un arma de esperanza y lucha. Ese era su punto de partida, una utopía futura por la que luchar e incluso matar. Querían matar pero no morir siguiendo un instinto humano de llegar hasta esa utopía ideológica que alimentaba su lucha. En ese contexto, después se fabricaba el consenso mundial sobre si era un "ejército rebelde", una "guerrilla de salvación", un "grupo opositor" o un "grupo terrorista" en función de las necesidades políticas y de las evoluciones ciudadanas. Suponía una violencia instrumental que espera una estación de llegada. Sin embargo, el neoterrorismo parte de la desesperanza. Su mística se construye desde la desesperación del que no tiene nada que perder y quiere ganar una especie de gloria narcisista propia del postmodernismo líquido.

No estamos preparados para quien está dispuesto a perderlo todo; hasta la vida. Nuestras fuerzas de seguridad parten de la idea de que un ser humano puede querer matar pero no querrá morir. Su entrenamiento y su conocimiento parten de ese axioma. Así afrontamos el neoterrorismo machista con esquemas de asombro. O el neoterrorismo yihadista con la misma idea de protección y control de acciones coordinadas.

Ahora un simple volantazo puede convertirse en un atentado. Cualquier instrumento es un arma. Un camión, un hacha, un cuchillo, un coche. Pretender controlar esa situación mediante métodos clásicos de control es imposible. En una época narcisista con millones de espejos en redes sociales cualquier loco puede tener sed de gloria. Morir con una mística puede ser una locura pero para un loco la locura es la normalidad. Captar atención es una enfermedad de nuestro tiempo. Entender eso es clave para gestionar el neoterrorismo. Su intención es doble. Captar atención y generar miedo. Y el miedo es útil para los poderosos. Es su arma básica de control de pensamiento.

El neoterrorismo es el Factor X macabro del horror y la tragedia. Cualquier loco puede subirse al pódium y adherirse a una causa. Si alguien piensa que la locura es importada se equivoca. La segunda generación fruto de una inmigración asentada padece serios problemas de identidad y agregación. El automatismo destruye la base de la pirámide productiva y entonces surge una subasta de la miseria. Ese es el espacio donde la ultraderecha y el terrorismo crecen en dos lados del mismo muro. Los muros siempre crean un nosotros y un ellos. Es ahí donde jóvenes y adultos desnortados intentan construir una identidad nueva en la que la exclusión del territorio de acogida juega a favor o en contra.

Un loco solitario, autóctono y autoodiado que construye una mística de salvación por exclusión en su espacio de convivencia. El resto es comunicación ideológica de un fascismo religioso que compra espacios publicitarios gratis.

Ricardo Arias, el líbero

Hubo una época en la que el número de la camiseta tenía sentido. Aún hoy los números identifican posiciones. Un nueve sigue siendo un nueve aunque un seis se haya difuminado y el diez no siempre sea la estrella. Arias era un cuatro cuando el cuatro era el líbero. 


Antes de que la sofisticación inundará el fútbol moderno y el dinero pudriera las camisetas existía una posición extraña. El líbero era alguien libre de marca en un fútbol donde la marca era la clave de sol. El fútbol se retroalimenta con su realidad. Por eso el líbero nace en una época histórica donde la relevancia de lo defensivo era el paradigma dominante. Tras la Segunda Guerra Mundial el concepto de no ataque gana terreno como ritual de higiene mental. Los horrores de la guerra condujeron a un Estado de Bienestar basado en la solidaridad defensiva, en una red tejida para evitar el ataque de la avaricia individual y la locura colectiva. La Guerra Fría fue el festival de fuegos artificiales de esa época histórica y justo ahí surgen los grandes líberos como Beckenbauer. El líbero representaba un estado libre y potente que acudía en refugio de las deficiencias e incoherencias del resto del sistema. El líbero era libre para poder atacar superando la defensa. La metáfora de un sistema estatal intervencionista que emerge para soliviantar una economía en depresión. Keynes era el líbero de la economía.

Ricardo Arias fue el gran líbero del Valencia. Parecía tener una especie de pereza filosófica estatal ya fruto de los primeros ataques neoliberales. En realidad quizá pudiera considerarse más un postlíbero. Intervenía exclusivamente cuando era imprescindible. Tapaba a sus marcadores. Iba al cruce. Parecía leer el partido desde una atalaya lejana, ajena, fría y alta. Parecía un espectador más con permiso para bajar al campo y cortar un balón.

El líbero gozaba de la prerrogativa de la guillotina del fútbol. El último jugador. Sólo ante el peligro. La decisión era él, el balón o yo. Uno de los tres debe desaparecer de la ecuación.

Mestalla esperaba los cruces de Arias para aplaudir y respirar. Un sprint potente partiendo de una casilla de partida lenta. Un caminar cansino con unas piernas arqueadas de western americano. Y después vuelta a la calma. El murmullo surgía cuando Arias pasaba de medio campo. Entonces las luces de Mestalla se apagaban y un foco le enfocaba solamente a él. Era inusual, inédito, insólito. Pasaba tan pocas veces que todo Mestalla lo comentaba.

El líbero era un ávido lector de partidos. Leía el ritmo y a veces ponía poesía. Cuando todavía se podía ceder el balón al portero. Cruce, recuperación y pase. A veces leía el partido para enfriarlo y otras para calentarlo. Desde atrás se podía repartir juego o repartir estopa. El exceso forma parte del fútbol. Un partido se para o se acelera. Y el líbero era el director de esa orquesta.

Arias era un macarra del área. Un mísil defensivo que el Valencia exhibía en su particular guerra fría. Cuando el Valencia era "bronco". Cuando el Valencia sabía que su arquitectura estaba hecha de obreros del fútbol. Cuando lo colectivo superaba lo individual. Cuando el lego del Valencia era de piezas grises. Cuando los futbolistas tenían barba o parecían sacados de Woodstock y no de Marvel.

Ricardo Arias, el líbero que se asomaba a la linea del centro del campo como el que se asoma a un abismo y regresa a su zona de confort. El primo de Zumosol de los dos laterales. El guardaespaldas del equipo. El detective del área. El verdugo de los extremos. El hombre de la triste figura que luchó contra los molinos de una liga que todavía podía ganar casi cualquiera. El sheriff de un poblado del Oeste donde los más duros bebían whisky a palo seco. El hombre que jugaba al fútbol con traje y corbata. Ricardo Arias, el líbero. 

El sigiloso y misterioso caso de la Operación Flotador

La política en Sagunt es de por sí "interesante" en términos proverbiales pero el análisis de la Operación Flotador se interna en lo apasionante para acabar en lo enigmático. La Operación Flotador (un saludo para el que pone los nombres de las operaciones) es una iniciativa judicial que persigue prácticas irregulares en la administración del dinero público en el Ayuntamiento de Sagunto. En esencia buscan fraccionamientos de contratos para saltarse la Ley de Contratos. Se investiga a concejales, exconcejales, funcionarios y empresas. Y se ha convertido en una rara avis de los casos de investigación de tramas de corrupción por su escrupuloso sigilo y su gran misterio. 
¿Qué es corrupción y qué no? La corrupción es un fenómeno difuso, sin un perímetro claro. Uno de los grandes subterfugios para salvar los casos investigados es precisamente la definición de corrupción. A día de hoy no sabemos con precisión qué es la corrupción. No sabemos qué conductas entran en el catálogo de la corrupción y qué conductas son errores, horrores o favores personales. Por lo tanto no podemos saber cuándo un político es corrupto y difícilmente podemos fijar un perímetro legal para la dimisión o el reproche social.
El caso de Sagunto es un buen caso para dirimir estas cuestiones. La Ley de Contratos Públicos fija unos importes para la designación directa de contratos y otros para el concurso de varias empresas por el contrato. Uno puede fraccionar un contrato para dárselo a una empresa concreta básicamente por dos motivos. El primero es la comodidad y la confianza. La Ley de Contratos públicos obliga a darle el contrato a quien presenta la oferta más baja (habitualmente) lo que no siempre significa que esa empresa sea confiable ni que su proyecto sea el mejor. Eso puede hacer al político optar por fraccionar para una designación directa de manera que sepa que ese proyecto se lleva a cabo por alguien de confianza y con capacidad y competencia. El otro motivo es recibir algo a cambio de hacerlo. En los dos casos existe una irregularidad administrativa pero el reproche moral y social no es del mismo nivel. En el segundo caso la clave es demostrar que hay un quid pro quo, es decir, que la persona que administra el dinero público toma la decisión de contratación influenciado por algo que recibe a cambio.

Recientemente ha habido detenciones y toma de declaración a un concejal y varios funcionarios por presuntamente haber usado conceptos salariales para finalidades no previstas. Es indudablemente una irregularidad pero la pregunta es ¿eso es corrupción? Y ¿debe dimitir alguien que ha cometido una irregularidad con su salario profesional-personal?

El silencio de los flotadores

En esta investigación llama la mucho la atención el sigilo con el que se gestiona todo. La mayor parte de investigaciones sobre corrupción generan mucho ruido mediático, político y social. En este caso sucede algo inusual: mucho silencio.


  • Silencio por parte de la parte judicial. Lógico por estar bajo secreto de sumario pero poco habitual por lo frecuente de las filtraciones. Sin embargo, cuando se rompe el silencio se rompe con extrema precisión. Hay que leer los comunicados de prensa del TSJ con bisturí para construir entre lineas una versión coherente sobre lo que dicen y lo que no dicen. Son estallidos comunicativos tras los que sigue un eco extremo que se pierde en un acantilado de miradas cómplices. 
  • Silencio en la parte política. Parece existir una insólita gestión del silencio político y un gran consenso político en el paraguas de la presunción de inocencia. Todos los partidos parecen interesados o simplemente paralizados ante la gestión de este caso. Las razones pueden ser variadas, desde la responsabilidad hasta el miedo pasando por el equilibrismo político. La cuestión es que ni siquiera los habituales agitadores de la política saguntina parecen interesados en "mover" el tema. 
  • Silencio en la parte mediática. La información local es compleja porque se conoce personalmente a los actores principales de las historias y eso hace que la impoluta objetividad quede en una quimera. Conoces a las personas y eso te contamina a la hora de digerir algunas noticias. La cautela se impone por lazos emocionales y solamente cuando la información es patente sale a la luz. Además los medios no son muchos como para hacer investigación periodísticas por lo que la comunicación de parte se convierte en la fuente principal. Las cosas se cuentan pero en su esqueleto. El músculo de la noticia (el hilo conductor interpretativo) queda fuera. 
  • Silencio en la parte social. El asombro y la intriga parecen ser el denominador común de esta situación de la ciudadanía ante todos los silencios anteriores. La reacción social en un pueblo acostumbrado a movilizarse incluso por códigos postales o cazas de patos en sus fiestas patronales no parece estar demasiado pendiente del tema. Más bien mira de reojo. La sociedad civil tampoco se ha manifestado sobre el tema. Todo parece escrito en clave de mutis por el foro. 


La versión política. 

Lo cierto es que uno de los primeros detenidos ha sido un concejal del PSOE. Este concejal se encuentra liberado y sin delegaciones lo que de por sí ya constituye una anomalía política y presupuestaria. Representó uno de los obstáculos más importantes para el pacto del cuatripartito (Compromís, Esquerra Unida, "Podemos" y PSOE). Es trabajador del Ayuntamiento y se le investiga por el uso de un concepto salarial fraudulento. El PSOE de Sagunt es un partido hundido. En las últimas elecciones obtuvo el peor resultado en veinte años con esa persona de candidato. El PSOE no le ha pedido la dimisión de momento. Es difícil dirimir si una persona investigada por hacer cosas con su nómina debe dimitir políticamente. Solamente los países del norte de Europa hilan tan fino. Los países latinos es otra cosa. Parece existir un cierto grado de engaño, pillería y mentira permisible. Históricamente se ha llamado "picaresca". El perímetro es difuso. Las líneas rojas son más bien gruesas y no queda claro cuando alguien debe dimitir y las conductas personales (conducir borracho, infidelidades, conductas en los negocios, prácticas fiscales irregulares o falseamientos de currículums) dependen mucho de que te pillen y del interés que despiertes en ese momento.
En todo caso, llama la atención el coro silencioso de susurros sobre el tema. Las declaraciones escasean y las que hay son frágiles y delicadas. Por ejemplo, el Alcalde de Sagunt ha calificado los hechos de "malentendido", al menos eso "espera". Todo parece bastante sigiloso por todas las partes implicadas.
La respuesta de casi todos los investigados desde Camps - que fue el primer mártir de la corrupcíon valenciana- es siempre la misma: hay una conspiración política y todo fue legal. Esto no nos permite ir mucho más allá. Se menciona la "vendetta" política y se prometen nombres pero no de momento.

Más sigilo. El secreto de sumario trasciende a la política. Quizá debería ser así, movernos en la pulcritud del respeto a las investigaciones en marcha aunque eso nos obligaría a esperar décadas para exigir responsabilidades políticas. ¿La responsabilidad política debe ir ligada a una condena judicial? ¿La presunción de inocencia es la presunción de decencia? ¿Cuándo debe dimitir un político? ¿Cuál es el listón? ¿Existen los pecados veniales en corrupción? ¿Qué es la corrupción?

La investigación judicial. 

La investigación judicial también está siendo peculiar. Las investigaciones de irregularidades administrativas no deben ser sencillas y nuestra justicia gratuita y universal no tiene medios para ser además rápida. La entrada en el Ayuntamiento fue casi una redada de CSI Las Vegas acompañada de ruido mediático. Después se hizo un absoluto silencio y ahora se descuelgan con algunas detenciones por usar 300 euros anuales en cosas que no eran las previstas (uniforme laboral). Si finalmente, eso es todo lo que encuentran, está claro que existe una enorme desproporción entre el despliegue policial y el resultado final con lo que alguien deberá explicar algunos porqués.
También la comunicación judicial es curiosa porque mezcla menciones extraordinariamente concretas y precisas (nombres y delitos) con abstracciones demasiado difusas. Es un tipo de comunicación como mínimo curiosa. De la iniciativa policial se esperan otros resultados al menos proporcionales al despliegue. Si todo queda en "cuatro trajes" o 300 euros en uniformes habrá que meter la lupa en las finalidades de un tipo de investigación así. Y si la cosa va a más, la lentitud judicial no está haciendo un gran favor al nombre de una ciudad que quiere presentarse a Patrimonio de la Humanidad. Precisamente las investigaciones se centran en Urbanismos y Actividades y quizá la Unesco tenga interés en conocer determinadas praxis que deberían aclararse lo antes posible. Mal momento para una investigación larga.


Lo que está claro es que de esta operación solamente saldrá a hombros el que la bautizó. Quizá algún día sabremos por qué se llamó Operación Flotador. Quizá sea porque aparecen pateras políticas, quizá sea porque todo se resolvía en comidas en restaurantes que aumentaban el flotador de los asistentes, quizá sea porque acaba por desinflarse, quizá sea porque los flotadores se lanzan al agua como los patos pero no nos preocupan tanto, quizá sea porque flotar es ir a la deriva sin más horizonte que no hundirte.


¿Acogemos o refugiamos?

Pensamos a través del lenguaje y cada palabra nos remite a un marco referencial que incluye otros conceptos colaterales. Es un mecanismo inconsciente que la derecha maneja mucho mejor que la izquierda. También es cierto que lo tiene más fácil porque sus marcos se atienen más a lo atávico. La izquierda rosseauniana descuenta la bondad natural del ser humano y explicita a partir de ese trampolín sus propuesta racionales y últimamente más postmaterialistas que otra cosa. Mientras tanto, el materialismo histórico marxista sigue su curso como una apisonadora.



El tema del movimiento de seres humanos será el gran reto de este siglo. Hay varios motivos para ello. El cambio climático obligará a migraciones de supervivencia en busca de agua potable. El éxodo rural llevará a grandes migraciones hacia los espacios urbanos y los conflictos bélicos seguirán presentes obligando a grandes migraciones de refugiados. La tragedia bélica de Siria es actualmente el movimiento masivo más visible pero hay y habrá más. La historia de la humanidad está plagada de atrocidades que hay que gestionar.

La migración de seres humanos por motivos de refugio político es uno de esos asuntos que pertenecen a las alcantarillas de la esencia humana. Unos seres humanos destruyen y aniquilan a otros que huyen con la esperanza de que otros seres humanos les ayuden. Es así de feo y triste.

El término que el derecho internacional acuña para este tipo de personas es "refugiados". Sin embargo, la izquierda valenciana y española insiste en usar el término "acoger". Podríamos no dar importancia a ese matiz salvo por el gran elefante que se planta ante nosotros.

El marco referencial de refugiar es una situación transitoria, precaria, temporal y colateral que no exige un gran esfuerzo por la sociedad receptora. Eso incluye campos de refugiados, viviendas transitorias y una situación de legalidad temporal en el territorio de llegada. Genera por tanto, una asimetría de derechos y situaciones durante el tiempo que dura el refugio. Esto genera un nivel de rechazo bajo entre la sociedad receptora.

El marco referencial de acogida es una situación más duradera, voluntaria, gozosa, que requiere esfuezo y resulta internalizada mediante una dilución entre el colectivo de acogida. El horizonte es diferente ya que exige más recursos y asume una cierta vocación de permanencia lo que genera una mayor simetria de derechos y por tanto la posibilidad de que las susceptibilidades surjan en la sociedad receptora.

Choca la diferencia de expresión mediática y jurídica entre "refugiados" y el "volem acollir" del discurso hegemónico en la izquierda.

El fenómeno de la ultraderecha se explica a partir de muchos motivos como el cambio tecnológico, la pirámide de población, el neoanalfabetismo la desigualdad y el choque cultural pero en términos de marqueting político estos matices del lenguaje son muy importantes. Nadie se puede negar a refugiar pero acoger puede resultar más costoso de hacer entender.

Las migraciones siempre han sido un tema difícil de gestionar. Dependen del cúanto, el cómo y el espacio de tiempo disponible para poner aceite a la fricción cultural. En un cambio de era como el actual es muy importante afinar todos los instrumentos para que la orquesta siga sonando bien. Porque nos jugamos el retorno a la barbarie.

Bueno, quizá el retorno no. Quizá nunca se fue pero no estaba en la puerta de casa. 

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